MasukEl rostro de Ronan se sonrojó por la vergüenza. Dijo de inmediato:
—Mi hermana lo puso ahí como una broma. No le des demasiadas vueltas, ¿sí?
Esperaba que Allison lo cuestionara como siempre, que lo bombardeara con dudas interminables. Solo pensarlo ya le irritaba. Allison siempre había sido celosa, y si se enteraba de que había sido Sherrie quien puso esa calcomanía, sin duda armaría un escándalo.
Ronan ya estaba preparado. No importaba qué le preguntara Allison, él pensaba reaccionar con enojo y acusarla de paranoica. Ese truco siempre había funcionado antes. Él salía bien librado, y al final Allison terminaba siendo quien lo consolaba.
Pero para su sorpresa, antes de que pudiera decir algo más, Allison solo respondió:
—Está bien.
Y nada más. Ronan se quedó atónito por un momento. Esperó su reacción, pero Allison de verdad no tenía intención de hacer ninguna pregunta.
Frunció el ceño y arrancó el coche. Un silencio ensordecedor llenó el interior, y ninguno de los dos dijo una sola palabra.
Ronan miró por el retrovisor y vio a Allison observando por la ventana con una expresión fría y distante, como si ni siquiera notara su presencia.
Había planeado decirle que quería romper el compromiso, pero temía que ella no estuviera dispuesta a soltarlo.
Sin embargo, al verla tan indiferente, sintió una irritación repentina. No sabía explicarlo, pero cuanto más lo ignoraba, más le molestaba. Así que pisó el acelerador y aumentó la velocidad.
Allison siempre había sido tímida. Cada vez que él conducía rápido, antes se asustaba y le suplicaba que bajara la velocidad. Pero ahora, incluso cuando el velocímetro se acercó a su límite, ella simplemente se abrochó el cinturón y guardó silencio. El coche estuvo a punto de chocar con un enorme camión, y Ronan sudó frío. Asustado, redujo la velocidad por su cuenta.
Ella ni siquiera le pidió que se detuviera. Incómodo, murmuró:
—Eres más valiente que antes.
En la mansión de la familia Rogers, Ruth Cox y Sherrie estaban de pie junto a la reja, esperando pacientemente su llegada.
Cuando Nigel salió con un chal en las manos, Sherrie pensó que era para ella. Avanzó despacio, esperando que se lo colocara sobre los hombros.
Pero Nigel ni siquiera la miró. Tenía los ojos fijos en la carretera, esperando el coche de Ronan. El chal que sostenía era para Allison.
El rostro de Sherrie se ensombreció mientras el resentimiento crecía en su pecho.
En ese momento, el coche de Ronan se detuvo, y Sherrie cambió rápidamente de expresión, mostrando una sonrisa llena de admiración.
—Ronan siempre sabe cómo manejar las cosas. Allison solo le hace caso a él…
Luego, al darse cuenta de lo que acababa de decir, se llevó una mano a la boca con un gesto exagerado. Con voz temblorosa, añadió:
—Nigel, no quise decir que tú seas incapaz. Es solo que crecí en las montañas y no sé hablar con cuidado.
Pero Nigel ya estaba sumido en sus pensamientos. Ella tenía razón. Él mismo había ido a recoger a Allison, había hablado con ella con paciencia, y aun así ella solo le dio una mala actitud y se negó a volver con él. ¿Y ahora Ronan, de todos, había logrado traerla de vuelta con tanta facilidad?
El ánimo de Nigel se agrió. Hacía apenas un momento estaba de buen humor, pero su expresión se oscureció de inmediato. ¿A ella no le importaba que él intentara convencerla? Bien, entonces a él tampoco le importaría.
Así que cuando Allison bajó del coche, Nigel colocó deliberadamente el chal sobre los hombros de Sherrie.
En cuanto a Allison… podía congelarse por lo que a él respectaba. El aire otoñal ya era frío, y en cuanto salió del coche, una ráfaga cortante atravesó su delgada camiseta, haciéndola temblar.
Miró el chal que envolvía a Sherrie, y luego dirigió la mirada hacia Ruth, que se apresuraba a acercarse a ella.
Los ojos de Ruth se enrojecieron mientras lloraba.
—Hija mía, has sufrido tanto…
Sherrie también se acercó rápidamente, con lágrimas brillando en los ojos.
—Todo es culpa mía por querer vivir con la familia Rogers. Por eso Allison se enfureció tanto que enfermó. Nunca debí soñar con tener una familia… Allison, si aceptas volver a casa, renunciaré a todo. Nunca más tendrás que preocuparte de que te quite a tu familia.
Al oír eso, Ruth se derrumbó y atrajo a Sherrie a sus brazos.
Nigel frunció el ceño con fuerza.
—Tú también eres hija de mamá. ¿Qué es eso de lo tuyo y lo mío? La familia Rogers es tu hogar. ¡Nadie tiene derecho a echarte! ¡No vuelvas a decir algo así!
Ronan se acercó, colocándose entre Allison y Sherrie.
—Ella te apuñaló, y ahora tienes que tomar medicación de por vida. Ese es su castigo. Te debe esto. La familia Rogers te debe esto. Todos tenemos que compensarte.
La expresión de Nigel se volvió sombría al escuchar las palabras de Ronan. Aun así, pensó en silencio: Sí. Esta es la deuda de Allison y de la familia Rogers. Todos le debemos a Sherrie.
Cuando Allison alzó la vista, vio que las personas que alguna vez habían estado de su lado ahora se encontraban junto a Sherrie. Ella era la única que quedaba sola bajo el viento frío, completamente fuera de lugar. Su mirada se desvió hacia el parterre junto a la reja de hierro de la mansión Rogers.
Cuando era niña, su padre le había dicho una vez que a su madre le encantaban las rosas rojas. Así que ella decidió amarlas también. Su padre había plantado personalmente una fila entera de rosales a lo largo del muro del patio, afuera de la reja.
Durante la temporada de floración, las rosas se mecían con el viento, y su padre, alto y fuerte, tomaba su pequeña mano mientras esperaban juntos, llenos de ilusión.
Después de que su padre falleció, Sherrie se mudó con la familia Rogers. Como Sherrie era alérgica al polen, Toby decidió mandar cortar todos los rosales y reemplazarlos por bambú, el favorito de Sherrie.
Sherrie decía que el bambú era noble e inquebrantable, y que quería aprender de él.
Allison se negó a que quitaran las rosas. No dejaba de suplicarle a Ruth, diciendo que esas flores eran un símbolo del amor de su padre por ella. Le rogó que las conservaran por él. Pero en cuanto Sherrie jadeó un par de veces, Ruth entró en pánico y apremió a Toby a cortar de inmediato esas “malditas rosas”.
La señora Mary abrió los ojos de par en par. No esperaba que Allison le respondiera con tanta dureza ni que no le dejara ninguna salida para salvar las apariencias.—Solo porque Jareth te consiente, crees que puedes… —dijo con rabia.Allison levantó la vista y la interrumpió con calma. —¿Y porque Jareth consiente a su familia, ustedes creen que pueden hacer lo que les dé la gana? Archer ha cometido muchos más delitos, además de lo que le hizo a Sherrie. Por mucho que supliquen, no escapará de la ley. En vez de venir aquí a causar problemas, dígale a su querido nieto que confiese y asuma su responsabilidad mientras todavía tenga la oportunidad de recibir una pena menor.La señora Mary abrió la boca, incapaz de encontrar una sola palabra con la que responder.Su nieto no pudo contener la rabia. Al ver a su abuela humillada delante de otros, Archer se abalanzó sobre Allison y levantó la mano para abofetearla. —¡La basura siempre será basura! ¡No tienes modales!Allison no se movió, pero
Allison por fin recibió la llamada que había estado esperando. Sonrió y respondió usando un modulador de voz. —Cien mil millones no serán suficientes.—Hace seis meses dijiste que el mínimo era de cien mil millones —dijo Ronan con rabia—. ¿Qué pasó? ¿Su empresa quebró? ¿Por eso no pueden aceptar mi inversión?—El negocio va mejor que nunca —respondió Allison con una sonrisa burlona—. Como usted dijo, señor Ronan, cien mil millones era el mínimo hace seis meses. Ahora solo aceptamos inversiones de un billón o más.—¿Te estás burlando de mí? —gruñó Ronan.Allison soltó una risita. —Señor Ronan, cada segundo de mi tiempo vale miles de millones. ¿Puede permitirse desperdiciarlo?El rostro de Ronan se ensombreció ante su arrogancia. —No te creas tanto.¿Quién se cree que es para rechazar una inversión como la mía?Antes de que Ronan pudiera añadir algo, ella colgó. Él miró el teléfono un momento y volvió a llamar. Solo oyó el tono de ocupado. Siguió intentándolo, pero el resultado fue el m
Allison observaba a Kingsley con nerviosismo desde detrás de Jareth. No entendía por qué estaba allí. Kingsley rara vez se dejaba ver a plena luz del día.¿Dije algo que no debía? ¿Ha venido a apoyarme? ¿Va a enfrentarse a Jareth por mí?Kingsley se acercó a Jareth. —Oye, muchacho. ¿Tienes fuego?El cigarrillo que llevaba entre los labios todavía estaba apagado. Jareth sonrió de lado, sacó un encendedor del bolsillo y lo encendió. Se inclinó para prenderle el cigarrillo a Kingsley.Cuando la llama se apagó, Jareth comentó, —Buen cigarrillo.Allison los observaba con nerviosismo, temiendo que acabaran enfrentándose. ¿De qué lado se supone que debo ponerme si lo hacen?Kingsley dio una larga calada y entrecerró ligeramente los ojos. —Tu chica es bastante leal.—Hoy arrestaron a un sospechoso —añadió—. ¿Ustedes dos están aquí por él?—¿Usted también? —preguntó Jareth.Kingsley soltó una risa seca. —Tengo una hija, así que no soporto ver que les hagan daño a las chicas. Oí que arrestaron
Jareth no pudo evitar reírse. —¿Ni siquiera puedes trepar un muro?Siempre había sospechado que Allison era más fuerte de lo que aparentaba. ¿De qué otra forma alguien tan frágil habría sobrevivido tres años en un hospital psiquiátrico? Otras chicas como ella habían muerto allí. Cuando había asentido con tanta seguridad un momento antes, él de verdad había creído que lograría pasar al otro lado.Allison se sujetó el pecho e hizo una mueca de dolor. —¡Me levantaste demasiado!Jareth se rio aún más. —Si te hubiera levantado menos, no habrías llegado arriba.Miró hacia lo alto del muro. —¿Subo primero y te ayudo a subir?Allison tampoco estaba contenta con aquella idea. Se trataba de Toby. ¿Cómo iba a dejar que otra persona se encargara? Miró el muro, todavía indecisa. —¿Y si subes primero y luego me ayudas a subir?Eso funcionaría. Jareth retrocedió, avanzó dos pasos y se impulsó contra el muro. En cuestión de segundos, estaba sentado a horcajadas sobre el borde de concreto.Se inclinó
Las mejillas de Allison se enrojecieron de culpa. Había derramado el jugo después de acusarlo injustamente de haberlo robado. No podía dejarlo allí pasando frío.—¿Tienes ropa de repuesto en el coche? —preguntó, avergonzada.Jareth alzó una ceja. —¿Quién guarda ropa de repuesto en el coche?La observaba como siempre, con una mirada intensa y hambrienta, como si no dejara de pensar en cómo devorarla.Allison lo miró mientras aquella pregunta seguía resonando en su cabeza. ¿Quién guarda ropa de repuesto en el coche? Por alguna razón, le costaba aceptar esas palabras.Como a ella no se le ocurría ninguna solución, Jareth sugirió, —Compremos algo. Hay una tienda cerca. No tardaremos mucho.Allison vaciló. ¿Y si hay novedades mientras no estamos?Pero Jareth daba lástima allí de pie, con la camisa empapada agitándose en la brisa fría.Allison suspiró y aceptó. —Está bien, pero vamos rápido.La tienda cercana era una tienda de ropa corriente. No había ninguna marca de lujo.Allison entró de
Allison apretó los labios. Sabía perfectamente por qué la señora Mary llamaba en un momento como aquel.Jareth frunció el ceño al contestar. —Hola.A la señora Mary se le encogió el corazón. Él no la había saludado como de costumbre. Sabía que Archer se había vuelto más imprudente durante los últimos dos años y que cada vez era más difícil controlarlo. También sabía que su comportamiento había hecho que Jareth se distanciara cada vez más de la familia. Su mayor temor era que, esta vez, se negara a arreglar el desastre de Archer.—Jareth —dijo la señora Mary, con la voz temblorosa de rabia—. Seguro que viste las noticias de hoy. Archer está completamente fuera de control. ¡Hasta yo, su propia abuela, quise matarlo a golpes cuando vi lo que había hecho!Resopló con enojo. —Esta vez no le arregles las cosas. ¡Deja que la policía lo encierre diez días o dos semanas para que aprenda la lección! ¡Tiene que entender que tú eres el único que siempre lo ha consentido!Allison sonrió con burla.







