FAZER LOGINElla quiso mencionar que Allison había robado su teléfono, pero Nigel ya estaba demasiado molesto para escuchar.
—Voy a volver a casa a buscar ropa para Sherrie —dijo.
Cuando regresó a la mansión Rogers, las luces estaban encendidas, pero Allison no aparecía por ninguna parte.
Sherrie estaba gravemente enferma, y aun así Allison podía dormir tranquilamente.
Nigel fue a llamar a la puerta de Allison. Llamó durante un minuto entero antes de que finalmente se abriera desde dentro.
Allison estaba allí, con una camiseta grande y el cabello aún húmedo, claramente recién salida de la ducha.
Al verla de cerca, Nigel por fin notó que algo no estaba bien.
El rostro de Allison estaba anormalmente pálido, y se veía más delgada que antes. La camiseta grande le colgaba suelta, haciéndola parecer frágil, como si una ráfaga de viento pudiera llevársela.
Entonces algo lo golpeó de repente.
Había un leve olor a descomposición a su alrededor.
Una chica de veinte años debería estar llena de vitalidad. Su cabello debería ser suave y brillante, sus movimientos ligeros y ágiles, su rostro cálido con una sonrisa delicada, y sus ojos deberían brillar.
Como Sherrie.
Pero Allison no era así. Caminaba despacio, casi sin levantar los pies. Tenía la mirada baja. Sus manos flotaban sobre su abdomen y su espalda estaba encorvada. Incluso una mujer de setenta años tendría más fuerza que ella.
La imagen elegante de Sherrie cruzó la mente de Nigel, y estalló irritado:
—Esto no es un hospital psiquiátrico. Deja de caminar como una anciana dando un paseo. Enderézate.
Allison frunció el ceño. Sus lesiones internas ya le dolían, y moverse solo empeoraba el dolor. Antes, en el mercado negro, se había obligado a cooperar con la actuación de aquel hombre, y desde entonces el dolor no había hecho más que intensificarse.
Intentó explicarse:
—No puedo enderezarme, es demasiado…
Antes de que pudiera decir “doloroso”, Nigel la agarró de los hombros y la forzó a ponerse derecha, sin permitirle sostenerse el estómago.
Al ver cómo su rostro se volvía pálido de dolor mientras luchaba, Nigel aun así no la soltó. Estaba decidido a obligarla a recuperar la postura segura que tenía antes.
—¡Dije que duele! ¡Duele! —Allison lo empujó, respirando con dificultad, mientras sus ojos se volvían fríos.
Nigel dio dos pasos atrás, sobresaltado, y se agarró al marco de la puerta para no perder el equilibrio.
—¡Nigel! ¡Allison! ¡No peleen! —Sherrie corrió hacia ellos, tosiendo, mientras Ruth la sostenía.
Nigel volvió en sí y le gritó a Allison:
—¿Dónde te duele? ¿Los brazos? ¿Las piernas? ¡Muéstralo delante de todos! ¡Si no, la gente pensará que te estoy acosando!
Allison no tenía heridas visibles.
El hospital psiquiátrico sabía perfectamente cómo torturar a alguien sin dejar marcas que la familia pudiera ver.
Allison dijo con frialdad:
—Tengo lesiones internas que me están causando un sangrado lento. Si quieres verlas, tendrías que abrirme y sacar todo para mostrártelo.
Alzó la mirada y lo observó con frialdad.
—¿Quieres verlas?
Los ojos de Ruth se enrojecieron al instante. Su voz tembló cuando dijo:
—Ally, tu hermano se preocupa por ti. Jamás te haría daño. Decir cosas así solo le romperá el corazón.
Con lágrimas acumulándose, se volvió hacia Ella.
—Trae el coche. Vamos a llevar a Ally al hospital, por si de verdad no se encuentra bien.
Pero Nigel seguía obstinado.
—Allison, nuestra familia es dueña de un hospital. Piensa antes de mentir. El sangrado interno causa un dolor insoportable, y aun así no gritaste ni lloraste, e incluso tuviste fuerza para empujarme. Creo que solo te lo estás inventando.
La expresión de Allison no cambió.
—¿Y si ya estoy acostumbrada al dolor?
Nigel se quedó paralizado por un momento. ¿Qué quería decir con estar acostumbrada al dolor? Si dolía, entonces debía decirlo. ¿Por qué tendría que soportarlo?
Allison continuó:
—Decir que duele no cambia nada. Así que solo puedo aguantar. Y después de mucho tiempo, uno simplemente se acostumbra.
Nigel frunció el ceño y la miró con desconfianza.
—Te envié a un hospital psiquiátrico adecuado. Tratan a todos los pacientes por igual, y la mayoría de los casos se manejan con cuidado.
Allison respondió:
—Eso es porque sus familias pagan sobornos y los visitan con frecuencia. Pero personas como yo, que no tienen a nadie, aunque nos golpeen, no pasa nada con los agresores.
Nigel sintió una fuerte opresión en el pecho. De inmediato la acusó:
—¿Estás diciendo todo esto para culparnos por no haberte visitado? Si intentas hacernos sentir culpables, al menos inventa una historia creíble. Aunque te acosaran, ¿cómo eso podría causar lesiones por compresión? ¿Te atropellaron con un coche?
Allison estuvo a punto de reírse.
—Un hospital psiquiátrico no es como un hospital normal. Tienen reglas estrictas para controlar a los pacientes. No se nos permitía usar palillos ni tenedores, porque cualquier cosa podía ser un arma. Teníamos que agacharnos en el suelo y comer con las manos. Cuando nos duchábamos, nos encerraban en jaulas y nos rociaban con agua a alta presión. No había clases. Aparte de comer y dormir, solo vagábamos por el patio todos los días. No había instalaciones recreativas, así que inventábamos nuestros propios juegos. Como estirar las extremidades de alguien en direcciones opuestas. Agarrar a alguien del cabello y montarlo como si fuera un caballo. Atar a alguien a una cerca eléctrica y electrocutarlo una y otra vez. Pero su juego favorito era apilar personas. Se amontonaban unos sobre otros en una gran pila, persiguiendo esa sensación de asfixia y mareo. El año pasado, alguien murió jugando eso. La primera persona saltó sobre la pila y le rompió las costillas a la que estaba abajo. Cuando más personas se subieron, las costillas rotas le perforaron el corazón. Pasaron diez minutos antes de que alguien se diera cuenta de que estaba muerta.
Los ojos de Nigel se abrieron de par en par. Instintivamente, dio un paso atrás.
Algo brilló en su mente.
Hace un año, firmé un certificado de defunción. Incluso vi el cuerpo.
El cadáver mostraba señales claras de perforaciones en los órganos internos, ruptura del bazo y múltiples fracturas en la pelvis y el esternón. Pero lo más llamativo era que no había muerto por pérdida de sangre. Había muerto por asfixia mecánica. Había luchado durante al menos diez minutos, asfixiándose con un dolor insoportable, antes de morir.
En ese entonces, no investigué demasiado. Solo recordaba que su familia se negó a una autopsia y recibió una gran compensación.
¿Podría haber sido esa pobre chica…?
Ruth se cubrió el rostro con manos temblorosas. Las imágenes en su mente la aterraron. Rompió a llorar desconsoladamente. Con la voz ronca, preguntó:
—Ally, ¿te hicieron eso a ti también?
Cuando Allison fue enviada al hospital psiquiátrico, solo tenía dieciocho años. Una chica joven, silenciosa y frágil. ¿Cómo habría podido salir ilesa?
La señora Mary abrió los ojos de par en par. No esperaba que Allison le respondiera con tanta dureza ni que no le dejara ninguna salida para salvar las apariencias.—Solo porque Jareth te consiente, crees que puedes… —dijo con rabia.Allison levantó la vista y la interrumpió con calma. —¿Y porque Jareth consiente a su familia, ustedes creen que pueden hacer lo que les dé la gana? Archer ha cometido muchos más delitos, además de lo que le hizo a Sherrie. Por mucho que supliquen, no escapará de la ley. En vez de venir aquí a causar problemas, dígale a su querido nieto que confiese y asuma su responsabilidad mientras todavía tenga la oportunidad de recibir una pena menor.La señora Mary abrió la boca, incapaz de encontrar una sola palabra con la que responder.Su nieto no pudo contener la rabia. Al ver a su abuela humillada delante de otros, Archer se abalanzó sobre Allison y levantó la mano para abofetearla. —¡La basura siempre será basura! ¡No tienes modales!Allison no se movió, pero
Allison por fin recibió la llamada que había estado esperando. Sonrió y respondió usando un modulador de voz. —Cien mil millones no serán suficientes.—Hace seis meses dijiste que el mínimo era de cien mil millones —dijo Ronan con rabia—. ¿Qué pasó? ¿Su empresa quebró? ¿Por eso no pueden aceptar mi inversión?—El negocio va mejor que nunca —respondió Allison con una sonrisa burlona—. Como usted dijo, señor Ronan, cien mil millones era el mínimo hace seis meses. Ahora solo aceptamos inversiones de un billón o más.—¿Te estás burlando de mí? —gruñó Ronan.Allison soltó una risita. —Señor Ronan, cada segundo de mi tiempo vale miles de millones. ¿Puede permitirse desperdiciarlo?El rostro de Ronan se ensombreció ante su arrogancia. —No te creas tanto.¿Quién se cree que es para rechazar una inversión como la mía?Antes de que Ronan pudiera añadir algo, ella colgó. Él miró el teléfono un momento y volvió a llamar. Solo oyó el tono de ocupado. Siguió intentándolo, pero el resultado fue el m
Allison observaba a Kingsley con nerviosismo desde detrás de Jareth. No entendía por qué estaba allí. Kingsley rara vez se dejaba ver a plena luz del día.¿Dije algo que no debía? ¿Ha venido a apoyarme? ¿Va a enfrentarse a Jareth por mí?Kingsley se acercó a Jareth. —Oye, muchacho. ¿Tienes fuego?El cigarrillo que llevaba entre los labios todavía estaba apagado. Jareth sonrió de lado, sacó un encendedor del bolsillo y lo encendió. Se inclinó para prenderle el cigarrillo a Kingsley.Cuando la llama se apagó, Jareth comentó, —Buen cigarrillo.Allison los observaba con nerviosismo, temiendo que acabaran enfrentándose. ¿De qué lado se supone que debo ponerme si lo hacen?Kingsley dio una larga calada y entrecerró ligeramente los ojos. —Tu chica es bastante leal.—Hoy arrestaron a un sospechoso —añadió—. ¿Ustedes dos están aquí por él?—¿Usted también? —preguntó Jareth.Kingsley soltó una risa seca. —Tengo una hija, así que no soporto ver que les hagan daño a las chicas. Oí que arrestaron
Jareth no pudo evitar reírse. —¿Ni siquiera puedes trepar un muro?Siempre había sospechado que Allison era más fuerte de lo que aparentaba. ¿De qué otra forma alguien tan frágil habría sobrevivido tres años en un hospital psiquiátrico? Otras chicas como ella habían muerto allí. Cuando había asentido con tanta seguridad un momento antes, él de verdad había creído que lograría pasar al otro lado.Allison se sujetó el pecho e hizo una mueca de dolor. —¡Me levantaste demasiado!Jareth se rio aún más. —Si te hubiera levantado menos, no habrías llegado arriba.Miró hacia lo alto del muro. —¿Subo primero y te ayudo a subir?Allison tampoco estaba contenta con aquella idea. Se trataba de Toby. ¿Cómo iba a dejar que otra persona se encargara? Miró el muro, todavía indecisa. —¿Y si subes primero y luego me ayudas a subir?Eso funcionaría. Jareth retrocedió, avanzó dos pasos y se impulsó contra el muro. En cuestión de segundos, estaba sentado a horcajadas sobre el borde de concreto.Se inclinó
Las mejillas de Allison se enrojecieron de culpa. Había derramado el jugo después de acusarlo injustamente de haberlo robado. No podía dejarlo allí pasando frío.—¿Tienes ropa de repuesto en el coche? —preguntó, avergonzada.Jareth alzó una ceja. —¿Quién guarda ropa de repuesto en el coche?La observaba como siempre, con una mirada intensa y hambrienta, como si no dejara de pensar en cómo devorarla.Allison lo miró mientras aquella pregunta seguía resonando en su cabeza. ¿Quién guarda ropa de repuesto en el coche? Por alguna razón, le costaba aceptar esas palabras.Como a ella no se le ocurría ninguna solución, Jareth sugirió, —Compremos algo. Hay una tienda cerca. No tardaremos mucho.Allison vaciló. ¿Y si hay novedades mientras no estamos?Pero Jareth daba lástima allí de pie, con la camisa empapada agitándose en la brisa fría.Allison suspiró y aceptó. —Está bien, pero vamos rápido.La tienda cercana era una tienda de ropa corriente. No había ninguna marca de lujo.Allison entró de
Allison apretó los labios. Sabía perfectamente por qué la señora Mary llamaba en un momento como aquel.Jareth frunció el ceño al contestar. —Hola.A la señora Mary se le encogió el corazón. Él no la había saludado como de costumbre. Sabía que Archer se había vuelto más imprudente durante los últimos dos años y que cada vez era más difícil controlarlo. También sabía que su comportamiento había hecho que Jareth se distanciara cada vez más de la familia. Su mayor temor era que, esta vez, se negara a arreglar el desastre de Archer.—Jareth —dijo la señora Mary, con la voz temblorosa de rabia—. Seguro que viste las noticias de hoy. Archer está completamente fuera de control. ¡Hasta yo, su propia abuela, quise matarlo a golpes cuando vi lo que había hecho!Resopló con enojo. —Esta vez no le arregles las cosas. ¡Deja que la policía lo encierre diez días o dos semanas para que aprenda la lección! ¡Tiene que entender que tú eres el único que siempre lo ha consentido!Allison sonrió con burla.







