FAZER LOGIN
El aroma de la tierra húmeda, las fresias silvestres y la menta triturada siempre significaba seguridad.
Penelope se ajustó con más fuerza el descolorido chal de lana alrededor de los hombros. Sus botas gastadas no hacían ningún ruido sobre la gruesa alfombra de agujas de pino. El bosque situado en el extremo occidental del territorio de Eclipsed Haven estaba prohibido para huérfanos de bajo rango como ella, pero aquella noche no le importaban las leyes de la manada. Un chispazo agudo y eléctrico recorrió su piel. Era el tirón inconfundible del vínculo de pareja predestinada. —Llegas tarde, lobita. La voz grave y profunda vibró directamente en el pecho de Penelope. Ella levantó la mirada justo cuando una enorme silueta salió de las sombras de un antiguo sauce llorón. Travis. El futuro Rey Alfa era más de una cabeza más alto que ella, y sus anchos hombros bloqueaban con facilidad la luz de la luna. Su afilada mandíbula aristocrática estaba tensa, pero en cuanto sus penetrantes ojos plateados se encontraron con los de ella, toda la frialdad de su mirada se derritió. Antes de que Penelope pudiera decir una palabra, Travis recorrió la distancia que los separaba con dos largas zancadas. Sus grandes manos, endurecidas por el trabajo, sujetaron su cintura y la levantaron del suelo sin esfuerzo. Penelope soltó un jadeo y sus manos volaron instintivamente hacia su pecho. Bajo su chaqueta de cuero, podía sentir los fuertes y acelerados latidos de su corazón. —Tuve que escabullirme de los guardias de la frontera —susurró Penelope. Su aliento se convirtió en una pequeña nube blanca en el aire frío de la noche mientras él la dejaba nuevamente en el suelo, sin dejar de mantenerla pegada a su cálido pecho. —Si tu padre descubre que estás escapándote para ver a una loba sin un centavo la noche antes de tu ascensión… —Que se entere. Travis gruñó suavemente y hundió el rostro en el hueco de su cuello. Inhaló su aroma a lluvia y fresias dulces hasta que su lobo interior ronroneó satisfecho. —Que se entere todo el consejo. En menos de veinticuatro horas, ocuparé el trono. Las reglas de mi padre ya no significarán nada para mí. Se apartó lo suficiente para mirarla directamente a los ojos. Con una ternura que resultaba casi aterradora, Travis deslizó lentamente el pulgar por su labio inferior. Luego metió la mano en el bolsillo y sacó una delicada cadena plateada que brillaba bajo la luz de la luna. De ella colgaba un colgante de piedra lunar, crudo y lechoso, que emitía un tenue resplandor místico. —Date la vuelta —murmuró. Penelope obedeció y apartó su larga y sedosa cabellera plateada. Sintió el frío metal descansar sobre su clavícula. Inmediatamente después, los labios de Travis dejaron un beso suave sobre la piel desnuda de su hombro, justo encima del lugar donde algún día aparecería su marca de Luna. —Mira la parte de atrás —susurró Travis mientras rodeaba su cintura con los brazos, manteniéndola firmemente contra él. Penelope levantó el pesado colgante con dedos temblorosos y le dio la vuelta bajo la luz de la luna. Grabadas profundamente en la plata pulida había dos elegantes letras entrelazadas: PT. —Penelope y Travis —susurró ella. Su corazón se hinchó de una felicidad tan intensa que sintió que podría echarse a llorar. —Significa que, pase lo que pase, tú me perteneces y yo te pertenezco —juró Travis. Su voz estaba cargada de una posesividad feroz e inquebrantable—. Mi padre quiere que haga un matrimonio político con la familia de Alishia para asegurar sus puertos del norte. Quiere su dinero. Pero a mí no me importan las riquezas ni los territorios, Penelope. En cuanto sea coronado Rey Alfa mañana, te anunciaré como mi única Luna. Travis tocó suavemente el colgante. —Este collar es mi promesa para ti. ¿Confías en mí? Penelope se giró entre sus brazos y levantó la mirada hacia sus brillantes ojos plateados, los ojos de un hombre que gobernaba con mano de hierro, pero que la amaba con una devoción absoluta. —Con mi vida, Travis. Permanecieron bajo el sauce durante horas, abrazados y compartiendo su calor mientras susurraban sueños sobre un futuro en el que el origen de cada miembro de la manada no importara. Cuando Penelope finalmente logró regresar a escondidas a la pequeña y deteriorada cabaña de madera que compartía con su hermana gemela idéntica, el sol *p*n*s comenzaba a asomarse entre la niebla. La cabaña estaba en silencio. Shenon estaba exactamente donde siempre estaba: enterrada bajo una montaña de gruesas mantas, con sus gafas de montura plateada deslizándose por su nariz mientras dormía profundamente con un pesado libro de texto todavía abierto sobre el pecho. Penelope sonrió con ternura y caminó hacia el diminuto y helado baño para quitarse de la piel el aroma del bosque. Pero *p*n*s puso los pies sobre el frío suelo de linóleo, una repentina y violenta oleada de náuseas la golpeó como si hubiera recibido un puñetazo. Se aferró al borde del lavabo y tosió secamente mientras su estómago se retorcía en un nudo tenso y doloroso. El mareo hizo que la habitación comenzara a dar vueltas. Penelope se apoyó con todo su peso contra la porcelana, esperando a que las náuseas pasaran. Pero un extraño y profundo instinto dentro de su espíritu de loba cobró vida. Con las manos temblorosas, abrió el armario detrás del espejo y sacó una pequeña prueba de plástico que había comprado en secreto semanas atrás en una farmacia humana. Había pensado que sus ciclos irregulares se debían simplemente al estrés. Pasaron diez minutos interminables en absoluto silencio. El único sonido en la cabaña era el constante y rítmico tic-tac del viejo reloj de pared. Penelope se sentó sobre la tapa cerrada del inodoro, apretando la prueba de plástico con tanta fuerza que sus nudillos se volvieron blancos. Finalmente, obligándose a mirar, bajó los ojos hacia la pequeña ventana de la prueba. Dos líneas de color rosa oscuro y brillante la miraban fijamente. El aliento de Penelope se quedó atrapado en su garganta. Todo su cuerpo se quedó completamente inmóvil. Ya no era simplemente una huérfana pobre y escondida. Llevaba en su vientre al hijo del futuro Rey Alfa… Y lo había descubierto precisamente la mañana de su coronación.La Soberana de la Sala de JuntasLas puertas dobles de la Ciudadela de Comercio Internacional de Crestview no se abrieron con un simple clic.Se separaron como las enormes puertas de piedra de una fortaleza.El aire dentro de la principal sala de la cumbre financiera era frío, cortante y estaba cargado con las capas densas y sofocantes de feromonas de Alfas de alto rango, cuero costoso y tabaco de la vieja aristocracia.Aquel era el terreno neutral de la alianza continental de las manadas: una sala de juntas donde las fronteras de imperios de miles de millones de dólares se repartían sobre bandejas de café de plata y contratos bancarios firmados.Travis estaba sentado al extremo opuesto de la enorme mesa de conferencias de obsidiana, con su gran cuerpo ocupando el sillón de cuero de respaldo alto como un dios oscuro y silencioso.Había pasado las últimas doce horas ignorando las frenéticas explicaciones de su equipo legal.Su chaqueta de traje color carbón estaba completamente desabr
La Onda Expansiva TelevisadaLa sala de juntas ejecutiva del piso cuarenta y cinco de la sede corporativa de Eclipsed Haven estaba completamente en silencio, salvo por el agresivo y rítmico clic de una pluma dorada.Travis estaba sentado a la cabecera de la larga mesa de conferencias de obsidiana, con su enorme cuerpo ocupando por completo el sillón de cuero de respaldo alto.Llevaba una chaqueta de traje color carbón hecha a medida, pero tenía el cuello de la camisa desabrochado y la mandíbula firmemente apretada en una expresión de piedra aristocrática e inflexible.Sus ojos plateados estaban clavados, casi sin ver, en la montaña de permisos de autoridad portuaria, documentos de reestructuración bancaria y contratos de adquisición hostil extendidos frente a él.Su mano derecha permanecía profundamente hundida en el bolsillo del pantalón, mientras sus gruesos dedos rozaban una y otra vez los bordes afilados de metal del collar de piedra lunar PT que llevaba escondido.Durante semana
La Tinta SoberanaLas enormes puertas dobles de la sala de juntas de la propiedad de Arthur estaban forjadas en pesado bronce, pero en el interior, el aire estaba completamente dominado por el zumbido silencioso y estéril de una eficiencia corporativa de primer nivel.Penelope estaba sentada a la cabecera de una mesa de conferencias de seis metros hecha de rara caoba oscura.Frente a ella se encontraba una fila de cinco abogados impecablemente vestidos, las mentes jurídicas de más alto rango de la alianza sobrenatural continental. Sus plumas estilográficas doradas estaban listas sobre gruesos montones de pergamino color crema.Llevaba un impecable traje de lana color marfil hecho a medida, que contrastaba con su largo cabello plateado cayendo en cascada por su espalda.Su postura era perfecta, los hombros rectos y sus profundos ojos índigo recorrían las cláusulas legales con absoluta concentración.Ya no quedaba rastro de aquella pobre camarera escondida de los barrios humanos.Bajo
El Registro de MedianocheEl antiguo reloj de pie del corredor central del ático de Sovereign Ridge dio las doce de la medianoche. Sus campanadas profundas y pesadas vibraron a través de los oscuros pisos de madera.Alishia permanecía inmóvil en la sombra de su vestidor, respirando de manera superficial y agitada. Había pasado las últimas dos horas transformando por completo su apariencia.Se quitó el costoso vestido de seda, los pendientes de diamantes y el característico perfume de lujo que identificaba su estatus como Luna.En su lugar, llevaba un pesado impermeable negro de talla grande, con la capucha profunda cubriéndole casi por completo el rostro. Se había aplicado bloqueadores de aroma humanos de alta calidad en el cuello y las muñecas, borrando cualquier rastro de su identidad de loba.En su mano derecha sostenía con fuerza el asa de un pesado bolso de cuero.Dentro, envueltas en gruesas toallas para evitar que chocaran entre sí, había cincuenta mil dólares en monedas de or
La lluvia se había convertido en una espesa niebla venenosa que se adhería a los ventanales de cristal de piso a techo del ático de Sovereign Ridge.El reloj digital sobre el enorme escritorio de acero de Travis marcaba la 1:00 de la madrugada, proyectando una fría luz azul sobre las sillas de cuero vacías de su oficina privada.Travis permanecía completamente inmóvil, con su enorme cuerpo inclinado sobre un vaso de bourbon puro.No había probado la bebida.Su camisa perfectamente confeccionada estaba desabotonada en el cuello y su corbata había quedado tirada sobre el suelo de madera.Su mano derecha estaba profundamente hundida en el bolsillo de su pantalón, mientras sus gruesos dedos apretaban sin descanso los bordes afilados y metálicos del collar de piedra lunar PT que llevaba oculto.El silencio dentro de su ala del ático era ensordecedor.Pero su lobo interior, Lycaon, recorría violentamente los límites de su mente.Durante tres semanas, sus guerreros de élite habían registrado
El suelo de concreto del estacionamiento subterráneo bajo la sede central de Eclipsed Haven vibraba con un lento y mecánico retumbo. La lluvia había disminuido hasta convertirse en una llovizna grasienta que dejaba el asfalto exterior resbaladizo, pero dentro del estacionamiento subterráneo, el aire estaba impregnado del olor caliente y asfixiante de la goma quemada, los gases de escape de vehículos de lujo y el fuerte ardor del aceite de motor.Travis estaba junto al capó de su SUV negro, con su enorme cuerpo completamente rígido. Tenía las manos hundidas en los bolsillos de su abrigo de lana húmedo, los nudillos blancos mientras sus dedos apretaban contra la superficie arañada del colgante de piedra lunar PT que llevaba oculto.La chaqueta del traje color carbón bajo el abrigo estaba arruinada, manchada con la suciedad húmeda de los callejones, pero no le importaba. Sus penetrantes ojos plateados estaban inyectados en sangre, dilatados hasta convertirse en pozos negros de una concen







