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Chapter 2 Las Sombras de la Casa de la Manada

Author: Owlthinker
last update publish date: 2026-09-28 05:46:05

La enorme casa de la manada de Eclipsed Haven parecía una fortaleza construida con riquezas antiguas, pero para Penelope se sentía como un patíbulo.

Incluso desde un cuarto de milla de distancia, las pesadas y sofocantes capas de perfumes costosos, vino importado y las abrumadoras feromonas dominantes de los Alfas de alto rango que habían llegado como invitados flotaban densamente en el aire húmedo.

El largo camino de grava estaba completamente abarrotado de lujosos sedanes negros.

Todos los que ostentaban poder en el mundo sobrenatural habían llegado para presenciar cómo Travis dejaba de ser el hijo del Alfa y se convertía en el Rey del territorio.

Penelope mantuvo la capucha baja sobre su cabello plateado mientras se escabullía por la entrada lateral, cerca de las cocinas. Mantuvo la cabeza agachada, evitando las miradas de las sirvientas de la manada que pasaban apresuradamente junto a ella cargando bandejas de plata llenas de champán.

Ni siquiera se fijaron en ella.

Era *p*n*s un fantasma que se confundía con las sombras de los largos pasillos alfombrados.

Su mano derecha permanecía profundamente hundida en el bolsillo de su chaqueta, con los dedos apretados alrededor de la prueba de plástico.

Las dos líneas rosas se sentían como una marca ardiente contra su palma.

Un bebé.

Cada vez que su corazón daba un nervioso vuelco, imaginaba los intensos ojos plateados de Travis.

Imaginaba cómo la fría y despiadada máscara que él llevaba frente a la manada se derretiría por completo en cuanto ella le susurrara el secreto al oído.

Él los protegería.

Se lo había prometido bajo el sauce.

Las reglas de su padre ya no importarían.

Penelope recorrió las escaleras que se retorcían por el interior de la casa, dirigiéndose directamente al estudio ejecutivo privado del tercer piso.

Era un ala apartada de la casa de la manada que normalmente quedaba abandonada durante las grandes celebraciones.

Travis siempre se refugiaba allí cuando la presión política de los invitados de su padre se volvía demasiado pesada.

Cuando Penelope entró en el tranquilo pasillo, el aire se volvió notablemente más frío.

El rico y familiar aroma a madera de cedro, menta triturada y electricidad pura llenó sus sentidos.

Era el aroma de Travis.

Pero a medida que se acercaba a las enormes puertas dobles de roble, se dio cuenta de que estaba mezclado con una densa y sofocante oleada de ansiedad.

Penelope sonrió suavemente.

Su corazón golpeaba frenéticamente contra sus costillas mientras levantaba la mano para llamar.

No podía esperar a sentir los brazos de Travis rodeando su cintura.

Pero antes de que sus nudillos pudieran tocar la madera oscura, una voz fuerte y áspera vibró al otro lado de la puerta.

Penelope se quedó completamente paralizada.

Era el Alfa Marcus, el padre de Travis.

—¡Los contratos ya están firmados, Travis! Hoy saldrás a ese balcón, asumirás el título de Alfa y anunciarás tu compromiso con Alishia.

El aliento de Penelope quedó atrapado en su garganta.

Su mano quedó suspendida a *p*n*s unos centímetros de la puerta y sus dedos se tensaron de inmediato.

—La familia de Alishia controla los puertos comerciales de la frontera norte —espetó Marcus. Su voz era fría, cortante y puramente calculadora—. Sus bienes duplicarán la riqueza de nuestra manada de la noche a la mañana. No puedes casarte con esa huérfana sin un centavo, Travis. No tiene nombre, dinero ni linaje dentro de una manada. No es nadie. Si la eliges, destruirás el futuro de esta manada antes de que tu reinado siquiera comience.

Penelope contuvo el aliento.

La sangre rugía en sus oídos con tanta fuerza que parecía un río embravecido.

Acercó el oído a la rendija de la pesada puerta.

Su alma rogaba.

Gritaba en silencio para que Travis se enfrentara a su padre.

Esperó escuchar su rugido de Alfa defendiendo su honor.

Esperó que le dijera a su padre que su vínculo de pareja predestinada era una ley sagrada que ningún dinero podía comprar.

Pero, en su lugar…

Un silencio pesado y muerto se extendió dentro de la habitación.

Cuando Travis finalmente habló, su voz no tembló.

No vaciló.

Era suave, calculadora y completamente desprovista del calor que le había mostrado *p*n*s unas horas antes bajo las estrellas.

—Por supuesto que sé lo que tengo que hacer, papá —respondió Travis con una tranquilidad escalofriante que atravesó el silencio como una hoja de plata—. No necesitas darme un sermón sobre el futuro de la manada. Penelope solo fue un pasatiempo. Una distracción temporal. No voy a casarme con ella.

Las palabras atravesaron el pecho de Penelope.

Su alma se hizo añicos en un millón de fragmentos afilados.

Un pasatiempo.

La prueba de plástico se deslizó de sus dedos entumecidos y cayó suavemente sobre la gruesa alfombra del pasillo.

El amor de su vida.

El hombre que la abrazaba cada noche y había jurado un voto inquebrantable sobre su piel desnuda…

Acababa de cambiarla a ella y a su hijo por poder político.

Cegada por las lágrimas calientes que brotaron de repente, Penelope se dio la vuelta y echó a correr.

Ya no le importaba quién pudiera verla.

Corrió por el largo pasillo con el pecho agitado, huyendo de las paredes sofocantes de la casa de la manada.

Solo quería esconder a su bebé del monstruo que creyó amar.

Dentro del estudio, las pesadas puertas de roble se cerraron con un clic cuando el Alfa Marcus salió, satisfecho con la obediencia de su hijo.

En cuanto la puerta quedó cerrada, la fría y arrogante máscara desapareció del rostro de Travis.

Sus hombros se hundieron.

Se dejó caer en su sillón de cuero mientras un jadeo áspero y doloroso escapaba de su garganta.

Con las manos temblorosas, abrió el cajón de su escritorio y sacó una pequeña fotografía enmarcada en plata, gastada por el tiempo.

Era Penelope.

Riéndose bajo el sol del verano.

Travis acarició el cristal con los dedos.

Sus brillantes ojos plateados estaban llenos de un amor desesperado y agonizante.

—No te preocupes, mi amor —susurró Travis a la habitación vacía. Su voz se quebró por la emoción—. Que piensen lo que quieran por ahora. Déjalos creer que me he rendido. En cuanto me convierta en el Rey Alfa hoy, tendré el control absoluto. Tú serás mi única Luna. Derribaré a cualquiera que intente interponerse entre nosotros.

De repente, la puerta lateral oculta del estudio hizo clic al abrirse.

Alishia entró en la habitación.

Sus ojos se clavaron inmediatamente en la fotografía que Travis sostenía entre las manos.

Había estado escondida en el salón contiguo.

Y había escuchado cada una de sus palabras.

Una sonrisa oscura y amarga apareció lentamente en sus labios mientras contemplaba el rostro afligido de Travis.

Él creía estar engañando a su padre.

Pero Alishia ya estaba planeando cómo asegurarse de que Penelope desapareciera de su vida para siempre.

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