Se connecterLa Luna de Sangre se alza
POV de Aurelia Había una tumba en medio del cementerio de Silvercrest con mi nombre grabado en una lápida de piedra blanca pulida. Cada año, durante la noche del Festival de la Luna de Sangre, el Alfa Cassian Blackthorn se paraba frente a ella, completamente solo. Nunca faltaba a esa cita. Creía que la mujer enterrada bajo aquella lápida era el amor de su vida. Estaba equivocado. Porque cinco años después de que me enterraran… Por fin estaba regresando a casa. “¡Está comenzando!” El primer aullido resonó en cuanto apareció la luna. Su eco se extendió por Silvercrest como un himno ancestral, lo bastante poderoso como para silenciar todas las conversaciones de la plaza de la aldea. Uno a uno, los lobos alzaron la cabeza hacia la luna carmesí que brillaba sobre las montañas. La Luna de Sangre se había alzado. Un silencio reverente se apoderó de la celebración cuando todos se volvieron hacia la plataforma ceremonial construida en el centro de la plaza. Las antorchas ardían a su alrededor, y sus llamas danzaban bajo la fresca brisa nocturna. El Sacerdote de la Luna dio un paso al frente y alzó su bastón plateado hacia el cielo. “Esta noche”, anunció con voz potente, “honramos a la Diosa de la Luna, cuya luz ha guiado a nuestros antepasados desde la Primera Manada”. Los miembros de la manada inclinaron la cabeza. Yo estaba de pie junto a Cassian, con los dedos entrelazados con los suyos. Podía sentir el calor de su mano a pesar de la fresca brisa que recorría la plaza. Él me miró y sonrió. “¿Nerviosa?” “Un poco”. Ni siquiera podía mentir, aunque quisiera. Su mirada se suavizó. “Todo saldrá bien”. “Ni siquiera he hecho nada todavía”. “No tienes que hacerlo”. Su pulgar acarició suavemente el dorso de mi mano. “Ya has pasado años demostrando que eres digna”. Antes de que pudiera responder, comenzaron a sonar los tambores ceremoniales. ¡Bum! ¡Bum! ¡Bum! El ritmo resonó por toda la aldea mientras unos bailarines vestidos con túnicas blancas y vaporosas entraban en el centro de la plaza, moviéndose con gracia bajo la luna carmesí. Los niños reían. Los ancianos sonreían. Incluso los Alfas visitantes observaban en respetuoso silencio. Por primera vez en todo el día, me permití creer que todo saldría bien. Nada malo sucederá. Todos están felices. Cassian está feliz y yo también. Esta noche es perfecta y no debería dejar que estos extraños presentimientos me perturben. “Silvercrest seguirá prosperando bajo la protección de…” El Sacerdote de la Luna fue interrumpido de repente por un aullido que desgarró la noche. No era un llamado ceremonial. Era una advertencia. Todos los guerreros de la plaza se quedaron inmóviles. Otro aullido respondió al primero, pero esta vez sonó mucho más cerca. Demasiado cerca. Sentí que el corazón comenzaba a latirme desbocado mientras miraba a las personas que me rodeaban. Sus expresiones reflejaban las mías: confusión y… terror. La expresión de Cassian cambió al instante. La calidez desapareció de su rostro y fue reemplazada por la serena autoridad de un Alfa. “Damien”. Su Beta ya estaba en movimiento. “¡Guerreros, a la frontera oriental!” Un tercer aullido estalló. Después, otro. Y otro más, hasta que el bosque que rodeaba Silvercrest pareció cobrar vida con sus voces. El pánico se extendió entre la multitud. Los niños comenzaron a llorar. Los músicos dejaron de tocar. Entonces, alguien gritó: “¡Pícaros!” La palabra se propagó por la aldea como un incendio. “¡Pícaros!” “¡Han entrado en nuestro territorio!” El pacífico festival se convirtió en un caos. La gente corría en todas direcciones, intentando ponerse a salvo lo más rápido posible. Cassian se volvió hacia mí. “Ve a la casa de la manada”. No podía moverme. Sentía cada estremecimiento de miedo recorriendo mi cuerpo, impidiéndome reaccionar. Finalmente, conseguí hablar. “¿Q-qué hay de ti?” “Te encontraré allí”. No podía mirarme a los ojos. Supe de inmediato que estaba mintiendo. Negué con la cabeza y me aferré a las mangas de su camisa como si mi vida dependiera de ello. “No”. “Lia”. “No voy a dejarte”. “Tienes que hacerlo”. Su voz no sonaba enfadada. Sonaba desesperada y, de alguna manera, eso hizo que mis ojos se llenaran de lágrimas hasta nublarme la vista. “Si han atravesado la frontera oriental, llegarán a la plaza en cuestión de minutos”. Volví a negar con la cabeza. “Me quedaré”. No puedo dejarlo. Colocó ambas manos sobre mis hombros. “Escúchame”. Los sonidos de la batalla ya eran cada vez más fuertes. El metal chocaba contra el metal. Algunos lobos rugían en algún lugar más allá de los árboles. “Necesito saber que estás a salvo”. “Yo…” Un niño aterrorizado pasó corriendo entre nosotros de repente. “¡Mi mamá!”, gritó el pequeño. “¡No encuentro a mi mamá!” Se me encogió aún más el corazón al verlo llorar. Sin pensarlo, me arrodillé a su lado. “Tranquilo, todo estará bien”. Tomé su mano temblorosa. “La encontraremos”. Se lo prometí antes de ponerme de pie para mirar a Cassian. Él dirigió la mirada hacia la puerta oriental, donde los guerreros ya comenzaban a transformarse en lobos. Una expresión de angustia ensombreció su rostro. Conocía demasiado bien aquella mirada. Ya había tomado una decisión. Sabía que su deber tiraba de él en una dirección y el amor en otra. Podía verlo en sus ojos. Le costaba marcharse. Entonces, Damien gritó desde el otro extremo de la plaza. “¡Alfa! ¡Lo necesitamos!” Cassian volvió a mirarme. “Volveré”. A pesar de que mi corazón y mi mente protestaban, sonreí e intenté ignorar el miedo que me oprimía el pecho. “Lo sé”. Siempre lo hacía. Me besó la frente, como de costumbre. “Te amo”. Una sola lágrima resbaló por mi mejilla, pero él se apresuró a secarla. “Yo también te amo”, susurré en respuesta. Entonces, corrió hacia la batalla. Fue la última vez que ambos creímos que aquellas palabras serían suficientes. Con el pequeño de la mano, corrí hacia la casa de la manada. Sin embargo, su madre nos vio en el camino y lo tomó en brazos antes de alejarse corriendo, presa del pánico. No tuve más remedio que continuar sola hacia la casa de la manada. El ataque llegó más rápido de lo que cualquiera había imaginado. Una explosión ensordecedora sacudió el suelo bajo mis pies. La tierra se estremeció violentamente mientras los gritos estallaban en todas direcciones. El techo del salón occidental se agrietó con un estruendo atronador. “¡Lia!” Me volví al escuchar la voz de mi madre. Sentí un nudo en la garganta mientras mis ojos, desesperados, buscaban entre todo lo que me rodeaba. Entonces, el mundo se derrumbó. Piedra. Madera. Fuego. Todo se vino abajo al mismo tiempo y la fuerza de la explosión me lanzó contra la pared. Un dolor insoportable recorrió mi cuerpo mientras pesadas vigas se desplomaban a mi alrededor. El polvo lo cubrió todo. No podía respirar. No podía ver. No podía moverme. En algún lugar, más allá de los escombros, escuché a Cassian gritar mi nombre. “¡LIA!” Intenté responder, pero no salió ningún sonido de mi garganta. “¡Ayuda…!” Una enorme piedra se desplazó sobre mí, aplastando el último rastro de luz que me quedaba. Entonces, todo se volvió oscuro. Lo último que vi… fue la luna carmesí desapareciendo detrás de una nube de humo. Y, en algún lugar del silencio… Una voz que nunca antes había escuchado susurró dos palabras. “Despierta”. En aquel momento, no lo sabía, pero antes de que la luna alcanzara su punto más alto… Alguien se aseguraría de que nunca llegara a convertirme en la Luna.Nadie vinoPOV de AureliaDesperté al sonido de la lluvia. Durante varios segundos, no me moví. Me quedé mirando el techo desconocido sobre mí, intentando comprender dónde estaba.La habitación era pequeña. Había una mesa de madera junto a una única ventana y una silla apoyada contra la pared opuesta. Una manta delgada me cubría y, debajo de ella, sentía como si mi cuerpo hubiera sido golpeado contra las piedras.Entonces lo recordé.Silvercrest. El fuego. Los desconocidos. Cassian.Me incorporé de golpe y un dolor insoportable estalló inmediatamente en mis costillas. Un gemido ahogado escapó de mis labios mientras volvía a caer contra la pared.La puerta se abrió.Me quedé inmóvil.Un hombre estaba de pie en el umbral. Era alto y tenía el cabello oscuro, pero lo que realmente captó mi atención fueron sus ojos. Eran extrañamente brillantes y… dorados.Llevaba pantalones negros y una camisa gris holgada, ambas prendas sencillas, pero limpias. Su rostro me resultaba desconocido y su exp
La carga del AlfaPOV de AureliaUn año antes de la Luna de SangreCuando era pequeña, solía pensar que ser Alfa significaba estar al frente de cada batalla. Pero, a medida que fui creciendo, comprendí que las batallas más difíciles eran aquellas que nadie más podía ver.Todo comenzó con pequeños cambios.Cassian dejó de escaparse de los entrenamientos para reunirse conmigo junto al río. Sonreía menos. Se reía menos. Incluso cuando lo hacía, siempre había un rastro de agotamiento oculto tras su sonrisa.Al principio, culpé al Consejo de Alfas. Después de todo, él era el heredero de su padre. Tenía sentido que comenzaran a prepararlo para las responsabilidades que algún día implicaría gobernar Silvercrest.Aun así…Algo era diferente.Lo noté una tarde mientras lo esperaba frente a la sala del consejo. Las pesadas puertas de roble permanecieron cerradas durante lo que me pareció una eternidad.Desde donde estaba sentada, bajo el viejo arce, no podía escuchar más que voces apagadas que
AbandonadaPOV de AureliaDesperté con sabor a sangre en la boca. Por un momento, no supe dónde estaba. Solo había oscuridad, un dolor agudo en las costillas y el sonido de mi propia respiración.El agotamiento se apoderaba de todo mi ser. Sentía como si hubiera quedado atrapada en un ciclo interminable entre la vida y la muerte.Entonces lo recordé.Tenía una loba.Intenté sentirla dentro de mí, pero lo único que percibí fueron los latidos cada vez más débiles de mi corazón.No…¿Había sido todo un sueño?Oleadas de decepción y dolor me invadieron, y vomité. Era como si todo el sufrimiento que había soportado regresara de golpe, multiplicado por diez.Pero no. Este no podía ser mi final. Tenía que sobrevivir. Tenía que luchar. Tenía que encontrar a Cassian.Abrí los ojos de golpe.“Cassian”.Mi voz salió como un susurro quebrado. Cuando intenté moverme, el dolor atravesó todo mi cuerpo. Me mordí el labio para evitar gritar.Los escombros se habían desplazado. Ahora había una estrecha
La voz en la oscuridadPOV de AureliaLa oscuridad era interminable.No había dolor, ni sonido, ni luz. Ni siquiera un poco. Solo una oscuridad absoluta y completa. Por un fugaz instante, me pregunté si así se sentía la muerte.Sin peso. En silencio. Vacía.Intenté abrir los ojos, pero no ocurrió nada. Cuando traté de moverme, mi cuerpo se negó a obedecer.¿Había muerto?La pregunta flotó por la oscuridad sin recibir respuesta. Entonces, en algún lugar lejano, se escuchó…Una gota.Y otra más.El agua resonaba en medio del silencio, lenta y rítmica, como los latidos de un corazón que se apagaba.“Lia…”La voz apenas era un susurro. Era suave, delicada y desconocida y, aun así, algo dentro de mí se estremeció al escucharla.¿Podría ser la voz de mi madre?Quise responder, pero mis labios no se movieron.“Lia…”Esta vez, más cerca.No. No era mi madre. No era nadie a quien reconociera. La voz provenía de… mi interior.“Despierta”.Un dolor agudo estalló en mi pecho mientras el aire irru
La promesa de una LunaPOV de AureliaCuando era más joven, solía creer que la vida se desarrollaba exactamente como la imaginábamos.Estudiar mucho. Ser amable. Amar profundamente. Algún día, estaría al lado del hombre que amaba. Llevaría con orgullo el emblema de la Luna y pasaría el resto de mi vida protegiendo el único hogar que había conocido.Todo parecía tan sencillo.Quizá esa era la belleza de ser joven. Todavía creías que el para siempre era una promesa y no un privilegio.En Silvercrest, los Ancianos conservaban numerosas profecías transmitidas de generación en generación. Sin embargo, había una que siempre compartían como una advertencia, un recordatorio de que todos debían mantenerse alerta y estar preparados.Había escuchado aquella profecía innumerables veces, pero, de alguna manera, el Gran Salón siempre quedaba en silencio cuando el Alto Anciano la recitaba bajo el altar de la Diosa de la Luna.Su voz resonaba por toda la estancia, serena e inquebrantable, como si aqu
Antes de que todo cambiaraPOV de Aurelia*Tres años antes de la Luna de SangreLa gente siempre dice que los quince años son la etapa más sencilla de la vida. Tienes la edad suficiente para comprender el mundo que te rodea, pero sigues siendo lo bastante joven como para creer que nada realmente malo puede sucederte.A los quince años, yo también lo creía.El sol de la mañana apenas había asomado por encima de las montañas cuando salí a escondidas de la casa de la manada, con una hogaza de pan caliente bajo el brazo. La señora Elara había insistido en que se la llevara al viejo Bram, uno de los guerreros más ancianos de Silvercrest, que se había fracturado una pierna durante el entrenamiento unos días antes.Nunca me habían molestado los encargos.Me daban una excusa para pasear por la aldea y saludar a todas las personas con las que me cruzaba.Silvercrest siempre parecía cobrar vida por las mañanas.Los herreros martillaban nuevas hojas de espada. Los niños corrían unos detrás de ot







