LOGIN—Sr. Guapo, ¿quiere acostarse conmigo? No quiero que muera —preguntó Ashley, sin estar del todo segura de lo que hacía.
—¡¿QUÉ?! —le preguntó David, atónito.
Ashley se le quedó mirando. Ni siquiera estaba pensando con claridad. Lo único que le daba vueltas en la cabeza era salvar al hombre que estaba sentado en el suelo.
—Dije, ¿quiere acostarse conmigo? —repitió la pregunta, esta vez con firmeza.
—¡NO, NO QUIERO! Y no te acerques más a mí —dijo David, poniéndose de pie. Su agonía se intensificaba a cada segundo. Un gemido de dolor se le escapó del pecho.
Ashley no podía soportar la escena frente a sus ojos. Maldijo a la persona que había drogado al hombre que la había salvado. Deseaba poder verle el rostro, pero era imposible.
Comenzó a buscar el interruptor de la luz. Se sintió aliviada cuando finalmente lo encontró, pero para su desgracia, no había suministro eléctrico. «Maldita sea», juró para sus adentros.
Volvió a centrar su atención en el hombre, que seguía retorciéndose de dolor.
Llevada por un impulso desesperado, se quitó el vestido, quedándose solo en sostén y panti. Ashley caminó hacia David y lo tocó, haciéndolo dar un brinco.
David estaba tan ocupado luchando por aire que no notó que la chica se había desvestido hasta que la tuvo enfrente.
—¿Qué demonios crees que haces, niña? —se quejó David entre jadeos. No podía... simplemente no podía aprovecharse de ella.
Intentó buscar la ropa de la joven para volvérsela a poner, pero Ashley le sujetó la mano para detenerlo. En cuanto él se giró, ella le plantó los labios sobre los suyos.
David se quedó helado. No sabía cómo reaccionar. Parecía que el simple contacto de los labios de la chica le mitigaba el dolor por un instante. Pero, aun así, la apartó de un empujón.
—¡¿ESTÁS LOCA?! —le gritó.
—¡SÍ, ESTOY LOCA! ESTOY TAN LOCA QUE ESTOY DISPUESTA A ENTREGARME A UN DESCONOCIDO A QUIEN NI SIQUIERA PUEDO VERLE EL ROSTRO CON TAL DE SALVARLE LA MALDITA VIDA...
¡ESTOY LOCA PORQUE HACE UN MOMENTO FUI TRAICIONADA POR MI HERMANA Y POR EL NOVIO CON EL QUE LLEVABA CINCO AÑOS!...
ESTOY LOCA PORQUE LOS VI EN LA CAMA HACE NADA, Y AQUÍ ESTOY, OFRECIÉNDOME A UN EXTRAÑO DEL QUE NO TENGO LA PUTA IDEA DE CÓMO SE VE...
Ashley gritó con los ojos anegados en lágrimas.
—Pero, ¿sabe una cosa, Sr. Guapo? Si no me hubiera ayudado en la entrada hace rato, tal vez me habrían violado. Y no solo un tipo, ni siquiera sé cuántos eran —dijo esta vez con voz suave, rompiendo a llorar.
Se limpió las lágrimas con el dorso de la mano y volvió a acercarse a David.
—Dejemos de perder el tiempo, Sr. Guapo. Le prometo que no se está aprovechando de mí. Yo... yo quiero hacerlo. Puede considerarlo como que yo también me estoy aprovechando de usted para olvidar el dolor de mi corazón. Creo que solo nos quedan unos minutos —dijo Ash en un susurro.
—¿Cómo te llamas y cuántos años tienes? —preguntó David, aún atormentado por el fármaco. Hubo un largo silencio antes de que Ashley respondiera.
—Soy Ashley Miller. Tengo 18 años. Hoy mismo celebré mi cumpleaños número dieciocho.
—¡CARAJO! —maldijo David, asestándole un puñetazo a la pared.
Ashley se sobresaltó, pero siguió avanzando lentamente hacia él. Se puso de puntillas y volvió a unir sus labios con los de él.
Esta vez, David cedió y le devolvió el beso con necesidad y voracidad. La sustancia en su sistema lo estaba volviendo loco.
Continuaron besándose con desespero, intentando ambos canalizar el sufrimiento que llevaban dentro a través de la pasión que compartían.
David levantó el frágil cuerpo de Ashley; ella le rodeó la cintura con las piernas y le abrazó el cuello con los brazos.
David, aunque cegado por la droga, logró aferrarse a la poca cordura y humanidad que le quedaba.
La sostuvo con delicadeza, caminó hacia la cama y la acostó con cuidado.
Se colocó sobre ella y, en cuestión de segundos, ambos estaban desnudos entre las sábanas.
David entró lentamente en Ashley, haciéndola soltar un grito de dolor al ser su primera vez.
David se paralizó y detuvo su avance cuando cayó en la cuenta de algo.
—¿Eres virgen? —le preguntó, levantando la cabeza para mirarla hacia abajo.
Ashley asintió lentamente.
—¡CÓMO JODEDORAS NO! No puedo hacer esto —maldijo e intentó retirarse, pero Ashley le rodeó la cintura con las piernas y lo empujó de vuelta hacia adentro.
Sin importar lo que estuviera sintiendo o el intenso deseo sexual, David no quería arrebatarle la virginidad a una chica inocente solo para salvar su propia vida.
—Estaré bien siempre y cuando sea un poco delicado —susurró ella, dedicándole una pequeña sonrisa. Levó un poco la cabeza para darle un beso tierno en los labios.
David la contempló por un momento. Aunque no podían distinguirse las facciones con claridad, David sabía perfectamente cómo era la chica. A diferencia de Ashley, que no podía verle el rostro ni imaginarse cómo lucía.
David comenzó a llenarle la cara de besos para reconfortarla.
—Seré delicado, te lo prometo —le aseguró, y comenzó a moverse despacio.
Logró mantener el control para no perder la cabeza por completo y la tomó con suavidad, a pesar de que sus demonios internos le exigían un ritmo salvaje y desenfrenado.
David estuvo con ella más de tres veces antes de sentir que la droga se disipaba de su cuerpo.
Se levantó de la cama al notar que Ashley se había quedado dormida.
Fue al baño y aprovechó la luz de la luna para ducharse.
Trajo un recipiente con agua y una toalla que encontró en el baño y limpió a Ashley una vez que terminó de asearse.
Sintió una opresión en el pecho y una profunda culpa al ver las manchas de sangre en la sábana.
Maldijo a Steve en silencio. Se juró a sí mismo que le haría pagar por lo que había hecho. Aunque él había sido quien estuvo con la chica, nada de eso habría ocurrido si Steve no lo hubiera drogado.
Regresó el recipiente al baño tras terminar de limpiarla y se metió de nuevo en la cama. Atrajo a Ashley, dormida, hacia su pecho.
Ashley se acurrucó aún más en su abrazo. Parecían una verdadera pareja descansando junta.
David le besó la frente y le susurró buenas noches. Solo le quedaba esperar al día siguiente para ver qué sucedería.
—Siempre estaré para ti, pequeña. No puedo devolverte tu virginidad, pero te prometo hacerte feliz el resto de tu vida —murmuró hacia la joven dormida y volvió a besarle la frente.
—Te creo.
Él se tensó al escuchar la voz de la chica. Bajó la mirada y notó que, en realidad, seguía profundamente dormida.
Una ligera sonrisa se dibujó en su rostro mientras contemplaba a la joven en sus brazos, antes de dejarse vencer por el sueño.
ISABELLA Y JAMES
Isabella y James se dirigieron con entusiasmo a la habitación donde se suponía que debía estar Ashley.
—Ya quiero ver su cara mañana, amor —dijo Isabella radiante a James, quien solo le devolvió una sonrisa.
La empujó bruscamente contra la pared y comenzó a besarla con intensidad, como si no hubieran estado juntos hace apenas un momento.
—Eres un malportado, James —dijo Isabella en tono juguetón, dándole un golpecito en el pecho al separarse del beso ardiente.
—¿Acaso no es eso lo que hace que me ames más, bebé? Vamos a ver a esa estúpida.
Le guiñó un ojo antes de encaminarse al cuarto.
Abrieron la puerta llenos de ilusión y con sonrisas de oreja a oreja.
Las sonrisas se les borraron de golpe al ver la cama intacta y constatar que Ashley no estaba ahí. Se miraron el uno al otro llenos de desconcierto.
—¿Qué pasó? ¿Qué significa esto, James? —exigió saber Isabella, tan sorprendida como él.
—James, ¿no la habrás dejado ir? —preguntó Isabella con furia.
James le aseguró que la había dejado inconsciente sobre la cama.
—Llama a los tipos y pregúntales qué pasó, ¡¿dónde demonios están?! —dijo James, frustrado.
Isabella obedeció de inmediato y marcó al número de los hombres.
—Bueno —respondió una voz al otro lado de la línea.
—¿Qué pasó aquí? ¿Por qué la cama está sin tocar? ¡¿QUÉ DEMONIOS PASÓ?! —le gritó al sujeto.
—Oye, bájale a tu tono, mujer. Mis muchachos y yo fuimos al número de habitación que nos diste, pero no había nadie. Esperamos y esperamos, pero nadie entró. Así que nos regresamos a nuestro refugio.
—¡¿QUÉ?! —preguntó Isabella en shock. Intentó serenarse antes de continuar—. Bien, como no hicieron el trabajo que debían, devuélvanme mi dinero —espetó.
Se estaba volviendo loca. Todos sus planes se habían ido al traste. Había tirado el dinero a la basura organizándole una estúpida fiesta a Ashley. Y ahora, todo estaba arruinado.
—¡EN TUS SUEÑOS, MUJER! Fuimos al maldito lugar tal como quedamos. No es nuestro puto problema si no pudimos cogernos a esa perra. El trato se terminó, así que no me vuelvas a llamar en tu puta vida.
Dicho esto, el sujeto le colgó.
—¿Bueno?
—¿B-Bueno?
—¡¡BUENOOO!!
Isabella soltó un alarido y comenzó a destrozar todo lo que encontró a su paso en la habitación del hotel.
—¡¡ASHLEY!! ¡¡JUSTO AHORA VERÁS DE LO QUE SOY CAPAZ!! —dijo con un odio visceral antes de salir furiosa del cuarto, sin siquiera fijarse en si James la seguía o no.
Eric yacía en la cama de Jade, sintiéndose solo. No veía la hora de vivir finalmente con Jade como su esposo al día siguiente. Sin embargo, la fría noche lo castigaba mientras anhelaba la compañía de Jade. Poco antes de que el sueño lo venciera, Eric escuchó que alguien tocaba la ventana. Se levantó de la cama y caminó hacia ella, sintiendo algo de miedo. ¿Quién se atrevería a trepar hasta la ventana de la casa de los Westwood? No obstante, su duda quedó resuelta al ver a Jade sobre una escalera, sonriéndole torpemente. —¡JADE! —exclamó Eric sorprendido. —Shhh… bebé, no grites, por favor. Mamá y papá me matarán si me ven aquí… ¿Y podrías… por favor… dejarme entrar? —Por su forma de hablar, Eric notó que estaba ebrio. —Claro… pero ¿no crees que esto es una locura? Se supone que deberías estar en la fiesta, ¿qué haces aquí? Sabes que se supone que no debemos vernos hasta mañana —dijo Eric mientras le abría la ventana. —No puedo, bebé… No puedo estar lejos de ti hasta mañana. Me
Al día siguiente, Eric se despertó en la cama completamente solo, sin Jade a su lado como de costumbre. Fue al baño a buscarlo, pero no estaba allí. —¿Dónde diablos se metió? —se preguntó Eric mientras bajaba las escaleras para buscarlo. Ya eran las 8:37 a. m. y el desayuno estaba servido. —Buenos días tía, y tío Dave —saludó Eric mientras tomaba su asiento. Sus ojos recorrieron la casa con la esperanza de ubicar a Jade. —Buenos días, hijo. ¿Por qué estás solo? ¿Dónde está tu prometido? —preguntó Ashley, al notar también la ausencia de Jade. —No tengo idea, tía. Ya no estaba en la cama cuando me desperté —respondió Eric apenado. Estaba acostumbrado a despertar con Jade y recibir sus besos matutinos, pero hoy Jade lo había dejado para ir a saber dónde. —Buenos días, mamá, papá —saludó Jake mientras ayudaba a Annabelle con su silla antes de sentarse. —Buenos días, hijo, Anne, ¿cómo estuvo su noche? —respondió David. —Bastante bien, tío… —contestó Annabelle mientras le ser
—¡Vete al diablo, Lucas… ¡¡AIDEN ES MI HIJO!! —tronó Jade furioso mientras se adelantaba para tomar a Aiden del regazo de Lucas, pero Derrick lo detuvo. —Por favor Jade, solo dale unos minutos, por favor… —le pidió Derrick con ojos suplicantes. —¿Qu-qué quie-quieres de-decir con eso? —preguntó Marcus con la voz temblorosa, sin siquiera darse cuenta de que había bajado la guardia. Lucas le dirigió una sonrisa triste mientras las lágrimas no dejaban de brotar de sus ojos. —¿Puedes liberar a Rihanna primero, hermano? A Marcus no tuvieron que decírselo dos veces; cortó apresuradamente la cuerda que ataba a Rihanna y le quitó el pañuelo de la boca para volcar de nuevo toda su atención en Lucas. Rihanna corrió de inmediato hacia Lucas, tomó a Aiden de su regazo y apretó a su hijo dormido contra su pecho mientras sollozaba. —Así es, hermano, me escuchaste bien. Aiden no es hijo de Jade, ¡¡ES TU HIJO BIOLÓGICO!! —declaró Lucas con total firmeza. Marcus, sintiendo que perdía la cordura,
Jade sintió que la persona que tenía enfrente ya no era un ser humano. —¿Entonces por qué no te preguntas a ti mismo por qué te dejó? ¿Por qué no te preguntas también por qué tu hermano nunca se puso en contacto contigo durante todo este tiempo? No es como si se lo hubiéramos prohibido. A pesar de todo lo que pasó entre nosotros, a pesar de todo el maldito daño que nos hiciste a mí y a mi familia, aun así cuidamos de tu hermano. ¿Sabes por qué? Porque él era mi amigo antes de que toda esta m****a comenzara. Y también se convirtió en parte de la familia cuando nos fuimos del país con él. ¿No deberías estar feliz de que tu hermano menor haya conseguido una familia que lo ama y está ahí para protegerlo? Sé que tú nunca experimentaste lo que es el amor de familia, pero para nosotros, que fuimos lo suficientemente afortunados de tenerlo, nos aseguramos de compartirlo. Lucas ya no es solo un amigo para mí, es mi familia. Una familia por la que moriría protegiendo. Y como bien me conoces, pr
Jade condujo su vehículo de inmediato hacia la ubicación que le había dado Marcus. Sin embargo, antes de eso, se aseguró de que todos los demás estuvieran a salvo y fuera de peligro. Jade no sabía cuál sería el desenlace de su desafortunado encuentro con Marcus, por lo que llamó a Derrick para informarle sobre la situación. Le preguntó si Lucas estaba seguro en la casa con él, lo cual Derrick confirmó para tranquilidad del sobresaltado corazón de Jade. —¿Qué pasa, amor? ¿Por qué te ves tan tenso? ¿Para qué te llamó Jade? ¿Por qué te buscó? —preguntó Lucas a Derrick al notar el rostro alterado de su novio. Aunque Marcus le había hecho prometer a Jade que no le diría nada a Lucas, Derrick sabía que tenía que hacerlo; debía contarle la verdad. Tal vez solo Lucas podía detener la locura de su hermano. —Mi amor, tenemos un gran problema… Tu hermano secuestró a Rihanna a cambio de ti, pero Jade se negó y le advirtió que se mantuviera alejado de ti. Le pidió a Jade que se reunieran para
Le agradeció con una sonrisa antes de percatarse de los rostros estupefactos de los mayores. —Papá, Tío, ¿cómo están? ¿Cómo estuvo su noche? —les pregunto a sus padres, quienes sacudieron la cabeza para recobrar el sentido. —No-nosotros… eh… estamos bien, quiero decir, estamos bien, princesa —tartamudeó Brian. Annabelle quiso preguntarle cuál era el problema, pero se detuvo al escuchar a Eric insultando a Jade. —Bájame, Jade. Dije que puedo caminar. Vete al diablo, bájame de una maldita vez —Eric continuaba soltando palabrotas contra Jade mientras los demás en la mesa los observaban con caras divertidas. —Bebé, no seas tímido. Carajo, no es la primera vez que te cargo y no será la última. Y ni siquiera estoy seguro de que puedas mantenerte en pie por ti mismo. No voy a tomar ese riesgo, así que por favor, solo déjate llevar, ¿sí? —le habló Jade con dulzura. Eric solo suspiró y apoyó la cabeza en el pecho de Jade. Parecía que Jade siempre sería el esposo entre los dos, mientras qu







