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Capítulo 4

作者: Crystal K
—¿Una sorpresa? —preguntó Dexter, y su voz de pronto se puso tensa.

Jenica se detuvo junto a él y se acarició el vientre.

—Nuestro príncipe... se acaba de mover —dijo ella, con la voz temblando por un asombro fingido—. No fue solo una patada, Dexter. Fue un pulso de Alfa.

La expresión de Dexter cambió.

—¿Un pulso de Alfa? —preguntó él, muy emocionado—. ¿Estás segura?

—Totalmente. —Asintió Jenica.

El poder... fue como una descarga eléctrica dentro de mí. Los médicos imperiales dijeron que solo un futuro Rey Alfa puede liberar esa energía desde el vientre.

Mi mente regresó a una noche de hace tres años.

Dexter y yo veíamos una lluvia de estrellas desde el balcón.

Él me había dicho que, si teníamos un cachorro, quería que yo fuera la primera en sentir su poder. También me prometió que quería estar presente en cada una de las primeras veces de nuestro cachorro conmigo.

¿Y ahora?

Era como si yo me hubiera borrado, como si fuera un fantasma en mi propia fiesta. Él corrió al lado de Jenica y puso sus manos con respeto sobre el vientre de ella.

—Necesito sentirlo —dijo, cerrando los ojos para concentrarse.

Unos segundos después, los abrió; sus ojos brillaban con una emoción intensa.

—¡Por la Diosa! —susurró, casi temblando—. Este poder... ¡este es el verdadero linaje imperial!

Jenica se recargó feliz en sus brazos.

—Lo sabía. Sabía que nuestro príncipe era especial.

—Lo es —dijo Dexter, dándole un beso en la cabeza. Luego se acordó de mí—. ¿Escuchaste eso? ¡Un pulso de Alfa! ¡El primero en siglos!

Me quedé ahí de pie, mirando a la pareja imperial perfecta, a los que pronto serían padres.

—Felicidades —dije en voz baja.

Estaban tan perdidos en su propio mundo que ni siquiera me escucharon.

—Siento que... no anda bien —dijo Jenica, agarrándolo del brazo de pronto con cara de angustia—. La energía es demasiado fuerte. Tengo un poco de miedo.

—No tengas miedo —respondió Dexter, poniéndose en alerta—. Aquí estoy. Te protegeré a ti y a nuestro cachorro.

—Pero... —Jenica miró hacia el yate—. Hoy es tu cita con Noelle.

—Eso no importa —dijo Dexter sin dudarlo ni un segundo—. Tu seguridad y la del cachorro son más importantes que cualquier otra cosa.

Recordé mi cumpleaños de hace dos años.

Yo estaba en el hospital después de un pequeño accidente en el laboratorio. Dexter canceló una junta importante del Consejo Imperial y se quedó junto a mi cama toda la noche. Me había dicho que nada era más importante que mi seguridad. También me juró que, en su mundo, yo siempre sería su prioridad.

—Me temo que la fiesta se cancela —dijo Dexter, volteando por fin hacia mí como si recordara que yo estaba ahí—. El primer pulso de Alfa del heredero tiene que estabilizarse con el linaje de su padre. Me tengo que quedar con Jenica.

—Entiendo. —Asentí.

—¿En serio? —Parecía sorprendido y aliviado—. ¿No estás enojada?

—¿Por qué habría de estarlo? La seguridad del heredero es lo principal.

Dexter dejó escapar un suspiro.

—De todas formas, deberías irte en el yate. Tu asistente ya está a bordo y todo está listo.

Mi asistente. Una chica humana llamada Sarah, mi compañera de investigación de la universidad. No sabía nada del mundo de los hombres lobo; creía que yo trabajaba para una empresa de biotecnología muy importante.

—¿Ya está a bordo? —pregunté, tratando de que mi voz no revelara nada.

—Sí, llegó hace una hora —dijo Dexter distraído, con toda su atención puesta otra vez en Jenica.

—Entonces iré a buscarla.

—Está bien —dijo él, restándole importancia con un gesto—. Diviértete, Noelle.

Diviértete.

Me di la vuelta y caminé hacia el yate. A mis espaldas, escuché la voz delicada de Jenica.

—¡Lo siento otra vez! ¡El príncipe está reaccionando a ti!

—¿En serio? Déjame sentir...

Subí a la cubierta de La Diosa de la Luna. Sarah estaba en la parte de adelante, con la brisa del mar despeinando su cabello pelirrojo.

Corrió hacia mí, muy emocionada.

—¡Este yate es una locura! ¡Tu jefe es muy generoso!

Mi jefe. Pensaba que Dexter era mi jefe.

—Sí, lo es —dije sin emoción alguna—. Tuvo que irse por un asunto urgente.

Sarah, sin notar lo indiferente que sonaba mi voz, siguió hablando con entusiasmo.

—¡Bueno, eso solo significa más tiempo de amigas para nosotras! ¡Traje tu champaña favorita!

Miré su sonrisa inocente y feliz, y sentí culpa.

—Si pasa algo esta noche —le dije—, quiero que sepas lo agradecida que estoy por nuestra amistad.

—¿A qué te refieres con eso de “si pasa algo”? —Se rio—. Te estás portando raro. ¡Relájate! ¡Hay que empezar la fiesta!

El yate comenzó a alejarse del muelle. Me quedé en la cubierta, viendo cómo las luces de la orilla se hacían cada vez más pequeñas. Dexter y Jenica seguían ahí. Estaban abrazados con fuerza, perdidos en su sueño compartido del futuro príncipe. Ninguno de los dos volteó ni una vez hacia el yate que se iba.

Nadie se dio cuenta de que me marchaba.

La noche se volvió más oscura y las olas más altas. Mientras Sarah estaba en la cabina preparando algo de comer, fui a la cabina de mando y activé el piloto automático que había configurado antes. El yate siguió el rumbo programado hacia aguas internacionales.

Saqué el celular desechable y envié una sola palabra encriptada:

“Ejecutar”

Luego regresé a la cubierta y miré las luces lejanas de la ciudad por última vez.

***

Tres horas después, en la torre de la Sede Imperial, Dexter estaba en la suite del penthouse de la Luna, cuidando a Jenica mientras ella descansaba. Un guardia Beta, empapado y pálido como un muerto, entró en la habitación.

—¡Su Majestad! —dijo jadeando—. El yate de la señorita Noelle... ¡explotó en la tormenta!

Dexter se levantó de la silla de un salto.

—¿Qué?

—La Guardia Costera ya está allá... dijeron que con una explosión de esa fuerza... no hay sobrevivientes.
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