LOGINEl resto del camino solo me vi las manos. Apretando la tela de mi pantaolon que iba secando el sudor de mis manos. Me sentía avergonzada, triste, humillada. Estaba realmente destrozada. Crei… que Leo estaba extraño porque tal vez… solo eran celos. Pero ahora…
—¿Estas llorando? —me limpio las lágrimas en silencio.
—No. —mascullo —Bueno si. —me rindo. —Yo… —aprieto con rabia mi pantalón sobre mis rodillas porque si no fuera por Enzo… —Lo siento mucho Señor. —aprieto mis ojos intentando detener mis lágrimas. —Lo siento tanto. No quise meterlo en mis estúpidos problemas… yo no miento… —lloriqueo. —Odio las mentiras, pero Leo… estaba humillándome. Fue cruel conmigo después de que trabajé sin descanso para complacerlo hasta en mi casa durante mis días de descanso o en altas horas de la noche solo para que me viera, me esforcé mucho para que no solo viera que soy una buena empleada si no que…
El auto se detuvo. Escucho como el motor de auto se detiene.
—Esta bien. —abro los ojos. Veo borroso. Lo miro y él mantiene sus ojos al frente. —Te creo. —me mira.
—¿E‒Enserio?
—Mi hermano puede ser lo que sea excepto un hombre de negocios y amante de los números. —un extraño sonido nos llamó la atención a ambos. Saca la cabeza por la ventana y maldice otra vez. Sale del auto y yo hago lo mismo para saber que pasaba. Inhalo profundo mientras me limpio las lagrimas —Mi llanta. —exclama. —Mierda.
La llanta derecha de la parte trasera se había pinchado frente a mi casa. Hace una llamada y no parece que le contesten.
—Disculpe. —obtengo su atención. —Conozco un taller que podrían arreglar su auto. Tengo el numero en mi depa si quiere ir por él.
Entramos a mi departamento. Dejo mi cartera a un lado y me pongo las pantuflas y le doy las de mi mamá para que se las ponga.
—Si quiere tome asiento. Iré por el numero del taller. —dije nerviosa al verlo observar mi hogar. Voy corriendo por el numero a la cocina y preparo algo de café. Vuelvo rápidamente con el numero y se lo doy. —Este es el numero.
—¿Estas segura de que son de confianza?
—Si claro. —afirmo. —Es hijo del vecino de mamá. Incluso tengo a mi bebé con él pero… no he podido sacarlo porque es algo caro los repuestos así que debo tomar el autobús para ahorrar y poder conseguir el dinero. Pero a usted no creo que se le dificulte pagarle. —su mirada es penetrante y me pone mas nerviosa. —¿Le gusta el café con o sin azúcar?. —le sonrio.
—Negro y media cucharada de azucar.
Vuelvo a la cocina y lo preparo como me dijo. En la entrada de la cocina lo observa hablar con el idiota de Fernando. Cuelga así que le doy el café. Muevo mis labios de izquierda a derecha y al sentir que me mira le doy un pequeño sorbo a mi café.
—Tu departamento es cómodo.
—Gracias. —murmuro admirando mi pequeño hogar. —Aun me falta muchas cosas que acomodar pero como casi no tengo días libres no he podido terminar.
—Mmm.. —vuelco mi vista sobre él —Asi que por darle mas tiempo libre a Leo, tu sacrificabas los tuyos. —le doy un sorbito mas a mi café desviando mi mirada. —Bueno, eso no será así conmigo. Tendrás tus fines de semana libres y un día de la semana.
Suena bien. Pero ya tengo varios días de la semana acumulado. Si quisiera podría tomarlo ya que son como seis meses.
—Preferiré seguir acumulándolos.
—¿Por qué?
—Bueno. Solo me gusta tomarlos cuando mamá me viene a visitarme o cuando yo voy a verla.
—¿Y cuantos días tienes acumulado?
—Como seis meses ya.
Comienza a toser. Hace aun lado su café.
—Son demasiados. —deja la taza a un costado. —¿No vas abandonarme ahora verdad? —Suspiro meditándolo. Si, la verdad es que lo estaba pensando. —Sé que no nos conocimos en las mejores circunstancias, pero si eres la mente maestra del impecable trabajo de ese avaro, me gustaría trabajar con tan excelente empleada.
Ladeo una sonrisa por tan motivadoras palabras.
—Es que… siento mucha vergüenza por lo que pasó ahora. —bajo mi taza y la veo de reojo sintiendo el ardor en mi rostro. —Ni siquiera tengo el valor de verlo a la cara ahora que sé los problemas que le he causado por una mentira mia.
—Bueno. Es de esperarse que después de perder el puesto que tanto quería reaccionara queriendo humillarme al presentarte a ti como mi futura esposa.
—¿Y eso que quiere decir? ¿ eso es malo?
Ladea su cabeza y me mira como si estuviera pensando las palabras correctas como si lo que fuese a decir será cruel.
—Bueno. Es que eres… interesante.
Pude sentir la ironía en lo “interesante y no pues si que me ofendió.
—No soy estúpida Señor. Y sé muy bien que interesante es alguien aburrida y anticuada. —me levanto de mi lugar y tomo la tasa a su lado. —No necesita disfrazarlo porque ya se que soy diferente a los demás.
Me alejo de él y vuelvo a la cocina, dejo las tasas en el lavador. Apoyo mis manos sobre la encimera frustrada porque si. Ya se que soy aburrida, que soy una ñoña nerd de la que todos aborrecen y creían que podían utilizar pero que nadie logró, y fue así hasta que me enamoré de ese idiota cruel sin corazón que hoy estuvo a punto de llevarme a una reverenda humillación con la familia Black por una tonta mentira que no pensé que fuera a empeorar.
—Sasha no quise decirlo así —volteo y lo veo en la entrada. Se rasca la nuca viendo a un lado menos a mi. —Sé que eres diferente. Al principio crei que eras como esa ñoña odiosa pero, pude darme cuenta que eres diferente y en el buen sentido.
Aprieto mis labios. Es muy amable en verdad pero es tonto al querer motivar a otros. No se parece en nada a Leo. Su celular suena y se aleja de la cocina por unos segundos y cuando vuelve me dice que ya se llevaron su auto.
—Puedo llamar un taxi.
—Ya esta uno abajo esperándome. —me muestra una leve sonrisa. —Puedes darme tu numero celular.
Muevo mis ojos confundida
—¿Para que?
—Eres mi asistente.
Dios. Es cierto.
—Ah si. Es… —me quedo congelada al recordar que aquella noche en la que me mojé por la lluvia se me arruinó. —Perdón. Por ahora no tengo. —me disculpo —Pero en cuanto salga de mi deuda con mi bebé y otras deudas pendientes me compraré uno y se lo daré señor Black.
—¿No tienes celular?
—Es que… la noche que me lleno de agua sucia también se me mojó mi celular y se echo a perder.
—Eso será un problema porque debo saber lo que pasa en mi compañía cuando salga de viaje o por algún contratiempo. —busca algo en su cartera. Al sacar de su billetera una tarjeta negra me la extiende a mi —Mañana tomas un taxi y pasa primero por una compañía telefónica antes de ir a la oficina. Cómprate uno a prueba de agua.
—No. Perdón pero no puedo hacer eso.
—¿Porqué?.
—Aceptar ese dinero para comprarme un celular tan caro. No. Me niego.
—Que te parece entonces si lo descuento de tus seis meses libres.
Mm.. bueno no es tan mala la propuesta.
—¿Cuántos meses?
—Cinco meses.
—Pero cinco meses son muchos. —exclamo impactada.
—Bueno. Si multiplicas lo que ganabas antes por cinco meses es la cifra exacta para un buen celular contra el agua.
—Bien. —la tomo de mala gana. Lo acompaño a la puerta. —Señor Black respecto a la mentira…
—Hablaremos de eso mañana, novia.
Me quedé tiesa como una piedra cuando sorprende con un beso.
Carraspeo mi garganta y la maldita víbora simplemente dice “Ah”. La muy desgraciada ni si quiera se alejó. Enzo me mira fijamente como si estuviera en shok y luego le dice que se largue. Molesta obedece. Me mira a mi pero lo ignoro. No quiero hablar con él pero no deja de decir mi nombre para que lo mire a la cara.Pasaron al menos unos minutos desde que esa perra estuvo aquí.―¿Enserio no piensas hablarme? ―me mantengo en silencio ―¿Estas celosa? ―no respondo pero lo miro de reojo ―Sasha. Lo estas.―Quiero trabajar así que hay que seguir en silencio. Después de todo es nuestro falso trabajo ¿no?Jala la silla hacia él y me obliga a sostenerle la mirada.―Ella puso mis manos sobre sus pechos. Viste perfectamente que no…―No te estoy pidiendo explicaciones. ―quise alejarme pero no me deja. Insiste en tener esta conversación ―¿Qué quieres que diga? Si mi amor esta bien te creo. Bien ya lo dije.―Si. Toque a otra mujer pero fue porque me tomó por sorpresa. Sabes como soy, estaba enfocado
―Por favor, no se detengan por mi, sigan. ―mueve sus manos exageradamente ―Ay, ¿enserio no van a seguir? Ash, que aburridos son.Enzo se aleja de mi cubriéndome de su hermano, Leo en cambio se burla diciéndole que no le queda para nada el talle del prometido preocupado si no que se ve ridículo. Sus palabras… las reconozco, está fastidiándolo.―Largo de aquí antes de que termine haciendo algo del cual no voy a lamentar.―Ja, ja. Como no. ―se para frente a él retándolo. ―Ambos sabemos que no eres capaz de hacerlo.―No tientes al diablo, Leo.Enzo me guio con su mano firme en mi espalda baja, el aire entre nosotros estaba cargado de una satisfacción peligrosa que fue irrumpida por culpa de Leo a quien le lanza una mirada asesina antes de salir. Nos vestimos para el día con urgencia, sin cruzar la mirada, me sentía incomoda porque no sabia que decirle y él… bueno, parecía hacer de la vista gorda.—Desayunaremos en mi oficina —ordenó, poniéndose una camisa blanca impecable que contrastaba
Enzo es un hombre difícil de descifrar, no puedo comprenderlo, a veces pienso que le importo después de todo a estas alturas es lo que mas pienso ya y mas cuando ya sabe que estoy enamorada de él.A veces. Pero mayormente pienso que solo es un pretexto para molestar a su familia. Dice que no debo amarlo porque seria un error y yo no lo veo así.Después de la discusión con el abogado ellos se quedaron hablando y yo Sali por algo de comida.Caminamos hacia el ala oeste. La suite de Enzo era un laberinto de mármol y silencios caros. Me guio a través del pasillo de cristal hasta el gimnasio. Al entrar, la luz brillante y el olor a metal limpio y cuero nuevo era un alivio; un lugar donde el dolor era tangible y no emocional.Enzo se quitó la camiseta. El crack de la tela al rasgarse parecía amplificado en el silencio. Su torso, esa escultura de disciplina que antes me había paralizado, ahora era una motivación. Sentí el calor subir a mis mejillas, pero me obligué a verlo como mi entrenador
Me desperté sola.El sol de la mañana se filtraba por las pesadas cortinas de terciopelo de la habitación, pero la habitación seguía sumida en una penumbra molesta pero tranquila para seguir durmiendo.«No. No me ames, Sasha.»La voz de Enzo resonó en el silencio. Me cubrí el rostro con el brazo. Había confesado mi amor y él, el hombre que me había salvado de su hermano, lo había rechazado con la lógica fría de un estratega, pensé que sentía lo mismo que yo pero ahora… mierda, solo estoy muriéndome de la vergüenza ahora mismo. Me había reducido a… dios, ni siquiera yo lo sé.Me levanté con dificultad. El estaba en el suelo, una masa arrugada junto a su traje destrozado. Enzo no estaba en la habitación, pero lo escuché. El sonido de su voz, clara y autoritaria como siempre y provenía del salón contiguo. Estaba en una llamada, ya operando.Me dirigí al baño. Al mirarme al espejo, no vi a la asustada Sasha de siempre que se mantenía en las sombras al margen de todo. Vi a una mujer con el
La voz del Sr. Black era un látigo venenoso que antes no parecía tener.―Si cruzas esa puerta por esa mujer, te arrepentirás, Enzo. Esa es una mujer solo está alejándote de tu propio hermano, de nosotros que somos tu familia. Sí. Él ya me dijo que ya se acostó con esa… mujer, pero como no consiguió engatusarlo ahora lo hará contigo.El silencio que siguió a la acusación me pareció más ruidoso que el estallido del espejo de hace un rato. Fui un fraude. Una prostituta ambiciosa para su padre. Una mujer que intentó seducir a su hermano y, al fallar, saltó al siguiente Black. Sentí la vergüenza, no solo por mí, sino por Enzo.Nunca… jamás pensé que Leo fuera esa clase de hombre, nunca se me cruzó por la mente que fuera a decir esa clase de patrañas por venganza, una venganza estúpida a decir verdad.Él me sostenía. Yo estaba enredada en su cintura, aferrándome a su traje destrozado. Sentí su cuerpo temblar; no de miedo, sino de una furia tan contenida que era palpable. Su respiración es a
El clic del pestillo fue un tiro, seco y final, que resonó en el silencio tenebroso que nos rodeaba.Mi respiración se cortó. El miedo regresó, un miedo que me paralizó que me hizo olvidar que debía correr o pedir ayuda, un miedo frío y venenoso, el mismo que sentí aquella noche en la carretera. Su mirada era la misma que de esa noche, la reconozco, es vacia pero hay algo mas que hace que mi mene grite “Peligro”.—¿Creíste que ibas a salir de aquí sin un agradecimiento? —La voz de Leo era baja, whisky y resentimiento puro. —Pero mirate, mira lo que has conseguido gracias a mi mi linda Lana.Retrocedí, mi espalda golpeando el lavamanos y me estremece, el mármol frío enviando un escalofrío a través de la seda del vestido. El terror me secó la garganta casi al instante.—Sal de aquí, Leo. Esto es el baño de damas. —murmuro con gran dificultad.—El único lugar donde puedo hablar contigo sin que mi hermanito me apuñale con su mirada y me interrumpa es este —se acercó, un paso lento que se







