로그인Gael la observó durante unos instantes, todavía intentando comprender la confianza que Elisa había mostrado al desafiarlo. La mujer que solía medir cada palabra había desaparecido, dejando atrás a alguien mucho más rebelde.Eso, por alguna razón, lo molestaba más de lo que estaba dispuesto a reconocer. Era como si, después de casarse con él, Elisa hubiera decidido dejar de ser dócil.—Sal de mi oficina —dijo finalmente, haciendo un gesto seco hacia la salida. —Asegúrate de que se envíen esas flores. No voy a discutir contigo sobre algo que forma parte de tus funciones, Elisa.Hizo una breve pausa y la miró con severidad antes de continuar.—Si crees que tras casarte conmigo vas a convertirte en una mujer rebelde, al menos selecciona tus batallas con sabiduría.Elisa apretó los labios, conteniendo la respuesta que estaba a punto de darle. Cogió el documento que había dejado sobre el escritorio y se dirigió hacia la puerta sin bajar la mirada ni mostrar el menor remordimiento.Antes de
La voz de Gael logró que Elisa se quedara completamente paralizada, ya que el recuerdo de lo sucedido la noche anterior invadió su pensamiento de inmediato. —¿Te gustaría que concluyéramos lo que empezamos anoche? —dijo en voz baja Gael cerca de su oído. Elisa quedó estática por unos instantes y luego se giró hacia él, sintiéndo sus mejillas arder. —¿Qué fue lo que dijiste? —preguntó, pretendiendo no haberlo oído bien. Gael sonrió de una forma que aceleró su pulso. —Sabes perfectamente lo que acabo de mencionar —contestó él con serenidad. Elisa sintió cómo los nervios la invadían y rápidamente juntó sus cosas. —Debo irme —dijo antes de alejarse. Prácticamente salió corriendo de la mansión, sin darle a Gael la oportunidad de decir otra cosa. Al salir, Elisa vio a Roger esperándola junto al auto. Subió velozmente y cerró la puerta tras de ella, intentando calmarse antes de que el chofer notara su ansiedad. —Buenos días, señora Elisa —saludó Roger al poner en
Una hora más tarde, la preocupación en el hospital había disminuido su intensidad. A pesar de que Adrián seguía en observación, los médicos comunicaron que estaría bajo vigilancia durante toda la noche. Gael mantenía su firme decisión de permanecer allí, incapaz de alejarse mientras su amigo estuviera en esa situación. —Roger ha venido a buscarte. Es mejor que regreses a casa y tomes un descanso, yo me quedaré aquí durante la noche —comentó Gael a Elisa, levantándose de su lugar. Ella movió la cabeza en señal de desacuerdo, ya que no quería dejarlo solo después de verlo tan afectado. —Puedo quedarme contigo. No tienes que pasar la noche aquí sin compañía, especialmente tras lo que ha sucedido —dijo Elisa con sinceridad. Gael la observó por unos instantes y sacudió la cabeza en respuesta. —No es necesario. Además, necesito estar aquí por mi amigo y tú también deberías descansar —replicó Gael. Entonces, la madre de Adrián se pronunció, limpiándose las lágrimas que aún caían por
A pesar de su confusión por lo que había ocurrido entre ellos, la información sobre Adrián la había inquietado. —No es necesario que te disculpes. Iré contigo —contestó Elisa mientras se ajustaba la blusa. Gael aceptó sin objeciones y rápidamente recogió su abrigo. Ambos dejaron la habitación y descendieron las escaleras apresuradamente. La inquietud por Adrián había eliminado por completo cualquier pelea que habían tenido hace en cualquier otro momento. Sin demora, salieron juntos de la casa hacia el hospital central. Al llegar al centro médico, Gael detuvo su auto justo en la entrada de urgencias y ambos salieron veloces del coche. En cuanto cruzaron la puerta, Gael comenzó a mirar alrededor hasta que identificó a los padres de Adrián en la sala de espera. Se acercó a ellos con una expresión tensa, mientras Elisa se mantenía un poco más atrás. —¿Cómo se encuentra? ¿Qué información dijeron de los doctores? —preguntó Gael, haciendo un esfuerzo por mantener la compostura a
Gael no podía dejar d entrar a Elisa. Ella sintió un escalofrío recorrerle todo el cuerpo. —Ahora que lo pienso, probablemente te lastimaste intencionalmente para arruinar mi noche con Alma Rosa —manifestó con frialdad. Elisa quedó boquiabierta, completamente asombrada ante esa acusación ilógica. —¿Qué insinúas? Jamás haría algo así solo para evitar que tuvieras un encuentro con una mujer. Eso es completamente irracional —replicó Elisa, ofendida. Gael se rio con burla ante sus ojos, pero no había nada de humor en ella. —Te conozco bien, Elisa. Soy consciente de lo que puedes hacer y no dudo que tu malicia podría llegar a tales extremos —respondió de manera severa. —Probablemente, como no eres feliz, tampoco soportas la idea de que yo pueda serlo. Las palabras de Gael lograron herirla, pero Elisa se negó a mostrar sus sentimientos. Tomó una respiración profunda y levantó la cabeza, mirándolo fijamente mientras contenía la ira que comenzaba a brotar en su interior.
Él se dirigió al médico con una mirada seria y, durante un breve momento, sus miradas se cruzaron. —Buenas noches, doctor. ¿Cómo se encuentra mi esposa? —preguntó Gael, sin prestar atención al asombro de Elisa. El médico lo observó antes de centrar su atención en la herida. —Su esposa estará bien. Tiene una herida profunda en el dedo y necesitaremos realizarle algunos puntos para cerrarla adecuadamente —comentó el médico. Gael no dijo nada al respecto pero echó una mirada momentánea a Elisa. —Entonces esperaré afuera mientras usted hace su trabajo. Por favor, asegúrese de que esté bien —expresó Gael antes de salir del área de enfermería sin esperar respuesta alguna. Al salir a la sala de espera, Gael vio a Roger sentado cerca de la entrada. Se acercó a él directamente y arrugó el rostro, aún tratando de entender cómo había terminado Elisa en el hospital con un corte en el dedo. —¿Cómo pudo suceder eso? ¿Qué estaba haciendo Elisa para resultar con una herida así? —







