LOGINRaven"No soy una niña. Tengo veintidós.”Su mandíbula se tensa, los ojos se oscurecen mientras me mira como si estuviera intentando contener algo. “¿Crees que decir eso cambia algo?”“Debería”, le contesto, mi voz inestable pero terco. “No soy una niña. Y estoy cansada de que actúes como si lo fuera.”Un músculo le late en la mandíbula y su agarre en mi barbilla se aprieta, los dedos clavándose en mi piel con tanta fuerza que casi hago una mueca. “No entiendes lo que estás pidiendo, y estoy perdiendo la voluntad de asegurarme de que nunca lo hagas.”“Entonces hazme entender.”Eso lo logra.Su control finalmente se resbala. “Necesitas dejar de empujarme”, advierte, su voz áspera, tensa.Pero no retrocedo. No puedo.Algo en sus ojos se rompe.Y entonces su boca está sobre la mía.Roman me está besando como si fuera una guerra. Dientes, lengua, aliento. Me devora como si estuviera hambriento y furioso de haberse permitido llegar a tener tanta hambre.La cara de Jared sigue destellando e
RomanQuince minutos después, James nos conduce por Clement Avenue, donde el teléfono de ella dio la última señal. La lluvia aumentó casi en cuanto salimos de la entrada de la residencia Cole, cayendo en cortinas pesadas que golpean el parabrisas.Mi corazón martillea contra las costillas.La necesidad de llegar a Raven y asegurarme de que está a salvo me está montando con fuerza. No tengo ninguna razón real para pensar que está en peligro, pero aun así no me gusta que no conteste mis llamadas y que Thomas confirmara que no está en casa.“Su teléfono está cerca, señor”, dice James, con los ojos en el rastreador del tablero. “Debería estar justo adelante, a la izquierda.”Reduce la limusina a paso de tortuga mientras escaneamos las aceras empapadas por la lluvia.La calle está casi vacía. Unos cuantos autos estacionados junto a la acera. Las farolas proyectan charcos amarillos de luz sobre el asfalto mojado.Entonces los veo.Cuatro figuras en las sombras entre dos edificios. Tres homb
RavenSalimos de las puertas del club todavía riéndonos.El bajo de adentro todavía retumba a través de las paredes, y Anaya está imitando la cara de Jared cuando los guardias de seguridad lo agarraron, tan exacta que casi me doblo de la risa.“¿Sabes quién soy yo?” Se infla el pecho y pone una voz tres octavas más grave y me muero de la risa por completo.“De verdad dijo eso.” Me limpio las lágrimas de las comisuras de los ojos. “Como si fuera alguien. Como si realmente fuera alguien.”“Y luego lo arrastraron como a un gato mojado.” Le da una palmada en el brazo a David. “¿Viste su cara, cariño? ¿La viste?”“La vi.” David está sonriendo. “El tipo parecía que iba a llorar.”“Bien.” Sacudo la cabeza todavía sonriendo. “Una completa rata.”El aire de la noche me golpea de verdad y me doy cuenta de lo cálido que estaba el club porque afuera está fresco y está empezando a lloviznar, un poco más que una llovizna, como cuando la lluvia está empezando.Siento los seis tragos sentados cálidam
RavenRoman todavía está al teléfono cuando regresa caminando hacia la casa. Su voz es baja y cortante, el tono que usa cuando algo realmente requiere su atención. Lo observo moverse e intento no sentir que me estoy desvaneciendo.Entonces se detiene ante la puerta corrediza y se gira para mirarme.—Tengo una reunión. —Sus ojos bajan brevemente al agua y luego vuelven a mi rostro. —No te quedes mucho tiempo dentro. Ya sabes lo que pasa.No espera una respuesta.La puerta se cierra tras él y se va.Me me me quedo mirando el lugar donde estaba de pie.Sé lo que pasa cuando me quedo demasiado tiempo en el agua. Cada verano, mientras crecía, él ponía un temporizador en su reloj sin que yo me diera cuenta. Veinte minutos y luego su voz aparecía de la nada. «Fuera de la piscina, pequeña. Veinte minutos son suficientes». Nunca le hacía caso. Siempre me quedaba más tiempo. Y siempre me despertaba a la mañana siguiente con la nariz tapada, la garganta irritada y Roman sentado en el borde de mi
Raven—Oblígame.Las palabras salen de mi boca antes de que pueda detenerlas. Atrevida. Imprudente. Todo lo que no debería ser con este hombre.Pero no puedo evitarlo. No con él. No cuando me mira de esa manera.—Sal de la piscina —dice. Su voz es áspera e imperiosa, y envía una ola de calor directo entre mis piernas.—No. —Doy un paso atrás hacia la parte poco profunda. El agua roza mis muslos y me siento poderosa. Con el control, por una vez. —Me gusta estar aquí.—Raven. —Una advertencia.—Roman. —Imito su tono y veo algo oscuro destellar en sus ojos. Luego doy otro paso atrás. El agua me llega a la cintura. —Si me quieres fuera, tendrás que venir por mí tú mismo.Lo estoy desafiando, provocándolo. Poniendo a prueba exactamente cuánto control le queda.Quiero que se quiebre.Durante un largo segundo, solo me mira fijamente. Luego, sus manos van al dobladillo de su camiseta y se la saca por la cabeza en un solo movimiento fluido.Oh, dios.El sol de la tarde da de lleno en su pecho
RomanCuando besé a Raven, lo llamé un momento de debilidad y casi me sentí culpable… hasta que casi me la follé sobre el escritorio y dejé de mentirme sobre lo que esto es.Soy una persona terrible, porque dime por qué no debería sacarme de la cabeza los pensamientos de arruinar a la hija de Erica.Si ella pudiera ver lo asquerosa que se vuelve mi mente cada vez que Raven la cruza, se estaría revolviendo en su tumba. Pero no puedo controlar lo que siento… igual que no puedo controlar lo que hace mi polla cada puta vez.Apenas estoy prestando atención a Vivienne, que lleva más de cuarenta minutos parloteando sobre planes de boda y arreglos, y está empezando a irritarme.De pronto su voz se agudiza mientras desvía la atención al teléfono.—¿Cómo que no está lista? —le suelta al altavoz—. Pedí ese vestido hace tres semanas. ¡Tres semanas! Me da igual los retrasos de aduanas o las complicaciones de envío. Te pagué un extra para que me trajeran el vestido de novia desde Dubái para la prue







