LOGINAlice es una mestiza y es la paria de su manada. Descubre que el nuevo Alfa es su mate, pero este la engaña y la rechaza, destruyendo su corazón por completo. Herida y humillada, termina exiliada en medio del bosque y un Legendario Alfa la rescata, sin ella imaginar que él daría todo su mundo por ella.
View MoreEl invierno había llegado sin clemencia.
Tomé el único abrigo grueso que tenía para poder salir de la envejecida cabaña en la que vivía. Me puse los guantes luego de acomodarme mi gorro polar y salí a enfrentarme con la impetuosa nevada que azotaba el pueblo de Beltone, en la manada del Sur.
Al hacerlo, de inmediato sentí los huesos entumecidos por el frío, por lo que respiré profundo y me concentré en caminar lo más rápido que podía hasta la casa de nuestro Alfa para hacer mis labores de día a día. Lo hice bajo el escrutinio de los demás miembros de la manada, los que me veían como si fuese un insecto que había que eliminar.
Para el mundo sobrenatural, especialmente para los hombres lobo, yo era una abominación.
Para mí, ser una mestiza de hombre lobo y humano había resultado ser una maldición que deseaba que se acabara esa misma noche en mi cumpleaños. Tenía la esperanza de que al cumplir la mayoría de edad podía convertirme en loba; era mi única oportunidad para tener algo de aceptación y, si eso no pasaba, huiría a un sitio donde la pureza de la especie no fuese tanto problema. Lo que resultaba ser una especie de utopía porque en cualquier rincón del mundo iban a haber comparaciones.
Los mestizos resultábamos ser una rareza de la naturaleza, algo que cualquier raza no asimilaba muy bien porque la pureza era la bandera para preservar las especies y por eso yo era despreciada por mi manada en cualquier lugar o momento, como en ese instante en el que mi caminata parecía ser la ocasión perfecta para ser molestada.
—Una loba pura jamás sentiría frío —dijo una chica Omega que caminaba detrás de mí—. Es un claro ejemplo de que la hibridación es sinónimo de defecto.
Los que estaban con ellas se echaron a reír y yo los ignoré porque si les seguía el juego, terminaría con moretones que no se quitaban con facilidad. El problema fue que decidieron caminar justo a centímetros de mi espalda, con el único fin de hacerme sentir mal.
—Si no hubiese sido por la benevolencia de la difunta Luna, esta tonta hubiese terminado muerta en la calle como la cualquiera de su madre humana —dijo otra con asco y contuve la rabia.
La historia de cómo mi madre se había convertido en una meretriz en el territorio humano era bien sabida. Lo que nadie esperaba era que me dejase en las fronteras de Beltone para ser encontrada por los lobos de la manada del Sur y que me llevaran con mi padre. Solo había una nota de disculpa en la que ella rogaba que me cuidaran.
Tres días después de eso, fue hallada sin vida a pocos kilómetros de donde me dejó y mi padre no solo fue cuestionado por meterse con una humana, sino que fue castigado a resguardar la frontera más peligrosa de la manada. Luego fue de los primeros enviados al frente de batalla en la guerra contra los vampiros y murió en el acto.
Ambos eran temas sensibles que todos usaban para molestarme.
—¡Deberían cerrar sus bocas y buscar oficio! —gritó la única mujer que las enfrentaba desde el otro lado de la calle.
Giré a ver a Bianca, la hija del Beta, y una de las pocas personas que me querían de verdad en el pueblo. Ella cruzó la calle con elegancia, mostrando su altura y esbeltez a medida que daba pasos firmes que ponían de manifiesto su carácter indomable. Eso hizo que las otras lobas se alejaran de mí y se acercó con el ceño fruncido.
—¿Estás bien?
—Sí, tranquila, Bianca, estoy bien —le dije con una sonrisa.
—¿Sigues con el malestar?
Negué para que no se preocupara por la molestia que me azotaba desde hacía días, pero la verdad era que cada día me estaba sintiendo peor. Resultaba ser muy molesto enfermarme debido a lo mucho que necesitaba trabajar para ahorrar cada moneda.
—No, mejor cuéntame algo interesante mientras llegamos a la mansión; hay mucho camino por recorrer.
Ella asintió y entonces sus ojos se iluminaron, como si tuviera el chisme más jugoso de todos.
—El hijo de Alfa viene en camino.
Escucharla decir eso me hizo detenerme en el acto debido al shock.
—Es eso imposible.
—No lo es, mi hermano escuchó la noticia junto con los guardianes nocturnos; llegará antes de que entreguen la guardia —respondió con calma mientras se acomodaba sus rizos negros—. Viene antes de tiempo porque el consejo lo ha llamado.
—Eso quiere decir que el Alfa ha empeorado.
Asintió con la expresión seria y yo entendí que posiblemente el Alfa estaba muerto, por eso necesitaban al heredero.
La noticia hizo que se me descompusiera el cuerpo.
No sabía qué podía pasar conmigo.
Mi lugar en la manada estaba dado por el Alfa, eso podía cambiar con su hijo al poder en un segundo. Lo poco que conocí de este chico no era bueno. Era arrogante, dominante y seguía muchas de las estructuras arcaicas.
Él se había ido tras una discusión acalorada con su padre debido a sus actitudes problemáticas, así que fue a aprender de los guerreros más letales porque su meta era ser el más fuerte.
—No debes asustarte, no va a pasar nada contigo, el nuevo Alfa no va a estar interesado en tu posición.
Bianca lo dijo de buena manera, pero la realidad es que la pureza de la especie siempre era prioridad en esta manada y la posición de una joven mestiza importaba.
El Alfa me aceptó porque la Luna había sido muy benevolente con mi situación, pero todos pensaban que había sido un error.
Con ese pensamiento atroz llegamos a la mansión del Alfa y nada más entrar nos dimos cuenta de que el Alfa había muerto. Los hombres se movían de un lado a otro; vimos al padre de Bianca y enseguida nos acercamos a este, quien nada más verme frunció el ceño.
—Nuestro Alfa se ha ido con la Diosa —informó el Beta con cierto dolor.
Yo no sabía qué decir, solo me sentí a la deriva; entonces Bianca me abrazó y se quedó conmigo durante unos minutos en completo silencio.
—Creo que lo mejor es ir a la cocina —dije con cierto temor—. Tengo trabajo por hacer, seguro hay que preparar algún menú especial, así que ve a ayudar a tu padre en lo que puedas.
En ese momento, el Beta caminó al centro del salón y miró a todos.
—El hijo de nuestro difunto Alfa está llegando, así que dejen de hacer lo que están haciendo y ordénense en filas según su rango y posición en la manada. Necesitamos recibirlo como un frente unido. Le daremos sus condolencias y nos ofreceremos a sus servicios —espetó el Beta y todos asintieron.
Yo tragué saliva con fuerza porque sabía muy bien cuál era mi posición, así que lo mejor que podía hacer era esconderme hasta que todos se hubiesen ordenado y así poder ponerme de última, de tal forma que pudiese pasar desapercibida.
En medio del caos, vi cómo una camioneta de lujo se estacionó afuera de la casa; de ella bajaron unos hombres altos, fornidos, vestidos con chaquetas negras y que tenían un corte de cabello similar. Todos tenían una marca en el cuello de unas garras de lobo, lo que me pareció curioso hasta que escuché a una de las Omegas hacer un comentario.
—Son los hombres de la Elite que se formaron con el señor, lo siguen a donde quiera que va y posiblemente sean los que reemplacen la guardia cercana del Alfa. Los tatuajes los hacen hermanos; dicen que se hacen bajo un potente hechizo.
Eso me hizo ver al Beta quien se veía incómodo, por lo que supuse que estaba pensando en su destino. Cuando giré mi vista hacia la camioneta, me sacudió por completo ver que de esta bajó Stefan, mucho más alto, maduro y con un semblante serio.
Sentí mi corazón latir por el hermoso rubio que era.
Se veía guapo y al mismo tiempo aterrador.
Ya no era un adolescente de complexión delgada; ahora estaba lleno de músculos y las Omegas suspiraron de inmediato. Yo me quedé paralizada cuando caminó hacia la formación y la brisa helada arrastró su olor hacia mí.
El impacto me noqueó de una forma que no podría describir bien.
Fue como si todos y cada uno de mis sentidos se hubiesen despertado.
Sentí que no podía controlar mis pupilas, mi boca salivó y mi corazón comenzó a latir como si fuera un caballo desbocado. Galopaba con una prisa que me asustó por completo. Cuando el olor a hombre y a menta se coló en mis fosas nasales, la loba que dormía en lo más recóndito de mí despertó de su letargo.
¡Mate! Búscalo, gritó ella en mi mente y yo me quedé en shock.
Era la primera vez que mi loba se comunicaba conmigo.
Mis oídos pitaban, por lo que no pude decir nada, no tenía voz alguna; solo cuando lo vi caminar hacia el jardín fue que reaccioné y me atreví a dar un paso.
No obstante, la magia del gesto se rompió enseguida cuando la jefa de las Omegas que trabajaban en casa se acercó a mí.
La mujer me miró con desprecio; su esposo la había dejado por una humana y había huido a un territorio lejano, así que me tenía resentimiento. Siempre la evadía, pero en ese momento no pude y solo agaché la cabeza en señal de respeto.
—No tienes nada que hacer aquí, a partir de ahora no trabajarás más en esta propiedad —dijo la mujer y yo la vi con sorpresa por tal atribución—. No queremos inmundicia en una nueva era, así que largo, no se necesitan tus servicios.
—Pero yo…
—¿Eres sorda? —preguntó con burla—. Porque eso es lo que te falta: ser tan poca cosa que ni siquiera puedes escuchar bien una orden.
—Es que yo… Mi puesto…
—No tienes puesto —dijo ella con rabia y me tomó con fuerza de la barbilla; eso hizo que mi loba gruñera en mi mente—. Si te vuelvo a ver aquí, voy a darte una paliza que no vas a olvidar. ¡Vete!
Miré al resto de las mujeres y todas comenzaron a rodearme.
Ninguna de las personas que se dio cuenta se metió; todas estaban más interesadas en el nuevo Alfa. Por eso busqué a Stefan con la mirada con la esperanza de que me reconociera. Me di cuenta de que ya estaba lejos como para captar mi olor, así que asentí en señal de paz y me alejé de la mansión antes de que me hicieran algo.
Para mí eso no era lo importante.
Lo único que mi mente podía repetir en bucle es que había encontrado a mi mate y era nada más y nada menos que el mismísimo futuro Alfa.
JacksonTener cinco hijos era una especie de bendición y una fuente inagotable de estrés.La única que estaba tranquila era Alía, la pequeña de 13 años, quien estaba leyendo un libro que le parecía interesante. Mientras tanto, Eris discutía con Alexander, Marco y Daniel. Los tres se estaban burlando de ella tras haberle dañado una maleta de muñequitos que ella pretendía usar para llevarse a la universidad.—¡Son unos imbéciles! —gritó Eris harta y salió con fuerza del salón.—¿Les dirás algo a mis hermanos? —preguntó Alía, quien era una versión femenina de mí y negué.—No, creo que alguien más lo hará —le dije y ella sonrió sabiendo la respuesta.—¡Vayan a pedirle disculpas a su hermana! —espetó Alice con molestia mientras veía a los trillizos—. Esta broma fue muy pesada y su hermana siempre tiene que pagar por los platos rotos de sus ocurrencias. Esta vez colmaron no solo la paciencia de ella, sino que la mía.—Mamá...—No hay palabras que valgan para que yo no los regañe —dijo Alice
AliceLas ordenes de la Diosa eran claras, así que los hechiceros preparamos todo para viajar a la Manada del Sur de inmediato. Lo curioso de todo, fue que la Diosa habló en nuestras mentes para mostrarnos detalladamente el ritual de sacrificio que debíamos hacer.No sabía cómo la Diosa fue capaz de proyectarnos todo mientras hablaba con el resto del salón, pero supe que no importaba lo que sucediera, íbamos a cumplir sus promesas. El problema fue que no sabíamos exactamente dónde estaba la gruta y Ángel fue el que dijo la verdad sobre el tema.—Mi informante está apresado —dijo y todos nos quedamos de piedra cuando él lo comunicó mientras nos alistábamos para el viaje—. El informante de lo que estaba pasando con el sacrificio de las Omegas es Ariel.—Imposible —dijo Teo—. Es el hombre más leal de Stefan.—No lo era, no hasta que Stefan decidió hacer de menos a la gente y él entendió que era horroroso el tipo de sacrificio que hicieron —dijo Ángel.—Yo mismo he visto con mis propios o
JacksonSabía lo que pasaría en la reunión mucho antes de que Alice llegase y sabía que esa sería la reacción que tendría: absoluta sorpresa. Fue la misma expresión que tuve cuando los Alfas de las otras manadas, junto al líder de los hechiceros y Marcel, me lo dijeron horas antes.—Eso no es a lo que vine aquí —respondió Alice con firmeza y sonreí.Era una respuesta clásica de ella que en ese punto podía predecir.Y, para mi consternación, Eris comenzó a llorar como resaltar un punto muy importante de todo este lío, entonces fui rápidamente con ella y cuando me sintió se quedó tranquila. Desde que le cantaba nanas infantiles como propia energía, la niña reaccionaba muy bien a mí. De algún modo logré calmar el llamado y fui reconocido como su padre. Lo maravilloso de eso, era que aparte de Alice, yo era la única persona con la que realmente se quedaba calmada.Ella se siente en paz contigo, le das seguridad, dijo Alfie con alegría.El saber eso me llenó de felicidad.Luego de la guerr
AliceEstaba cegada por el dolor.Había cumplido la voluntad de la Diosa de apresar a Stefan luego de matar a la Dalia, pero estaba completamente vacía por dentro. Tenía una sensación de dolor frustrante al sentir que mi mate no estaba.Luego de que se llevaron a Stefan, no me importó nada más que Jackson, por lo que me quedé con él e intenté despertarlo de todas las formas posibles, pero él no despertaba. No sentía su energía vital y estaba desesperada. Fue mi abuelo, quien acaba de llegar quien me puso una bata e intentó alejarme de Jackson.—Tienes que soltarlo y dejarlo ir —dijo mi abuelo en un tono de voz bajo y condescendiente—. Tienes que aceptar el destino...—Si él no está yo no tengo destino —dije con fuerza—. Hago lo que sea Diosa, lo que quieras, pero por favor, no te lo lleves. Sé que está en algún lugar, lo sé.Abracé con fuerza a Jackson y entonces escuché cómo alguien corría hacia nosotros.Vi a Bella y ella al verme tenía el rostro desencajado.—¿Dónde está la bebé? —


















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