FAZER LOGINVolví la mirada hacia Rhoda, quien estaba de pie frente a mí. Ya estaba temblando de miedo. Además, conocía a Kyle, y sabía que hablaba completamente en serio cuando decía algo.
—Ven conmigo, Miss Weston —dijo Rhoda con calma. —¿Adónde me llevas? ¿Por qué necesito que me limpien a fondo? —entrecerré los ojos. Acercándose a mí, respondió: —Miss Weston, tengo órdenes directas de asearte y escoltarte hasta los aposentos del Alpha esta noche. Solo estoy haciendo mi trabajo. —¿Qué? ¿A los aposentos del Alpha? —me alteré. De todos modos, no tenía más opción que obedecer las órdenes del Alpha Kyle. Sin hacer más preguntas, me levanté del suelo y seguí a Rhoda fuera de la celda. Caminamos por el pasillo y, como era la primera vez que estaba allí, no dejaba de mirar a mi alrededor. Me condujo hasta una de las habitaciones y, en cuanto entramos al baño, vi que la bañera estaba llena de agua y tenía pétalos esparcidos por toda la superficie. Me indicó que entrara en la bañera, y lo hice sin hacer preguntas. El agua estaba tibia y llena de espuma. Hacía muchísimo tiempo que no me daba un baño, y aquello parecía un sueño hecho realidad. Rhoda me frotó suavemente la espalda con una esponja mientras yo miraba fijamente al vacío, perdida en mis pensamientos. ¿Qué me haría el Alpha Kyle cuando llegara a su dormitorio? Después del baño, me dieron un vestido blanco con estampado floral. Rhoda me recogió el cabello en una cola de caballo. Lo más importante era que llevaba puesto mi collar de pedrería… el regalo de mi padre y la única cosa de valor que poseía en ese momento. —Esto servirá, Miss Weston —asintió satisfecha cuando terminé de vestirme—. Sígueme. —Llámame Rachel —le respondí con una leve sonrisa. —Está bien —contestó. Se dio la vuelta para marcharse, pero la sujeté suavemente de la muñeca. —Espera, Rhoda. ¿Puedo hacerte una pregunta antes de irnos? —pregunté. Con cierta reticencia, murmuró: —Puedes hacerlo. —Avery… ¿está bien? Recuerdo que le dispararon y se la llevaron antes de que yo perdiera el conocimiento. No sé qué pasó con ella —pregunté con una mirada suplicante. —La están cuidando. No te preocupes —respondió simplemente. Solté un suspiro de alivio y tragué saliva con dificultad. —Gracias, Diosa de la Luna. Gracias. Avery… era mi mejor amiga y mi persona de confianza. Era la única hermana que tenía. Habíamos crecido parcialmente juntas. La noche en que mi manada fue conquistada, ella estaba conmigo mientras me arreglaba para la fiesta. Ya habíamos terminado con mi maquillaje y yo encajaba perfectamente en mi lujoso vestido blanco de gala cuando escuchamos disparos. Me sobresalté… ¿Qué podía estar pasando en un día tan importante para mí? En realidad, había sido Imelda quien le había servido a mi padre una taza de café… lo había adulterado, dejándolo débil e indefenso. En cuanto escuchamos el disparo, Avery me pidió que me quedara en la habitación mientras ella iba a comprobar qué estaba sucediendo. Yo estaba inquieta e intenté llamar a mi padre por el teléfono fijo, pero no contestaba. Ya no pude esperar más, así que salí de la habitación para comprobar por mí misma qué estaba pasando. En cuanto entré en la enorme sala de estar, vi a mi padre tosiendo sangre. Levantó la mirada hacia mí con una sonrisa llena de tristeza… estaba a punto de rendirse, pero eso no le impidió sonreírme. —H… Hija, corre —consiguió decir. Imelda entró con una sonrisa en el rostro. Esbozó una sonrisa fría mientras me apuntaba con un arma. —Alpha Dane, quiero que veas cómo le vuelo los sesos a tu preciosa hija con una bala de acónito. —No… No lo hagas —mi padre intentó llegar hasta mí, pero terminó escupiendo aún más sangre. Sin ningún remordimiento, Imelda apretó el gatillo y cerré los ojos con fuerza, preparándome para recibir el disparo. Sin embargo, alguien se interpuso delante de mí y recibió la bala. Abrí los ojos rápidamente y vi a Avery tendida en el suelo frente a mí, sangrando profusamente. Le habían disparado en el hombro… había recibido la bala por mí. Solté un sollozo desgarrador y me incliné sobre ella. Antes de que pudiera decir otra palabra, sentí un dolor agudo. Me golpearon la frente con un arma, caí al suelo y perdí el conocimiento. —¿Puedo verla, por favor? —pregunté ansiosamente. —Me temo que no. Primero preocúpate por ti misma, Rachel. No tenemos tiempo que perder. Vamos —me instó. Asentí con la cabeza y la seguí. Habíamos recorrido la mitad del camino hacia los aposentos del Alpha cuando ella nos bloqueó el paso antes de que pudiéramos entrar en la habitación. Su nombre era Imelda Taylor… me odiaba muchísimo, y podía verlo en sus ojos llenos de crueldad. —Rhoda, ¿adónde demonios llevas a esta apestosa? La fiesta está a punto de comenzar. Rachel es una esclava, no puede asistir a la celebración —me fulminó con la mirada. —Miss Taylor, si no recuerdo mal, hace una semana tú también eras una esclava. ¿Tan rápido olvidamos lo que es estar oprimida y ahora queremos oprimir a los demás? —dijo Rhoda con la mayor calma. Apretando los puños con fuerza, Imelda le espetó: —¿Qué acabas de decirme, Rhoda? —De todos modos, no la estoy llevando a la fiesta. Tengo órdenes directas del Alpha de llevarla a su habitación. Ahora, si nos disculpas… —Rhoda se volvió hacia mí—. Rachel, por favor. Imelda soltó una risita incrédula. —No. Kyle no haría eso. —Esto no tiene nada que ver contigo, Miss Taylor. Lo que haga el Alpha, o lo que deje de hacer, no debería ser asunto tuyo. Él puede hacer lo que quiera —replicó Rhoda. Dicho eso, pasó junto a Imelda y yo hice lo mismo. Los recuerdos volvieron a mi mente. La víspera de mi fiesta de cumpleaños, sabía que los esclavos no tenían permitido asistir, así que hice que el panadero preparara un pastel especial para entregárselo a los esclavos. Vi las sonrisas en sus rostros cuando les llevaron el pastel. Para ser exacta, yo misma me encargué de llevarles el pastel, y también a Kyle, porque me gustaba mucho. Aunque mi padre era cruel y despiadado con los esclavos, yo siempre encontraba la manera de defenderlos… de compensarlos de alguna forma. Jamás imaginé que aquel día mi padre moriría y que yo quedaría a merced de Kyle, el hombre que me gustaba y de quien creía que podría llegar a sentir lo mismo por mí. La noche de mi fiesta de cumpleaños, se suponía que debíamos encontrarnos en el balcón. Él era el hombre de mis sueños. Aunque Kyle era un esclavo de mi manada, yo nunca lo consideré inferior por ello. Avery intentó evitar que siguiera soñando con estar juntos, pero me negué rotundamente a hacerle caso. La noche en que supuestamente debía encontrarme con Kyle, antes de poder dirigirme a mi banquete, Avery, mi mejor amiga y sirvienta personal, recibió un disparo justo delante de mí. Todo lo que vi fueron cadáveres tendidos en charcos de sangre. Por la forma en que Imelda me miraba, sabía con certeza que me odiaba, y me preguntaba por qué. Nunca había habido un solo día en el que yo hubiera sido cruel con ella cuando todavía era una esclava en la casa de mi manada. Recordaba perfectamente una ocasión en la que rompió accidentalmente un jarrón caro, y eso casi le costó la vida. Mi padre estaba tan furioso con ella que ordenó que la decapitaran. Por suerte para ella, yo estaba presente. Intercedí por ella y le rogué a mi padre que le perdonara la vida, y que, si debía ser castigada, se le diera otra oportunidad.—¡Bravo! —escuché la voz de Imelda. Aplaudía con burla mientras entraba en la habitación donde yo estaba tumbada en la cama, temblando de frío.La ignoré y volví el rostro hacia otro lado, pero ella se inclinó sobre mí y me agarró de la mano. Me apretó con tanta fuerza que hice una mueca de dolor mientras intentaba liberarme de su agarre.—¿Qué se siente al ser despreciada por el Alpha? Y pensar que antes sentías algo por Kyle. ¡Pobre de ti! Estoy segura de que ya te has dado cuenta de cuánto te odia Kyle. Cuanto antes dejes de soñar con escapar de este lugar, mejor será para ti —dijo entre dientes, con evidente desprecio.—¿Qué más quieres de mí, Imelda? ¿Acaso no has conseguido ya que te reconozcan como Luna de Silver Crust Pack? ¿Por qué no puedes dejarme en paz? —conseguí decir mientras me aferraba con fuerza a la manta.Se incorporó y soltó una carcajada maliciosa.—Sí, conseguí lo que quería. Pero hay algo que realmente deseo y que todavía no he conseguido: verte desaparecer par
Atónito y descolocado por la repentina pregunta de Imelda, el Alfa Kyle trago saliva con dificultad. Se dio cuenta de que no tenía respuesta. Las palabras se negaban a salir de su boca. Ni siquiera podía negar el hecho de que tal vez realmente estaba empezando a sentir algo por mí.—Es la hija de mi enemigo. ¿Qué te hace pensar que me voy a enamorar de ella? —logró decir, pero su tono de voz lo delató por completo.Imelda resopló incrédula. Temblaba de pura rabia. La idea de que Kyle ni siquiera pudiera negarlo la ponía fuera de sí. Después de todos sus sacrificios para convertirse en su mate predestinada, él ni siquiera podía sentir aprecio por ella, y mucho menos amarla.—Kyle, tú y yo sabemos que lo que acabas de decir no es verdad. Ni siquiera puedes negar el hecho de que estás empezando a ablandarte con ella. Kyle, ¿ya olvidaste todo lo que hemos pasado?—Imelda, soy tu Alfa. No tienes ningún derecho a cuestionarme —le rugió el Alfa Kyle.Aunque ella se sintió intimidada por su a
Mi visión se volvió borrosa debido a las lágrimas que me nublaban los ojos. Pensar que alguna vez me había sentido atraída por el monstruo que tenía delante me destrozaba el corazón en mil pedazos. Ni siquiera se molestó en escuchar mi versión de los hechos; ya había decidido que yo estaba lastimando a Imelda.—Parece que no conoces tu lugar, esclava. ¿Cómo te atreves a intentar hacerle daño a Imelda? —me gritó a la defensiva.Las lágrimas comenzaron a deslizarse lentamente por mis mejillas.—No le he hecho nada —intenté defenderme.—¡Ay! ¡Mi cintura! Lo único que quería era darle parte de mi ropa para que me ayudara a lavarla, pero se enfadó muchísimo y me empujó al suelo. ¿Qué te he hecho yo, Rachel? Ha sido tu padre quien nos ha hecho tanto daño, pero Kyle decidió perdonarte la vida, ¿y así es como me lo agradeces? —Imelda fingió sollozar, lo que pareció enfurecer aún más a Alpha Kyle.Sin pensárselo dos veces, Alpha Kyle me agarró del cabello. Solté un gemido de dolor.—No tienes
Aquella mañana temprano, me desperté completamente recuperada. Todas mis heridas habían sanado y podía caminar sin ayuda. Lo único que seguía sin sanar era mi pobre corazón.Me levanté temprano, me bañé y me puse el vestido de arpillera que me habían dado el día anterior. Hoy comenzaría oficialmente mis deberes como esclava. Tendría que lavar la ropa, transportar agua del pozo hasta el terreno donde estaban construyendo otro castillo... Había muchísimo trabajo por hacer. Solo me permitirían descansar durante treinta minutos antes de reanudar mis labores.Exactamente a las once de la noche, cuando terminara de trabajar, tendría que dirigirme directamente a las habitaciones del Alpha para calentarle la cama. Cuando él terminara conmigo, podría retirarme a dormir y levantarme de nuevo a las cinco de la mañana.Me senté frente al espejo y las lágrimas comenzaron a acumularse en mis ojos mientras contemplaba en quién me había convertido. Mi cabello nunca había estado tan opaco y descuidado
—Es la Luna destinada de nuestra manada. No te lo vas a creer. ¡La hemos tenido delante de nuestras narices todo este tiempo! —Lucas le dio unas suaves palmadas en la espalda a Theodore, con una enorme sonrisa en el rostro.Theo, que llevaba mucho tiempo fuera de la oficina, lo miró con una mezcla de asombro y decepción. Siempre había deseado y le había rezado a la Diosa de la Luna para que lo emparejara con Imelda, porque le gustaba muchísimo.—¿Es... estás seguro de lo que dices, Lucas? Quiero decir, Imelda no puede ser la Luna profetizada del Alpha. ¿Por qué no apareció la marca dorada antes? —preguntó con evidente incredulidad.Lucas soltó una carcajada burlona antes de continuar.—¿De qué demonios estás hablando? Ah, olvidé que te perdiste la fiesta. El propio Alpha organizó una celebración por todo lo alto en su honor. Ya es oficial: ella es la Luna de Silver Crust.Theo palideció de rabia. El Alpha acababa de arrebatarle a la mujer que había amado con toda su alma, y todo por u
—¿Quién carajos es él? Está buenísimo —mordí mis labios. En realidad no lo dije en voz alta, solo fue un pensamiento que pasó por mi mente.Me sonrió y no pude evitar sonrojarme. Mis mejillas estaban completamente ardiendo cuando me preguntó de forma coqueta:—¿No piensas levantarte?Aclarando mi garganta, me alejé rápidamente de él. Tenía unos brazos realmente fuertes. Era la definición exacta de un tipo atractivo y apuesto. De hecho, tenía cierto parecido con el Alfa Kyle… solo un poco, pero Kyle es definitivamente más guapo.—¿Te dedicas a ir por ahí intimidando a la gente, Imelda? —preguntó con voz severa. Dirigí mi mirada hacia Imelda. Esperaba que le gritara o algo parecido, pero no lo hizo. Él debía de ser alguien importante.Parpadeando rápidamente, Imelda le forzó una sonrisa.—Jeremy, ¿cuándo volviste?—¿Acaso eso importa? Te convertiste en la Luna de mi primo hace apenas un día y ¿ya estás haciendo alarde de tu superioridad sobre los demás? ¿No te parece absurdo? —le espetó







