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Capítulo 7

Penulis: Jasmine Writes
last update Tanggal publikasi: 2026-05-20 21:21:12

—La luz del amanecer se filtraba suavemente por las cortinas del penthouse. Lucía apenas había dormido después de la cena con Adrián. Se levantó y preparó té en la cocina, intentando calmar los nervios que aún recorrían su cuerpo.

Adrián apareció poco después. Llevaba solo pantalones de pijama y el torso descubierto. Su cabello estaba despeinado, lo que le daba un aspecto más humano y accesible.

—Buenos días —dijo él con voz ronca—. ¿Dormiste bien?

Lucía evitó mirarlo directamente.

—Más o menos. La cena de anoche fue... diferente.

Adrián se sirvió café y se apoyó contra la encimera. La observaba con atención, como si intentara descifrar algo en su rostro. El silencio entre ellos se sentía cargado de palabras no dichas.

—Necesito tu ayuda hoy —anunció él de pronto—. Hay un problema de seguridad en Nexus Corp. Quiero que Echo revise algunos patrones sospechosos.

Lucía asintió lentamente.

—Está bien. Puedo trabajar desde aquí o ir a la oficina. Como prefieras.

Él se acercó un paso más.

—Prefiero que trabajes conmigo en mi despacho. Quiero ver cómo funciona en tiempo real.

Pasaron la mañana juntos en el amplio despacho de Adrián. Lucía configuraba el sistema mientras él revisaba informes. De vez en cuando, sus miradas se cruzaban y permanecían un segundo más de lo necesario.

—Echo detectó algo interesante —dijo ella en voz baja—. Hay un patrón emocional repetitivo en varios empleados. Posible filtración de información por estrés.

Adrián se inclinó sobre su hombro para ver la pantalla. Su cercanía hizo que Lucía contuviera la respiración. El aroma de su colonia la envolvía.

—Eres realmente brillante —murmuró él—. A veces me pregunto cómo habría sido mi vida sin ti en este contrato.

Lucía sintió un nudo en la garganta. Sus dedos se detuvieron sobre el teclado. Quería decirle todo en ese preciso momento.

—Adrián —comenzó ella con voz temblorosa—. Hay cosas que no sabes. Cosas del pasado.

Él se enderezó y la miró fijamente.

—Entonces cuéntame. Estoy aquí, Lucía.

Antes de que ella pudiera continuar, el teléfono de Adrián sonó. Era una llamada importante de la junta directiva. Él respondió con su tono frío habitual y se alejó unos pasos.

Lucía soltó el aire que contenía. El momento había pasado. Se sintió aliviada y decepcionada al mismo tiempo.

Cuando Adrián terminó la llamada, su expresión había cambiado. Volvía a ser el CEO distante y controlado.

—Lo siento. El trabajo no espera. Continuaremos esto después.

El resto del día transcurrió en una extraña mezcla de colaboración y distancia. Trabajaron codo a codo, pero ninguno mencionó la conversación interrumpida. Lucía sentía que el secreto le quemaba por dentro.

Por la tarde, mientras revisaban los últimos datos, Adrián se detuvo de repente.

—Tengo otro de esos sueños —confesó en voz baja—. La chica de Londres. Esta vez casi pude ver su rostro.

Lucía se quedó congelada. Sus manos empezaron a temblar ligeramente sobre el mouse.

—Tal vez sea solo tu mente intentando cerrar una herida antigua —sugirió ella con esfuerzo.

Adrián negó con la cabeza.

—No. Siento que es más que eso. Como si esa persona estuviera cerca. Muy cerca.

El corazón de Lucía latía con fuerza. Se levantó y caminó hacia la ventana para ocultar su rostro. La lluvia comenzaba a caer sobre la ciudad, igual que aquella noche.

Adrián se acercó por detrás. No la tocó, pero su presencia era imposible de ignorar.

—Lucía, ¿por qué siento que me entiendes tanto?

Ella cerró los ojos.

—Porque llevo tres años observándote, Adrián. Eso es todo.

Él permaneció en silencio durante un largo minuto. Luego colocó una mano suave sobre su hombro.

—No te creo del todo. Pero no voy a presionarte hoy.

Cuando cayó la noche, cenaron en silencio en el comedor. Ninguno de los dos sabía cómo romper la barrera que los separaba. Lucía sentía que su secreto ya pesaba como una montaña.

Más tarde, en su habitación, activó Echo una vez más. El sistema analizó una grabación corta de su propia voz. El resultado fue claro y doloroso.

"Amor reprimido. Miedo extremo a la verdad. Deseo de confesión inminente."

Lucía apagó la laptop y se acostó. Miraba el techo oscuro mientras las lágrimas silenciosas rodaban por sus mejillas.

Adrián, desde su propia habitación, no podía dormir. Un recuerdo borroso regresaba una y otra vez. Una voz joven gritando en la lluvia. Una mano pequeña tirando de él para salvarlo.

Poco a poco, la verdad empezaba a acercarse. Y cuando finalmente saliera a la luz, nada volvería a ser igual entre ellos.

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