Início / Romance / La Secretaria de los $100M / Capítulo 7. El otro lado del jefe

Compartilhar

Capítulo 7. El otro lado del jefe

Autor: Panda
last update Data de publicação: 2026-05-20 20:08:12

—¿Lo hiciste a propósito para arruinar el horario de mañana? —La voz de Adrian fue plana, pero cortó el silencio del baño.

Aletta no fue capaz de levantar la cabeza; sus manos aún se aferraban al borde frío del inodoro. Su cuerpo temblaba, conteniendo las náuseas que todavía le revolvían el estómago.

—Lo siento —susurró Aletta. Su voz era ronca, casi inexistente—. No fue mi intención…

Adrian, con los brazos cruzados, se apoyó en el umbral de la puerta, observando a su secretaria descompuesta. Frunció el ceño.

—Este embarazo empieza a ser un problema —bufó, echando un vistazo a su reloj, que marcaba las dos de la madrugada.

Aletta cerró los ojos con fuerza, soportando el dolor en la boca del estómago. Las lágrimas que le habían provocado las arcadas seguían húmedas en sus pálidas mejillas. Con el poco esfuerzo que le quedaba, intentó apoyarse en el suelo para ponerse de pie, pero sus rodillas estaban entumecidas y no respondían.

Su cuerpo se ladeó.

Aletta ya se había resignado a que su cabeza se estrellara contra el mármol. Sin embargo, el impacto nunca llegó.

Una mano firme la sujetó de repente por la cintura, mientras la otra sostenía sus rodillas. Adrian alzó su cuerpo de un tirón, cargándola antes de que cayera al suelo.

—¡Bájeme! Puedo caminar sola —protestó Aletta, intentando zafarse, pero no tenía fuerzas para oponerse a un hombre.

—Quédate quieta. ¡O te dejo caer ahora mismo! —la reprendió Adrian sin esperar respuesta.

Salió del baño con ella en brazos, la llevó hasta la cama y la dejó caer con cuidado sobre el colchón.

Tomó una gruesa manta y la arrojó con brusquedad, cubriendo el pecho de Aletta.

—No hagas tonterías.

Aletta se acurrucó bajo la tela, siguiendo con la mirada la espalda de Adrian mientras se alejaba hacia la mesita de noche. Él tomó su teléfono y presionó la pantalla sin mostrar emoción alguna.

—¡Despierta al chef ahora mismo! —ordenó con frialdad al otro lado de la línea—. Que prepare una sopa caliente para las náuseas. En quince minutos debe estar aquí arriba.

Colgó sin más. Adrian se giró, observó la fila de almohadas que dividía la cama y soltó un leve resoplido antes de sentarse en el lado derecho.

—En realidad no hacía falta tanto esfuerzo —murmuró Aletta, su voz ronca rompiendo el silencio.

—Solo no quiero que mi inversión en tu vientre se estropee, Aletta —respondió Adrian sin mirarla—. Si te enfermas, mis asuntos con el clan Vance se arruinan.

Aletta guardó silencio y giró el rostro hacia el oscuro ventanal, abrazando su propio vientre.

Tenía razón: no había preocupación alguna en sus actos.

Solo estaba asegurándose de que su contrato de cien millones de dólares no se viera afectado.

Un suave golpe en la puerta desvió la atención de ambos. Un empleado entró con la cabeza baja, dejó una bandeja con un tazón de sopa sobre la mesa y salió rápidamente tras recibir una breve señal de Adrian.

El aroma del caldo de pollo llenó la fría habitación.

Adrian tomó el tazón y se acercó a la cama.

—Siéntate y termínalo —ordenó con sequedad, acercándole la cuchara.

Aletta contuvo el aliento y se incorporó lentamente, apoyándose en el cabecero. Tomó la cuchara con manos aún débiles. Cuando el caldo caliente tocó su lengua, el nudo en su estómago empezó a aflojarse poco a poco.

El ambiente entre ellos se volvió incómodo. Adrian permanecía en silencio, sentado al borde de la cama, observando cada cucharada sin pestañear.

Aletta carraspeó suavemente, intentando romper la rigidez del momento.

—¿Siempre es tan rígido cuando cuida de alguien?

Adrian cruzó los brazos, su mirada seguía fría.

—Nunca he cuidado a un enfermo en toda mi vida, Aletta.

—Con razón su tono parece el de alguien despidiendo a un empleado —sonrió levemente. Por primera vez esa noche, no hablaba con formalidad.

—Termina la sopa. No protestes tanto. —Adrian apartó la mirada de inmediato. Era evidente que estaba incómodo.

Aletta no respondió, pero algo cálido surgió en su pecho: una pequeña atención que resultaba extraña viniendo de Adrian Vance.

“¿Sigue siendo mi jefe?”, murmuró para sí.

La habitación ya no se sentía tan fría como antes.

La luz de la mañana atravesó el cristal, iluminando el comedor, aunque el ambiente seguía tenso.

Aletta ya estaba arreglada, con una blusa blanca y una falda negra. Frente a ella, Adrian lucía impecable en un traje azul oscuro.

—El segundo chofer te llevará a la oficina. Diez minutos después de que yo salga —dijo Adrian sin mirarla.

Aletta dejó la cuchara, comprendiendo su lugar en esa situación.

Al menos, ese hombre frío tenía un mínimo de conciencia; era más que suficiente, porque no quería hacerse ilusiones.

—Entendido, no debemos ser vistos juntos. Mantendré el secreto, no se preocupe.

—El consejo directivo no debe enterarse de este contrato —añadió Adrian, bebiendo su café negro con tranquilidad.

Aletta volvió a su modo profesional.

—¿El informe financiero de ayer?

—Déjalo en mi escritorio después —Adrian se levantó, acomodándose la corbata—. No cometas ni el más mínimo error en la oficina.

Aletta alzó la vista hacia el rostro dominante de su jefe, con una mirada afilada.

—Nunca soy descuidada con mi trabajo, señor.

Adrian guardó silencio un momento. Sus ojos recorrieron el rostro de Aletta, asegurándose de que la palidez de la noche anterior había desaparecido. Sin despedirse, se dio la vuelta. El sonido de sus zapatos se alejó hasta perderse tras la puerta del ascensor privado.

Aletta exhaló profundamente. La silla frente a ella quedó vacía, y su vida secreta acababa de comenzar.

“Enfrentarlo en la oficina ya era difícil… ahora vivo bajo el mismo techo y comparto cama con mi jefe”, pensó, frotándose el rostro con frustración.

En Vance Group, el piso superior ya estaba en plena actividad. Aletta salió del ascensor de empleados, abrazando con firmeza varios documentos. Dedicó sonrisas formales a quienes se cruzaban con ella. Espalda recta, paso firme. De nuevo era la secretaria senior sin fisuras.

“Vamos, Aletta. Olvida tus problemas y vuelve al trabajo”, se animó a sí misma, dejando de lado por un momento sus preocupaciones.

Caminó hacia su escritorio frente a la oficina de Adrian.

Sus pasos se detuvieron de golpe.

En medio de la pila de documentos había un gran ramo de rosas negras. Su olor era fuerte, extraño.

Aletta se quedó quieta unos segundos, dejó los papeles de cualquier manera y se acercó. Nadie en ese piso se atrevería a poner algo en su escritorio sin permiso.

—¿Quién lo envió? —murmuró, mirando alrededor.

Sus manos temblaron ligeramente al sacar la pequeña tarjeta escondida entre las espinas. Cuando abrió el papel blanco, su corazón se desplomó.

Solo había una breve frase escrita con tinta roja:

“Sé lo que hiciste en la habitación 909, secretaria Aletta.”

La respiración de Aletta se cortó por un instante. La tarjeta se le escapó de los dedos y cayó sobre el escritorio.

Su cuerpo se tensó.

Alguien acababa de descubrirlo todo.

Continue a ler este livro gratuitamente
Escaneie o código para baixar o App

Último capítulo

  • La Secretaria de los $100M   Capítulo 146. Un final feliz

    —La fuerza de un reino no se trata de cuántos enemigos has logrado derrotar. Se trata de la mano de quién sostienes cuando envejeces, mientras ves prosperar a tus hijos y a tus nietos.Adrian Vance murmuró aquella frase en voz baja, más para sí mismo que para alguien más. El hombre de mediana edad descansaba relajadamente en el columpio de madera de teca de la terraza trasera. De vez en cuando, se escuchaba el suave crujido del columpio, meciéndose al ritmo de la brisa de mediados de primavera. Desde el jardín, el aroma de los lirios blancos flotaba en el aire, trayendo consigo una serenidad que tiempo atrás rara vez había sentido.Sin darse cuenta, ya habían pasado tres años desde el inesperado parto de Savira aquella noche, en medio de la recepción de bodas de Amira.Aquella tarde, el patio trasero de la mansión había sido transformado en un acogedor espacio para una fiesta de jardín, con el propósito de celebrar el aniversario de bodas de Adrian y Aletta. Faroles de papel blancos c

  • La Secretaria de los $100M   Capítulo 145. Mi tarea ha terminado

    —En el pasado, ni siquiera me intimidaba enfrentarme al cañón de un arma enemiga —dijo Adrian Vance, rompiendo el silencio que reinaba aquella tarde en el patio de la universidad.Agam seguía arrodillado sobre el césped. Su mirada permanecía firme y decidida, esperando una decisión definitiva del hombre que tenía frente a él.—Pero imaginar que algún día tendré que soltar la mano de mi hija en el altar... —La frase de Adrian se interrumpió. Su voz, normalmente firme, se volvió de pronto ronca y tembló ligeramente. La tensión entre ambos comenzó a disiparse poco a poco cuando Adrian dejó escapar un suspiro y esbozó una leve sonrisa.Bajó un poco la cabeza y miró al joven que permanecía inmóvil.—Levántate. No hace falta que sigas arrodillado así —ordenó Adrian, ahora con un tono mucho más cálido.Agam se puso de pie de inmediato y permaneció erguido, ofreciendo un respetuoso saludo. Adrian se acercó y luego dio una firme palmada en el hombro del traje de Agam, un gesto que transmitía s

  • La Secretaria de los $100M   Capítulo 144. Reclamando una promesa

    —Cuatro años resultaron no ser tanto tiempo —murmuró Agam.Su mirada atravesaba la multitud, clavada en el escenario alfombrado de rojo que se alzaba frente a él.—Un precio muy bajo por verla de pie allí hoy.A su lado, Marco solo asintió lentamente, comprendiendo a la perfección el significado de las palabras de su jefe.Agam había elegido quedarse de pie en un rincón en penumbras del auditorio. Enfundado en un traje negro de corte impecable, ya no parecía aquel joven temerario que alguna vez no tuvo más capital que su propia vida. Su empresa de seguridad ahora extendía sus redes más allá de las fronteras internacionales, otorgándole un lugar en la élite que nadie podía subestimar. Sin embargo, de todo el esplendor de aquella sala, sus oscuros ojos solo se enfocaban en una sola persona.En la fila VVIP, Aletta Vance estaba sentada erguida, luciendo un elegante vestido de seda azul marino. Su mano izquierda, en secreto, apretaba con fuerza la mano de su esposo sobre su regazo.A su l

  • La Secretaria de los $100M   Capítulo 143. La cita ha terminado

    Amira se sentó con las piernas cruzadas, dejando que su cuerpo se hundiera en la suavidad del cojín redondo debajo de ella. Su vestido de noche de algodón, de color blanco hueso, parecía envolver su silueta con una etérea ligereza. No tenía sentido intentar contener la sonrisa; su hermoso rostro ya irradiaba un brillo de felicidad demasiado evidente.—Siempre sabes cómo hacer que mi corazón palpite, Agam —lo elogió mientras paseaba la mirada, admirando aquel hermoso lugar.Justo frente a ella, Agam sonrió con calidez. —Solo quería darte un poco de tiempo para respirar. Tu mente debe estar muy cansada de ser atormentada por esa pila de libros de derecho corporativo todos los días.—Siento que estos primeros trabajos de la universidad casi me hacen estallar la cabeza —se quejó Amira, haciendo un puchero intencionadamente con su labio inferior en busca de la compasión del hombre.Agam tomó la jarra de cristal y sirvió jugo de naranja fresco en el vaso de su novia. —¿Olvidas quién eres? E

  • La Secretaria de los $100M   Capítulo 142. La maldición rota

    —Madre, esta semana tengo programadas tres firmas de contratos de adquisición —protestó Arlo, intentando salvar lo que quedaba de su día.—Ya me encargué de eso. Marco ha cancelado toda tu agenda —respondió Aletta con tranquilidad, cruzando las manos sobre el regazo.—No puedes entrometerte arbitrariamente en los asuntos operativos del Grupo Vance. —El tono de voz de Arlo empezó a elevarse.Aletta alzó ligeramente la barbilla, lanzándole a su hijo una mirada afilada. —Soy la segunda mayor accionista de esa empresa, jovencito —replicó de forma tajante—. Mañana por la mañana, vendrás con nosotros a nuestra isla privada de todos modos. Punto final.El sonido de un libro grueso cerrándose de golpe desvió su atención. Amira, que hasta ese momento había estado conteniendo la respiración mientras leía cientos de páginas de casos prácticos de derecho comercial, dio un salto desde un extremo del sofá. Su cabeza, que minutos antes estaba a punto de hervir procesando artículos de comercio intern

  • La Secretaria de los $100M   Capítulo 141. El protector

    —Buenos días, señorita Vance —saludó el estudiante más alto de los tres con un tono de falsa familiaridad.—Buenos días —respondió Amira con serenidad, procurando mantener la cortesía.El estudiante de curso superior dio un paso al frente, acortando la distancia entre ellos—. Me llamo Alvin, estudiante del último año de Administración.—¿Hay algo en lo que pueda ayudarte, Alvin? —preguntó Amira con voz neutra.—Estamos preparando una propuesta para una empresa emergente sumamente prometedora —dijo Danu con tono orgulloso—. Necesitamos financiamiento inicial, y parece que el Grupo Vance podría ser nuestro inversionista.Amira esbozó una leve sonrisa ante semejante petición hecha sin el menor reparo. Estaba más que acostumbrada a tratar con oportunistas. Desde pequeña, su padre la había educado para reconocer y enfrentar a quienes solo buscaban aprovecharse de la riqueza de su familia.—El Grupo Vance cuenta con una división especial para evaluar propuestas de inversión —respondió Amira

Mais capítulos
Explore e leia bons romances gratuitamente
Acesso gratuito a um vasto número de bons romances no app GoodNovel. Baixe os livros que você gosta e leia em qualquer lugar e a qualquer hora.
Leia livros gratuitamente no app
ESCANEIE O CÓDIGO PARA LER NO APP
DMCA.com Protection Status