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La Suplente Imperfecta
La Suplente Imperfecta
Author: Nieves G.D.

Capítulo 1 — Un milagro

Author: Nieves G.D.
last update publish date: 2026-08-22 11:43:16

Sofía caminaba por la calle al tiempo que apretaba un papel con una mano, mientras que con la otra, se limpiaba una escurridiza lágrima que se le escapaba rodando por la mejilla.

La factura de las medicinas de su madre, había aumentado otra vez. ¿Hasta cuándo? Ya ella no podía con esto.

Su salario era insuficiente a pesar de todos sus esfuerzos trabajando haciendo labores de mantenimiento en dos residencias exclusivas en diferentes horarios,

Y aun así, el dinero no le alcanzaba.

No era nada fácil lo que estaba pasando y su madre tampoco era una mujer fácil.

Salomé, la madre de Sofía, vivió una vida muy llena de excesos y bebidas, siempre menosprecio a Sofía, toda la infancia de Sofía estuvo llena de gritos, órdenes y reproches.

Y es que Salomé nunca quiso a Sofía, ella siempre le restregó a su hija que había sido un accidente y que nunca quiso tenerla.

Pero aun así, la tuvo y aun con todo lo malo, la alimentó y en cierto modo, la cuidó hasta que Sofía se hizo una mujer independiente.

Por eso, Sofía se sentía de alguna manera en deuda con su madre y no podía dejarla a la intemperie ahora que estaba tan enferma, producto de su vida llena de excesos y libertinaje.

Sofía llegó a su antiguo y bastante descuidado edificio, subió a su minúsculo apartamento, pero antes de entrar se detuvo, respiró profundo e hizo algo que nunca antes había hecho.

Unió las palmas de sus manos, elevó el rostro hacia el techo, cerró los ojos y susurró.

— Dios… Yo sé que nunca he estado presente, pero he escuchado que tú haces milagros y ahora estoy… Bastante desesperada… Lo siento es que yo… No sé ni lo que estoy haciendo, pero… — Sofía sorbió un poco de su nariz. — Te lo suplico, concédeme un milagro y ayúdame.

Sofía bajó sus palmas lentamente, dudando de si se había vuelto loca, por qué seguramente esto no funcionaba así, se supone que no, ¿Cómo tendría un milagro si ni siquiera iba a una iglesia?

Así que sacudió esa idea para volver a su dura realidad, intentó recomponerse y entró a su pequeño apartamento.

— Sofía… ¿Llegaste? — Se escuchó la voz de una mujer al fondo.

— Sí, mamá… — Respondió Sofía mecánicamente.

— Ah, que bien, me he sentido muy mal, hoy tengo mucho dolor… — Voceaba la mujer desde la habitación. — ¿Me compraste la medicina?

— Eh… Aún no, ma… — Voceo Sofía gritando internamente con desespero. — Estoy en eso…

— Bien… Prepárame un baño.

Sofía volvió a respirar profundo, estaba exhausta del trabajo, pero se había propuesto cuidar de su madre en este momento tan difícil y eso era exactamente lo que iba a hacer.

No es que siempre hubiera sido así, Sofía se había separado de su madre desde muy joven para evitar el ambiente tóxico y para buscar su sueño de ser actriz.

Algo que no consiguió.

Tiempo después, Salomé reapareció en la puerta de Sofía pidiendo ayuda y Sofía fue incapaz de negarse.

Ahora, todo ese tumulto de malas decisiones que Salomé había arrastrado a través de su vida, pasaba una factura muy cara.

Una factura de dos mil dólares que Sofía apretaba en su mano llena de frustración, porque era incapaz de pagarla.

Sofía terminó de atender a su madre y se puso a preparar la cena, pensativa, ¿Qué podría vender? En su pequeño apartamento rentado ya no quedaba nada de valor

¿Qué otro trabajo extra podía hacer? Su sueño y su carrera como actriz había fracasado hacía dos años, así que Sofía lo había dejado, o más bien, las agencias la habían dejado de considerar una actriz.

Su exnovio, Rodrigo se había encargado de eso.

El muy cretino se había propuesto en manchar la carrera de Sofía con la misma dedicación que ponía en todo lo que destruía.

Él mismo se había encargado de llamar a los directores y sembrar comentarios en camerinos, creándole una reputación difícil a Sofía que la siguió de teatro en teatro hasta que dejaron de llamarla.

Después de eso, aquí estaba el resultado.

Dos años limpiando casas ajenas, porque aparentemente para eso sí era buena después de pasar toda su infancia limpiando los desastres de su madre.

De pronto, el teléfono vibró sobre la mesa de la cocina, Sofía lo tomó, era un número desconocido.

— ¿Hola?

— ¿Sofía Reyes? Soy Carla, de la agencia Prestige, tenemos un trabajo urgente, muy bien pagado, para esta misma noche.

Sofía se quedó tiesa por un segundo, ¿Prestige? Esa no era su antigua agencia, ni siquiera sabía cómo tenían su número.

— Creo que se han confundido… Yo no trabajo con ustedes.

— Lo sé, lo sé, fue una recomendación de última hora… — Insistió la voz de la mujer. — Necesitamos a alguien para acompañar a un cliente a un evento familiar esta noche… Te pagarán tres mil dólares… Solo tienes que estar muy bien arreglada, sonreír y ser agradable… Nada raro, lo prometo.

¡Tres mil dólares! El corazón de Sofía se disparó, ¡Tres mil dólares! Volvió a repetirse mentalmente, incrédula.

¿Podría ser que Dios escuchó su oración?

Sofía miró la factura del tratamiento de su madre arrugada sobre la mesa, con tres mil cubría el tratamiento de su madre, y le sobraba para respirar un mes entero sin el miedo de las deudas.

— Disculpe… ¿Me puede repetir qué tipo de evento es? — Preguntó Sofía aún indecisa.

— Una cena familiar… El cliente necesita una acompañante esta noche, nada más… La dirección y vestuario corren por cuenta de él. ¿Aceptas?

Todo en Sofía le decía que desconfiara, pero quizás esté era el milagro que estaba esperando, el milagro que ella había pedido y que Dios le estaba mandando.

¿Quién era ella para desperdiciar está oportunidad?

— Acepto. — Exhaló Sofía.

— ¡Perfecto! Te mando la dirección ahora. — La mujer colgó.

Mientras el corazón de Sofía le latía rápido, ¡Tres mil dólares! Solo será una noche, una cena y tendré tres mil dólares.

En medio de la emoción del momento, el teléfono de Sofía volvió a vibrar en su mano, había llegado un mensaje con la dirección.

Ella leyó el mensaje, parpadeó dos veces y lo releyó de nuevo, la dirección de su cliente era en el edificio más lujoso de la ciudad.

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