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Capítulo 5 — La familia

Author: Nieves G.D.
last update publish date: 2026-08-22 11:45:43

El auto llegó a la hora puntual, Mateo observó el edificio desde el cristal blindado de su limusina, ¿En serio, Sofía vivía en ese horrible edificio? ¿Siquiera ese lugar era habitable?

Porque parecía que esa estructura vieja, cuarteada y desconchada se caería en cualquier momento.

La reja del edificio se abrió al tiempo que el chófer abría la puerta, Sofía se subió al auto para sentarse junto a Mateo.

Ella luchó un poco, parecía algo incómoda con el ajustado vestido que usaba, pero se veía deslumbrante.

¿De verdad esa era la misma Sofía que Mateo recordaba de la entrevista?

— Buenas noches, señor Villanueva. — Lo saludó Sofía una vez que terminó de acomodarse y el chófer cerró la puerta.

— Mateo… No te olvides de llamarme Mateo o cielo, cariño, papi… Como te dé la gana siempre que suene ridículamente creíble… — Refunfuño Mateo volteando la vista hacia el cristal cuando el auto arrancaba.

— Ok… Mateo… — Suspiró Sofía y ella también decidió concentrarse un rato en observar el paisaje por su ventanilla.

Pasaron algunos minutos hasta que Mateo no pudo más y la miró de reojo, Sofía usaba un increíble vestido de gala estilo sirena en color negro sobre un forro de tono piel o nude.

El cual ponía full a trabajar la imaginación de Mateo, con ese escote de estilo “corazón” con tirantes de hombros caídos y una pieza de malla transparente en la parte superior sosteniendo sus grandes pechos.

Y entonces Sofía lo notó, él la estaba mirando de reojo, ¿Por qué? ¿Será que se equivocó? ¿Será que escogió mal el vestido? ¿Será que no era apropiado para una cena familiar?

Ella tenía sus dudas, pero la vendedora de la boutique donde Mateo la mandó, le insistió que ese era el vestido hecho para ella, que no era vulgar, que el tono nude no significaba que mostrará nada, que era elegante.

Y, por otra parte, a Sofía le encantó por su diseño de encaje con patrones florales que recorrían toda la prenda, realzando sus curvas con lentejuelas que le daban brillo.

Además, la falda se le ajustaba en la cintura y caderas para luego abrirse suavemente hacia el suelo, formando una pequeña cola que era espectacular, Sofía jamás había usado algo así y nunca hubiera esperado usarlo en su vida.

Pero parecía que a Mateo no le había gustado.

Poniéndose algo nerviosa, Sofía simplemente intentó pensar en algo más y terminó abriendo su bolso para sacar la tarjeta negra.

— Mateo… — Sofía lo llamó, estirando la tarjeta hacia él. — Gracias.

— ¿Gracias por qué? — Murmuró Mateo, arrugando el entrecejo para luego recibirle la tarjeta.

— Mmmm pues… — Sofía lo pensó por un momento, recordando lo sucedido en la tienda. — Por… Por defenderme…

— ¿Defenderte? — Mateo la miró aún más confundido.

— Si… — Sofía sintió como las mejillas se le calentaban antes de decirlo. — Cuando me llamaste tu mujer…

— ¿Y no se supone que es así como debo llamarte? Mi mujer, cielo, cariño, mami… Lo que suene más convincente… Para eso te estoy pagando. — Mateo volvió la vista al cristal como si el tema ya le aburriera.

Sofía volteó rápidamente la mirada hacia el cristal, sintiendo como todos los colores le llegaban a las mejillas, ¿qué pretendía ese hombre?

Era cierto, ¿defenderla? Mateo no iba a defenderla por ella, sino porque se suponía que Sofía era su mujer, su novia, aunque sea una relación falsa, él solo se mantuvo en el papel.

Eso era lo primero que Sofía se tenía que tallar en la mente, para Mateo ella era una simple actriz que llegó ahí por error y que Mateo solo pensaba utilizar para molestar a su familia.

Listo, eso era todo, nada de ayudarla, nada de defenderla.

Sofía tragó grueso, nadie más habló y en pocos minutos, llegaron al lugar.

La puerta del auto fue abierta por el chófer, Mateo se bajó primero y estiró su mano hacia Sofía, ella respiró profundo una vez más, había llegado la hora de la verdad, tomó su mano y con el corazón acelerado por lo que le esperaba, salió.

La casa familiar Villanueva era mucho más ostentosa de lo que Sofía había esperado, más grande, más imponente y perfecta.

Sofía tragó grueso, pero no demostró sus nervios, así como sucedió el día en que conoció a Mateo, ocultó su miedo bajo una perfecta mascara de serenidad.

Pero aun así, Mateo pudo sentir la mano de Sofía temblar ligeramente en la de él.

— ¿Estás bien? — Mateo se giró hacia Sofía, quedando frente a ella, casi cubriéndola por completo con su imponente altura, su espalda ancha y su aura oscura.

Ella suspiró y asintió ligeramente.

Pero él se quedó observándola un poco más, en silencio, como si estuviera evaluándola.

Aunque en realidad, Mateo solo detallaba con curiosidad lo diferente que se veía Sofía con su nuevo cambio de imagen.

Su cabellera larga cayendo con ondas suaves y voluminosas sobre un hombro, aportando un aire elegante y clásico.

Ese maquillaje sofisticado enfocado en los ojos con sombras en tonos neutros y ahumados que le resaltaban la mirada, acompañado de pestañas bien definidas.

Y esos voluptuosos labios suavemente resaltados con un tono más natural, lo que equilibraba el atuendo.

Mateo la miró de arriba para abajo, las grandes curvas de los pechos, las prominentes curvas de las caderas y está vez fue él, quien tragó grueso.

— ¿Estás bien? — Preguntó Sofía al verlo estático, mirándola por tanto tiempo.

¿De verdad que no le había gustado el vestido? Se imaginó Sofía, algo nerviosa.

Mateo no respondió, solo apretó la mano de Sofía y la llevo hacía su antebrazo, luego se giró hacia la entrada de la mansión, jalando a Sofía para que camine junto a él.

— Solo quédate a mi lado… — Murmuró Mateo y Sofía sintió como esas simples palabras le hicieron saltar por un breve momento el corazón.

Apenas pisaron el umbral de la mansión, un hombre con uniforme de servicio les abrió la puerta principal inclinándose ligeramente frente a Mateo, como señal de respeto.

Pasaron la entrada y al llegar al salón inicial, Mateo capturó la atención de todos.

— Buenas noches. — Saludo Mateo, irguiéndose con orgullo, al tiempo que Sofía seguía aferrada a su antebrazo.

Todos voltearon y se quedaron por un momento estáticos, parecían que no supieran cómo responder o hacia donde mirar.

Las miradas se deslizaban entre Mateo y Sofía sin parar, al tiempo que comenzó a sonar un ligero murmuro en la habitación.

Sofía habría pensado que solo se encontraría con unos padres quisquillosos, sin embargo, en el lugar parecía haber abuelos, primos, tíos, ¿por qué ella no consideró antes esto?

— Mateo… — Una mujer madura, que Sofía asumió debía ser su madre, se acercó con una sonrisa que ni siquiera le llegaba a los ojos, se notaba a leguas que era actuada.

Más atrás, un hombre muy parecido a Mateo Pero con aire más arrogante, se volteó como si nadie hubiera llegado.

— Madre… — Mateo se inclinó ligeramente frente a la mujer. — Te presento a mi novia, Sofía.

— Mucho gusto, Señora… — Sofía estiró su mano hacia la mujer, quien solo la miró de arriba para abajo, con los ojos abiertos de par en par y esa expresión que ya Sofía reconocía a leguas, de desprecio.

Hubo silencio, absoluto silencio.

— ¿Qué pasa? — Mateo levantó una ceja, como si estuviera confundido, pero era evidente para Sofía que él se estaba divirtiendo.

Sofía guardó su mano, la que esa mujer le dejó estirada y respiró profundo, con indignación, recordándose a sí misma que lo hacía por los seis mil dólares.

— Esto debe ser una broma… ¿No? — La madre de Mateo, Clara, sonrió con escepticismo.

— ¿Me ves cara de estar bromeando? — Preguntó Mateo poniéndose instantáneamente serio.

— Te pedimos que te reconcilies con Antonella… ¿Y llegas con esto? — Soltó la madre de Mateo, cruzándose de brazos.

¿Esto? Sofía sintió el pinchazo en su pecho, pero en ese mismo momento, Mateo colocó su mano libre sobre la de ella, que seguía aferrada a su antebrazo, apretándolo.

— ¿Esto? Esto tiene nombre, señora… — Sofía seguía apretando el brazo de Mateo, como si agarrara fuerza. — Me llamo Sofía.

La mujer miró a Sofía perpleja, ¿Cómo se atrevía a responderle así? Mateo esbozó una tenue sonrisa que borró antes que alguien se diera cuenta al tiempo que Sofía se mantenía firme a su lado.

«El me contrató para que yo fuera exactamente lo que soy…» Se dijo Sofía mentalmente. «No para que me quedara callada»

— ¿Esto? ¿Qué clase de comentario es ese de una mujer que se considera educada y elegante, madre? — Gruñó Mateo con el entrecejo arrugado.

— No me culpes cuando tú fuiste el que inició todo este circo para seguramente provocarme… — Replicó la mujer evidentemente molesta.

— No me interesa provocarte y no me interesa reconciliarme con Antonella… Sofía es mi novia, punto, y exijo respeto… — Respondió Mateo, levantando el tono ligeramente con autoridad. — Así que es bueno que entiendan de una vez por todas, que no soy un puto mocoso para seguir sus órdenes, ¡No me interesa reconciliarme con Antonella, porque tengo a Sofía y soy feliz!

Las miradas de Clara y Mateo se mantuvieron por un instante, como una lucha silenciosa y fría por la autoridad y justo en ese momento, los sonidos de unos pasos se robó la atención.

— ¡Mateo! — Era la voz de una joven y una chica apareció casi tropezándose entre los invitados para llegar hasta Mateo. — ¡Por fin! Llevaba media hora muriéndome de aburrimiento aquí…

La chica se detuvo al ver a Sofía, mirándola de arriba para abajo con verdadera curiosidad.

— Hola… Yo soy Lucía, la hermana de Mateo. ¿Tú eres la novia? — Lucía estiró su mano hacia Sofía, dejándola perpleja por un momento.

— Eh… Sí, soy Sofía, su novia… — Respondió Sofía algo confundida, apretando a la mano de la joven.

Y es que era muy extraño ver a alguien en esa casa que no la mirara feo.

— ¡Qué bueno, porque ya necesitaba una aliada urgentemente en esta familia! — Sonrió Lucía.

Relajando un poco a Sofía, el rostro de Mateo se iluminó de inmediato, apenas vio a su hermana sonreír, borrando todo ese rastro de frialdad que Sofía siempre le había visto.

— Hasta podemos decir que somos hermanas porque nos llamamos casi igual… — Agregó Lucia, haciendo sonreír también a Sofía.

— Que bueno escucharte decir eso, cuñadita… — Una hermosa y perfecta mujer salió de entre algunos invitados y Sofía sintió como el cuerpo de Mateo se tensó al instante.

— Antonella… — Mateo arrugó el entrecejo y apretó la mandíbula. — ¿Qué haces aquí? Esta es una cena familiar…

— Me invitaron tus padres porque ellos ya me consideran parte de la familia… También me pidieron venir porque piensan que tú y yo, tenemos mucho que arreglar… — Afirmó la mujer sin inmutarse por Sofía, sin siquiera voltear un instante a mirarla, como si Sofía no existiera, concentrando toda su atención en Mateo.

Instintivamente, por la rabia que se tenía que morder la lengua y tragar, Sofía apretó todavía más el brazo de Mateo.

¿Ahora Sofía no solo tenía que enfrentar a la familia que sin conocerla la despreciaba, sino que también se tenía que enfrentar a la ex?

Eso no estaba en el contrato.

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