ログインUf me emociona lo que se viene en la fiesta y después de eso, gracias por sus comentarios! así me ayudan muchísimo, muchas gracias!
Sofía se quedó inmóvil frente a la puerta. ¿Qué estaba haciendo? Ella solo tenía que empujarla, salir de aquel club, regresar al Penthouse, encerrarse en su habitación y recordar cuál había sido el trato desde el principio.Un matrimonio falso.Seis meses.Nada más.Entonces, ¿por qué dolía tanto?Sofía apretó los ojos intentando contener las lágrimas que ya amenazaban con escaparse.«No eres para él.» La voz de Antonella seguía clavada dentro de su cabeza.Y si, quizás Antonella tenía razón.Quizás Sofía había sido una completa idiota al emocionarse porque Mateo se puso celoso, porque le pidió que se quedara y porque durmieron juntos sin una muralla de almohadas separándolos.Quizás ella había confundido todo.Ella había visto una fotografía, había escuchado a Antonella, había visto a Mateo desde lejos por sus propios ojos.Pero había algo que no podía ignorar, no le había preguntado absolutamente nada a él.Sofía abrió los ojos.—No.No iba a hacerlo.No iba a salir
Sofía se quedó mirando la fotografía durante varios segundos, su corazón había comenzado a latir con tanta fuerza que podía sentirlo hasta en la garganta. Eran dos mujeres. Dos mujeres hermosas, delgadas, elegantes, exactamente del tipo que cualquiera imaginaría al lado de Mateo Villanueva. Y él parecía estar sonriendo. —No… —murmuró Sofía. Mateo le había dicho que iba a una reunión y eso no significaba que hubiera mentido, era una fotografía, nada más. Una condenada fotografía tomada en un instante que podía significar cualquier cosa. Sofía amplió la imagen con los dedos, mala idea. Una de las mujeres estaba demasiado cerca de Mateo, ella sintió una punzada en el pecho. Luego miró nuevamente el mensaje: “Si quieres comprobarlo tú misma, aquí tienes la ubicación.” ¿Quién demonios le había enviado eso? Por un instante ella pensó en Rodrigo, aunque eso no tenía sentido, ¿para qué él haría algo así? ¿Qué ganaba con eso? Sofía apretó el teléfono, ella podía quedarse
Sofía despertó al día siguiente con una sensación extraña, no porque hubiera vuelto a amanecer encima de Mateo, gracias a Dios.Esta vez había dormido en su propia habitación, en su propia cama y sin posibilidades de atacar a nadie mientras dormía.Pero algo había cambiado y ella lo sabía.Lo había sentido desde aquella mañana en que Mateo despertó con ella prácticamente pegada a su cuerpo y, en lugar de apartarla o molestarse de verdad, se había reído.Mateo Villanueva se había carcajeado por ella.Y aparentemente eso era suficiente para que desde entonces Sofía estuviera comportándose como una adolescente con su primer enamorado.—Contrólate… —murmuró Sofía frente al espejo—. Es solo Mateo.Se quedó mirando su propio reflejo.—Tu esposo.Sintió ese pequeño salto en el corazón y se dio un par de pequeñas bofetadas en las mejillas como si se estuviera haciendo reaccionar. —De mentira, Sofía.Hizo otra pausa y acercó su cara al espejo.—Pero te pidió que durmieras con él.
Sofía sintió que algo se le apretó dentro del pecho.¿Quédate? ¿Mateo le había dicho a ella que se quedara? Quizás eran delirios del resfriado.—Estoy aquí… —murmuró Sofía acercándose nuevamente a la cama.—No… —Mateo abrió los ojos un poco, todavía adormilado—. Quédate.El corazón de Sofía dio un fuerte salto y por un instante se quedó completamente inmóvil, mirándolo.Ella de verdad no sabía si hablaba Mateo o la fiebre.Tampoco sabía si él recordaría aquello a la mañana siguiente, pero en ese momento no le importó.—Está bien… —respondió Sofía finalmente—. No me voy.Sofía arrastró una silla hasta un lado de la cama y se sentó.Mateo volvió a cerrar los ojos y ella permaneció allí, observándolo durante algunos minutos hasta que su respiración se hizo lenta otra vez.Parecía que él se había quedado dormido de nuevo.Entonces Sofía intentó acomodarse, cerró los ojos y apoyó la cabeza contra el respaldo de la silla, luego hacia un lado, después hacia el otro, cruzó los braz
El trayecto de regreso al Penthouse fue bastante silencioso.Porque cada vez que Sofía intentaba hablar, Mateo cerraba los ojos y apoyaba la cabeza contra el asiento con una expresión de pocos amigos.—No pongas esa cara, yo no fui la que decidió ir a trabajar con treinta y nueve de fiebre —refunfuñó Sofía, cruzándose de brazos.—No estoy poniendo ninguna cara.—¿Esa es tu cara normal entonces?Mateo abrió los ojos lentamente para fulminarla con la mirada.—Ah, sí, cierto… Esa es tu cara normal —confirmó Sofía.Mateo volvió a cerrar los ojos, porque aunque no lo admitiría ni que se estuviera muriendo, sí se sentía bastante mal.Al llegar al Penthouse, él caminó directamente hacia su habitación y Sofía lo siguió como una sombra.—Me voy a acostar. Estaré bien mañana. — Gruñó Mateo en la puerta, como si marcara el límite que Sofía podía cruzar.—Necesitas tomarte algo para la fiebre. — Lo regañó ella.—No.—¿Qué no? — Está vez fue Sofía quien puso cara de pocos amigos.—No
Sofía abrió los ojos a la mañana siguiente y de inmediato recordó todo.El balcón.Nicolás.La cara de Mateo.Y, sobre todo, aquellas palabras que desde la noche anterior parecían haberse instalado permanentemente en su cabeza.«No soporto que alguien más se te acerque.»Sofía enterró el rostro en la almohada para contener una sonrisa.—Ay, Dios mío…¡No! Tenía que comportarse como una mujer adulta, madura y completamente indiferente.No podía bajar a desayunar sonriendo como una idiota solo porque su esposo de mentira había estado a punto de golpear a otro hombre por tocarla.Así que se levantó, se bañó, se arregló el cabello y hasta se puso un poco de perfume.Luego se quedó estática frente al espejo.¿Por qué demonios se había puesto perfume?—Ridícula… —murmuró.¿De cuándo acá ella se arreglaba tanto al levantarse? ¡Siempre salía de la habitación en sus lindas pijamas!No podía ser tan obvia.Se cambió la blusa que había elegido por otra mucho más sencilla y salió







