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Capítulo 9

Author: Ann Chase
—¡Ah! ¡Me duele muchísimo!

Ariel ya no pudo contener los gritos.

Se aferró a la mano del médico y suplicó:

—Por favor, salve a mi bebé. Llevo nueve meses llevándolo dentro de mí. ¡Tengo que dar a luz! No vuelva a llamar. Lléveme directamente a la sala de partos. Yo asumiré las consecuencias de lo que pase.

Después de decir aquello, Ariel perdió por completo el conocimiento.

Antes de que todo se volviera negro, las palabras de Remi volvieron a su mente.

—Ariel, eres una mujer sin corazón. ¿No tienes miedo de que nuestro hijo sea maldecido por lo que has hecho?

—Si el bebé muere, será culpa suya.

Esas dos frases bastaron para demostrarle que Remi no merecía ser el padre de su hijo.

No supo cuánto tiempo permaneció inconsciente. Solo recuperó brevemente la conciencia al escuchar voces a su alrededor.

—¡Rápido! ¡Rompió aguas y el ritmo cardíaco del bebé está muy débil! ¡Tenemos que operar de inmediato!

—¿No es la señora Callahan? ¿Dónde está el señor Callahan?

—¿Te refieres a Remi Callahan? Acabo de enterarme de que hoy está celebrando una fiesta por el primer mes de vida de su hijo.

—¿Una fiesta? ¡Su esposa está aquí y su bebé todavía está dentro de su vientre!

—Debe de ser el hijo de su amante. Elisa también dio a luz aquí.

—¿Qué clase de hombre hace algo así? Antes acompañaba a la señora Callahan a todas sus revisiones. Pensé que de verdad la amaba. Resulta que todo era una farsa.

—¡Señora Callahan, aguante! ¡Puede hacerlo! ¡El bebé ya casi nace!

Cuando volvió a despertar, la partera estaba a su lado con un bebé en brazos.

—Señora Callahan, felicidades. Ha tenido una niña.

En ese momento, el asesor jurídico de la base entró apresuradamente y le entregó un documento.

—Señora Callahan, aquí tiene su certificado de divorcio. Todos los trámites ya están terminados.

Ariel tomó el documento y contempló el sello oficial.

Por primera vez en mucho tiempo, sintió una paz absoluta.

Levantó la mirada hacia la partera.

—¿Podría ayudarme a comunicarme con la estación de tren? Quiero irme de aquí cuanto antes.

…

Aquella mañana, Remi había salido temprano de casa junto a Elisa.

Sus amigos fueron llegando uno tras otro para felicitarlo.

—¡Felicidades! ¿Ya han pensado en un nombre para el bebé?

—Comandante, hoy es un día tan importante. ¿Dónde está Ariel? No me digas que todavía no acepta lo de usted y Elisa.

—Eso mismo digo yo. ¿Por qué tiene que ponerse así? ¡Qué manera de hacer un drama por todo!

Remi no respondió.

Sentía una inquietud extraña que no lograba explicar. La celebración estaba a punto de comenzar y Ariel seguía sin aparecer.

¿Acaso seguía enfadada?

Ayer había perdido los estribos, sí, pero no había querido llegar tan lejos.

Elisa sostenía al bebé en brazos y trató de apurarlo.

—Todos están esperando que entremos, Remi. La señora Slater probablemente no vendrá. Déjalo ya y entremos.

Remi sacó el teléfono para hacer una llamada.

Elisa intentó detenerlo.

—¿No podemos entrar primero? Ya vamos tarde.

Pero Remi no le hizo caso y marcó el número.

—¿Por qué estuviste llamándome tantas veces anoche? ¿Dónde está Ariel? ¿Dónde está? Tráela ahora mismo a la celebración del bebé de Elisa. No quiero que la gente empiece a hablar…

Uno de sus hombres respondió al otro lado.

—Comandante… la señora Callahan pasó cuatro horas en el estanque anoche, hasta que comenzó a sufrir una hemorragia. La llevamos a la clínica.

—Los médicos estuvieron toda la noche intentando salvarla. Y… su bebé… el bebé que esperaba con usted… ya había muerto cuando lograron sacarlo.

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