LOGINEl día en que Valeria Guzmán y yo nos casamos, el falso heredero, Jaime Castro, se suicidó. Al segundo año de matrimonio, aquello ya nos había convertido en enemigos. Ella me odiaba porque, según ella, yo, el verdadero hijo, había vuelto y había provocado la muerte de Jaime. Y yo la odiaba porque seguía aferrada al hombre que me había robado la identidad durante veinte años. Durante diez años, nos herimos con las palabras más crueles y nos deseamos la peor de las muertes. Hasta que un terremoto lo cambió todo. Ella me cubrió con su cuerpo y, con la espalda, mantuvo abierto el único espacio por el que yo podía salir vivo. La viga cayó. Le destrozó la espalda. Antes de morir, me susurró al oído: —Si hubiera sabido que él iba a morir, habría preferido no llevarte nunca de vuelta a casa. Si hay otra vida, me basta con ser tu única familia. Al final, yo también morí durante una réplica. Cuando volví a abrir los ojos, había regresado a mis años de universidad, al día en que ella iba a llevarme ante mi verdadera familia. Pero, de pronto, se echó atrás. —Esteban, me equivoqué. No eres el hijo que los Castro perdieron hace veinte años.
View MoreTres años después.Mi exposición individual se inauguró en una galería reconocida de la ciudad.La exposición llevaba por título "Vida Nueva".En los cuadros había campos de lavanda, girasoles, el mar y calles bañadas por una luz cálida.Cada pintura parecía llena de vida.Lo único que no había eran personas. En mis cuadros nunca pintaba gente.Durante esos tres años recorrí muchos lugares y fui plasmando con mis pinceles cada paisaje hermoso que encontraba.Ya no era aquel Esteban que vivía atrapado en el odio y el dolor. Solo era un pintor sencillo que amaba la vida.Antes creía que el amor era obsesión, esa terquedad enfermiza de atarse a alguien aunque ambos se hicieran daño.Después entendí que el amor verdadero también podía ser soltar, también podía ser dejar ir.Valeria, en nuestra primera vida, me enseñó qué era el odio. Y en la segunda, me enseñó qué era la liberación. Tal vez su última elección fue el mejor final que pudo darme.A veces, en las calles de otro país, me quedab
Apreté aquel informe entre los dedos hasta que los nudillos se me pusieron blancos.No sabía qué se suponía que debía sentir. No era tristeza. Tampoco alivio.Solo sentía que el destino había sido cruel y parecía empeñado en burlarse de nosotros.Nos mantuvo atrapados durante dos vidas. Nos hizo vivir cada malentendido hasta el extremo y nos arrastró al fondo del dolor.Y al final, nos dio un final tan abrupto y cruel.—Señor Contreras.Héctor sacó una caja de terciopelo de su portafolio.—Esto se lo dejó la señorita Guzmán. Dijo que, si no lograba volver, yo debía entregárselo en persona.Abrí la caja con torpeza.Adentro no había ninguna joya cara. Solo un anillo de plata común y corriente.Era uno de los anillos de pareja que compré en un puesto callejero cuando estábamos en la universidad. Me había costado apenas un par de dólares.En ese entonces, Valeria puso cara de desprecio y dijo que era feísimo.Pero aun así, se lo puso con esa torpe arrogancia suya.Después vinieron nuestra
Un año después, en el extranjero, ya estaba estudiando en la escuela de arte con la que tanto había soñado, especializándome en pintura al óleo.Alquilé una casa con un pequeño jardín. Mi vida diaria era sencilla, pero plena.Iba a clases, pintaba y cuidaba mis flores.El sol de aquel lugar era cálido y generoso. En el aire siempre flotaba el aroma de la lavanda.Poco a poco fui dejando atrás el pasado y también me volví mucho más alegre.Nunca volví a ver a Valeria.Solo de vez en cuando, por algunos compañeros que regresaban al país, escuchaba noticias sueltas sobre ella.Decían que se había apartado de la dirección del enorme imperio familiar y se había convertido en rescatista voluntaria.Decían que siempre entraba en las zonas más peligrosas, que había salvado a muchas personas y que su cuerpo estaba cubierto de cicatrices.Decían que, cuando alguien le preguntaba por qué se esforzaba tanto, ella respondía que quería expiar sus culpas.Pero nada de eso tenía que ver conmigo.Así p
Horas antes, yo estaba en la sala de espera del aeropuerto de otra ciudad, aguardando el despegue de mi vuelo.En el celular tenía un mensaje de un amigo:"Todo está arreglado. No te preocupes, Valeria no podrá encontrarte. Cuando llegues allá, empieza de cero."Respondí con un simple "bien". Luego saqué la tarjeta SIM del celular, la partí en dos y la tiré al basurero.Valeria, la deuda por haberme salvado la vida ya la pagué casi con mi propia vida.De ahora en adelante, tú sigue tu camino y yo seguiré el mío.En esta vida, no volveremos a vernos.***En los días posteriores a la desaparición de Esteban, la vida de Valeria empezó a parecerle gris.Se volvió ansiosa e irritable, y puso de cabeza a todo el Grupo Guzmán.No tenía ánimos para revisar los montones de documentos acumulados, pero el equipo de búsqueda en el que gastó millones no arrojó ningún resultado. No lograron conseguirle ni una sola pista.Y Jaime, como una sanguijuela pegada a ella, la acosaba todos los días.A veces












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