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Capítulo 4.

Author: Kester
last update publish date: 2026-09-28 16:36:32

—Eres una mujer muy paciente y fuerte, señora Angelina. Si yo estuviera en tu lugar, ya le habría jalado el cabello largo a Moreen. No permitiría que fuera feliz con el señor Axton.

Las dos sirvientas de la casa estaban hablando de la nuera de sus patrones. Les daba mucha rabia haber presenciado la escena que había ocurrido aquella mañana en la mesa del desayuno.

—¿Cómo se atreven a hablar de la señora Axton? —bromeó Angelina, quien había sorprendido accidentalmente a sus dos sirvientas chismeando sobre ella en la cocina.

—Perdónanos, señora Angelina. Fuimos demasiado atrevidas —dijo Amey, una de las sirvientas. Sonrió avergonzada y luego bajó la cabeza al verse descubierta por su señora.

Angelina les tendió un vaso sucio que había quedado de la noche anterior y que había llevado desde su habitación.

—En lugar de estar chismorreando, anda, lava este vaso sucio —la reprendió Angelina en tono de broma.

—¡Sí, señora! —respondió esta vez Silda, la compañera de trabajo de Amey.

—Si la señora Evelyn las descubre, se las comerá vivas. —Angelina terminó de hablar. Conocía demasiado bien el carácter de su suegra.

Al día siguiente.

—Cariño, hoy no iré a la oficina. No me siento muy bien —dijo Moreen con voz mimosa. Seguía acostada sobre la cama, con el cuerpo cubierto por una gruesa manta.

Mientras tanto, Axton permanecía de pie junto a la cama. El hombre todavía llevaba puesto el pijama.

—Está bien, Moreen. No pasa nada. Seguro que estás muy cansada después de haberme atendido toda la noche —dijo Axton con una sonrisa traviesa.

—Pero me encantaron tus juegos de anoche, cariño —lo elogió Moreen. Lo agarró de la nuca para acercarlo a su rostro y luego le dio un breve beso en los labios.

—Descansa. Voy a darme una ducha —dijo Axton, a lo que Moreen solo respondió con un leve asentimiento.

—Te amo —dijo Moreen antes de que Axton entrara al baño.

—Yo también te amo —respondió Axton con una pequeña sonrisa. Luego, entró en el baño.

Angelina soltó un suspiro áspero al escuchar la dulce conversación entre Axton y Moreen. Su rostro se veía sombrío. Permanecía de pie detrás de la puerta.

En realidad, Angelina había ido allí únicamente para avisarle a su esposo que el desayuno ya estaba servido en la mesa.

Sin embargo, sus pasos se detuvieron. La mano que estaba a punto de empujar la puerta para abrirla de par en par se detuvo. Angelina solo abrió ligeramente la puerta de la habitación, apenas lo suficiente para que desde dentro casi no pudieran verla.

La voz de Axton sonaba tan suave cuando hablaba con Moreen.

El corazón de Angelina dolía. Sentía celos y, al mismo tiempo, extrañaba la dulzura que Axton solía mostrarle cuando estaban juntos. ¿Cuándo volvería aquel hombre de verdad a sus brazos?

«¿Debería terminar este matrimonio de una vez?»

Los pensamientos de Angelina comenzaron a descontrolarse. Estaba demasiado cansada de sentirse ignorada por su propio esposo.

Después de saber que Axton estaba duchándose, Angelina finalmente entró en la habitación con paso decidido.

Su mirada se dirigió de inmediato hacia la cama. Moreen ya estaba sentada, apoyada contra el diván mientras jugaba con su teléfono.

Moreen miró en dirección a Angelina. Su rostro mostró al instante el desagrado que sentía por la llegada de aquella mujer.

—¿Puedes salir de la vida de mi esposo? —dijo Angelina en voz baja, pero con firmeza—. Solo dime cuánto dinero quieres, Moreen —continuó.

Angelina permanecía de pie junto a la cama. Solo había alrededor de un metro de distancia entre ella y Moreen, que estaba sentada tranquilamente.

—¡Qué arrogante eres, Angelina! ¿Quién te crees para hablarme así? —El hermoso rostro de Moreen comenzó a ponerse serio.

—¡Soy la señora Axton Barayev Almero! ¡La única nuera de la familia Almero! ¿Lo has olvidado? —Angelina comenzó a inclinarse hacia Moreen.

Sentía un fuerte impulso de estrangular a aquella mujer. Sin embargo, Angelina todavía era capaz de contener su ira.

—¡Bah! ¿Nuera, dices? Resulta que no tienes vergüenza, Angelina. Incluso la familia Almero ya no te considera parte de ella. ¡Deberías ser tú quien se fuera de esta casa! —Moreen sonrió con desprecio.

Era como si estuviera ondeando una bandera de guerra frente a Angelina.

Moreen parecía completamente preparada para luchar, lista para enfrentarse a cualquier situación que pudiera surgir. Mucho más cuando se trataba de Angelina. Para Moreen, aquella mujer no representaba una amenaza significativa.

—¿A quién le importaría una mujer estéril como tú? —Moreen miró a Angelina con desprecio.

De repente, se escuchó el sonido de la puerta del baño al abrirse.

Moreen se golpeó inmediatamente el rostro con su propia mano, fingiendo que Angelina acababa de abofetearla.

—¡No me hagas daño, Angelina! Aunque me mates, no dejaré a Axton. ¡Lo amo muchísimo! —gritó Moreen entre lágrimas.

—¡Angelina! —Axton se quedó sorprendido.

Por supuesto, al ver aquella escena, Axton malinterpretó inmediatamente la situación. El hombre, que solo llevaba una toalla alrededor de la cintura, caminó rápidamente hacia Moreen y la abrazó mientras ella lloraba.

—¿Qué le has hecho a Moreen? ¿Te has vuelto loca? —preguntó Axton en tono elevado.

—¡No le he hecho nada! —replicó Angelina, confundida. Incluso mostró ambas palmas de sus manos a Axton—. ¡Ella misma se hizo daño, Axton!

—Angelina está mintiendo, Axton. Me golpeó varias veces en el rostro —intervino Moreen entre sollozos.

—¡La que está mintiendo eres tú! —acusó Angelina.

—¡Ya basta, Angelina! No hace falta que te defiendas. ¡Siempre estás buscando problemas! —refunfuñó Axton mientras acariciaba suavemente la espalda de Moreen, tratando de calmarla.

Angelina todavía quería explicar lo que realmente había sucedido. Sin embargo, Axton le ordenó inmediatamente que saliera de la habitación.

«Nadie te creerá, Angelina», refunfuñó Moreen para sus adentros. Sentía que había ganado contra aquella mujer.

Con el corazón cada vez más herido, Angelina salió rápidamente de la habitación. Cerró la puerta de un fuerte portazo.

Quería que Axton supiera lo decepcionada que estaba. Su propio esposo incluso había preferido creerle a aquella mujer antes que a ella.

.

Angelina se dirigió a la parte trasera de la casa.

Se sentó en una silla del jardín, permaneciendo inmóvil mientras contemplaba el rosal blanco que estaba a punto de morir.

El rosal parecía cada vez más marchito. Su tallo comenzaba a volverse marrón y parecía frágil. Solo quedaba una hoja amarilla que colgaba débilmente. Quizá, en unos días, aquella hoja también caería.

Angelina sentía que su vida era igual que aquel rosal.

A medida que pasaban los días, poco a poco, su vida también parecía marchitarse.

¡Brrr...!

El teléfono de Angelina vibró dentro del bolsillo de los pantalones que llevaba puestos.

Inmediatamente metió la mano en el bolsillo y sacó el teléfono. Sus ojos se dirigieron enseguida al nombre que aparecía en la pantalla.

Doctor Jhonny.

—¿El doctor Jhon? ¿Por qué me llama? —murmuró Angelina mientras deslizaba el botón verde y luego se llevaba el teléfono al oído.

—Buenos días, señora Axton. Disculpe por haber tardado tanto en darle noticias. Últimamente he estado ocupado atendiendo a mis pacientes —dijo el doctor Jhonny al otro lado de la línea.

—Buenos días también, doctor. Sí, no se preocupe —respondió Angelina.

—Los resultados de los análisis de laboratorio que nos hicimos aquella vez salieron hace dos días. Lamento haber tardado en informárselo.

Angelina frunció el ceño al escuchar la confesión del doctor Jhonny. Parecía confundida y sorprendida al mismo tiempo.

¿Acaso no había recibido los resultados del laboratorio del hospital hacía unos dieciocho días?

—Señora Angelina, ¿quiere venir a recogerlos personalmente al hospital o prefiere que se los enviemos?

Angelina permaneció en silencio.

Su mente estaba ocupada intentando descubrir algo.

Si los resultados de los análisis de laboratorio del doctor Jhonny acababan de salir hacía dos días, entonces ¿de quién era el informe médico que había recibido anteriormente?

Claramente, allí figuraba su nombre completo.

—¿Señora Angelina? ¿Sigue ahí? —preguntó el doctor Jhonny al ver que Angelina no respondía.

—S-sí, doctor. Sigo aquí.

—¿Qué ha decidido? —preguntó el doctor Jhonny sobre la cuestión que le había planteado antes.

—Voy a recogerlos personalmente al hospital ahora mismo.

—Muy bien, señora. Cuando llegue, vaya directamente a mi consultorio.

—Sí, doctor. Gracias por llamarme.

—De nada, señora Angelina.

Angelina terminó inmediatamente la llamada.

Se levantó de la silla del jardín y se apresuró hacia el hospital. Su curiosidad ya era incontenible.

¿Se había equivocado el doctor Jhonny?

¿O alguien había enviado deliberadamente un informe de laboratorio falso?

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