LOGINEl aire de aquella tarde resultaba sofocante para Evelyn. Ya nada podía apaciguar su ira después de enterarse de que Moreen había abandonado a Axton, su hijo, que ahora yacía indefenso en una cama de hospital.Sin pensarlo dos veces, Evelyn se dirigió a toda prisa a la vieja casa de Maria, la madre de Moreen, donde ahora vivía su nuera. Sus fuertes golpes en la puerta, acompañados de una voz estridente, resonaron por todo el patio.—¡MOREEN! ¡SAL DE UNA VEZ!La puerta se abrió lentamente. Moreen apareció en el umbral con un vestido informal y el rostro tan frío como el hielo. Evelyn irrumpió en el interior sin pedir permiso.—¡Moreen, no puedo creer que seas tan cruel! —exclamó Evelyn, señalándole el rostro con un dedo acusador—. ¡Cuando mi hijo está indefenso, tú lo abandonas como si fuera un cadáver en descomposición!Moreen no se dejó intimidar. Cruzó los brazos y sostuvo la mirada de Evelyn sin pestañear.—Todavía soy joven, mamá. Mi vida sería demasiado complicada si tuviera que
Angelina se detuvo frente al estante de accesorios. Tomó un bolso de fiesta plateado, elegante, con delicados detalles de cristal que le daban un toque sencillo, pero distinguido. La gran fiesta de Almero Group se celebraría muy pronto. Por fin, el plan que había concebido tiempo atrás, cuando todavía era la esposa de Axton, se haría realidad.Bajó la mirada y esbozó una pequeña sonrisa. Qué irónico. Antes no era más que la esposa de Axton, alguien a quien todos despreciaban y humillaban. Ahora, en cambio, era la líder de una gran empresa.—Quedaría bastante bien con un vestido azul marino —murmuró para sí misma mientras sopesaba el bolso entre las manos.De repente, el sonido de unos pasos bruscos que golpeaban el suelo anunció la llegada de alguien. Angelina se volvió. Sus ojos se encontraron con un par de ojos llenos de un odio que conocía demasiado bien.—Vaya, vaya... Después de conseguir arrebatarme a Hans, parece que la vida de una simple camarera de cafetería ha cambiado basta
La luz del sol se filtraba por los grandes ventanales de la planta veinticinco del edificio de Almero Group. Detrás de aquellos cristales, una mujer sentada lucía un traje formal de color crema y llevaba el cabello cuidadosamente recogido en un moño bajo. Su rostro reflejaba concentración mientras sus ojos recorrían cada uno de los importantes documentos ordenados sobre su escritorio.Angelina, ahora directora ejecutiva de Almero Group. El mundo que antes le parecía tan lejano ahora parecía estar bajo su control. Todo había cambiado desde que Derox la nombró líder de aquella gran empresa. Ya no llevaba una vida sencilla. Ahora tenía un lujoso apartamento en el centro de la ciudad y dos guardaespaldas personales que la escoltaban prácticamente sin descanso, día y noche. Incluso para ir al trabajo, ya no necesitaba conducir ella misma.Sin embargo, aquella mañana, en medio de todo ese lujo, sus pensamientos seguían atrapados en un solo nombre: Axton. Su exmarido, que yacía débil en el h
El sonido de unos gritos resonó por el pasillo del hospital, rompiendo el silencio. Angelina, que estaba de pie junto a la cama de la UCI, se volvió por reflejo hacia el lugar de donde provenían aquellas voces, que cada vez se escuchaban más cerca.—¡Lárgate de aquí! ¡Mujer portadora de desgracias! —gritó una mujer de mediana edad, con el maquillaje corrido y los ojos llenos de ira.Angelina salió de la habitación. Allí, Evelyn estaba de pie con las manos temblorosas, señalándola con el dedo.—Estimada señora Evelyn, esto es un hospital, no una selva. ¿Podría bajar la voz? —dijo Angelina con un tono sereno.—¡¿Quién te crees que eres para darme órdenes?! ¡Desde que entraste en la vida de Axton, a mi hijo no han dejado de sucederle desgracias! ¡Eres una destructora de hogares! —gritó mientras se acercaba.Angelina apretó los puños y estrujó sus dedos al sentir una opresión en el pecho. Antes, quizá solo habría agachado la cabeza y respetado a Evelyn como su suegra, pero ahora las cosas
El sonido de las bocinas resonaba sin cesar en la autopista de Washington aquella tarde. Las luces de los vehículos formaban largas líneas que parpadeaban de manera irregular. En medio de aquel caos, un automóvil negro avanzaba a toda velocidad, completamente fuera de control.—¡Malic! ¡Concéntrate en conducir! —gritó Axton desde el asiento trasero, mientras sujetaba la mano temblorosa de Moreen.—Yo... tengo sueño, señor... —respondió Malic con voz débil y entrecortada, esforzándose por mantener los ojos abiertos.—¡Detente! ¡Oríllate ahora mismo! —exclamó Axton.Pero ya era demasiado tarde. Las ruedas delanteras patinaron contra la barrera de seguridad. El grito de Moreen desgarró el interior del automóvil.—¡Axton...!¡¡¡BAM!!!El violento impacto sacudió todo el vehículo. El automóvil dio varias vueltas y chocó contra otro que venía en dirección contraria. Los cristales estallaron. Los metales rechinaron al colisionar. El humo comenzó a llenar la parte delantera del vehículo.More
Capítulo 90.—¡¿Qué tonterías son estas?! —bramó Axton, con una voz que resonó por toda la sala que antes había sido su trono.Angelina se puso de pie lentamente, sin apartar la mirada del rostro enrojecido de Axton.—Puedes enfadarte todo lo que quieras, pero no puedes negar los hechos. Almero ya no te pertenece, Axton.Axton avanzó rápidamente, casi abalanzándose sobre la mesa, pero dos hombres vestidos con trajes negros aparecieron de repente en la puerta y le cortaron el paso.—Retroceda, señor Axton —dijo uno de ellos con voz inexpresiva—. Este ya no es su territorio.—¡Malditos bastardos! ¿Creen que pueden echarme de la oficina que construí con mis propias manos? —gritó Axton, con la mirada desquiciada.Angelina se acercó a él.—Sí, tú la construiste, pero también la destruiste. Fuiste tú quien hundió a Almero en deudas y acuerdos turbios con entidades externas. ¿Creías que Derox había venido únicamente a salvarte? No. Vinieron porque tú mismo entregaste la vida de la empresa.—







