เข้าสู่ระบบLa voz burlona de Sofía llegó directamente a los oídos de Katherine. Sin embargo, en cuanto pronunció estas palabras, Sofía, cambió de expresión.
—¡Ah! —El grito de Sofía acompañó al sonido de la puerta al abrirse de golpe—. ¡Katherine, para! ¡Es culpa mía! No me mates. ¡Por favor, no me mates! —gritó Sofía, con lágrimas recorriendo sus mejillas.
—¡Katherine! ¿Qué haces? —La voz de Anthony llegó desde la puerta.
Sofía formó una sonrisa burlesca sin que Anthony la viera, deseando que estrangulara a Katherine frente a sus ojos en ese mismo instante.
La mente de Katherine se quedó en blanco.
¿Sofía había hecho todo esto para obtener a Anthony?
El odio hizo que Katherine perdiera la cabeza cuando vio la sonrisa triunfante en la cara de Sofía. En un instante, ella lo comprendió todo.
—¡Sofía, eres tan malvada! ¡Mereces morir! Devuélveme a mi hijo —Katherine tiró de Sofía con furia. Su rostro se transformó como si se hubiera vuelto loca.
—¡Katherine, estás pidiendo que te mate! —dijo Anthony con fuerza.
Al segundo siguiente, Katherine se levantó del suelo y un fuerte tirón la lanzó por los aires.
Luego la arrojó al suelo como si fuera basura, mientras Anthony rápidamente ayudaba a ponerse de pie a la asustada Sofía. Su mirada se volvió aún más indulgente al posarse en ella.
—¿Estás bien?
—Anthony... Katherine, ella... intentó atacarme otra vez... es... tan aterradora —sollozó Sofía, con cara de dolor.
El acto ridículo de Sofía no sorprendió a Katherine. Se apoyó con una mano en el suelo, observando a la pareja que se abrazaba, lloraba a su hijo que murió incluso antes de siquiera conocerlo.
Todo esto fue gracias a la querida Sofía que tanto protege Anthony.
Katherine no iba a aceptarlo. De repente, la pobre se echó a reír, su risa era desoladora y escalofriante.
La risa enloquecida de Katherine hizo que Sofía la mirara. Del mismo modo, las cejas de Anthony se fruncieron y sus ojos oscuros se llenaron de ira.
—¿Cómo te atreves a intentar hacerle daño a Sofía? —El rostro de Anthony era frío y su tono helado mientras agarraba el cuello de Katherine como si fuera a estrangularla.
Katherine no podía dejar de reír, se estaba volviendo loca y es que no podía creer que ella pudiera merecerse tanto dolor.
—Anthony, te arrepentirás —dijo mirándolo directo a los ojos, sin embargo los de ella se iban apagando poco a poco—. Te arrepentirás —repitió Katherine, dándose cuenta de que Anthony había matado a su propio hijo.
Ella ya había perdido todas sus esperanzas. Sofía conspiraba a cada paso y Katherine era como una presa atrapada en una jaula, poniendo todas sus esperanzas de salvación en Anthony, quien nunca le había mostrado piedad.
Él era su verdugo.
Katherine había perdido todo.
—Cariño, lo siento —dijo Katherine mientras se acarició el vientre, le dolía el corazón.
—Katherine, ¿te has vuelto loca?
Anthony arrugó la frente. La actitud de Katherine lo ponía inexplicablemente irritable.
—Sí, me he vuelto loca. —Katherine levantó la cabeza de repente, riendo aún más fuerte—. ¡Anthony, eres tan tonto! Le estás limpiando el culo a la asesina de tu hijo. ¡Eres tan estúpido!
La maldición de Katherine hizo que Anthony apretara con más fuerza el cuello de ella, disimulando un pánico inexplicable. El grito agudo de Katherine se apagó. Su voz era ronca, aun así, no planeaba callarse.
—Anthony, eres un hombre tan patético... He tomado una decisión. Ya no te amo. Así que te dejo ir. ¿Eres feliz ahora? Yo, Katherine, ¡ya no te amo!
¿Ya no está enamorada? Pensó Anthony.
—¿Qué has dicho? —Los ojos oscuros de Anthony eran casi idénticos a la noche, tan violentos como una bestia salvaje a punto de perder la cordura.
A Katherine le pareció divertido. Nunca había sentido una distancia tan grande entre ellos como en ese momento.
—Me escuchaste claramente. He dicho que ya no te amo. —Pronunció cada palabra. Su tono era tan tranquilo que era aterrador.
Anthony no tenía nada que decir. El rostro de Katherine se sonrojó por la dificultad para respirar, pero sus ojos aún contenían un atisbo de risa.
—Idiota, te arrepentirás de esto.
La sonrisa de Katherine distrajo momentáneamente a Anthony, la certeza en sus ojos era indiscutible. Evitando su mirada, soltó el agarre del cuello de Katherine.
—Loca.
Dejando atrás esa única palabra, Anthony se dio la vuelta, levantó a Sofía y pasó junto a Katherine, que estaba tendida en el suelo. Ella sonrió tontamente, con la mano acariciándose el vientre sin parar. Su estado de locura hizo que Anthony se detuviera en la puerta.
—¡Vigílala! —Tras una leve pausa, como si recordara algo, la boca de Anthony se curvó hacia arriba. Hablando en voz baja—. Y también trae a su madre aquí.
Sus palabras golpearon el corazón de Katherine.
—Sí, Señor Ross.
Tres minutos más tarde, una figura se introdujo en la habitación. La figura tambaleante reavivó algo de esperanza en el corazón ceniciento de Katherine.
—¡Mamá!
—¿Katherine? —La recién llegada caminó hacia ella y bajo la tenue luz, se reconocieron—. ¡Mi hija! ¡Katherine! ¡Por fin te he encontrado!
Anthony levantó la mirada, sorprendido por sus palabras.—Collin te necesita —continuó ella, bajando un poco la guardia—. No ahora, tal vez, pero un día preguntará más. Querrá saber quién eres, por qué no has estado presente. Y yo no puedo darle todas las respuestas, Anthony. No puedo seguir ocultando esto para siempre.—Yo... —Anthony no sabía qué decir. Sabía que había perdido su derecho a ser parte de la vida de Collin, pero escuchar esas palabras de Katherine lo hizo tambalear.—Héctor y yo decidimos que ocultarle la verdad a nuestro hijo solo haría que viviera en una mentira sobre sus raíces —comenzó Katherine, su voz templada pero firme, mientras mantenía la mirada fija en Anthony—. Por eso, le hablamos de ti. No exactamente de ti, pero él sabe que tiene un padre que algún día volverá y que podrá conocerlo si él lo desea. Si de verdad has estado vigilándolo todos estos años, entonces deberías saber que él merece la verdad, aunque esa verdad sea dolorosa.—¿Y Héctor? —preguntó An
El aire se volvió denso, y por un momento Anthony no supo qué hacer. Había imaginado este escenario en su mente muchas veces, pero nunca había estado preparado para enfrentarlo.—¿Es usted mi papá? —repitió el niño, con esa inocente curiosidad que solo los niños poseen, y que perforaba el alma de Anthony.El silencio que siguió fue insoportable. Anthony intentó hablar, pero las palabras se le atoraron en la garganta. Este era su hijo, la razón por la que seguía existiendo, pero también el recordatorio viviente de todo lo que había hecho mal. No podía responder, no debía responder.—Tu mamá… —intentó decir, pero se detuvo. ¿Qué podía decirle? ¿Que su mamá lo había protegido de él, y con razón? ¿Que su verdadero padre estaba más cerca de un monstruo que de un héroe?El niño no se movió, su pequeña figura en pie con una firmeza que desafiaba su corta edad. En su mirada no había miedo, solo la búsqueda de una verdad que lo llamaba desde dentro.—Yo... no debería estar aquí —dijo Anthony f
Cinco años habían pasado desde aquel día en el que Katherine había decidido finalmente tomar control de su destino. Ahora, la casa de los Marsh estaba llena de risas y alegría mientras todos celebraban el quinto cumpleaños del pequeño que se había convertido en el corazón de la familia.El niño, con su cabello negro rizado, ojos azules brillantes y piel blanca, corría por el jardín, riendo a carcajadas mientras sus tíos Oscar y Malcolm jugaban con él, persiguiéndolo con entusiasmo. Su abuelo Stanley y el viejo Gregory, siempre más reservados, se mantenían cerca, observando con una sonrisa de orgullo. Ambos habían pasado de ser hombres de negocios serios y controladores a abuelos completamente entregados, mimando al pequeño sin límite. Era evidente que el niño era el consentido de todos, pero nadie lo consentía más que su padre, Héctor Corbin.Héctor, con los ojos llenos de amor, observaba a su hijo mientras lo levantaba en el aire entre risas. El vínculo entre ellos era irrompible, un
Su respiración se hizo más rápida. "¿Por qué tarda tanto?" se preguntó internamente, mientras su pulso se aceleraba. Una sensación de pánico comenzó a invadirlo, y las dudas se colaron en su mente como sombras implacables. ¿Y si algo había pasado? ¿Y si Katherine había cambiado de opinión? No podía evitarlo; las experiencias del pasado de ambos, los obstáculos, los enemigos y las situaciones que casi los habían separado antes, se agolpaban en su mente, formando un nudo de ansiedad.Miró a Gregory, que estaba sentado cerca, y este le devolvió una mirada de apoyo, pero Héctor apenas podía procesarlo. ¿Dónde estaba Katherine? Cada segundo que pasaba se sentía eterno.Los murmullos entre los invitados comenzaron a hacerse más audibles. Héctor tragó saliva, tratando de mantener la calma. Pero la idea de que algo había salido mal no lo dejaba en paz. Tenía la certeza de que, si algo hubiera pasado, alguien ya lo habría informado. Sin embargo, su cabeza seguía girando en círculos.Finalmente
Anthony se quedó en silencio. No podía responder. La verdad estaba frente a él, clara como el día, y todo lo que Katherine le decía lo hacía sentir más insignificante, más incapaz de redimirse. El monstruo que Katherine describía no solo vivía en su pasado, seguía ahí, y eso era lo que más le dolía.Katherine respiró hondo, manteniendo la compostura a pesar del temblor en sus manos.—Si el bebé que espero fuera tu hijo —prosiguió, su voz más suave, pero aún llena de la misma determinación— y un día llegara a ti, te dijera que la persona que más lo ha lastimado jura que va a cambiar, pero que vuelve con esa persona... ¿tú qué le dirías?Anthony no respondió. No podía. Porque en ese instante, la verdad lo abrumó. Si fuera su hijo, si alguna vez estuviera en la misma situación, mataría a la persona que le hiciera eso, sin creer ninguna palabra de arrepentimiento.Pero no dijo nada. Porque sabía que esa persona era él. Y no había nada que pudiera decir para justificar lo que había hecho,
Katherine sintió un nudo en la garganta. Parte de ella había esperado que Anthony simplemente se marchara, que entendiera que ya era demasiado tarde. Pero otra parte, una que no quería admitir, se sintió removida por el dolor en sus palabras.Sin embargo, ella ya había elegido su camino. Se había liberado de las cadenas que la mantenían atada a Anthony, y no había vuelta atrás.—Es demasiado tarde, Anthony —dijo con firmeza, aunque su voz temblaba un poco—. Yo elijo a Héctor. Él me da la paz que nunca tuve contigo.Anthony dio otro paso atrás, el dolor claramente visible en su rostro. Pero esta vez no trató de detenerla. Sabía, aunque le doliera admitirlo, que había llegado al final de su lucha por Katherine.Anthony, aún con el dolor grabado en su rostro, se negó a dar marcha atrás. Sabía que lo había perdido casi todo, pero no podía irse sin luchar una vez más. Su corazón, acelerado por la tensión del momento, le recordó el instante en el que Katherine estuvo a su lado, la última ve







