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Capítulo 95

Author: Amaya Evans
last update publish date: 2026-10-30 14:00:56

Rodrigo Sotomayor tenía la costumbre de hacer sus movimientos los miércoles.

No era algo que hubiera explicado nunca. Era simplemente el día en que las personas con poder hacen las cosas que prefieren no que nadie vea: los miércoles los administradores están en reuniones de turno, los directores médicos revisan presupuestos, los pasillos tienen esa calidad de tarde entre semana donde el personal va con la cabeza en otra parte. Lo había a

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  • La Virgen Del CEO Implacable   Capítulo 96

    Camila estaba en la mesa del fondo cuando Valentina le puso el teléfono delante con el audio abierto. Lo escucharon las dos con los auriculares compartidos, uno cada una, inclinadas sobre la mesa con el café de Camila entre las dos y la tableta de apuntes de Valentina debajo del codo. El audio tenía el ruido de fondo de una habitación de clínica: el pitido suave de los monitores, la ventilación, y encima de todo eso la voz de Rodrigo, clara y sin prisa.Camila escuchó el final, lentamente se quitó el auricular y lo dejó sobre la mesa.—Es admisible.—¿Segura? —preguntó con algo de ansiedad.—Pues...Grabación en un espacio donde él se presentó voluntariamente, con un profesional médico presente que tenía motivos documentados para estar ahí, sin engaño activo por parte de quien grabó. —Camila habl

  • La Virgen Del CEO Implacable   Capítulo 95

    Rodrigo Sotomayor tenía la costumbre de hacer sus movimientos los miércoles.No era algo que hubiera explicado nunca. Era simplemente el día en que las personas con poder hacen las cosas que prefieren no que nadie vea: los miércoles los administradores están en reuniones de turno, los directores médicos revisan presupuestos, los pasillos tienen esa calidad de tarde entre semana donde el personal va con la cabeza en otra parte. Lo había aprendido en cuarenta años de mover fichas en tableros que la mayoría de la gente ni siquiera sabía que existían.Lo que no había calculado era Nicolás.Nicolás hacía guardia los miércoles en la planta de cardiología desde hacía tres meses, desde el ingreso de Elena Cruz, porque era el médico de cabecera y porque su hermano le había pedido que estuviera cerca sin pedírselo con esas pala

  • La Virgen Del CEO Implacable   Capítulo 94

    El café llegó en taza pequeña, de las blancas con el borde verde que había visto cientos de veces en el estudio, cuando Valentina subía con una bandeja a las siete de la tarde y la dejaba sobre el escritorio sin preguntar. Le llegó el olor antes de que el chico lo pusiera en la mesa. Era el mismo. Exactamente el mismo que el de las mañanas en la cocina de la mansión, el de las madrugadas en el estudio, el del coche de vuelta de la clínica. Cogió la taza, la sostuvo con las dos manos como si necesitara comprobar que era real, y bebió.Era el mejor café que había tomado en semanas.No supo si era porque Valentina lo hacía mejor que nadie o porque todo lo de Valentina lo hacía mejor.De la mesa de los tres, una mujer de unos cuarenta años llevaba mirándolo desde que se había sentado con la atención específica de quien está verificando algo que no termina de creerse. Al rato le dijo algo al hombre que tenía al lado, que giró la cabeza con disimulo y ningún éxito.

  • La Virgen Del CEO Implacable   Capítulo 93

    El estudio estaba completamente quieto.Santiago esperó. Tenía paciencia de tribunal cuando quería, y esta era una de esas veces. Sebastián no respondió de inmediato porque lo que había escuchado era verdad, y la verdad tiene la propiedad de aterrizar de manera diferente a todo lo demás. No rebota. Se queda.—Los documentos eran lo correcto —dijo al fin, sin mucha convicción.—Los documentos son lo que se manda cuando no se sabe qué otra cosa mandar. —Santiago no lo dijo con crueldad, que era lo que lo hacía peor—. Llevan dieciséis años siendo tu herramienta para todo. Cuando algo está mal, lo corriges en papel. Cuando alguien necesita algo, lo organizas con firma y sello. —Señaló las carpetas sobre el escritorio con un gesto breve—. Eso te ha funcionado con el noventa por ciento de las situaciones de tu vida. Valentina es el otro diez.—Necesitaba autonomía financiera.—Necesitaba que no convirtieras su vida en un proyecto a resolver. —La frase ca

  • La Virgen Del CEO Implacable   Capítulo 92

    Lo primero que hizo Sebastián fue llamar a la floristería.No a cualquiera. A la que tenía el número de la mansión en el sistema, la que sabía que él prefería las flores sin exceso de envoltorio y sin nota de esas que dicen “pensando en ti” en tipografía cursiva. Pidió algo sobrio, sin lazo, que dijera lo que tenía que decir sin que nadie tuviera que leerlo. La floristería lo conocía de doce años de cumpleaños corporativos y una boda que no organizaron ellos pero para la que compraron los arreglos del salón.Las flores llegaron a La Canela a las once de la mañana del día siguiente.Volvieron a las dos y cuarto, con el mismo papel, sin abrir, en el asiento de atrás del mensajero, con una nota escrita a mano que decía solo: “Devuelto. Muchas gracias.” La letra era de Valentina. Sebastián la recon

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    Comieron. La empanada de Valentina tenía demasiado comino y estaba perfecta.—¿Cómo va lo tuyo? —dijo Valentina, cuando terminó.—¿Lo mío.—Santiago. El sistema de notas.Camila bebió de su vaso de sirena verde con el gesto de una profesora a quien le hacen una pregunta que se había prometido no contestar hasta tener todos los datos.—Me escribió ayer.—¿Cuántas palabras?—Sesenta y tres. Lo sé porque las conté dos veces.—¿Qué decía?—Que si podía acompañarme a una cosa el sábado. No decía qué cosa. Sesenta y tres palabras para no decir qué cosa.—¿Y tú?—Le dije que sí, pero que tendría que decirme a qué antes del viernes para que yo pudiera calcular el n

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