MasukDespués de que mi compañero, Regulus Thornfield, muriera en un “accidente”, su hermano gemelo, Lawrence Thornfield, tomó su lugar como Alfa. También nos heredó a mí y a mi cachorro, Niall Thornfield. La nueva Luna, Alice Moreau, me ve como una espina clavada en su costado. No desea otra cosa más que exiliarnos de la manada a Niall y a mí. Una noche, fui al despacho para pedirle a Lawrence que nos permitiera marcharnos de la manada, a Niall y a mí. Pero entonces escuché a su Beta preguntarle: —Alfa Regulus, el que murió en el accidente fue su hermano. ¿Por qué dijo que el muerto había sido usted? Se oyó el sonido de los nudillos de Regulus golpeando el escritorio. —En aquel entonces, el consejo de ancianos me obligó a marcar a Leah. Pero la loba a la que he amado todo este tiempo siempre ha sido Alice. Además, Leah ya tiene un cachorro. Si no fingía mi muerte, la que se quedaría sin nada sería Alice. De pie al otro lado de la puerta, sentí cómo mis uñas se clavaban en mis palmas. Así que mi propio compañero estaba dispuesto a fingir su muerte y abandonar a su propia familia solo para poder volver al lado de la loba que realmente amaba. Al amanecer, dejé una solicitud de traslado sobre el escritorio del consejo de ancianos. —Mis bienes personales son suficientes para criar a mi cachorro. Además, me niego a ser la tercera en discordia en una relación. Por favor, déjennos salir de la manada.
Lihat lebih banyakRegulus finalmente se fue. No volvió a insistirle. Aquellas pocas palabras tranquilas, casi crueles, de Leah le arrancaron del cuerpo hasta la última pizca de fuerza y obsesión.Sosteniendo su cuerpo maltrecho, salió de la pequeña cabaña lenta y miserablemente. Leah permaneció donde estaba, completamente impasible.Niall se aferró a la esquina de su ropa y alzó la carita para mirarla, con los ojos claros y llenos de confianza.—Mami, ya no va a volver, ¿verdad?Leah se puso en cuclillas y le acarició suavemente la cabeza. Por fin, una luz tenue onduló en sus ojos. Era el alivio de haber soltado de verdad toda carga.—No. No volverá.Desde ese momento, el nombre Regulus dejó de existir en su mundo.Cuando Oliver llegó con su maletín médico, eso fue lo que encontró: una escena tranquila y apacible. No preguntó qué acababa de pasar. Simplemente les entregó el paquete de tela que llevaba en las manos, con un tono cálido.—Hoy preparé estofado de res. Le va a ayudar a Niall a recuperar fuer
Regulus regresó a la manada.En cuanto cruzó la puerta principal, Alice corrió a recibirlo, con el rostro cubierto de una ternura cuidadosamente fingida. Extendió la mano para tomarlo del brazo.—Alfa, por fin volviste. Te extrañé tanto…Sus dedos ni siquiera habían alcanzado la manga de Regulus cuando él apartó el brazo de un manotazo. La fuerza fue tal que Alice retrocedió tambaleándose varios pasos antes de caer pesadamente al suelo.Alice lo miró en shock, y sus ojos se enrojecieron al instante.—¡Alfa! ¿Qué pasa? ¿Qué hice mal?Regulus la contempló desde arriba, con una mirada completamente desprovista de calidez. Alice había ocupado un lugar que nunca le perteneció, arrebatando todo lo que debió haber sido de Leah y del cachorro.La voz de Regulus era fría como el hielo.—No hiciste nada mal. El error es que estés aquí. Nunca debiste llevar una marca que no te correspondía.El rostro de Alice palideció, y su voz empezó a temblar.—¿Qué quieres decir?—Exactamente lo que dije.Sin
Regulus no se fue.Encontró un lugar donde hospedarse en el pueblo y, todos los días, se quedaba vigilando cerca de la cabaña de Leah. No se atrevía a volver a usar la fuerza, pero tampoco podía aceptar que lo apartaran por completo. Así que lo único que podía hacer era esperar.Aquella tarde, como de costumbre, Regulus estaba de pie bajo la sombra de un árbol a lo lejos, con la mirada fija en la verja de la cabaña. Al segundo siguiente, todo su cuerpo se puso rígido.Un hombre lobo desconocido, cargando un maletín médico, llamaba suavemente a la puerta. Se veía limpio y sereno, vestido con las sencillas túnicas de un sanador del pueblo. Sus facciones eran tranquilas y amables.La puerta se abrió. Leah salió, y, en cuanto vio a Oliver Greene, una leve sonrisa apareció de verdad en su rostro.Era apenas una curva casi imperceptible, pero bastó para que a Regulus le ardieran los ojos.—Perdón por molestarte otra vez. Anoche durmió mucho más tranquilo —el tono de Leah sonó más liviano que
Regulus ignoró las protestas de los ancianos y abandonó la manada con sus guardias esa misma noche. El auto avanzó a toda velocidad por el camino, con el viento colándose por las ventanas, pero ni así logró disipar la inquietud que lo consumía por dentro.Sin querer, empezó a recordar detalles que antes había pasado por alto. Lo tranquila que había estado Leah cuando la mudaron al ala oeste. Su silencio frente a las burlas de Alice. La mirada vacía y muerta que aparecía en sus ojos cada vez que se cruzaban con los de él.¿Había descubierto algo?¿Por eso se había preparado para marcharse tan pronto, renunciando por completo a cualquier esperanza puesta en él?Cuando el auto se detuvo a la entrada del pueblo, el cielo ya empezaba a aclararse. A Regulus no le costó mucho encontrar el lugar donde Leah se había instalado. Era una pequeña cabaña ordenada en las afueras, con la ropita del cachorro colgada afuera, secándose al aire.Se quedó mirándola desde lejos, mientras algo se le apretaba






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