LOGINMe pasaba los días cocinando y disfrutando del sol cuando no era lo suficientemente fuerte como para quemarme la piel. En ocasiones me sentaba fuera del refugio y simplemente observaba los alrededores. Me gustaba hacerlo cuando el clima era agradable y no tenía ninguna tarea pendiente. Podía pasar horas sin escuchar otra cosa que el viento y los sonidos de los animales a lo lejos. También encontré un pequeño pasatiempo. Comencé a utilizar los huesos de los animales que cazaba para hacer algunas figuras con la punta de mi daga. Al principio eran formas bastante simples, porque no tenía demasiada habilidad y las herramientas que utilizaba no eran las adecuadas. Sin embargo, con el tiempo fui consiguiendo mejores resultados. Descubrí que algunos huesos eran más fáciles de trabajar que otros y que podía darles forma si tenía suficiente paciencia. No tenía un propósito concreto para aquellas figuras. Simplemente me gustaba tener algo que hacer cuando terminaba mis tareas y no necesit
Durante el resto del día me dediqué a preparar las armas que utilizaría para cazar. Entre la madera que me habían dejado los comerciantes encontré varias ramas largas y gruesas que eran bastante rectas. Las separé del resto y comencé a tomar los trozos grandes de vidrio que había rescatado de la puerta. Los acomodé en los extremos de las ramas y utilicé tiras de tela para sujetarlos con firmeza. No eran armas bonitas ni estaba segura de cuánto resistirían, pero tenían una punta afilada y, si conseguía clavarlas con suficiente fuerza, podrían servirme para herir a un animal. Preparé varias. Al caer la noche, terminé de acomodar mis cosas y me senté junto a la puerta con las lanzas al alcance de la mano y la daga junto a mí, escuchando cada sonido que llegaba desde el exterior.El tiempo pasó lentamente. Me dolía la espalda por la posición en la que estaba sentada y el cansancio comenzaba a pesarme en los párpados, pero no me permití dormir. Entonces lo escuché. Un ruido húmedo,
Regresar al carruaje no fue, sorprendentemente, complicado. Solo tenía que seguir las únicas huellas humanas que había sobre la tierra. Lo difícil fue abrir aquella maldita puerta y no vomitar en el intento, porque el olor que despedía el cadáver del sirviente era algo serio. La ropa estaba pegada a su cuerpo y la piel había comenzado a cambiar de color. Su rostro estaba hinchado, los labios apenas conservaban su forma y las moscas... Incluso antes de acercarme lo suficiente, el olor me obligó a contener la respiración. Tuve que hacer varios intentos antes de conseguir desprender la puerta. No era una tarea sencilla, sobre todo porque cada movimiento hacía que el olor escapara con mayor intensidad. Cuando finalmente cedió, la aparté cuanto pude y me alejé unos pasos para recuperar el aliento. Me quedé allí un momento, mirando el interior. Aún recordaba mi tiempo en aquella sucia mazmorra. Recordaba el cadáver que había sido mi compañero de celda y lo desesperada que habí
Miré los materiales y después a los desconocidos.Tendría que aprender a construir aquel refugio si quería pasar la noche bajo un techo.Me acerqué a ellos y escuché cada una de sus indicaciones con mucha atención.Me enseñaron a preparar una mezcla de tierra y agua. No servía cualquier tierra: debía ser una que pudiera compactarse sin deshacerse inmediatamente. Me explicaron que podía mezclarla con hierbas secas y fibras vegetales para darle mayor consistencia, hasta obtener una pasta espesa que pudiera utilizarse para levantar las paredes.La madera serviría como estructura. Primero tendría que colocar varias ramas gruesas para formar los soportes principales y después unirlas con otras más pequeñas, creando una especie de armazón. Sobre aquella estructura podría ir extendiendo la mezcla de tierra, apretándola con las manos y añadiendo capas hasta conseguir paredes lo bastante firmes como para protegerme del viento y del frío.El techo necesitaría especial atención. Me recomendaron
Aún recuerdo la risa de la anciana después de mi declaración.La mujer me observó durante unos instantes, todavía con aquella expresión divertida, y después se limitó a sacar un cuenco de una de las carretas para entregármelo.—Ve por agua y después acércate al fuego. Come algo antes de que sigamos hablando.No esperó mi respuesta. Se marchó en dirección a la fogata, como si mi petición hubiera dejado de interesarle por completo.Tomé el cuenco y obedecí.Aquella noche comí en silencio junto a ellos. Me limité a aceptar el plato que me ofrecieron y a comer despacio, procurando no demostrar demasiada desesperación, aunque mi estómago parecía dispuesto a devorar cualquier cosa que le pusieran delante.Cuando terminé, la anciana me hizo un gesto para que la siguiera.Dejó su lugar junto al fuego y comenzó a caminar hacia una zona un poco más apartada. Antes de seguirla, me aseguré de tener la daga conmigo. La llevaba oculta entre mis ropas, al alcance de la mano. Que no hubieran intentad
Permanecí quieta, esperando a que aquellos caballos llegaran hasta mí.A medida que se acercaban, pude distinguir que no venían solos. Tiraban de unas carretas que me recordaron a las que utilizaban los comerciantes en mi pueblo natal, aunque aquellas eran bastante diferentes. Sobre cada una habían colocado una especie de manta que servía como techo, sostenida por una estructura elevada que dejaba suficiente espacio en el interior para transportar mercancías y, posiblemente, personas. La tela caía por los costados, ocultando casi por completo lo que llevaban dentro. No podía ver si transportaban alimentos, objetos o alguna otra cosa, y mucho menos cuántas personas podrían viajar allí.Eran tres carretas de aquel estilo.Me tensé cuando la primera estuvo a escasos metros de mí. Apreté la empuñadura de la daga y procuré no hacer ningún movimiento brusco. No sabía quiénes eran ni qué podía esperar de ellos. Sin embargo, la primera carreta simplemente pasó de largo.La segunda hizo lo mi





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