LOGINREALEZA DE HIRAETH #1 Luego de perder su empleo tras defenderse de un acosador, Gianna recibe una oferta de un hombre misterioso que la invita a ser su asistente personal. Temerosa de que pudiera ser un traficante, o algo peor, ella declina y decide seguir con su vida; sin embargo, días después, expulsada de la universidad, vetada para trabajar de todos los bares y restaurantes de la ciudad, y con muchas cuentas por pagar, se ve obligada a aceptar la oferta de trabajo de aquel misterioso hombre, que resultó ser el Rey de la lejana nación de Hiraeth, Cameron III. Llegando a este nuevo y desconocido país, Gia se enfrentará a sí misma y a su nuevo jefe, un Rey misterioso del que no entiende por qué la contrató. Sin embargo, Cameron esconde bajo sus mangas unos cuantos trucos y verdades que revolverán todo en su vida, y que la harán preguntarse de dónde viene y, sobre todo, en quién puede confiar.
View MoreThe sirens blared at full capacity as the cop cars sped down Walker Street.
Deputy Halden pressed his right foot onto the gas pedal harder, and the car’s engine revved violently. These were the cases that broke even the hardest men down, and he knew that this one would be no different. He sighed as his partner placed a hand on his shoulder, they had to stay as calm as possible, and Halden knew it. He stopped the car once they reached the address the dispatcher had given them. This was it, and there was no going back. With one hand on his gun and the other on his walkie talkie, he advanced towards the beaten down door. A man was being dragged out in cuffs, and hurtling crude words towards the officers restraining him, and Halden had to suck in a deep breath to keep from losing his cool. Officers were lining the streets, and residents were clamoring out of their houses to see what was going on in their quiet neighborhood. Halden told a few of them to remain on their own property and to await further instructions. As he ducked under the neon yellow tape, he saw that a little boy was being carried out and his heart stopped. He couldn’t have been more than ten years of age.The boy’s black hair had been caked in dried blood, as well as fresh blood. Fickle strands matted to his bruised forehead, and his ankle was disfigured in a way that made him sick to his stomach.What made matters worse, was the glimpse he had of the child’s back. The rage that he had tried so desperately to push down, resurfaced at full force, and he swallowed harshly before turning to face the officer carrying him.“Take him to the ambulance, get his ankle checked out, and report back to me. Understood?” He barked the order, and made his way inside of the home. The atmosphere was somber as he entered the completely destroyed living room to see a smaller woman in handcuffs arguing with the police officer in front of her. Her hair matched that of the little boy. Deputy Halden’s blood ran cold when he heard the woman defending the man that was dragged out in cuffs, instead of her own child.She looked as if she were strung out on some drug, and the scratching at her arms only confirmed his theory further. He couldn’t stand to be near them any longer and made his way to the basement. The smell of blood, and other bodily fluids coated his nostrils, and to his horror, the basement was worse than the living room, far worse.DONOVANCuando llegó la hora de dormir, sentía que me estaba quemando y muriendo de frío a la vez, pero no le hice mucho caso y solo me metí en el saco de dormir y me acurruqué, cerré los ojos y pensé que dormiría como un bebé, como siempre… pero no.Más o menos noventa minutos más tarde, en medio del silencio en el que solo escuchaba la brisa y sentía un tremendo frío, no pude contener más mis dientes, y pequeños siseos comenzaron a oírse, seguidos del repiqueteo de mis piernas.Dios… no podía dejar de temblar. Por más que me apretaba en mí mismo, no podía dejar de hacerlo. Tenía frío, me mo.ría de frío.—Donovan… Don, ¿estás bien?De repente, el saco a mi lado se movió, y una pequeña luz iluminó la tienda, dejándome ver de refilón la cara de un adormilado Tom que, de no ser porque me sentía horrible, grabaría en mis memorias con celo.—Yo… yo…. y… o…No pude articular palabra porque el traqueteo de mis dientes no me lo permitía, y creo que eso fue lo que lo puso en sobre aviso. Ense
DONOVANDespués de eso, contrario a mis deseos, una pared se construyó entre Thomas y yo, y no tenía ni idea de cómo derribarla.Es que él era tan serio, tan correcto, tan regañón. ¡Vamos! Entendía que estábamos trabajando, ¿pero acaso no podía reírse ni un poquito?Antes de darme cuenta, la Reina decidió que su hijo debía salir a explorar el mundo, y lo envió a estudiar a diferentes lugares, siendo Estados Unidos el primer destino. Tom y yo fuimos asignados como parte de la escolta que solía acompañarlo a la escuela y, quizás porque estábamos lejos de casa, el castaño se volvió más severo.—Tienes que dejar de distraerte, Donovan. No puedes perder al señor de vista ni un solo segundo. Nunca se sabe qué podría pasar.Aquel regaño me supo crudo, en especial porque habíamos tenido un día largo persiguiendo a Su Majestad, quien decidió que era buena idea dar vueltas por ahí de camino al departamento en el que se alojaba, y los dos estábamos bastante cansados.—No me distraigo. Cálmate, ¿
DONOVAN¿Quién se cree que es?Recuerdo haberme hecho esa pregunta muchas veces en el pasado, y es que a veces nos hacemos suposiciones equivocadas de las personas, y nos alejamos sin darles la oportunidad de darse a conocer.Bueno, no es como que él quisiera que nadie lo conociera, pero se entiende.Para empezar, quizás debería presentarme. Soy Donovan Ford, y cuando todo este pequeño desastre comenzó tenía… ¿diecinueve años? Maldición… yo sí que era un idiota.Por aquel entonces acababa de terminar la escuela técnica de oficiales y, aunque sabía bien qué quería hacer con mi vida, me vi obligado a postergar mis planes por más o menos un año, pues mi madre enfermó y, al ser el hijo menor y estar más «desocupado», pensé que lo mejor sería cuidar de ella.—¿Estás seguro que quieres ir ahí, Dony? Sé que tienes excelentes calificaciones y todo, ¿pero no es un poco peligroso estar tan cerca de Su Majestad? —preguntó mi madre un día, al verme sostener mi carta de aceptación en la Guardia Re
CAMERONTenía una concepción de mi propia vida y de la realidad bastante diferente a lo que muchos esperarían de mí. Si la Reina Victoria estuviera viva, probablemente me habría condenado al paredón hace mucho. Yo no poseía la tradición en mis venas como mis familiares lejanos, los Windsor, ni las ansias de hacer todo bien como mis otros parientes, los Bernadotte.Solo era un chico que creaba su propia concepción de la realeza, una no tan ruda y cruda como todas las demás, una más realista, porque así había crecido, enfrentando una y otra vez la realidad y, para ser sincero, entre el país y mi familia, elegiría diez millones de veces a mi familia. Solo por eso era un mal Rey, pero el único al que podían darle el trabajo.El resto de mi familia estaba hecha pedacitos: el tío Jacob muer.to, mis otras tías alejadas, porque no es como que desarrollaron buenos sentimientos por mí de la noche a la mañana, aunque sí existía cierto acercamiento, no lo negaré; los hijos de Jacob y su esposa se






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