LOGINEl silbato final resonó por toda la cancha y un rugido de victoria se alzó desde las gradas, su instituto había ganado, desde su sitio, Aileen vio cómo Masón alzaba los brazos, gritando como si acabara de ganar el Super Bowl, y sus compañeros corrían a abrazarlo, Tiffany y las porristas comenzaron una coreografía improvisada mientras la multitud estallaba en vítores.
En cuanto terminó, chilló como si su cuerpo estuviera siendo arrancado de sí mismo otra vez, su pelaje negro comenzó a desprenderse en mechones gruesos que caían al suelo como cenizas, cada mechón que caía dejaba ver debajo un brillo distinto.Un blanco puro, un blanco imposible, un blanco que no pertenecía a ningún lobo común.— No... no puede ser... — susurró River, con la voz rota.El pelaje negro cayó en cuestión de segundos, y donde había estado ese lobo azabache poderoso y fiero, ahora se alzaba uno blanco, reluciente, casi luminoso, su respiración era profunda, el aire a su alrededor parecía temblar. Masón dio un paso adelante, sin poder despegar los ojos de la criatura.— Ese... no es un lobo corriente. — susurro — Es un lobo de luna... — murmuró, temblando por primera vez en siglos — Un lobo que nace una sola vez cada era. — el cuervo graznó con violencia desde su rama.El lobo blanco —Leo— giró su cabeza hacia el hospital, y en sus ojos, en ese blanco gélido que había sustit
Apenas cruzaron la puerta del área de emergencia, los monitores que Aileen llevaba conectados comenzaron a emitir un sonido extraño, primero un pitido irregular, luego uno más rápido, y de pronto.Piiiiiiiiiiiiiiiiiiii.— ¡RITMO INESTABLE! — gritó una enfermera — ¡ASISTOLIA INMINENTE! — los números en la pantalla cayeron en picada.De 89 latidos por minuto... a 40... 20... 10... Eleonor soltó un alarido que desgarró el pasillo.— ¡¡AILEEN NO!! ¡¡NO TE VAYAS MI NIÑA, NO TE VAYAS!! — Anna la abrazó con fuerza, sintiéndola temblar completa.— ¡NECESITO ADRENALINA! — ordenó un médico mientras empujaban la camilla más adentro — ¡PREPAREN EL DESFIBRILADOR! — Leo llegó corriendo en ese mismo instante.Su rostro estaba rojo, su pecho subía y bajaba con violencia, cuando vio los monitores bajando, los cables, los médicos rodeándola, el mundo se le estrechó en un túnel.— ¡¿QUÉ ESTÁ PASANDO?! — rugió, intentando empujar a los enfermeros.— ¡Saquen al familiar afuera! — gritó una doctora — ¡Está
Al otro lado del instituto, la práctica seguía como cualquier mañana, los chicos corrían, reían, se quejaban del frío y del cansancio, la pelota rebotaba contra el suelo, los silbidos marcaban las jugadas, y Leo, como siempre, era el centro del equipo, pero algo estaba mal.Muy mal, Leo falló un pase sencillo, después falló otro, luego un tiro a quemarropa, Noah y River lo miraron raro.— Bro... ¿Qué te pasa? — preguntó River, acercándose con la respiración agitada.Leo no respondió, el lazo, algo en su pecho estaba apretado, inquieto, vibrando como si alguien lo llamara desde abajo del agua, el entrenador dio dos pasos hacia él.— Whitmore ¿Te golpeaste? Estás pálido. — Leo abrió la boca para responder, pero de pronto.¡PAF!Un golpe invisible, seco, directo al abdomen, se dobló en dos con un gemido brutal, las rodillas casi tocando el suelo.— ¡LEO! — Noah corrió a sostenerlo — ¿Qué carajos fue eso? — Leo respiró entrecortado, sintiendo un calor insoportable que se extendía desde su
Aileen dudó, su estómago dijo no, su cabeza dijo no, pero conocía demasiado bien esa expresión derrotada que Rebeca sabía imitar cuando quería conseguir algo.— Está bien... — dijo finalmente — Vamos, pero rápido. — Rebeca sonrió como si hubiera ganado un premio.— Gracias, mi amor, tu sí tienes buen corazón. — Aileen no respondió.Se colocó un poco al frente para guiarla, Rebeca la siguió con pasos tranquilos, casi felices, como si fueran madre e hija en un día normal, pero cada par de segundos, Aileen notaba cómo la mirada de Rebeca se desviaba hacia el cuervo, que no batía las alas, no graznaba, no volaba; solo caminaba detrás de ellas, sin apuro, con las plumas hinchadas y los ojitos negros clavados en la nuca de Rebeca.— ¿Ese pájaro siempre te sigue así? — preguntó Rebeca con un tono incómodo.— Leo lo entrenó para que me cuide. — respondió Aileen sin darle mucha importancia, aunque sabía que eso, para Rebeca, tenía un peso distinto.La mujer soltó una risa incómoda.— Ah... qué
Leo ya tenía todo preparado cuando el reloj marcó las cinco y media, no había dormido ni un minuto desde que se acostaron, se levantó sin hacer ruido, bajó a la cocina y armó dos cajas de desayuno: panqueques, fresas, un termo con chocolate caliente para ella y café fuerte para él, metió todo en una mochila y la dejó en la mesa, junto a las llaves y su chaqueta.Cuando volvió al cuarto, Aileen apenas empezaba a moverse entre las sábanas, su cabello estaba revuelto, su voz ronca de recién despierta.— ¿Leo? ¿Por qué estás vestido? — preguntó, frotándose un ojo.Él se sentó en la orilla de la cama y le tomó la mano.— No quiero que te quedes sola aquí, hoy no... — dijo con suavidad, aunque el cansancio y la tensión le endurecían los ojos — Me voy a entrenar, pero... te voy a llevar conmigo, te acomodas en las gradas, te quedas viendo o duermes, lo que quieras, pero no te quedas aquí. — Aileen lo observó un momento, callada.Sabía que algo lo tenía inquieto desde la noche anterior, pero
Los puestos seguían iluminados con luces naranjas, moradas y verdes, y el olor a comida se mezclaba con el aire frío de la noche, aunque todos estaban satisfechos por la cena del claro, ver tanta botana irresistible era un pecado, así que pecaron felices.Aileen compró un pay de calabaza "para el pollo de Satán", como ella decía, el cuervo graznó indignado porque eso de "pollo" le hería el ego, pero cuando le dieron una cucharadita de relleno dulce, dejó de quejarse. Noah y Elías pidieron pinchos de carne; River se comió uno antes de siquiera pagarlo; y Aileen recibió su vasito de elotes con su mezcla favorita; mantequilla, queso y chile.— No sé cómo te cabe más. — bromeó Leo, tomando un pedazo del pay "de Satán" sin permiso.— Soy bruja... — respondió Aileen con la boca llena — Metabolismo sobrenatural. — le guiño un ojo.— Eso no existe. — rio él.— Pues invéntalo. — mientras todos reían, Leo sintió el celular vibrar en el bolsillo.Sacó el teléfono y la pantalla decía claramente:







