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Capitulo 73

Autor: Paula C
last update Fecha de publicación: 2026-02-03 18:49:03

Lo miré a los ojos, mi corazón latiendo con fuerza en mi pecho. "Ja..." solté una risa amarga y sin emoción, mi voz temblando de ira y dolor. "¿Sentir algo por mí?" dije, mi voz llena de incredulidad. "¿Después de todo lo que me hiciste? No te atreves a hablar de sentimientos, Rodrigo".

Mi voz se elevó, y pude sentir la ira y el dolor que había estado reprimiendo. "Tú no tienes derecho a sentir nada por mí. Tú lo destruiste todo cuando me engañaste", dije, mi voz quebrada por la herida en mi
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Último capítulo

  • La conquista de un corazón frio   Epílogo

    Han pasado cuatro años desde aquella tarde en la playa donde intercambiamos promesas frente al mar, y si cierro los ojos, todavía puedo sentir la sal en mis labios. Pero hoy, el aroma que llena mi vida es muy distinto: es el aroma de las peonías frescas en el jarrón del salón y el olor a madera nueva de la cuna que Rodrigo terminó de armar ayer mismo. Me acaricié la barriga, que ya pesaba con la contundencia de los ocho meses. Dentro de mí, una pequeña vida daba pataditas rítmicas, como si tuviera prisa por salir a conocer el mundo que la esperaba. Una niña. Rodrigo, el hombre que una vez creyó que su destino eran solo rascacielos y cifras, casi se desmaya de la emoción cuando el doctor nos lo confirmó. Para él, este embarazo ha sido un viaje de redención. Con Thiago, se perdió los primeros pasos, las primeras palabras, el asombro del primer diente. Esta vez, Rodrigo ha vivido cada náusea, cada ecografía y cada antojo de medianoche como si fuera el milagro más grande de la humanida

  • La conquista de un corazón frio   Capitulo 186

    El sonido del mar no era un rugido, sino un susurro cómplice que acariciaba la arena blanca de la costa. Me miré en el espejo de cuerpo entero de la villa y, por primera vez en toda mi vida, no busqué defectos, ni ojeras, ni rastros de aquel cansancio crónico que me había acompañado durante años de huida. El vestido, de una seda que parecía líquida, caía sobre mi cuerpo como una caricia fría pero reconfortante. Sin embargo, era el velo lo que atrapaba toda mi atención. Era de un azul profundo, casi cerúleo, que Liliana me había sugerido con una sabiduría casi mística. Se movía suavemente con la brisa que entraba por la ventana, como si tuviera vida propia, como si fuera un pedazo de cielo atrapado entre mis manos. —Estás… —La voz de Layla se quebró en la puerta. Llevaba un vestido color champán que resaltaba su alegría habitual, pero sus ojos ya estaban cristalinos—. Estás para que te escriban un poema, Ale. No, un libro entero. Sonreí, pero mi reflejo me devolvió una sombra de mela

  • La conquista de un corazón frio   Capitulo 185

    Había pasado apenas una semana desde que regresamos de las montañas suizas, pero sentía que mi ADN se había reconfigurado. El frío de los Alpes todavía vivía en mis mejillas, pero el calor que traía en el pecho era nuevo, sólido. No era la euforia pasajera de un romance de verano; era la paz de saber que todas las piezas del rompecabezas, por fin, encajaban. —¡Alexandra! Si te quedas mirando esa ventana un segundo más, voy a pensar que te estás arrepintiendo y tendré que secuestrarte para que no cometas una locura —la voz de Layla, vibrante y cargada de ese sarcasmo que tanto me había salvado la vida, me trajo de vuelta a la realidad. Estábamos en el ático de mi casa, rodeadas de catálogos de papel grueso, muestras de seda salvaje y un ejército de tazas de té a medio terminar. Layla, mi mejor amiga, la que sostuvo mi mano cuando no había diamantes ni promesas, estaba sentada en la alfombra con las piernas cruzadas, rodeada de muestras de flores secas. A unos pasos, mi madre sostení

  • La conquista de un corazón frio    Capitulo 184

    La mañana en la cabaña se filtró por las cortinas con una timidez dorada, muy distinta al fuego voraz de la noche anterior. Me desperté con el peso reconfortante del brazo de Rodrigo sobre mi cintura y el sonido de la respiración acompasada de Thiago, que en algún momento de la madrugada se había colado entre nosotros. Por un instante, deseé que el mundo se detuviera ahí. No quería más contratos, ni ciudades ruidosas, ni pasados que sanar. Pero la vida, cuando es plena, siempre te empuja hacia adelante. ‎Rodrigo se removió y me buscó la mirada. No había rastro de sueño en sus ojos, solo una determinación suave, una que me hizo saber que lo que estaba a punto de decir cambiaría el rumbo de nuestra pequeña burbuja. ‎—Alexandra —susurró, apartándome un mechón de pelo de la cara—, anoche, mientras te veía con Thiago frente al fuego, entendí que ya no puedo seguir guardando mi felicidad en compartimentos estancos. ‎Me incorporé un poco, intrigada. Él tomó aire, como si estuviera a punto

  • La conquista de un corazón frio   Capitulo 183

    ( Alexandra) El rítmico golpe del agua contra el muelle era lo único que desafiaba el silencio, y me pareció la música más honesta que había escuchado en años. Me quedé un momento apoyada en el marco de la cocina, observando la escena: Rodrigo peleaba con la leña —con más voluntad que destreza—, mientras Thiago orbitaba a su alrededor, insistiendo en que mañana necesitábamos una red de pesca. Cerré los ojos y respiré. El aroma a pino y tierra mojada se me instaló en los pulmones, limpiando los restos de la ciudad. Es increíble lo rápido que el cuerpo reconoce dónde está la paz. Me puse manos a la obra con la cena. Nada sofisticado; esta noche no había ejecutivos que impresionar ni protocolos que seguir. Solo quería alimentarlos. Mientras picaba el ajo, el aroma de la albahaca fresca me trajo un recuerdo fugaz de aquella casita cerca del mar donde aprendí a cocinar entre errores y tutoriales. En aquel entonces, la cocina fue la trinchera que compartí con mi madre. Entre el vapor

  • La conquista de un corazón frio   Capitulo 182

    ‎Me quedé mirando a Alexandra un segundo más, ignorando el parpadeo constante de la pantalla de mi ordenador que anunciaba correos urgentes. Aquella oficina, que durante tres años había sido mi cuartel de guerra y mi celda de aislamiento, de pronto se sentía pequeña, asfixiante de tanto acero y cristal. ‎—Ale —le dije, tomando sus manos y atrayéndola hacia el gran ventanal que dominaba la ciudad, el mismo lugar desde donde tantas veces planeé cómo destruir a mis enemigos para no pensar en mi propio vacío—. Quiero llevarlos a conocer un lugar. ‎Ella me miró con curiosidad, ladeando la cabeza mientras Thiago seguía intentando descifrar el mecanismo de mi silla giratoria. ‎—Tengo una propiedad en la zona norte —continué, bajando la voz—. Es un lugar que compré en un momento de impulso, buscando una salida que nunca llegué a usar. Quiero que vayamos ahora mismo. Si te gusta, si sientes que puedes respirar ahí, será nuestra. Quiero que elijas cada detalle, que borres cualquier rastro

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