تسجيل الدخول—Por ejemplo… un beso.El rostro de Valeria se encendió al instante; incluso las puntas de sus orejas parecían arder.—¿D-de dónde sacaste esa idea absurda? —tartamudeó.—No es absurda —respondió Alejandro con absoluta calma.Y, para colmo, empezó a explicarlo con total seriedad:—Cuando las personas se besan, el ritmo cardíaco se acelera, mejora la circulación sanguínea y el cerebro libera endorfinas y dopamina. Son analgésicos naturales y sustancias asociadas al bienestar.Valeria se quedó completamente desarmada ante aquella “explicación científica”. Entre la vergüenza y la confusión, ni siquiera encontraba cómo rebatirlo.Alejandro la observó; una leve sonrisa asomaba en sus ojos.—Así que… tal vez deberíamos intentarlo. Quizá funcione mejor que un analgésico.¿Intentarlo? ¿Qué? ¿Aliviar el dolor con un beso?Valeria sintió que su cabeza estaba a punto de estallar.Lo miró fijamente, buscando alguna señal de que él bromeaba, algún gesto de burla…Pero no encontró nada.Solo una ser
Valeria miró la hora.Casi las diez.Ya era tarde.Debería volver a la villa, terminar de revisar la presentación y descansar un poco.Guardó la computadora con cuidado en el bolso y se puso de pie.Apenas se puso de pie, Alejandro abrió los ojos.—¿Te vas ya? —su voz era baja, algo ronca por el sueño.La estaba mirando directamente.Valeria sostuvo el bolso entre las manos.—Sí. Mañana tengo la presentación temprano. Necesito descansar. Tú también deberías hacerlo.Alejandro la observó en silencio.Parecía querer decir algo… pero al final no dijo nada.Solo la siguió mirando.Valeria caminó hasta la puerta.Apoyó la mano en la manija y se detuvo.Se giró otra vez.Alejandro seguía mirándola.Solo…pálido.En una habitación de hospital que no era su país.Esa imagen le provocó una sensación extraña en el pecho.Compasión.Molestamente humana.Suspiró suavemente.“Con lo que gana… tampoco es tan grave quedarse un rato”, pensó.Soltó la manija.—Eh… —dijo con cierta duda—. ¿Aquí hay buena
Ese pensamiento le provocó a Valeria una sensación extraña.Ese hombre que en el mundo de los negocios parecía imparable, casi inquebrantable… ahora estaba ahí, recién operado, solo en un hospital extranjero.¿También podía sentirse solo?¿También necesitaba compañía?Se quedó en silencio unos segundos.Si lo pensaba desde el punto de vista de su “rol de esposa”, tal vez quedarse era lo correcto.Pero si lo veía como un contrato…satisfacer ciertas necesidades razonables del cliente también podía considerarse parte del trabajo.Al final, era un acuerdo con una compensación considerable.Valeria exhaló suavemente.Se levantó y fue hacia el sofá pequeño junto a la ventana. Sacó su computadora del bolso.—Voy a repasar la presentación de mañana aquí, ¿está bien? —dijo, abrazando la laptop contra el pecho—. Puede que haga algo de ruido. Si necesitas descansar, yo…—Está bien —la interrumpió Alejandro sin dejarla terminar.Su tono fue directo.Pero no frío.Incluso había algo leve en la cur
—Esto… —la voz de Valeria sonó seca—, no es que no crea en ti.Alejandro soltó un suspiro apenas audible; en lo profundo de sus ojos se arremolinaban emociones que Valeria no podía descifrar.—Valeria —dijo al fin—, no me casé contigo para tener a alguien manejable, alguien que acepte cualquier cosa sin preguntar.Hizo una pausa breve.—Si algún día tengo un hijo, llevará mi nombre sin dudas ni escondites.Las palabras cayeron con firmeza.Demasiada firmeza.Valeria sintió el rostro arderle ligeramente.La sospecha que había sostenido hasta hacía unos minutos ahora le parecía… inapropiada.Bajó la mirada.—Perdón, es que yo…No terminó la frase.Porque no era fácil explicarlo. Sólo estaba acostumbrada a pensar mal de la gente, a calcular riesgos y costos antes de recibir algo.—No tienes que disculparte —respondió Alejandro—. Yo no he hecho suficiente para que te sientas segura. Nuestro comienzo no fue común; entiendo tus dudas hacia mí.Cerró los ojos un instante y, al abrirlos, repri
Kevin miró el rostro pálido de su jefe y la herida que no dejaba de sangrar. Sacó el teléfono y llamó a Marcos.—Marcos, la herida del señor Ferrer se abrió. Vamos ahora mismo al Hospital Santa Madra, acabamos de aterrizar.Colgó y volvió la mirada hacia Alejandr, que ya había perdido el conocimiento. El corazón de Kevin no dejaba de latir con fuerza.Marcos colgó con el ceño fruncido.Fuera como fuera, la esposa del señor Ferrer tenía derecho a saberlo.Después de dudar un momento, llamó a Valeria.—¿Marcos?—Señora Ferrer —dijo Marcos midiendo sus palabras—. El señor Ferrer se sometió a una cirugía laparoscópica menor. Debería haber estado en reposo, pero insistió en venir a Santa Maravilla… probablemente el viaje fue demasiado duro, la herida volvió a sangrar y ahora lo están llevando al hospital.Valeria se quedó en silencio por un instante.Así que era cierto.La operación no había sido una excusa.¿Y el niño?¿También había sido un malentendido?Sus pensamientos chocaban entre sí
—Sí, señor Ferrer.Valentina sabía que no había forma de detenerlo. Soltó un suspiro y terminó cediendo.—Te reservo el vuelo.—Gracias, Valentina —la voz de Alejandro se suavizó apenas.Valentina lo miró en silencio.Estaba pálido.Demasiado pálido.Su hermano siempre había sido así: disciplinado, frío, controlado.Como si no perteneciera del todo al mundo de las emociones.Durante años pensó que seguiría así para siempre.Trabajo. Responsabilidad. Distancia.Ese había sido su único universo.Hasta hace seis años.Recordaba perfectamente aquel día.Había entrado por casualidad al estudio de Alejandro.Sobre el escritorio había una fotografía.Una chica de cabello largo hasta la cintura, bajo la luz del sol, hablando en un escenario. Sonreía con una seguridad tranquila, casi desafiante.—¿Quién es? —había preguntado.—Una chica —respondió él, sin más.Nada más.Pero después supo la verdad.Era Valeria.La misma chica que Sebastián perseguía en aquel entonces.Valentina sintió un escalo