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Capítulo 4

Author: Zaira Zaira
Valeria soltó un suspiro de alivio.

Una empleada la condujo hasta su habitación.

Era prácticamente una suite: dormitorio, vestidor, baño y una pequeña sala privada. La vista al lago era simplemente impresionante.

Pero lo que realmente la dejó sin palabras fue la decoración. Todo coincidía perfectamente con sus gustos.

El vestidor ya estaba repleto: ropa casual, vestidos de gala, lencería, accesorios… todo a su medida.

—El señor Ferrer ordenó preparar todo personalmente —explicó la empleada, la señora Laura—. Si siente que falta algo, puedo solicitarlo de inmediato.

Valeria negó suavemente con la cabeza.

—Es más que suficiente. Gracias.

Se acercó a la ventana de piso a techo y contempló el lago, sintiendo que aquello no podía ser real.

Hace apenas una semana, Sebastián la había dejado. Su sueño de pertenecer a una familia adinerada se había hecho pedazos. Vivía en un pequeño departamento y todavía lidiaba con sus padres.

Y ahora…era la señora Ferrer.

Vivía en una mansión frente al lago y cualquier vestido de ese vestidor valía más que varios años de salario de una persona común.

La vida podía ser absurda.

***

La cena transcurrió en un silencio incómodo. Alejandro hablaba poco y Valeria no sabía qué decir, lo que hacía la atmósfera algo tensa.

Cuando terminaron, Alejandro dejó los cubiertos sobre la mesa.

—Mañana vuelo a Puerto Victoria por dos días. Luego iré a Santa Maravilla por trabajo durante una semana.

Valeria levantó la vista.

—Qué coincidencia… yo también viajaré a Santa Maravilla la próxima semana. La empresa me asignó un proyecto allá.

—Lo sé.

Alejandro se levantó mientras se acomodaba las mangas de la camisa.

—Por eso retrasé mi itinerario. Viajaremos juntos. ¿Dónde te hospedarás?

—La empresa reservó un hotel en el distrito siete.

—Tengo una villa en el distrito dieciséis, cerca de tu lugar de trabajo. Quédate allí. Marcos se encargará de los traslados.

Luego añadió, con calma:

—Aún tengo algunos asuntos pendientes. Descansa temprano.

Ya estaba por subir las escaleras cuando se detuvo nuevamente.

—El grupo Ferrer tiene un estudio de diseño. Cuando regreses de Santa Maravilla, puedes postularte directamente para directora creativa.

Valeria se quedó boquiabierta.

Apenas llevaba un tiempo trabajando.

—¿Por qué? —preguntó, incapaz de ocultar su sorpresa—. ¿Solo porque soy su esposa?

Tenía muchas dudas.

¿Por qué ella?

¿Por qué casarse con ella?

¿Qué podía ganar Alejandro con todo esto?

Ese matrimonio le provocaba una sensación de inseguridad, pero a la vez… no podía rechazar condiciones tan perfectas.

Alejandro la miró fijamente.

—Primero, por tu talento. Y segundo, porque quiero que mi esposa pueda brillar al máximo.

Por primera vez, Valeria entendió lo que significaba que alguien te impulsara hacia adelante.

Aun así, negó suavemente con la cabeza.

—Gracias, pero quiero seguir creciendo en LYNX Design unos años más. Aún no estoy lista para un puesto así.

Alejandro asintió con tranquilidad.

—Respeto tu decisión.

Luego subió al segundo piso.

***

Ya entrada la noche, Valeria salió del baño tras ducharse y escuchó movimiento en la planta baja.

Al bajar, encontró a Alejandro sentado en el sofá con una laptop sobre las piernas.

Se había cambiado: pijama, sin lentes. Lucía menos frío, más relajado.

—¿Todavía despierta?

—Creo que no puedo dormir porque no estoy acostumbrada —admitió ella.

Alejandro palmeó suavemente el espacio a su lado.

—Ven.

Valeria dudó un instante antes de sentarse, manteniendo cierta distancia.

Alejandro la observó brevemente y luego se levantó para servirle una copa de vino caliente.

—Toma.

El calor del vino descendió por su garganta, relajando su cuerpo. Sin darse cuenta, terminó la copa completa.

—Señor Ferrer…

—¿Sí?

Valeria giró el rostro hacia él. Sus ojos, ligeramente humedecidos por el alcohol, brillaban bajo la luz tenue.

—¿Por qué se casó conmigo? Si solo era para tranquilizar a su madre… tenía muchas opciones mejores.

Alejandro guardó silencio unos segundos antes de hablar.

—Porque eres adecuada. Inteligente. Lúcida. Sabes lo que quieres y puedes conseguirlo. Tienes una fuerza increíble… como la hierba salvaje: aunque la quemen, vuelve a crecer.

Sus ojos permanecieron fijos en ella.

—Valeria, la mujer que esté a mi lado debe ser capaz de caminar conmigo. Y creo que tú puedes hacerlo.

Ella no supo cómo responder. Alejandro estaba en una posición inalcanzable, pero nunca la miraba desde arriba.

Se acercó lentamente.

Sus dedos rozaron suavemente su mejilla.

—Entonces, señora Ferrer… ¿intentamos ser un verdadero matrimonio?

El contacto le quemó la piel.

—¿Cómo… lo intentamos?

Alejandro bajó la cabeza y besó lentamente sus labios.

Quizá el vino le había dado valor. Esta vez, Valeria no retrocedió.

Cerró los ojos y apoyó las manos sobre los hombros del hombre.

El beso se profundizó.

La mano de Alejandro descendió desde su mejilla hacia el cuello… y se deslizó lentamente dentro del cuello de su pijama.

Valeria tembló apenas.

—¿Te doy miedo? —murmuró él contra sus labios.

—No… bueno, quizá un poco.

Ella abrió los ojos y lo miró directamente.

—Pero quiero dejar algo claro. Me casé con usted por dinero, estatus… y tal vez un poco por venganza contra Sebastián. No estoy enamorada de usted.

Alejandro la besó suavemente.

—No tienes que explicarlo. Lo sé.

Pero algún día…

Haría que ella lo amara.

Sin decir más, la levantó entre sus brazos y comenzó a subir las escaleras.

La puerta de la habitación principal se abrió de un golpe y volvió a cerrarse.

Valeria sintió que el cuerpo de Alejandro estaba increíblemente caliente.

Demasiado.

Con la cabeza recargada hacia atrás, miró la lámpara del techo balanceándose frente a sus ojos.

—Señor Ferrer… —lo llamó con voz ronca.

—¿Mm?

Alejandro besaba lentamente su clavícula.

—Tiene que cumplir su palabra…

Ni siquiera tuvo tiempo de especificar cuál.

Porque él respondió junto a su oído:

—Yo nunca rompo una promesa.

***

A la mañana siguiente, al intentar moverse, Valeria soltó un pequeño jadeo.

Todo el cuerpo le dolía.

¿Y qué pasó con eso de “no voy a tocarte hasta que estés preparada”?

¿Y el hombre frío y distante del que todos hablaban?

Ese hombre estaba completamente loco.

Valeria logró sentarse en la cama mientras la sábana resbalaba de sus hombros, dejando visibles varias marcas rojizas.

Por suerte, Alejandro ya se había ido.

Después de conocer aquella otra faceta suya… sinceramente no sabía cómo mirarlo a la cara.

Clavícula…pecho…cintura.

El cuerpo entero marcado.

—Definitivamente los rumores son mentira… —murmuró con voz ronca.

¿Qué hombre frío y distante?

El hombre que la mantuvo despierta hasta la madrugada parecía otra persona.

El celular vibró.

Era una llamada de Camila Rojas, su mejor amiga.

—¡Valeria! ¿Ya viste las redes? —la voz de Camila sonaba furiosa—. Ese imbécil de Sebastián acaba de anunciar su compromiso con Luciana.

Valeria apenas reaccionó.

—Qué bien por los novios.

Camila casi explotó.

—¡Se acabaron hace días! ¡Lo hizo a propósito para provocarte!

—Tal vez… —Valeria bajó de la cama y abrió las cortinas.

El lago reflejaba la luz del sol y a lo lejos se veía Santa Verona.

Aunque trabajara toda la vida sola… jamás podría permitirse una casa como esa.

Entonces dijo con calma:

—Camila… me casé.

Hubo al menos treinta segundos de silencio.

—¿Qué…? ¿Con quién? Valeria, deja de bromear.

—Me casé —repitió ella—. Con Alejandro Ferrer.

La voz de Camila subió varios tonos.

—¿Alejandro Ferrer? ¿El padre de Sebastián? ¡¿Te volviste loca, Valeria?!

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