INICIAR SESIÓNAbandonada por una familia que no comprende su forma de ver la vida, regresa a sus raíces para encontrar a su amor ideal que la ayude a escapar del compromiso matrimonial, pero el destino tenía otros planes. Pareja principal: María Grass (Majo) - Gianluca Ricci Pareja secundaria: Elisa Ruiz - Fernán Grass
Ver másCap. 1 - Ley de Murphy
«Si algo puede salir mal, saldrá mal».
María Joaquina Grass
Mi llegada al aeropuerto fue caótica. Con la inocencia de una joven promedio, me lancé con todos mis ahorros en busca de ese amor idealizado que había conocido a través de un juego en línea. Lo sé: era una relación que definitivamente estaba destinada al fracaso, pero, como buena argentina acostumbrada a sufrir, «elegí creer».
Mi vuelo llegó antes de lo planeado, un 15 de enero a las 6:00 a. m. Estaba segura de que la vida me daba su visto bueno, o eso creía. Bajé del avión con mis jeans ajustados y una remera demasiado ligera para las temperaturas de Madrid. Sabía que saldría en verano y llegaría en invierno, pero había decidido ser práctica: al llegar, buscaría mi maleta y sacaría algo de abrigo. En mis planes, perder el equipaje no era una opción.
La gente a mi alrededor me miraba extrañada. Claramente llamaba demasiado la atención, pero, con una seguridad que no tenía, me mantuve firme ante las miradas burlonas frente a la cinta transportadora, que ya desfilaba vacía. Resignada, fui al mostrador para iniciar los trámites por la pérdida del equipaje y compré el abrigo más económico que encontré. Aun así, estaba segura de que Luca me esperaría en la puerta, como había prometido.
La mañana se convirtió en noche. Su último mensaje había llegado antes de aterrizar:
—Espérame. Tengo una reunión de trabajo, pero prometo llegar a tiempo.
Como una ilusa, me quedé esperando durante horas. Con el corazón roto, intenté contactarlo, pero su cuenta había sido desactivada.
Respiré hondo y analicé la situación. ¿Había caído en la burda broma de un estafador? ¿O solo era un idiota que me había roto el corazón? Ahora que no tenía futuro con el chico del chat, me quedaban dos opciones, y la segunda era un rotundo ¡no! Me tragué las lágrimas que amenazaban con brotar y salí del aeropuerto rumbo al pequeño monoambiente que había alquilado. Compré algo para comer y decidí prepararme para asistir a algunas entrevistas de trabajo al día siguiente.
Mis documentos de residencia estaban en orden y tenía la ciudadanía al día, algo de lo que mis padres se habían encargado apenas nací. Solo necesitaba homologar mi título universitario.
La noche fue larga. Necesitaba dormir, pero el desfase horario y la frustración de haber sido tan ingenua como para pensar que mi «novio virtual» me estaría esperando solo consiguieron que diera vueltas una y otra vez.
La búsqueda laboral fue terrible. Estaba sobrecalificada para los puestos que ofrecían y las condiciones laborales no eran las que esperaba.
Luego de múltiples decepciones, contacté a la única persona en quien podía confiar: Elisa Ruiz, mi amiga de la infancia y confidente.
—Eli, estoy en Madrid. ¿Podríamos vernos? Necesito hablar.
Sin decir mucho, me envió la dirección de su oficina.
Al llegar al Grupo Ruiz, me anuncié en la recepción y subí directamente a su oficina. Llevábamos más de dos años sin vernos. Me esperaba con una sonrisa y un montón de preguntas.
—Odio estar en medio y tener que mentirle a mi prometido. Solo dímelo: ¿saben que regresaste a España? —preguntó Elisa.
—Con esa familia cortamos lazos hace muchos años. Ellos no me quieren y el sentimiento es mutuo —respondí.
—No has cambiado nada. Mientras no pregunten, mantendré el secreto.
—¿Serías capaz de traicionarme solo por un hombre que nunca te dio tu lugar?
—¡Es tu hermano mayor, respétalo!
Fernán era su límite, su gran amor imposible.
—Como quieras, pero solo dime que esa arpía conquistó a tu primo, que están casados y que tienen muchos hijos.
—María Joaquina Grass, sigues siendo la prometida de Gianluca Ricci, pero ya se rumorea que le propuso matrimonio a esa zorra.
—Espero que tengan una boda grande y ostentosa. Eso me dejaría libre.
—Mejor no hablemos de cosas tristes. ¿Dónde vives? Estaba segura de que nunca dejarías Argentina. Amas ese país. Soy tu mayor admiradora, pero tu personalidad nunca será aceptada por aquí —dijo en referencia al grupo familiar y social al que pertenecía—. ¿Necesitas trabajo? ¿Piensas quedarte? No tengo muchos contactos en el ámbito de la salud, pero algo conseguiré.
—Tranquila, no me interesa que me «acepten». Estoy esperando la homologación del título y luego me iré lejos de Madrid. Tengo cubierto un año de alquiler y, con mis ahorros, puedo asegurarme lo básico. Me ajustaré a un presupuesto estricto. No sería la primera vez.
—Cómo disfrutas sufrir. Solo preséntate en tu residencia y actúa con sumisión. Sé la delicada señorita Grass.
—Prefiero limpiar las calles de Madrid con un cepillo de dientes —respondí, molesta.
—Si estás dispuesta a todo, podrías cuidar a la abuela Katia. Le diagnosticaron demencia senil y odia a todos los miembros de nuestra familia. No la juzgo, esa mujer tiene razones muy fundadas. Intento ser una buena nieta y estar presente el mayor tiempo posible, pero nunca puedo estar segura de que no la maltraten.
—Acepto. No es necesario que me pagues un sueldo. Ella fue mi único apoyo cuando todavía vivía en la casa familiar. Se lo debo.
—Claro que te pagaré. Pareces una persona sin hogar. Recuerda que eres una médica graduada con honores. Solo que no sabes encontrar a los pacientes correctos —dijo, guiñándome un ojo.
Después fuimos a la residencia. Antes, pasé por una tienda de insumos médicos y compré lo necesario. Como aún no estaba habilitada para ejercer, solo trabajaría como su cuidadora personal.
El lugar era una jaula de lujo. No maltrataban abiertamente a los residentes, pero tampoco cumplían realmente lo que prometían. La habitación de Katia era la más exclusiva. Tanto el médico como las enfermeras comentaron que su nivel de agresividad los había obligado a mantenerla bajo una sedación suave. Sin embargo, noté que intentaban reducir al mínimo el esfuerzo dedicado a cada paciente.
Con una sonrisa y la mirada baja, me presenté:
—Un placer. Soy Majo Grass y seré la cuidadora de la señora Katia. Espero que tengamos una buena relación laboral.
Debía fingir, pero deseaba golpearlos por su falta de ética profesional. Era evidente que aquel lugar solo servía como depósito para los más adinerados.
Elisa se acercó a mí, preocupada.
—Ten cuidado con esta gente. Son raros. Intenté sacarla de aquí, pero no tengo tanto poder de decisión en esta familia.
Me dolió verlas a ambas en esa situación. Seguramente la abuela Katia no conservaría recuerdos de nuestro pasado, pero eso poco importaba.
—Nonita, ¿me recuerdas?
No respondió. Solo apretó mi mano en señal de asentimiento.
Capítulo 49 - Bajo vigilanciaPasaban los días y no se encontraban rastros de María. Los Ricci y los Grass continuaban con su rutina sin demostrar preocupación alguna. En la oficina, Fernán pasó a Luz a la modalidad de trabajo remoto para que tuviera la libertad de visitar a Elisa y evitar posibles reclamos públicos.Poco a poco, el tema fue perdiendo fuerza en los medios, lo que les daba más libertad para buscarla. Desde la boda de Fernán y Gian, apenas se toleraban, pero mantenían un buen canal de diálogo con fines prácticos.Grass llevaba días evitando hablar con Rafael. La tensión entre las tres familias había escalado hasta tal punto que se culpaban mutuamente de lo ocurrido. Pese a que los Castro no tenían ningún vínculo familiar con María, los Grass y los Ricci los responsabilizaban de haber destruido la paz familiar. Fernán entendía la preocupación de Rafael, pero este debía comprender que su hermana estaba casada con Gian y que eso no cambiaría.Su secretaria entró con temor
Cap. 48- El precio de un apellido.~ Casa de retiro ~Vicente mantenía la perfecta imagen de preocupación. En el lugar, todos conocían su estrecho vínculo con la heredera Grass. Contrató a un grupo de investigadores para ayudar a encontrarla, pero su verdadera función era alejarlos del rastro de María, mientras lo mantenían informado de cada uno de sus pasos.Esperaba que comenzaran a mover las piezas cuando la prensa encontrara un nuevo escándalo que exprimir. Los Grass y los Ricci eran familias ricas de manual, en las que cualquier incidente era escondido bajo la alfombra, pero esta vez Amancio cambió su estrategia e intentó combatir el fuego con fuego.El primer informe relataba que Amancio Grass había solicitado la curatela de su hija menor debido a un trastorno bipolar y había agregado un pedido de localización. El rumor en el ambiente judicial corrió como la pólvora. Sus intenciones eran claras: poco le importaban la reputación o la carrera profesional de María. Tendió una red p
Cap. 47 - Esposas trofeoEl escándalo seguía siendo tendencia; sin duda, era una mina de oro para la prensa amarillista y los influencers en ascenso que buscaban viralidad. Marcó una y otra vez el móvil de Majo, pero las llamadas siempre eran enviadas al buzón. Por primera vez, cayó en la cuenta de que esto no se solucionaría con una disculpa ni consintiéndola.Las vidas de ambos hombres se volvieron un completo desastre y tendría que ser él quien diera la cara frente a las dos familias. Fernán se encontraba devastado y no pensaba moverse de la clínica hasta lograr ver a Elisa, algo que dudaba que ocurriera porque el abuelo había bloqueado todo el piso y solo se podía acceder con su consentimiento. Me dolió mucho ver el sufrimiento en sus ojos por la pérdida. Nunca imaginé que Fernán se ilusionara tanto con la llegada de un hijo; era muy parecido a mí. Pretendíamos retrasar la paternidad hasta que la presión familiar nos obligara a ceder, pero, en poco tiempo, todo cambió y comenzamos
Cap. 46 - Después de la caídaMaríaNunca sentí miedo de emprender un nuevo proyecto de vida, pero mi realidad había cambiado por completo: acababa de ser traicionada y humillada públicamente. Por primera vez, no pensaba dejarme amedrentar por la familia que me rechazó sin una razón clara. Le daría a mi hijo una vida sin lujos excéntricos, pero llena de amor sincero.Los amigos de Vicente se veían incómodos con mi presencia. No podía juzgarlos, ya que todavía llevaba puesto mi vestido de novia y tenía un aspecto deplorable. Para romper el hielo, confesé lo que sucedía:—Observé en 4K cómo mi esposo me engañaba con quien podría considerarse mi «hermana adoptiva» —me dolía decirlo, pero seguramente lo descubrirían en un par de horas—. Fue durante nuestra recepción, por lo que creo que es normal que quiera que la tierra me trague.Me clavé las uñas en las palmas de las manos para no derrumbarme frente a ellos.La señora me tomó de la mano con ternura y su esposo, sin apartar la mirada de












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