LOGINLa noche de Moscú había conseguido regalarles durante algunos minutos algo que ambos necesitaban desesperadamente. Elena y Sebastian caminaban tomados de la mano por una de las zonas más concurridas de la ciudad, observando las luces reflejadas sobre las calles húmedas y los edificios iluminados que parecían cobrar una belleza diferente durante aquellas horas.Por primera vez desde que habían llegado a Rusia, no estaban hablando de médicos, enfermedades, tratamientos ni posibilidades de supervivencia. Sebastian caminaba junto a ella con una expresión mucho más tranquila, mientras Elena observaba cada detalle a su alrededor y, de vez en cuando, apretaba ligeramente los dedos de él. Ninguno de los dos sabía cuánto duraría aquella pequeña sensación de normalidad, pero ambos parecían dispuestos a aprovecharla.Sin embargo, unos metros más adelante, una discusión comenzó a llamar la atención de las personas que caminaban por la avenida. Una joven discutía con un hombre que parecía completa
2 dias en Rusia habían transcurrido con una mezcla extraña de angustia y esperanza. Lily permanecía en la Clínica Veyronis bajo vigilancia constante, sometida a estudios, controles y una preparación progresiva de su organismo, mientras Elena y Sebastian habían aprendido a vivir pendientes de cada llamada de los médicos.Durante aquellos días, la niña había tenido momentos mejores, incluso algunas horas en las que había podido sonreír, conversar con sus padres y jugar con Mochy cuando se lo permitían, pero nadie olvidaba que aquella estabilidad era solamente eso: estabilidad, no una cura.Finalmente, cuando los médicos determinaron que Elena y Sebastian podían regresar temporalmente a su país mientras Lily continuaba bajo supervisión especializada, ambos comenzaron a preparar el viaje. Antes de marcharse, Damian había decidido comunicarse personalmente con Sebastian para evitar que cualquier encuentro innecesario volviera a convertirse en un problema para Elena.Sebastian respondió la
El personal de la Clínica Veyronis condujo a Elena y Sebastian hasta el Área VIP después de explicarles que permanecerían allí mientras Lily continuaba bajo observación médica. El sector se encontraba completamente separado de las salas convencionales, con amplios ventanales desde los que podía contemplarse una parte de Moscú, muebles elegantes y una tranquilidad casi inquietante que contrastaba con la angustia que ambos llevaban dentro.La habitación destinada para ellos tenía todo lo necesario para descansar, comer y permanecer durante horas sin abandonar las instalaciones, pero Elena apenas reparó en aquello. Su atención seguía concentrada en la puerta que comunicaba con el área donde estaba su hija, como si pudiera sentir cada movimiento de Lily aunque estuviera varios metros más allá.Cuando finalmente quedaron solos, Sebastian permaneció de pie cerca del ventanal, con las manos apoyadas sobre el borde de una mesa mientras observaba las calles sin realmente verlas. Había intentad
La pista privada se encontraba completamente iluminada cuando el vehículo de Damian atravesó las enormes puertas de seguridad y se detuvo frente al avión que esperaba con los motores preparados. El cielo de Moscú comenzaba a oscurecerse, pero dentro de aquel lugar todo parecía funcionar con una precisión absoluta. Personal de seguridad se movía alrededor de la aeronave mientras algunos hombres verificaban por última vez la documentación del vuelo. Damian descendió del vehículo sin perder un segundo, acomodándose el abrigo mientras caminaba directamente hacia las escaleras del avión, no llegó ni siquiera al primer escalón.—Señor — Damian se detuvo —Señor Müller — Continuó caminando —¡Señor!Esta vez Min-Jae apareció delante de él con una expresión que mezclaba preocupación, indignación y un cansancio que parecía haber acumulado durante varios años. Damian lo observó durante unos segundos sin decir absolutamente nada, hasta que finalmente levantó una ceja.—¿Qué pasa Min-Jae, alguien
Sebastian avanzó por el pasillo con el rostro endurecido, buscando desesperadamente a Lily, pero al encontrar a Damian frente a él pareció olvidar durante unos segundos la razón principal por la que había llegado hasta aquella clínica. Su mirada pasó de Damian a Elena y regresó nuevamente al hombre que jamás había dejado de incomodarlo, como si su sola presencia despertara todas aquellas inseguridades que Sebastian creía haber aprendido a controlar. Se detuvo frente a ellos y respiró profundamente, pero en lugar de preguntar primero por su hija, dejó escapar la pregunta que llevaba atravesada en la garganta desde el instante en que había visto a Damian.—¿Qué haces tú aquí? — Elena lo miró con incredulidad.—Sebastian...—Te pregunté qué hace él aquí —insistió, señalando a Damian sin apartar los ojos de él—. ¿Lo llamaste tú? ¿Estás en contacto con él? ¿Desde cuándo? ¿Por qué estás aquí con él y no me dijiste nada?La expresión de Elena cambió por completo. No era miedo, tampoco culpa.
Damian conducía por las calles de Moscú con una velocidad que habría puesto nervioso a cualquiera, pero su rostro permanecía completamente sereno mientras sus manos sujetaban con firmeza el volante y sus ojos recorrían cada semáforo, cada vehículo y cada intersección con una precisión casi automática. No comprendía exactamente qué había sucedido en aquel instante, porque todo había ocurrido demasiado rápido; Lily había dicho que se sentía mal y, apenas unos segundos después, su pequeño cuerpo había perdido toda fuerza.Sin embargo, había algo que Damian sí había comprendido perfectamente: Elena estaba aterrada. Lo había visto en sus ojos, en la manera en que había corrido hacia su hija y en aquella expresión que intentaba mantenerse firme mientras por dentro parecía estar quebrándose. También había comprendido algo más. Lily no estaba simplemente cansada. Aquello tenía relación con lo que Elena había intentado ocultar detrás de sus palabras.Durante todo el trayecto no realizó una sol







