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Capítulo: Los amantes

Author: J.D Anderson
last update publish date: 2026-07-06 14:53:54

Elion salió de la habitación del hotel aún con la bata de dormir, ajustándola con calma mientras avanzaba por el pasillo.

Su rostro no reflejaba nada.

No había rastro de la noche anterior. Ni cansancio. Ni sombra emocional. Ni el más mínimo residuo de desorden interno.

Solo presencia.

Como si nada en el mundo tuviera permiso de alterarlo.

Como si el caos existiera siempre fuera de su alcance… nunca dentro de él.

Sus pasos eran firmes, medidos. Sin prisa. Solo dirección.

—Busquen a quien intentó atacarme ayer. Quiero saber quién fue… y después, elimínenlo.

Su voz no subió ni bajó. No era una orden urgente. Era una conclusión.

No llegó a dar más de unos metros cuando escuchó pasos apresurados detrás de él.

El gerente del hotel se acercó con evidente tensión, inclinando ligeramente la cabeza.

—Don… ha ocurrido algo.

Elion no se detuvo de inmediato. Solo giró el rostro lo suficiente para mirarlo de reojo.

—Habla.

El gerente tragó saliva.

—Es su sobrino.

Elion se detuvo.

El silencio que siguió no fue vacío. Fue denso. Como si el tiempo mismo hubiera decidido esperar su reacción.

Exhaló apenas por la nariz.

No era sorpresa. Era reconocimiento.

—¿Qué hizo ahora?

El tono no buscaba información. Confirmaba problemas.

El gerente dudó un instante más de lo necesario.

—Está… en una habitación del hotel. Con una mujer.

Elion cerró los ojos un segundo. No por ira. Sino por cálculo.

****

La noche anterior no había sido un accidente.

Rocco había elegido ese lugar. Ese momento. Esa vulnerabilidad de Minnie.

Todos sabían que Minnie siempre estaba tras su tío, pero, Rocco la amaba a ella.

Había esperado a que ella bajara la guardia… y había tomado lo que quería.

Elion caminó hacia la habitación sin acelerar el paso.

—Ábranla.

Su voz fue baja. Definitiva.

El gerente obedeció de inmediato. Los guardias se colocaron a ambos lados.

La puerta se abrió sin aviso.

El sonido del cerrojo rompiéndose fue seco, brutal en su simplicidad.

Y la escena quedó expuesta.

Demasiado clara.

Rocco en la cama. Minnie a su lado.

Elion no reaccionó. Solo observó.

Su mirada no juzgaba. Registraba.

Como si no estuviera viendo a su sobrino… sino una pieza que acababa de moverse fuera del tablero esperado.

Minnie fue la primera en despertar.

Sus ojos tardaron un segundo en comprender. El siguiente fue suficiente para destruirle la respiración.

El terror no llegó después del pensamiento. Llegó antes.

Se incorporó de golpe, buscando cubrirse con torpeza.

—Don Elion… —su voz salió rota— no es lo que parece…

Pero incluso mientras lo decía, entendía que no había forma de reorganizar esa escena.

Rocco despertó después. Sin sobresalto. Sin urgencia.

Como si ya supiera que ese momento iba a llegar.

Abrió los ojos, vio a su tío de pie frente a él… y no se movió.

El ambiente no se quebró.

Se endureció.

Elion habló sin elevar la voz.

—Así que han decidido compartir cama… ignorando las reglas de esta familia…

Una pausa mínima.

—Asumirán las consecuencias.

Rocco sostuvo la mirada. No había miedo en él.

Había cálculo. Porque no parecía un castigo. Parecía una estrategia.

Elion dio un paso adelante.

—Se casarán.

El impacto fue inmediato.

El aire cambió en la habitación.

Pero Rocco no reaccionó como alguien derrotado.

Su expresión tardó en transformarse.

Primero sorpresa. Luego comprensión.

Y después… algo parecido a satisfacción contenida. No había perdido. Había adelantado la jugada.

Minnie, en cambio, se rompió.

No fue gradual. Fue inmediato.

Como si el suelo bajo ella desapareciera sin aviso.

—No… —susurró— no…

Se levantó, aun cubriéndose, descalza, temblando.

—Yo no sabía… yo no quería esto…

Su voz se quebró. Esta vez no era solo miedo. Era desesperación real.

—Yo lo amo a usted, Don Elion…

El silencio se tensó.

Rocco dejó de sonreír.

La expresión que apareció en su rostro fue distinta.

Más fría. Más peligrosa.

Elion la miró por primera vez directamente.

—¿Amarme? —su voz fue baja, sin emoción— ¿y por eso estás en la cama de mi sobrino?

La pausa fue breve.

—No vuelvas a hablar así.

Minnie bajó la mirada.

Una lágrima cayó sin resistencia.

Y, aun así, ya no había salida.

Elion giró ligeramente el rostro.

La mirada que cruzó con Rocco duró apenas un instante más de lo necesario.

No era aprobación. No era rechazo. Era advertencia.

—El compromiso será anunciado.

Dio media vuelta. Y salió.

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Comments (1)
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Elizabetta River
Dudo que Minnie sea la inocente que nos quiere hacer creer
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