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Lorenzo iba rumbo a la mansión de los Ferrano.Por primera vez en mucho tiempo, sentía que estaba regresando al lugar que siempre le había pertenecido.Todo aquello que había perdido durante los últimos meses por salvar a Roseen.Estaba decidido a recuperarlo.No importaba cuánto tuviera que destruir en el camino.Sentado en el asiento trasero de la camioneta blindada, Lorenzo observaba el camino a través de la ventana mientras varios vehículos avanzaban detrás de él.Había llevado a sus hombres más leales. No quería cometer el mismo error de la última vez.Esta vez no permitiría que nadie lo sorprendiera.Había tomado una decisión.Regresaría a la mansión de los Ferrano, recuperaría su posición y obligaría a todos a reconocerlo nuevamente como el Don.Pero había algo más.Algo que no había podido sacar de su cabeza.Fiorella. Cerró los ojos durante unos segundos.Recordó su rostro. Su mirada.La manera en que alguna vez lo había amado.También recordó todo el daño que le había causad
Fiorella no perdió ni un segundo.En cuanto recibió la información, tomó su teléfono y envió todo lo que sabía directamente a su hermano.No podía permitirse cometer un error.Mucho menos cuando la vida de Elion estaba en peligro.Sabía que los enemigos no estaban jugando.Los Bastards llevaban demasiado tiempo esperando una oportunidad para atacar a los Ferrano y, ahora que creían tener a Elion y al viejo Don al alcance de sus manos, no iban a desaprovecharla.Fiorella miró la pantalla de su teléfono durante unos segundos después de enviar el mensaje.Su corazón estaba acelerado.Aunque intentaba mantener la calma, conocía perfectamente las reglas de aquel mundo.Una información equivocada podía terminar con una persona muerta.Una decisión tomada demasiado tarde podía acabar con una familia entera.Por eso, cuando recibió la confirmación de que Elion había leído su mensaje, soltó lentamente el aire.Al menos ahora estaba preparado.***Esa misma tarde, Elion reunió a sus hombres.No
Lejos de allí.Lorenzo Ferrano vivía en un lugar que jamás habría imaginado llamar hogar.Una pequeña casa escondida entre caminos de tierra, rodeada de árboles y lejos de cualquier señal de la vida que alguna vez había considerado suya.No había sirvientes.No había automóviles de lujo esperando frente a la puerta.No había guardaespaldas caminando por los alrededores ni hombres inclinándose ante él para recibir órdenes.Solo silencio.Un silencio que cada día parecía recordarle lo que había perdido.La mansión Ferrano estaba lejos.Su poder también.Y, para Lorenzo, aquello era insoportable.Se encontraba sentado frente a una pequeña mesa, con una copa de licor entre los dedos, mientras observaba a Roseen desde el otro lado de la habitación.Desde la muerte de su hermanp, Roseen había cambiado.Al principio, Lorenzo pensó que solamente estaba atravesando el duelo.Después comprendió que había algo mucho más oscuro creciendo dentro de ella.Venganza.Roseen hablaba de Fiorella constan
Stefano la miró fijamente a los ojos, sintiendo cómo el peso de la atmósfera se volvía casi insoportable.Una tensión cargada de electricidad y deseo reprimido flotaba entre ambos.Él dio un paso cauteloso hacia adelante, acorralándola levemente pero manteniendo aún una pizca de la prudencia que le dictaba su deber.—Estás a punto de cruzar una línea sin retorno, Fiorella —murmuró él con la voz enronquecida por la cautela y la tentación—. ¿Estás completamente segura de que esto es lo que quieres?Fiorella sonrió. Fue una sonrisa despacio, demasiado segura, intensa y cargada de una sensualidad calculadora que hizo que a Stefano se le acelerara el pulso de inmediato.—¿Tienes miedo de mí, Stefano? —provocó ella, manteniendo la barbilla en alto y sosteniéndole la mirada con descaro.Él negó lentamente con la cabeza. No le temía al peligro, ni al dolor, ni a nada que viniera del exterior, y mucho menos a la mujer que tenía enfrente.—Yo tampoco —sentenció ella en un susurro grave—. Entonce
Finalmente, Fiorella y Stefano tuvieron que emprender el regreso hacia la mansión, pero el destino y las inclemencias del tiempo tenían otros planes.El aguacero caía con una furia implacable sobre el parabrisas, transformando el paisaje nocturno en una masa difusa de sombras y luces distorsionadas. La tormenta se volvió tan densa que los caminos de tierra se convirtieron en riachuelos de lodo, obligando al convoy de vehículos blindados a aminorar la marcha.Ante el riesgo inminente de un accidente o una emboscada en medio de la visibilidad nula, no tuvieron más remedio que detenerse en un hostal ubicado a medio camino.El rugido del motor se apagó y el sonido ensordecedor de la lluvia golpeando el techo.Stefano descendió primero, ajustando su saco sobre la cabeza para cubrirse levemente antes de abrir la puerta de Fiorella.La escoltó con paso firme hacia la entrada del establecimiento, rodeados por un perímetro táctico de guardias que vigilaban los alrededores en la penumbra.Al cr
Dos meses después.Fiorella había aprendido que, dentro de una familia como aquella, el poder no siempre pertenecía al hombre que ocupaba el lugar más grande.A veces pertenecía a quien sabía esperar.Durante los últimos dos meses, Fiorella había estado moviendo las piezas con una paciencia que incluso a ella misma la sorprendía.La enorme mansión había comenzado a funcionar bajo sus órdenes.Los sirvientes acudían a ella para recibir instrucciones, los hombres de seguridad informaban primero a ella antes de acercarse al Don y hasta los asuntos familiares comenzaban a pasar por sus manos.Nadie se atrevía a cuestionarla.Después de todo, decían que llevaba en su vientre al heredero.Y aquella criatura se había convertido en la única esperanza que mantenía con vida al viejo Don.El anciano había cambiado mucho desde la muerte de la antigua Donna.Su carácter seguía siendo duro, pero su cuerpo ya no respondía como antes.La enfermedad había avanzado rápidamente.Pasaba buena parte del dí







