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La esposa invisible del millonario
La esposa invisible del millonario
ผู้แต่ง: LibethCa

Capítulo 1. Esta relación ya terminó

ผู้เขียน: LibethCa
last update วันที่เผยแพร่: 2025-12-09 07:45:42

Lia Rowan se mira en el espejo del amplio y lujoso vestidor y suelta un suspiro que contiene muchas emociones reprimidas. El día llegó, por fin, aquel que había anticipado con tanta emoción y, al mismo tiempo, el que ahora desea no tener que enfrentar. Lo último que quiere en este momento es verlo, cruzar miradas con ese hombre con el que soñó ser feliz y que ahora solo le provoca un dolor profundo. Pero hizo una promesa hace tiempo atrás, y ella siempre cumple con su palabra, incluso si eso la desgarra por dentro.

Cualquier otra persona en su lugar simplemente habría tomado sus cosas y se habría ido sin mirar atrás, pero Lia no es así. No podía ni quería dejar las cosas como alguien que sale huyendo por miedo a las consecuencias. Decidió que, después de hoy, ya no habrá más para ella y Axel Storme. Este es el final de su historia. Después del ascenso, podrá irse y olvidarse para siempre de él, o al menos intentarlo.

Gira la cabeza lentamente hacia el vestido que cuelga en una esquina. Es elegante, de un verde aguamarina que refleja tanto el lujo como el esmero con el que fue confeccionado. Axel había mandado hacerlo especialmente para ella con una de las costureras más renombradas del extrangero, para esta ocasión en particular.

Antes, cuando las cosas entre ellos aparentaban ir bien, ella estaba muy emocionada por la idea de usarlo. Se imaginó este día miles de veces, a su lado, sonriendo, triunfante, siendo parte de su sueño cumplido. Pero ahora, después de lo que sucedió, todo cambió en un abrir y cerrar de ojos. Ya no queda nada de ese entusiasmo. Solo el vacío y el dolor que ahora dominan su corazón.

Un suave sonido de pasos se escucha detrás de ella, y Marcela, la empleada que trabaja para Axel desde que era un niño, aparece con una media sonrisa triste y algo preocupada al notar el rostro contraído de Lia.

—Le traje su té con miel, señora. Bébalo ahora que está caliente, sin duda la calmará un poco. Si desea, le puedo traer un analgésico para el dolor de cabeza —dice la anciana dejando la taza a un lado. 

Ella escuchó el llanto de Lia durante toda la noche y tampoco pudo dormir de la preocupación. Además, Axel no apareció como de costumbre y eso sin duda es una muy mala señal.

—Gracias, Marcela, eres muy amable. No necesito la pastilla, estoy bien con té. —Lia bebe un sorbo, pero su ánimo no cambia en absoluto.

—¿Desea que la ayude a vestirse? —pregunta Marcela con su habitual tono dulce, consciente de la lucha interna que está atravesando Lia.

Ella la mira a través del reflejo en el espejo, intentando esbozar una sonrisa que no llega a materializarse. Su expresión es la de una mujer agotada, cargada de emociones contrariadas que ni siquiera ella puede comprender.

—No es necesario. Estoy bien, gracias. 

Marcela asiente y sale de la habitación en silencio, dejándola a solas. Ella es consciente de su posición en la casa. Por más que desea intervenir en la relación de estos dos, no puede. Axel es como un hijo para ella, pero no puede simplemente hacer que cambie de opinión. Siempre fue terco, frívolo y arrogante, tal como sus padres le enseñaron a ser, como su misma carrera lo amerita.

Lia se queda quieta por un momento, mirando de nuevo su propio reflejo. Sus ojos todavía están rojos e hinchados por el llanto de la noche anterior. No puede hacer milagros, por lo que decide maquillarse de manera sencilla, solo lo necesario para cubrir un poco sus ojeras, pero no lo suficiente para ocultar lo que realmente está sintiendo. Ya no quiere ocultar nada de nadie. Se siente cansada de aparentar estar bien, de luchar por algo que claramente nunca va a tener.

Con un suspiro resignado, comienza a vestirse de manera lenta, colocando cada prenda con la meticulosidad de quien sabe que está enfrentando su último acto. La seda del vestido cae perfectamente sobre su fina cintura y sus anchas caderas, y aunque sabe que se ve hermosa e impecable, Lia no se siente así. Este vestido ahora se siente como una prisión, como un recordatorio de un futuro que nunca más será.

Su teléfono suena estrepitosamente y por el sonido sabe que Yvy, su amiga, la única además de los empleados de la casa que sabe la verdadera historia entre ella y Axel.

—¿Estás bien? —pregunta cuando Lia toma la llamada.

—Lo estoy, no te preocupes —contesta ella, pretendiendo sonar normal, pero su voz apagada y ronca la delata.

—No tienes que fingir conmigo, Lia. Nadie puede estar bien después de lo que pasó. Ese maldito…

La mente de Lia se empieza a llenar de nuevo con aquellas imágenes. Esas noticias que rápidamente circularon por todas las redes: “Lia Rowan fue vista totalmente ebria entrando a la habitación de un hotel con tres hombres. Un escándalo total. Su jefe, el mismisimo Axel Storme confirmó su identidad a la prensa cuando fue a buscarla”

Claro que Axel lo había hecho. Las fotos mostraban a Ravenna, incluso algunos la reconocieron, pero para no arriesgar su imagen pública, él usó la misma chaqueta que Lia había olvidado en el asiento trasero de su auto esa tarde para tapar el rostro de aquella mujer y hacer creer a todo el mundo que había sido ella.

¿Por qué su dignidad vale menos que la de Ravenna? ¿Por qué ella tiene que sacrificar su propio nombre para tapar las barbaridades de esa mujer? ¿Acaso sus sentimientos no valen nada?

Y con todo el descaro del mundo, cuando Lia reclamó a Axel y quiso declarar públicamente que no había sido ella, él la obligó a callarse y tragarse su amargura. Cerró todas sus opciones para que no pudiera defenderse. La dejó aislada hasta la mañana. 

«Ravenna no puede verse involucrada en estos escándalos. Ella es sensible. Tú lo tienes todo, ¿no puedes ceder solo un poco? ¿Por qué eres tan mezquina?» Las palabras de Axel vinieron a sus pensamientos. 

¿Ceder un poco? ¿Mesquina? Esa mujer ya estaba robando toda su vida. Su tiempo, la atención de su esposo, su cariño. Ahora también su dignidad. 

—Por favor, no hablemos de eso. Esta relación ya terminó, no vale la pena —la interrumpe Lia, secando una lágrima rebelde de su mejilla.  

—¿Estás segura de tu decisión? Ya tengo todo listo. Una vez que salgas de esa casa, ya no habrá marcha atrás, amiga.

—Estoy completamente segura, Yvy. Estaré allí a la hora que acordamos.

—Te mando mucha fuerza para enfrentar a esas víboras. Recuerda que te quiero.

—Yo también te quiero.

La llamada se corta y Lia termina de vestirse.

Finalmente, cuando ya está lista, toma su bolso y baja las escaleras, donde el chofer la espera. No hay palabras entre ellos, solo un asentimiento de cabeza cuando él abre la puerta del automóvil para que ella suba. El viaje es silencioso. Lia se mantiene mirando distraída por la ventana, sin prestar atención al mundo que la rodea.

✪ ✪ ✪ ✪ 

El ambiente se siente pesado y sombrío en la suntuosa oficina en el último piso del Edificio Storme Helix Group, un espacio amplio y elegante, decorado con muebles de cuero oscuro, pisos de mármol y ventanales que ofrecen una vista panorámica privilegiada de la ciudad. Sin embargo, toda esa majestuosidad y elegancia no hace más que acentuar la tensión que burbujea en el aire.

Detrás del escritorio, Axel Storme permanece inmóvil, con la mirada fija en un documento que tiene frente a él. Su expresión es inmutable, pero su aura imponente y gélida llena la sala, asustando a la joven asistente que se encuentra parada a unos metros de él. 

Su presencia esta mañana en la empresa es un peso invisible que aplasta el ánimo de todos los que están cerca. Nadie se siente cómodo bajo su mirada, aunque en ese momento Axel no dirige su atención a ninguna persona en particular. Parece estar concentrado en los papeles que tiene delante, pero su mente está muy lejos de ahí.

A un lado, una de sus asistentes está de pie, rígida como uno de sus soldados y con el corazón latiendo más rápido de lo normal. La tensión es evidente en cada movimiento involuntario de sus manos y en la rigidez de su postura. Sus dedos juegan nerviosamente con el borde de su chaqueta de trabajo, mientras trata de contener las lágrimas que amenazan con desbordarse. El mal humor de Axel es conocido por todos los empleados, pero esta mañana es especialmente aterrador. Ella no se atreve a decir una sola palabra, ni siquiera a respirar demasiado fuerte, por temor a que cualquier cosa pueda desencadenar de nuevo la furia de su jefe, como lo hizo con la taza de café que preparó para él con tanto esmero y que terminó hecha triza contra el suelo.

En el sofá de la misma oficina, se encuentran Kai Draven, el amigo de Axel desde la infancia, y Ayla, su hermana menor. Ambos observan su comportamiento con una mezcla de tristeza y frustración. 

Ayla, con el ceño fruncido, lanza miradas de reojo a Axel, intentando comprender qué está sucediendo por debajo de esa fachada de frialdad que ella conoce tan bien. Sabe que algo grave ocurrió, y aunque su hermano no lo ha dicho explícitamente, ella puede intuir que se trata de Lia. Solo ella es capaz de causar ese tipo de estragos en su hermano.

Kai sabe bien lo que ocurrió, pero tampoco dice una sola palabra. Había recibido una llamada tarde en la noche de parte de su amigo pidiendo que se reunieran de forma urgente. Axel no es el tipo de hombre que pide ayuda, ni siquiera a él, pero esta vez la situación lo llevó al límite, aunque él no quiera admitirlo. 

Axel no muestra ni una pizca de emoción en su rostro, ni un gesto que delate lo que está sintiendo. Pero, tanto su hermana como su amigo, pueden ver más allá de su expresión imperturbable; lo conocen lo suficiente para darse cuenta de que está bastante enfadado.

El silencio en la sala es casi insoportable, y cada minuto que pasa aumenta la tensión. La asistente desea con todas sus fuerzas que llegue su salvadora para liberarla de la incomodidad de estar parada ahí sin saber qué hacer. Pero no hay rastros de Lia. ¿Qué habrá pasado? Ella siempre se presenta muy puntual.

Finalmente, Kai es el primero en romper el silencio. Carraspea levemente y luego dice:

—Bueno, al menos el día es precioso para celebrar tu ascenso. 

La mandíbula de Axel se tensa ligeramente, pero no responde. Kai suspira, frustrado, y se levanta del sofá para acercarse a su escritorio. 

—Sé que este no es tu mejor momento —continúa Kai—, pero no puedes seguir así. Tío Victor va a llegar dentro de unos minutos. ¿Qué va a pensar si te ve con esa cara si se supone que este debe ser el día más feliz de toda tu carrera?

Axel permanece en silencio por unos segundos antes de levantar la vista, su mirada es oscura e impenetrable. Cuando por fin habla, su voz sale baja y controlada, aunque teñida de un resentimiento que no está dirigido a su amigo.

—No me importa lo que él piense de mí. Ni él, ni nadie.

Ayla, que había estado en silencio desde que llegó, suelta un suspiro resignado al oír a su hermano.

Axel frunce los labios y deja caer los papeles sobre el escritorio. Se levanta de su silla, alto e imponente, y camina hacia el ventanal, donde la ciudad se extiende ante él como una gigantesca maqueta en movimiento. Ciudad que ahora está completamente bajo su dominio al ser ascendido a comandante de la guardia nacional. 

Permanece allí parado en silencio. Sabe que Kai tiene razón, hoy debía ser el día más feliz de su vida, pero la batalla interna que libra en su mente y su corazón es mucho más complicada de lo que puede explicar.

✪ ✪ ✪ ✪

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