登入El lugar ya estaba repleto de gente procedente de diferentes partes de la diáspora que había acudido a presentar sus últimos respetos a Philip Spencer.
—Puedes ir tú primero. Yo iré detrás de ti para no rozarte —dijo ella, con el nerviosismo patente en su voz temblorosa. Damian la miró fijamente, pero no dijo nada. Cathy se limitó a mirarlo de reojo. No quería molestarlo, no con cientos de cámaras ahí fuera. Damian abrió la puerta y salió en silencio primero. Cathy lo siguió rápidamente. Se alisó el vestido con las palmas húmedas, consciente de repente de todas las miradas que ya podrían estar fijas en ellos. Rápidamente rodeó el coche para reunirse con Damian, quien, para su sorpresa, la estaba esperando. Se detuvo en seco, sin saber si caminar delante de él o quedarse unos pasos por detrás. Sin embargo, antes de que pudiera decidirse, Damian acortó la distancia y le tomó la mano. Sus dedos se cerraron cálidamente alrededor de los de ella; ella siguió caminando y esperó que su rostro no delatara nada. Damian le cogió de la mano mientras se abrían paso entre la multitud, con un agarre firme mientras los flashes de las cámaras les rodeaban. Los paparazzi que había fuera no perdieron el tiempo en tomar múltiples fotos de la pareja, que se había convertido en el tema más comentado en los blogs y en los artículos. Cathy caminaba con elegancia, agradecida por la impecable actuación de Damian ante las cámaras. Llegaron al interior del gran salón, donde solo se encontraban los Spencer.Se notaba tensión en el ambiente cuando entró; luego se volvió hacia Leo, quien rápidamente le entregó las flores.
Caminó en silencio y se acercó para dejarlas donde estaban las demás. Al volver, se detuvo frente a la señora Callister Spencer, la esposa de Philip y abuela de Damien. Cathy se inclinó lentamente y rodeó con sus brazos a la anciana. «Lo siento, señora. El abuelo tuvo una vida maravillosa». Callister se inclinó ligeramente hacia su abrazo, pero en el momento en que la anciana se giró y vio que era Cathy, su expresión cambió. Su sonrisa se transformó en un ceño fruncido de irritación. «Gracias», respondió con tono seco mientras apartaba las manos de Cathy de su cuerpo. El rechazo fue leve y discreto, pero Cathy lo percibió de todos modos. Esbozó una sonrisa forzada, se levantó y se dirigió de vuelta, pero, por casualidad, se topó con Bianca por el camino. En cuanto Callister vio a Bianca, su expresión cambió. La frialdad con la que había tratado a Cathy se desvaneció. «Bianca…», dijo con voz más suave. Se levantó de su asiento y atrajo a Bianca hacia sí en un cálido abrazo. «Me alegro tanto de que hayas podido venir», Cathy aminoró el paso y apretó los puños mientras observaba cómo la anciana abrazaba a Bianca. No debería haberle dolido. Después de todo lo que había soportado por parte de esta familia, ya debería haberse acostumbrado, pero ver a Callister dar la bienvenida a Bianca con tanto cariño seguía provocándole un dolor en lo más profundo de su ser. —Mírate —murmuró Callister, apartándose un poco para admirarla—. Estás preciosa. Cathy bajó la mirada, optando por permanecer en silencio y limitarse a observar a las dos mujeres. Bianca le entregó las flores a Callister. — «Siento mucho tu pérdida, abuela. Era un hombre perfecto, un marido maravilloso para ti y el mejor abuelo para mí y para Damian». Callister olió las flores. «Gracias, son sus favoritas». Le entregó la flor y se volvió hacia Bianca. «Me alegro de que hayas venido». Bajó la voz. «Philip siempre esperó que encontraras el camino de vuelta a Damian». Bianca ronroneó. «Sí, abuela, por fin está sucediendo…» Cathy apretó con más fuerza su bolso, mientras un dolor agudo le atravesaba el cuerpo hasta llegar al pecho. Se quedó mirando a Bianca, pero las palabras que acababa de oír parecían resonar más fuerte que cualquier otra cosa en la habitación. Se quedó allí unos minutos más, observando cómo Bianca conversaba con toda la familia y cómo todos la aceptaban, a diferencia de ella, a quien todos los Spencer evitaban como a la peste. Cathy se sentía invisible dentro de la habitación. No deseada. Y, de alguna manera, eso le dolía aún más. Un par de minutos más tarde se marchó y salió a tomar un poco de aire fresco. Cualquier cosa era mejor que quedarse donde no la necesitaban. En cuanto salió, soltó un suspiro que no se había dado cuenta de que estaba conteniendo. Se abrazó a sí misma y miró fijamente a lo lejos, tratando de tragarse el peso que le oprimía el pecho. Mientras estaba fuera, sonó en su móvil la notificación de un correo electrónico. Emocionada, se desplazó rápidamente por la pantalla y vio que era un correo de Marquee Acting Studio, una escuela de interpretación bilingüe especializada en Broadway y guiones teatrales. Les había enviado un correo para solicitar una audición como actriz. «Hola, señorita: actualmente no estamos contratando actrices de habla inglesa. Pero si eres hispanohablante nativa o dominas bien el español, nuestra sucursal española está buscando activamente actrices de cine… Si te interesa y aceptas nuestras ofertas que figuran a continuación, te enviaremos la información para la audición». El corazón de Cathy se llenó de alegría. Por primera vez aquella mañana, algo le hizo olvidarse de los Spencer y de Bianca. Respondió en voz baja: «¡Sí! Estoy interesada». Guardó el móvil en el bolso, conteniendo la sonrisa que se le dibujaba en los labios. Por una vez, tenía algo que era suyo, algo por lo que ilusionarse. Cerró los ojos. Dentro de treinta días ya no sería la esposa de Damian. Simplemente sería ella misma, con un nuevo lugar al que ir.Se preguntó si, al acercarla más a él, ella se despertaría… ¿Se despertaría?¿Lo apartaría si se despertara?Esa idea le hizo moverse incómodo.Eran marido y mujer, por el amor de Dios. No debería haber nada inusual en querer abrazarla, pero la distancia entre ellos había existido durante tanto tiempo que incluso el gesto más sencillo le resultaba de repente difícil.Levantó la mano. Por un instante, se quedó suspendida sobre el espacio que los separaba.Lo único que quería era apartarle el pelo de la mejilla… Nada más.Pero antes de que sus dedos pudieran alcanzarla, se detuvo.¿Y si ella no quería que la tocara?Cathy nunca había invitado a ese tipo de cercanía y, después de todo lo que había pasado entre ellos, no podía dar por sentado que ella lo aceptaría de buen grado solo porque estuvieran casados.Bajó la mano.Unos minutos más tarde, ella volvió a moverse, girándose ligeramente hacia él.A Damian se le cortó la respiración cuando pudo ver su rostro con mayor claridad.Podría
«¿Estás buscando algo?»Damian se dio la vuelta casi al instante y se encontró con Cathy a unos pasos de él, todavía en pijama y con una toalla echada sobre un hombro.«No», respondió, quizá con demasiada rapidez. «Solo estaba… echando un vistazo».Cathy arqueó una ceja. «¿En mi colección de joyas?»«Eh… la verdad es que no, pero ¿te supone algún problema?»«No, en absoluto». Se dirigió hacia su tocador y cogió un frasco de loción corporal. «Es que pensé que estabas buscando algo…»«Pues no».«Vale».Y eso fue todo: no le hizo más preguntas ni pareció especialmente interesada en saber por qué se había quedado parado delante de su colección de joyas en primer lugar.Damian se quedó donde estaba un momento más antes de volver al dormitorio, frunciendo el ceño mientras intentaba entender la situación.¿Dónde demonios estaba el collar?Lo había encargado expresamente para Cathy y, teniendo en cuenta lo caro que era, esperaba al menos algún tipo de reacción por su parte.No es que esperara
Un silencio sepulcral se apoderó del coche. Damian hizo una pausa y desvió la mirada hacia elexterior, hacia la fresca tarde. Había ensayado esas frases en su coche varias veces antes deentrar en su despacho.Cathy, que no había prestado mucha atención, bajó el móvil con suavidad mientras alzaba lamirada hacia él.Parpadeó. Por un segundo, no estuvo segura de haberle oído bien. ¿DamianSpencer se estaba disculpando?¿El heredero del Grupo Spencer se había rebajado por fin lo suficiente como para pedir perdón?— Oh, no pasa nada — respondió ella, esbozando una pequeña sonrisa — . Ya me he olvidadodel asunto. Ni siquiera recuerdo qué pasó realmente aquella mañana.« N o , n o e stá b ie n » . La m iró fija m e n te . « Lo sie n to , C a th y . Y o … m e e q u iv o q u é » .Las palabras no le salían con facilidad. No era un hombre que admitiera sus errores a lapri
Más tarde, esa misma mañana, Cathy llegó a DC Holdings antes de lo h ab itu al.Apenas se había acomodado en su despacho cuando Lena entró con unos documentos.«Buenos días, señora».«Buenos días, Le n a» .Dejó los documentos sobre el escritorio de Cathy, y esta les echó un vistazo antes delevantar la vista.« Lena, necesito que hagas algo por mí». «Porsupuesto».«Hoy voy a estar muy ocupada. No quiero que entre nadie en mi despacho a menos que lopida expresamente . Si alguien viene a buscarme, diles simplemente que no estoydisponible».Lena asintió con la cabeza, tomando nota mentalmente. «Entendido. ¿ Debo aplicarlo atodo el mundo?». «Sí. A todo el mundo».Dudó un instante. «¿Incluso el señor Finn?»Cathy la miró de reojo. «Sí, Lena. A nadie en absoluto. La norma se aplica a todo elmundo. No dejes entrar a nadie. Hoy voy a estar muy, muy ocupada».
A la mañana siguiente, Cathy bajó a desayunar con una sola cosa dando vueltas en su cabeza.E l b e so .Por mucho que intentara borrarlo de su mente, resultaba casi im posible.Cogió los cubiertos y se quedó mirando la comida que tenía delante, pero su mente estabamuy lejos de la mesa del desayuno. Cada vez que recordaba los labios de Finn contra lossuyos, sentía un extraño cosquilleo en el estómago.Odiaba haberlo disfrutado más de lo que quería admitir, y eso era precisamente lo quecomplicaba toda la situación.Era una mujer casada. Por muy infeliz que fuera su matrimonio o por muy distantes que sehubieran vuelto Damian y ella, seguía casada. Aún no se habían divorciado.Cathy suspiró en silencio y se obligó a concentrarse en su desayuno.Damian no estaba en la mesa. Se había marchado muy temprano aquella mañana. Ella nosabía adónde, pero enseguida
El silencio se percibía diferente de los silencios incómodos a los que Cathy se había acostumbrado .El ambiente era cálido, casi acogedor, y ella se sorprendió deseando que la velada noterminara tan p ro n to .Finn le acarició el dorso de la mano con el pulgar. «Mealegro de que hayas venido esta noche».«Yo también».«¿De verdad?Ella asintió. «Tu madre es encantadora. Y Anna es divertidísima, pero de unaforma muy dulce». «No se lo digas a Anna. Se volverá insoportable».Cathy se rió. «Creo que ya lo es». Finn soltóuna risita y la atrajo un poco más hacia sí.Sus miradas se cruzaron.Su mirada se posó brevemente en los labios de ella antes de volver a sus ojos.Cathy se dio cuenta. Su sonrisa se desvaneció poco a poco y, de repente, ya no pensaba enqué decir a continuación.Finn se inclinó hacia ella, dándole tiempo suficiente paraapartarse. Pero no l







