MasukIgnacio bajó a llamar al inspector Reyes desde el teléfono del estudio, buscó en la agenda el número, levantó la bocina y marcó.
El teléfono repicó un par de veces, pronto Ignacio sintió un leve temor y pensó dentro de sí:
"¿Y si es inocente?"
Colgó el teléfono, se quedó parado detrás del escritorio por un momento, luego salió al pasillo y se dirigió a las escaleras, se sentó en uno de los escalones invadido por la duda y el desconcierto.
"Debo actuar con cautela, ella podría ser inocente, Silvia es mala, muy mala, Amelia puede ser distinta, o tal vez su alma sea igual de oscura"
Amelia sentía que su futuro era incierto, pero ahora que Ignacio al fin sabía la verdad, le hacía sentir que le habían quitado un gran peso de encima. Por primera vez en meses se sentía de nuevo como Amelia, ya no era Silvia.
Aliviada al menos porque ya él sabía toda la verdad, fue y se recostó por un momento sobre el espaldar de la cama, subió sus piernas y tiró la cabeza hacía atrás.
De pronto su bebé dio un par de pataditas, ella miró su panza y con cariño susurró:
—Solo tienes que esperar algunas semanas y podrás salir a conocer el mundo y todas las cosas hermosas que existen —Le brotaron algunas lágrimas —. Solo espero que todo salga bien, y que cuando nazcas estemos en casa… en nuestra casa en San Pedro, el pueblo donde debí quedarme, tal vez así no habría conocido a Silvia.
***
Diego y Milena llegaron al apartamento.
—¿Deseas que te sirva algo de beber?
—Gracias Diego, pero no; más bien por qué no me dices la razón por la que fuiste a buscarme. —Milena se agarró las manos algo nerviosa, podía imaginar las intenciones de Diego.
—Quiero ser sincero contigo esta noche.
—¿Qué me quieres decir con eso?
—Tengo sentimientos hacia ti que van más allá de ser un amigo con derecho.
—Diego sabes que…
—Te quiero de verdad, estos días que no te he vuelto a ver en la empresa no he hecho otra cosa que pensar en ti.
—No creo que sea correcto lo que haces. —Diego la agarró de la mano.
—Dime, ¿qué no es correcto? Somos solteros, nos conocemos bien, eres sincera conmigo, y yo lo soy contigo.
Milena pensó dentro de sí:
"Dejé de ser sincera desde que descubrí lo que Karin estaba involucrada con Alejandro."
—Hay muchas cosas que no sabes de mí, no quiero que más adelante te decepciones.
—Si eso te preocupa puedes decirme todo de una vez. —Milena agachó el rostro, Diego le levantó el mentón y se quedaron viendo a los ojos.
—Estoy enamorado de ti, te juro que no consideré hacerlo nunca, mis sentimientos hacia ti son involuntarios, nadie manda en el corazón.
Milena se alejó de él.
—Yo tampoco he planeado enamorarme, y de ti menos, pero te he considerado una gran persona, un buen amigo; pero hay cosas que no me dejarán mirarte a los ojos, por eso es mejor que no vuelvas a buscarme.
—Dime, sientes algo por mí.
—Sería ideal estar con alguien como tú, eres maravilloso, educado, el hombre con quien podría enrollarme la vida y tener hijos. —Diego sonrió.
—Quiero que nos enrollemos.
La agarró sin antes premeditarlo y la besó, Milena correspondió. Nunca creyó que Diego pudiera algún día confesarle su amor, menos se imaginó que le propusiera tener una relación, pero le habría encantado aceptar. De pronto recordó lo que sabía de Karin, no podía estar con Diego y a la vez guardarle el secreto a su amiga, menos si Ignacio llegaba a reconciliarse con ella; Milena tenía pensado marcharse lejos y mantenerse al margen de todo lo que sucedía con su amiga, aunque ahora se lamentaba por dentro por lo que estaba perdiendo, pues tal vez Diego era el verdadero amor de su vida.
Dejó de besarlo y se zafó de él.
—No puedo estar contigo, me iré a trabajar a otro estado, ya tengo casi todo listo para irme.
—No comprendo lo que haces, con ese beso sé que deseas estar conmigo.
—Nunca consideré llegar a tener una relación verdadera contigo, acabo de descubrir que sería maravilloso. —Él se acercó por atrás y la agarró de los hombros.
—Quedate conmigo, dime eso que no deseas ocultarme, si de esa manera te sentirás en paz estoy dispuesto a escucharte. —Milena se dio vuelta y quedó de frente con él.
—No puedo decírtelo, es mejor que no insistas; ya me quiero ir.
Diego cabizbajo agregó:
—¿De verdad no puedes estar conmigo?
—No puedo, lo siento.
Milena se dirigió a la puerta, Diego la siguió pero ella lo detuvo.
—Puedo irme en taxi no te preocupes.
—No, yo te traje aquí, y yo te llevó de vuelta.
***
Ignacio fue a la habitación de Silvia, no tenía claro lo que pretendía decirle a la sustituta de su esposa, tal vez avisarle que había decidido no llamar a la policía, púes prefería averiguar por sí mismo la verdad, para luego sí tomar una firme decisión.
Cuando llegó a la habitación la puerta estaba abierta como él la dejó, entró esperando encontrar a la mujer sentada en la silla o tal vez de pie en alguna parte de la habitación. Pero la halló dormida acostada a un lado de la cama con su cabeza recostada contra el espaldar. Sus manos las tenía puestas sobre la barriga como si intentara proteger a su bebé, o darle abrigo. Ignacio no pudo evitar sentir ternura, a la vez compasión.
"Si llamo a la policía se la llevaran detenida, su hijo nacería estando ella encerrada tal vez esperando un juicio. Si lo que dice es cierto, sería una gran injusticia acusarla, Silvia es quien ya debería estar en la cárcel, de eso no me caben dudas."
Amelía estaba desarropada, con cuidado para no despertarla, Ignacio sacó de un gavetero una manta y se la puso por encima.
Después se quedó observando el rostro de Amelia.
"Noté la diferencia desde el primer día, la vi más hermosa, noté su mirada tierna."
Recordó el día que ella llegó a la casa, se suponía que era el regreso de Silvia por su supuesto embarazo. Ese día él de inmediato notó un comportamiento extraño en ella cuando Silvia se agachó y cargó a Marido Ángel en sus brazos, ella jamás hacía eso, menos si llevaba puesto un lujoso vestido.
"No sé quién eres, desconfió de ti tanto como de mi esposa; pero no voy a enviarte a la cárcel, al menos que compruebe que eres una criminal igual que Silvia."
***
Diego llevó a Milena al edificio donde ella vivía y la acompañó hasta la portería, en ese momento Karin llegó en su auto, se dirigió hacia la entrada del estacionamiento, pero vio afuera el auto lujoso e inconfundible de Diego Alcázar. La curiosidad la invadió, bajó la velocidad y observó hacia la portería, vio a Diego y a Milena agarrados de la mano, se dieron un beso en la mejilla. Luego él la agarró y la besó en la boca, Milena se alejó de él y se fue adentro.
Karin pensó dentro de sí:
"¡No lo puedo creer! Milena tiene algo con el hermano de Ignacio, y me lo ha estado ocultando."
Karin ingresó al estacionamiento y se quedó un rato, no quería que Milena sospechara que ella la había descubierto.
Diego regresó a la casa, cuando se dirigió a las escaleras se sorprendió cuando vio a Ignacio sentado en uno de los escalones.
—¡Ignacio! ¿Qué haces ahí sentado y a oscuras?
—Te estuve llamando al celular.
—Lo tengo apagado, olvidé encenderlo.
—Lo sé. —Diego lo observó y notó que Ignacio estaba consternado, se imaginó que se trataba de todo el asunto con Silvia.
Subió hasta donde él estaba y se sentó a su lado.
—¿Qué tienes? Te ves peor que esta mañana.
—No sabes lo que descubrí.
—¿De Silvia? —Ignacio respondió.
—Sí y no.
—Expliqueme porque no entiendo.
—Silvia me entregó el otro diario.
—Ah, increíble, parece que disfruta demostrando lo mala persona que es, ¿y qué decía el diario?
—No es Salvia.
—Ahora si que no te entiendo.
—La mujer que ha estado en esta casa todos estos meses no es Silvia, es una sustituta que ella dejó y se largó a Europa con uno de sus amantes.
Diego anonadado agregó:
—Creo que entendí mal. ¿Me estás diciéndo que una mujer idéntica a Silvia la ha estado usurpando?
—Si, se llama Amelía Duarte, y dice que Silvia la amenazó de muerte a ella y a su familia si no venía a esta casa a sustituirla.
—¿Estás seguro de eso? ¿No será una broma de Silvia?
—No es Silvia, todos en esta casa notaron la diferencia que hay entre ambas; esta es otra mujer.
—¿Dónde está?
—En la habitación de Silvia, está dormida. —Diego pensó por un momento.
—¿No debería llamar a la policía?
—Iba a hacerlo… me detuve porque antes quiero averiguar quien es ella y de dónde salió, si es inocente no sería justo que estando embarazada la policía la encierre.
—Ella podría intentar escapar.
—No lo hará, ya le advertí que tengo cuatro hombres bien entrenados vigilándola.
Llegaron a un lindo restaurant. Esa noche Amelia se sintió como una reina, Ignacio se encargó de que todo fuera perfecto. Pidió una copa de vino para él, y para Amelia desde antes había ordenado un cóctel de copa sin alcohol. El mozo sirvió ambas copas, primero le acercó a Amelia la suya, ella la recibió y le dio las gracias con una gran sonrisa, después le entregó a Ignacio la otra. Cuando el mozo se retiró, Ignacio le dijo: —Quiero brindar porque ya soy un hombre libre y porque pronto serás mi esposa. —Con una sonrisa ambos brindaron y bebieron el primer sorbo; luego Amelia le agarró la mano y le dijo: —Yo quiero brindar por ti y por nuestra felicidad. Ahora me siento segura, sin miedos, y sin ninguna duda. Te amo y le doy gracias al cielo porque te pude recuperar —Sus ojos se llenaron de lágrimas —. Creí que nunca estaríamos juntos de nuevo, pero estás aquí, conmigo. —Nunca nos volveremos a separar. —Brindemos. Brindaron y bebieron de sus copas; de pronto Amelia sintió que un
Amelia quiso visitar a Rosalía al hospital ese mismo día. Cuando llegó donde ella estaba, Rosalía tenía yesos en sus brazos y en una pierna. En ese momento se encontraba sola, su madre y dos tías que estaban pendientes de ella bajaron a la cafetería. Rosalía estaba cabizbaja, y se sorprendió un poco al ver a Amelia. Se miraron a los ojos.—No esperaba verte llegar.—¿Cómo estás? —Fatal.—Siento mucho lo de tu embarazo. Rosalía volteó levemente su cara hacia otro lado y no respondió nada al respecto. Estaba triste, a la vez avergonzada. Amelia agregó:—Mi tía me contó que Mario era su padre.—Supongo que debes estar muy enojada por eso.—No.—Es tu esposo al fin y al cabo.—Él no me importa, pero tampoco me gustaría que siguieras con él después de lo que te hizo, casi te mata, y mató a su propio hijo antes que naciera… Mario es una mala persona.—Siempre les dije a ti y a Pedro quién era Mario en realidad, y no me creyeron; claro, delante de ti y de tu papá mostraba una cara, y delan
Amelia levantó el rostro y miró a Ignacio a los ojos, besó sus labios con ternura.—Te amo con toda mi alma. —Él la sujetó fuerte de la cintura e hizo el intento de cargarla.—No quiero que volvamos a separarnos jamás.—Quiero estar contigo el resto de mi vida. —Quiero que seas mi esposa, y que todos lo sepan; ya no más mentiras ni engaños, y no dejaremos que el pasado nos vuelva a hacer daño. Te amo Amelia Duarte. Como en toda reconciliación, los besos apasionados y las caricias no se hicieron esperar, sus corazones estaban palpitantes de amor y la emoción de estar juntos de nuevo; aunque ahora estaban aún más unidos, porque no había mentiras o verdades ocultas de por medio; ahora eran un par de seres que se amaban a pesar de los problemas que habían atravesado, y se habían perdonado sus errores, porque su amor era aún más grande que la duda y la desconfianza que reinó por un tiempo. Descubrieron que no podían ser felices el uno sin el otro.***Ignacio expuso el caso de Amelia y Pe
Ignacio suspendió la agenda del día y viajó a Houston lo antes que le fue posible. Cuando el avión aterrizó y pasó todos los controles del aeropuerto, salió a buscar un taxi que lo condujera al apartamento. Observó el cielo y pensó:"¿De dónde le salió tanta valentía para venir sola a está ciudad tan inmensa; yo jamás lo habría hecho estando en su lugar. Pero Amelia es así, tan frágil y anal vez tan fuerte coló un roble; tal vez por eso jamás podré dejar de amarla. Solo espero que me perdone y me dé otra oportunidad."Tomó un taxi y le dio la dirección al chofer, para que lo llevara al edificio donde sabía que iba a encontrarla.Cuando llegó sacó la llave para abrir la puerta. Iba a introducirla pero se detuvo."No puedo invadirla así de repente, mejor tocó el timbre."Tocó el timbre y esperó un momento, como no hubo respuesta volvió a tocar, pero nadie salió. Se preguntó si tal vez ella no estaba o si no quería abrirle la puerta a nadie; entonces introdujo la llave y abrió la puerta,
Ignacio regresó a la oficina, no había pasado mucho tiempo cuando Diego llegó a preguntarle qué quería la policía.—¿Para qué te citó el detective?—Amelia escapó de su casa en San Pedro hace cuatro días y nadie sabe dónde está.—¿Por qué escapó?—No quería estar con Mario, pero él la amenazó con quitarle al niño si lo dejaba. Amelia escapó a media noche de esa casa, ¿te imaginas? sola con Pedrito por ese camino de noche y con frío… después no sé qué habrá hecho para salir de ese pueblo tan tarde, para conseguir un auto —Se consternó —. Ese mismo día me buscó y yo la eché de aquí, no pensé que estuviera tan mal con Mario al punto que deseara huir.—Seguramente estará en casa de algún familiar escondida.—Según el detective todos están muy preocupados por ella.—Por qué no vas y hablas con ellos, tal vez te digan algo. —Ignacio se puso de pie.—Tienes razón, voy a la residencia ahora mismo.***Desde que llegó a Houston, Amelia comenzó a buscar un apartamento para alquilar, y consiguió
Amelia buscó un hotel en dónde hospedarse durante el resto de la noche.Ya era de madrugada cuando Mario despertó, vio en su reloj de muñeca que habían pasado varias horas. Por alguna razón sintió curiosidad por saber de Amelia y su hijo durmiendo, entonces fue a la otra habitación, cuando entró se percató que ella y el niño no estaban. Puso una expresión de consternación y asombro, sintió rabia y a la vez se rehusó a creer que ella se había marchado. Buscó el bolso de Amelia en el perchero pero este no estaba allí.—¡Amelia! Gritó y salió al pasillo, continuó gritando su nombre y abrió todas las puertas de las demás habitaciones esperanzado con encontrarla en alguna de estas, pero ella no estaba. Bajó las escaleras, la buscó hasta en la cocina, como no la encontró, salió al patio trasero y comenzó a gritar como loco:—¡Maldita seas Amelia! ¿Dónde te metiste? A donde sea que hayas ido te voy a encontrar.***Ignacio despertó de forma repentina en la madrugada, estaba profundamente d







