LOGINSebastián despertó pocas horas después con la mano extendida sobre el lado vacío de la cama.Abrió los ojos y tardó algunos segundos en recordar por qué Juliana no se encontraba allí. La imagen de ella, saliendo del cuarto, regresó a su mente acompañada por la insatisfacción.Nunca antes le molestó despertar solo.Sin embargo, aquella mañana, la cama le pareció demasiado grande.Se levantó, tomó una ducha y terminó de vestirse antes de salir al pasillo. Desde la cocina llegaban las voces de Juliana y Amanda, mezcladas con el ruido de una sartén.Juliana se encontraba frente a la estufa, todavía con una ligera molestia al apoyar el pie. Ya estaba vestida para asistir al instituto y llevaba el cabello recogido de manera sencilla. Amanda ocupaba uno de los taburetes de la cocina mientras revisaba algo en su teléfono.Sebastián se acercó a Juliana por detrás y deslizó una mano alrededor de su cintura. El gesto la sobresaltó, pero se relajó al reconocerlo.—Buenos días —murmuró él cerca de
Recogieron a Amanda poco después del mediodía. La adolescente salió de la casa de su amiga con una mochila colgada de un hombro y comenzó a hablar antes de llegar al automóvil.—Todo el mundo está publicando fotografías de ustedes. Samanta dice que pareces una actriz y su mamá quiere saber por qué nunca dijiste que estabas casada con Sebastián Echeverría.Entonces reparó en la forma en que caminaba Juliana.—¿Qué te pasó?—Fue una noche complicada —respondió ella—. Te lo explicaré en casa.Amanda miró de inmediato a Sebastián.—¿Qué le hiciste?—¿Yo? Nada.—Si te hizo algo, dímelo —insistió, dirigiéndose a su hermana.—Estoy bien. Solo me torcí el tobillo.Sebastián abrió la puerta del automóvil y le ofreció el antebrazo para que pudiera apoyarse. Juliana dudó apenas un instante antes de aceptar su ayuda.Amanda observó el gesto. Lo extraño no fue que Sebastián la ayudara, sino que su hermana se lo permitiera sin discutir.Durante el trayecto, ambos intentaron comportarse con normalid
Sebastián despertó con el brazo entumecido y una sensación de calor extendida por todo el costado. Durante algunos segundos no comprendió dónde se encontraba. La claridad de la mañana atravesaba las cortinas de la suite y dibujaba una línea dorada sobre las sábanas, mientras una respiración lenta y profunda le rozaba el pecho.Bajó la mirada.Juliana dormía abrazada a él, con una pierna entrelazada con las suyas y el rostro apoyado cerca de su hombro. El cabello se extendía desordenado sobre la almohada y una de sus manos descansaba encima de su abdomen, como si durante la noche hubiera temido que pudiera marcharse.Sebastián permaneció inmóvil mientras el recuerdo de lo ocurrido regresaba acompañado por las sensaciones que aún conservaba en el cuerpo: la suavidad de Juliana entre sus manos, su respiración agitada, la manera en que pronunció su nombre y el placer de sentirla estremecerse debajo de él.No experimentó arrepentimiento ni sintió la urgencia de levantarse, buscar su ropa o
El cierre descendió lentamente por la espalda de Juliana. Cada centímetro liberado hizo que el vestido perdiera su estructura y que el satén mojado comenzara a separarse de su piel.Sebastián mantuvo la mirada fija en el espejo. Intentó concentrarse únicamente en lo que hacía, pero sus nudillos rozaron la espalda de Juliana y la respiración de ambos se alteró.Cuando el cierre alcanzó la cintura, retiró la mano.—Ya está.Juliana intentó sacar uno de los brazos, pero el encaje empapado se adhirió a su piel y el dolor de la caída limitó sus movimientos.—Espera —dijo Sebastián—. Vas a romperlo.—No me importa que se rompa.—A mí tampoco. Me importa que te lastimes.Se colocó detrás de ella y liberó cuidadosamente una de las mangas. Sus dedos recorrieron el brazo de Juliana mientras desprendía el encaje mojado. Después hizo lo mismo con la otra, procurando no ejercer presión sobre la muñeca.El vestido se deslizó hasta el suelo antes de que Juliana pudiera sujetarlo. Aunque la ropa inte
El rostro de Camila se endureció. Sofía y Valentina dejaron de reír. Juliana aprovechó el desconcierto e intentó pasar, pero Camila volvió a sujetarla. Esta vez lo hizo con tanta fuerza que el bolso de Juliana cayó al suelo.—No vuelvas a hablarme de esa manera.—Entonces quítate de mi camino.—Todavía no aprendiste cuál es tu lugar —masculló Camila.Sobre uno de los extremos de la encimera descansaba un amplio arreglo de hortensias blancas dentro de un jarrón de cristal. Camila lo miró y una expresión maliciosa cruzó su rostro.—Sujétenla.Juliana apenas tuvo tiempo de reaccionar. Sofía y Valentina la tomaron de los brazos y la obligaron a permanecer frente a la encimera.—¿Qué están haciendo? ¡Suéltenme!Camila extrajo las hortensias y las dejó caer sobre el mármol. Después levantó el jarrón, todavía lleno con varios litros de agua.Juliana la miró con incredulidad.—Camila, no te atrevas.—Quizás esto consiga recordarte quién eres.Camila vació el contenido sobre su cabeza.El agua
Jimena llegó hasta la mesa antes de que Juliana pudiera responder. Su sonrisa era impecable, pero la tensión de su mandíbula revelaba el esfuerzo necesario para conservarla.—No imaginé que harían el anuncio en la entrada —dijo.—No estaba planeado —respondió Sebastián—. Preguntaron y contesté.—Claro.Jimena miró a Juliana. Durante un momento, las dos permanecieron en silencio, conscientes de las cámaras y de todo lo que ninguna podía decir delante de los demás.—Te ves preciosa —dijo finalmente Jimena.La amabilidad resultó más dolorosa que cualquier desprecio.—Tú también —respondió Juliana.Jimena regresó la mirada hacia Sebastián.—Necesito hablar contigo.—Después de la gala.—Solo serán cinco minutos.Sebastián dudó.—Lo siento, pero esta noche no voy a dejar sola a Juliana.Algo se quebró detrás de la expresión serena de Jimena.—Entiendo.No era cierto. Ninguno de los tres entendía por completo lo que estaba sucediendo.Jimena se alejó hacia la mesa asignada a los representan







