LOGIN¡Wow! Nuevamente nos encontramos en el capítulo 100 de una de mis historias. Nunca me cansaré de agradecerles por leer, comentar y hacerme sentir esta emoción tan hermosa con cada una de sus palabras. La historia de Juliana y Sebastián todavía no termina. Se acercan situaciones que intentarán separarlos y entramos en la etapa decisiva: ¿conseguirán su final feliz o sus caminos terminarán separados? ¿Qué sucederá? Sinceramente, aún no lo sé… Espero que continúen acompañándome para descubrirlo juntos.
Recogieron a Amanda poco después del mediodía. La adolescente salió de la casa de su amiga con una mochila colgada de un hombro y comenzó a hablar antes de llegar al automóvil.—Todo el mundo está publicando fotografías de ustedes. Samanta dice que pareces una actriz y su mamá quiere saber por qué nunca dijiste que estabas casada con Sebastián Echeverría.Entonces reparó en la forma en que caminaba Juliana.—¿Qué te pasó?—Fue una noche complicada —respondió ella—. Te lo explicaré en casa.Amanda miró de inmediato a Sebastián.—¿Qué le hiciste?—¿Yo? Nada.—Si te hizo algo, dímelo —insistió, dirigiéndose a su hermana.—Estoy bien. Solo me torcí el tobillo.Sebastián abrió la puerta del automóvil y le ofreció el antebrazo para que pudiera apoyarse. Juliana dudó apenas un instante antes de aceptar su ayuda.Amanda observó el gesto. Lo extraño no fue que Sebastián la ayudara, sino que su hermana se lo permitiera sin discutir.Durante el trayecto, ambos intentaron comportarse con normalid
Sebastián despertó con el brazo entumecido y una sensación de calor extendida por todo el costado. Durante algunos segundos no comprendió dónde se encontraba. La claridad de la mañana atravesaba las cortinas de la suite y dibujaba una línea dorada sobre las sábanas, mientras una respiración lenta y profunda le rozaba el pecho.Bajó la mirada.Juliana dormía abrazada a él, con una pierna entrelazada con las suyas y el rostro apoyado cerca de su hombro. El cabello se extendía desordenado sobre la almohada y una de sus manos descansaba encima de su abdomen, como si durante la noche hubiera temido que pudiera marcharse.Sebastián permaneció inmóvil mientras el recuerdo de lo ocurrido regresaba acompañado por las sensaciones que aún conservaba en el cuerpo: la suavidad de Juliana entre sus manos, su respiración agitada, la manera en que pronunció su nombre y el placer de sentirla estremecerse debajo de él.No experimentó arrepentimiento ni sintió la urgencia de levantarse, buscar su ropa o
El cierre descendió lentamente por la espalda de Juliana. Cada centímetro liberado hizo que el vestido perdiera su estructura y que el satén mojado comenzara a separarse de su piel.Sebastián mantuvo la mirada fija en el espejo. Intentó concentrarse únicamente en lo que hacía, pero sus nudillos rozaron la espalda de Juliana y la respiración de ambos se alteró.Cuando el cierre alcanzó la cintura, retiró la mano.—Ya está.Juliana intentó sacar uno de los brazos, pero el encaje empapado se adhirió a su piel y el dolor de la caída limitó sus movimientos.—Espera —dijo Sebastián—. Vas a romperlo.—No me importa que se rompa.—A mí tampoco. Me importa que te lastimes.Se colocó detrás de ella y liberó cuidadosamente una de las mangas. Sus dedos recorrieron el brazo de Juliana mientras desprendía el encaje mojado. Después hizo lo mismo con la otra, procurando no ejercer presión sobre la muñeca.El vestido se deslizó hasta el suelo antes de que Juliana pudiera sujetarlo. Aunque la ropa inte
El rostro de Camila se endureció. Sofía y Valentina dejaron de reír. Juliana aprovechó el desconcierto e intentó pasar, pero Camila volvió a sujetarla. Esta vez lo hizo con tanta fuerza que el bolso de Juliana cayó al suelo.—No vuelvas a hablarme de esa manera.—Entonces quítate de mi camino.—Todavía no aprendiste cuál es tu lugar —masculló Camila.Sobre uno de los extremos de la encimera descansaba un amplio arreglo de hortensias blancas dentro de un jarrón de cristal. Camila lo miró y una expresión maliciosa cruzó su rostro.—Sujétenla.Juliana apenas tuvo tiempo de reaccionar. Sofía y Valentina la tomaron de los brazos y la obligaron a permanecer frente a la encimera.—¿Qué están haciendo? ¡Suéltenme!Camila extrajo las hortensias y las dejó caer sobre el mármol. Después levantó el jarrón, todavía lleno con varios litros de agua.Juliana la miró con incredulidad.—Camila, no te atrevas.—Quizás esto consiga recordarte quién eres.Camila vació el contenido sobre su cabeza.El agua
Jimena llegó hasta la mesa antes de que Juliana pudiera responder. Su sonrisa era impecable, pero la tensión de su mandíbula revelaba el esfuerzo necesario para conservarla.—No imaginé que harían el anuncio en la entrada —dijo.—No estaba planeado —respondió Sebastián—. Preguntaron y contesté.—Claro.Jimena miró a Juliana. Durante un momento, las dos permanecieron en silencio, conscientes de las cámaras y de todo lo que ninguna podía decir delante de los demás.—Te ves preciosa —dijo finalmente Jimena.La amabilidad resultó más dolorosa que cualquier desprecio.—Tú también —respondió Juliana.Jimena regresó la mirada hacia Sebastián.—Necesito hablar contigo.—Después de la gala.—Solo serán cinco minutos.Sebastián dudó.—Lo siento, pero esta noche no voy a dejar sola a Juliana.Algo se quebró detrás de la expresión serena de Jimena.—Entiendo.No era cierto. Ninguno de los tres entendía por completo lo que estaba sucediendo.Jimena se alejó hacia la mesa asignada a los representan
Durante un segundo, el ruido desapareció. Juliana no escuchó las preguntas, los obturadores ni el murmullo de las personas que se encontraban alrededor de la alfombra. Solo sintió la mano de Sebastián cubriendo la suya y el peso de las palabras que acababa de pronunciar frente a las cámaras.Mi esposa.La pausa duró apenas un instante. Después, las voces estallaron con tanta fuerza que resultó imposible distinguirlas.—¿Desde cuándo están casados?—¿Por qué mantuvieron el matrimonio en secreto?—¿Qué ocurrió con Jimena Acosta?—¡Señora! ¿Sebastián terminó con Jimena por usted?Juliana sintió que los dedos se le enfriaban sobre el brazo de Sebastián. Los flashes no le permitían fijar la vista en un solo punto y cada pregunta parecía empujarla un poco más hacia el automóvil que acababan de abandonar.Sebastián se inclinó hacia ella sin dejar de sonreír para las cámaras.—Mírame —murmuró.Juliana volvió el rostro.—No escuches a nadie más. Solo mírame a mí.La serenidad de su voz consigu







