LOGINCuatro días antes...Juliana esperó hasta que la respiración de Amanda se volvió lenta y acompasada.Permaneció inmóvil a su lado durante varios minutos, asegurándose de que realmente estuviera dormida. Solo entonces retiró con cuidado la mano que su hermana aún sostenía, se volvió hacia la pared y permitió que las lágrimas descendieran nuevamente.Lloró en silencio.Se cubrió la boca con una mano para contener cualquier sonido que pudiera despertar a Amanda. No quería preocuparla ni obligarla a compartir un dolor que no le pertenecía.Al otro lado de la puerta, escuchó los pasos de Sebastián alejarse por el pasillo. Poco después, el apartamento quedó sumido en un silencio que le resultó insoportable.Cerró los ojos.Las últimas noches junto a él regresaron a su memoria con una claridad dolorosa. Recordó sus caricias, las palabras que pronunció mientras la contemplaba y la manera en que la sostuvo entre sus brazos al despertar.Ahora no sabía qué parte había sido real.No durmió.A la
Cuando Sebastián llegó a la Villa Echeverría, encontró a la familia reunida en el salón principal. Héctor permanecía de pie junto a la chimenea. Luciana e Isabela ocupaban uno de los sofás, mientras Rafael, Cristóbal y Tomás hablaban cerca del bar.Camila estaba sentada con las piernas cruzadas, fingiendo una tranquilidad que desapareció en cuanto vio la expresión de su primo.—¿Qué significa todo esto? —preguntó Héctor.Sebastián no respondió. Atravesó el salón y caminó directamente hacia Camila.—Entraste en mi oficina.Ella sostuvo su mirada.—He entrado muchas veces.—Abriste mi caja fuerte, fotografiaste documentos confidenciales y se los enviaste a Juliana.Camila parpadeó, pero recuperó rápidamente la compostura.—No sé de qué estás hablando.Sebastián sacó el teléfono y le mostró una imagen extraída de las grabaciones de seguridad.—Estuviste diecinueve minutos dentro de mi despacho mientras yo me encontraba en una reunión con la junta directiva.—Esa imagen no demuestra que q
Sebastián no la siguió. Permaneció junto a la mesa, observando cómo Juliana se alejaba por el pasillo y cerraba la puerta de la habitación detrás de sí.El estuche del anillo continuaba guardado en el interior de su chaqueta. Por un instante pensó en sacarlo, ir tras ella y mostrárselo como prueba de que las flores y aquel regalo no formaban parte de ninguna obligación.No lo hizo.Juliana no le creería.En aquel momento podía arrodillarse frente a ella, entregarle toda la fortuna de los Echeverría y jurarle que la amaba hasta quedarse sin voz. Nada conseguiría borrar el contenido de las hojas esparcidas sobre la mesa ni el hecho de que él se lo había ocultado.Recogió lentamente los documentos.Cada palabra escrita por su abuelo, cada instrucción y cada penalización parecían ahora diseñadas para condenarlo. Don Santiago consiguió obligarlo a acercarse a Juliana, pero también dejó entre ambos una verdad capaz de destruir todo lo que nació después.Sebastián guardó las copias dentro de
Sebastián volvió a revisar el teléfono antes de abrir la siguiente carpeta.Juliana todavía no había respondido.El primer mensaje se lo envió poco antes del mediodía.“¿Cómo está mi esposa?”Había sonreído al escribirlo. Durante semanas, la palabra esposa estuvo asociada en su mente con una obligación. Ahora comenzaba a producirle una satisfacción difícil de explicar. Juliana era su esposa. No solo ante la ley, su familia o la prensa.Era la mujer con quien despertaba.La persona en quien pensaba durante el trabajo.Aquella con quien deseaba regresar al final del día.Dos horas después, al no recibir respuesta, le escribió nuevamente.“Espero que estés teniendo un buen día. Esta tarde intentaré salir temprano”.Tampoco contestó.Sebastián contempló la pantalla durante varios segundos. La inquietud apareció, pero intentó encontrar una explicación razonable. Quizás continuaba en clases, tenía el teléfono descargado o llegó al apartamento y decidió descansar. Todavía le dolía el tobillo
Durante el trayecto en el ascensor, Juliana volvió a sacar los documentos. Apenas alcanzó a leer las primeras líneas cuando las lágrimas regresaron a sus ojos.Negó con la cabeza.—No... No, esto no puede ser verdad.Apretó el botón de su piso y se apoyó contra la pared metálica.Quizás había entendido mal. Tal vez las instrucciones correspondían únicamente a los primeros días del matrimonio y Sebastián dejó de cumplirlas cuando sus sentimientos comenzaron a cambiar. También era posible que alguien hubiera manipulado los documentos o mezclado verdades con mentiras para lastimarla.Eso tenía que ser.Alguien descubrió la existencia de la carta y decidió utilizarla para separarlos. Después de la exposición en la gala, no resultaba imposible que alguien intentara provocar un escándalo. Podía ser un periodista, algún miembro de la familia o hasta la misma Jimena.—Sebastián no pudo fingir todo —murmuró entre sollozos—. No pudo.Recordó la manera en que la contempló con el vestido color vi
En el instituto, Juliana intentaba concentrarse en una práctica mientras Matthew organizaba los instrumentos sobre la mesa.La felicidad de los días anteriores continuaba acompañándola. Despertaba entre los brazos de Sebastián, desayunaba con él y Amanda, y antes de bajarse del auto para entrar al instituto, recibía un beso que la mantenía sonriendo durante buena parte del día.Por primera vez en muchos años, no se sentía avergonzada por amarlo.Le llevó un par de dias entender que Sebastián había terminado con Jimena, no porque ella se lo hubiese exigido ni porque una cláusula lo obligara, sino porque sus sentimientos habían cambiado. Le había dicho que su corazón se encontraba con ella y, aunque todavía le costaba confiar por completo en sus palabras, deseaba concederse la oportunidad de creerle.—¿Otra vez estás soñando despierta? —preguntó Matthew.Juliana levantó la mirada.—Estoy prestando atención.—Entonces dime qué acabo de decir.Ella observó los instrumentos sobre la mesa y







