เข้าสู่ระบบPOV Bianca
La última copa de champán se había servido y la fiesta por fin llegó a su fin. Cuando Lorenzo cerró la puerta de nuestra habitación y me atrapó contra su pecho, no dudé ni un segundo. Lo besé con una fuerza desesperada, abriéndole la boca y respondiendo a su torpeza con una urgencia febril que lo tomó por sorpresa. Las manos de Lorenzo se apresuraron a recorrer mi espalda, buscando la cremallera del vestido de lino hasta bajarla de un tirón. Dejó caer la tela al suelo y comenzó a besar mi cuello, mis hombros y mis pechos con una devoción ciega. Cerré los ojos con fuerza, aferrándome a sus hombros y arqueando la espalda contra su cuerpo, intentando borrar a la fuerza el rastro del tacto de Valentino, el eco de su voz y el fuego maldito que me había dejado en la piel. Necesitaba enterrar todo aquello bajo capas de realidad y posesión legítima. —Eres mía, Bianca... solo mía —murmuró Lorenzo entre besos, cargado de una seguridad absoluta mientras me empujaba suavemente hacia el borde de la cama. —Te la quiero chupar... ven —le susurré al oído, con la voz cargada de una urgencia desesperada y febril, tirando de él para que se pusiera de pie frente a mí. Lorenzo me miró con los ojos oscuros por el deseo, sin dudar ni un segundo ante mi repentina iniciativa. Lo guié hasta quedar de pie, mientras le bajaba el cierre del pantalón con manos trémulas y lo liberaba. Me agaché de inmediato, rodeándolo con los labios y empezando a moverme con rapidez, tragándolo con una desesperación ciega, intentando ahogar en esa urgencia el eco de la voz de su hijo y el rastro de la mano de Valentino quemándome la piel. Lorenzo no tardó mucho en terminar; soltó un par de gruñidos roncos contra mi cabeza, aferrándome a mi cabello con ambas manos mientras se venía con fuerza. Me puse de pie de inmediato, con la respiración agitada y los labios húmedos, mirándolo fijamente con una exigencia hambrienta. —Ahora tú a mí... —le pedí sin rodeos, sintiendo que necesitaba borrar por completo el vacío y la frustración que me quemaban por dentro. Lorenzo me acarició la mejilla con una ternura ciega, negando con la cabeza mientras se acomodaba la ropa con torpeza. —Estás muy candente, mi amor... pero mejor dejémoslo para mañana. Mañana quiero que vayamos a navegar temprano y te necesito descansada para eso —dijo, dándome un beso rápido en la frente antes de apartarse hacia el otro lado de la cama. Se metió bajo las sábanas y, en cuestión de minutos, su respiración se volvió pesada y constante, hundiéndose en un sueño profundo. Me quedé allí, de pie en la oscuridad de la habitación, con los labios secos y el estómago revuelto, mirando fijamente al techo mientras la fría realidad me golpeaba de nuevo: me había entregado por completo a un espejismo. Esperé a que los ronquidos de Lorenzo llenaran la habitación antes de moverme. Salí de la cama con sigilo, me puse una bata y crucé el pasillo oscuro hasta el ventanal del segundo piso. Miré a ambos lados, comprobando que todo seguía vacío, y saqué un cigarrillo. A Lorenzo le repugnaba el humo y prohibía que fumara cerca de él, considerándolo un hábito vulgar. Pero en ese momento me importaba una m****a. Encendí la llama, inhalé la nicotina con fuerza y dejé que el humo quemara mi garganta mientras miraba los jardines oscuros, sabiendo que el verdadero peligro seguía despierto. Sentí una presencia a mis espaldas, un cambio sutil en el aire que me heló la sangre antes de escuchar su voz. —Así que mi futura madre fuma... Me giré de golpe, sobresaltada, y lo encontré de pie a pocos centímetros. Valentino estaba descalzo, vistiendo únicamente un pantalón oscuro de dormir, con el torso completamente desnudo. —¿Fumas? —pregunté en un susurro, intentando ocultar el temblor de mis dedos mientras sostenía el cigarrillo. Él no respondió con palabras. Se acercó con una lentitud deliberada, acortando la distancia hasta invadir mi espacio vital, y estiró la mano para quitarme el cigarrillo de entre los dedos. Se lo llevó a los labios y le dio una calada profunda, exhalando el humo lentamente frente a mi rostro con una sonrisa desafiante. Valentino me miró de arriba abajo con una burla evidente brillando en sus ojos oscuros. —Pensé que, después de tanto mostrar su amor al público, a esta hora estarían cogiendo —soltó con total descaro. Apreté los labios con rabia, sintiendo cómo la sangre me subía a las mejillas. —Tu padre estaba cansado... y yo necesitaba un respiro —respondí a la defensiva, intentando mantener la compostura. Él dio un paso más hacia mí, reduciendo el espacio a nada, mientras una sonrisa torcida curvaba sus labios. —¿Así que el viejo te dejó con las ganas? —Claro que no, yo... —intenté defenderme, pero el tono de mi voz me delató por completo. Valentino se inclinó hacia mi oído, rozando mi piel con su aliento caliente. —Puedo terminar lo que él no pudo... —Estás loco —susurré, con el corazón golpeándome las costillas. —Sí, loco por terminar lo que empezamos en la mañana —murmuró él, bajando lentamente el rostro hacia mi cuello antes de volver a mirarme a los ojos—. Y te aseguro que eso no debe volver a pasar. Lo miré desconcertada por el cambio repentino en sus palabras. —¿Qué? —Por supuesto que no debe volver a pasar... de la misma manera —añadió con una malicia pura, antes de estrellar sus labios contra los míos en un beso hambriesto y profundo que me robó el último rastro de resistencia. Me aparté un centímetro, jadeando, cuando él se separó lo justo para hablar. —Vamos a mi cuarto... —No puedo —protesté en un hilo de voz, aferrándome a la pared. Valentino deslizó una mano por mi cintura, pegándome por completo a su cuerpo duro y desnudo. —Tu cuerpo me dice otra cosa, mami... Y sin darme tiempo a responder, volvió a besarme con una pasión salvaje que terminó por borrar el resto de mis excusas.BiancaLa ceremonia civil transcurrió con impecable perfección. Firmé el acta, sonreí y acepté el beso de Lorenzo ante los aplausos de todos.Pero bajo el tul blanco, mi cuerpo ardía.Sentía el rastro tibio de Valentino escurriéndose entre mis muslos, recordándome a quién pertenecía realmente. Durante el brindis, busqué sus ojos entre la gente; él me miraba desde una esquina con una sonrisa lenta y posesiva.La fiesta apenas comenzaba, pero lo único que deseaba era que Lorenzo se durmiera para correr a buscarlo.La recepción avanzaba entre copas y felicitaciones. Estaba de pie junto a Lorenzo, fingiendo atender a los invitados, cuando escuché pasos firmes a nuestras espaldas.Alcé la vista para encontrarme con Valentino. Lo miré un segundo, traicionada por el deseo que aún me quemaba por dentro, hasta que bajé la mirada y vi su mano entrelazada con otra.Detrás de su hombro apareció una chica rubia, de facciones delicadas y una sonrisa angelical, con aire de no romper un plato.Me que
Pov BiancaLa mañana de la boda se extendía con una calma extraña sobre la mansión.Estaba frente al espejo contemplando mi vestido clásico de novia. Faltaban cuarenta y cinco minutos para la firma y Lorenzo se terminaba de arreglar en otra habitación.Un clic seco rompió el silencio. La puerta se abrió despacio.Alcé la vista en el reflejo.Valentino estaba en el umbral, con el traje oscuro ligeramente desalineado y una sonrisa peligrosa. Me recorrió de arriba a abajo con la mirada.Cerró la puerta tras él y dio un paso al frente.—Ya regresé, mami —susurró con voz ronca.Lo miré a través del espejo, cruzando los brazos sobre la tela blanca del vestido.Una sonrisa cínica se dibujó en mis labios.—No me digas que vienes a pedirme que no me case y que escape contigo...Valentino soltó una risa baja, cargada de burla. Dio un paso más hasta quedar a espaldas mías, reflejándose a mi lado.—Jamás le haría eso a mi padre.Lo miré de reojo, sintiendo cómo el sarcasmo me quemaba en la lengua
Pov BiancaLos días siguientes fueron raros. Lorenzo estaba más presente en la casa por los preparativos de la boda, y Valentino se movía con una normalidad que me ponía nerviosa. No me buscaba de forma obvia. No me escribía.No me miraba de más cuando estábamos los tres. Pero cada vez que pasaba cerca de mí, aunque fuera en la cocina o en el pasillo, sentía esa tensión silenciosa.Una tarde Lorenzo tuvo que salir a una reunión con el abogado. Me quedé en el estudio revisando unos contratos de los proveedores cuando Valentino entró sin tocar. Cerró la puerta detrás de él y se apoyó en ella.—¿Estás ocupada? —preguntó, con esa voz baja.—Sí —contesté, sin levantar mucho la vista de los papeles—. Y tu padre puede volver en cualquier momento.Él no se movió. Se quedó ahí, mirándome.—No vine a cogerte —dijo, casi divertido—. Solo quería ver si seguías fingiendo que no piensas en mí.Levanté la mirada. Él sonrió de lado, se acercó solo un poco y dejó una mano sobre el escritorio, cerca de
Pov BiancaValentino se quedó completamente quieto dentro de mí. Su mano seguía tapándome la boca, pero ahora la presión era distinta, más de advertencia que de placer. El agua seguía cayendo, cubriendo un poco el sonido de nuestra respiración.Desde la habitación, Lorenzo volvió a hablar, más cerca.—¿Bianca? ¿Estás bien?Valentino acercó la boca a mi oído y me susurró, muy bajo:—Dile que no. Que ya casi sales.Tragué saliva. Él sacó la mano de mi boca despacio. Yo respiré hondo, tratando de que la voz me saliera normal.—Estoy bien —dije, un poco más alto—. Ya casi termino. No hace falta que entres, cariño. Salgo en un minuto.Hubo un segundo de silencio. Valentino no se movió. Seguía dentro de mí, duro, el pecho pegado a mi espalda.—Está bien —contestó Lorenzo desde el otro lado de la puerta—. Te espero abajo. Quiero mostrarte algo de la boda.Escuchamos sus pasos alejarse. Valentino soltó el aire despacio contra mi cuello. No se apartó.—Buena chica —me murmuró.Yo seguía con la
Pov BiancaLorenzo llegó a media tarde.Me encontró en la cocina, revisando unos correos de la wedding planner, y se acercó por detrás para abrazarme. Pasamos un buen rato en la mesa del comedor. Él hablaba de los horarios de la ceremonia, de si el primo de su madre al final iba a poder venir desde Italia, de un detalle con el fotógrafo.Yo escuchaba, tomaba notas en el teléfono y de vez en cuando le corregía algo. En algún momento me agarró la mano por encima de la mesa y me la apretó suave. Le sonreí. Se sentía normal. Casi demasiado.Cuando subimos a la habitación ya era de noche. Me besó con calma, de esos besos largos que él da cuando quiere que las cosas vayan lentas. Me desvistió sin prisa, dejando la ropa en el suelo, y me tumbó en la cama. Cuando se colocó entre mis piernas y entró en mí, lo hizo despacio, suspirando contra mi cuello.Me quedé quieta un momento, tratando de seguirle el ritmo.Él se movía con esa paciencia de siempre.Yo cerré los ojos y le pasé las manos
PoV BiancaValentino me empujó de cara contra el colchón y me subió el culo de un tirón. Sentí el aire frío en la piel mojada un segundo antes de que su polla me abriera de golpe. Entró de una sola embestida, gruesa y dura, hasta el fondo. El grito se me ahogó en la garganta. Mis dedos se aferraron a las sábanas.—Mírate —gruñó, la voz baja y ronca justo detrás de mi oído. Me agarró del pelo con fuerza y me tiró la cabeza hacia atrás, obligándome a arquear la espalda—. Una puta que se deja coger por su hijastro. ¿Eso es lo que eres?No me dio tiempo a contestar. Empezó a follarme fuerte. Las caderas golpeaban contra mi culo con un sonido húmedo y obsceno, cada embestida más profunda que la anterior. Sentía cómo me estiraba, cómo me llenaba por completo, el calor de su cuerpo pegado al mío y el roce áspero de su pelvis contra mi piel.—Dilo —ordenó, apretándome más el pelo. Su otra mano se clavó en mi cadera, los dedos hundidos en la carne—. Di que eres una puta por tu hijastro.Cada g







