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Capitulo. 6

Author: Belladonna
last update publish date: 2026-10-14 04:50:22

Pov Bianca

El sábado avanzó bajo un sol implacable. Lorenzo decidió celebrar nuestro compromiso con un exclusivo asado en los amplios jardines de la mansión.

Llevaba puesto un vestido blanco de lino, fingiendo ser la prometida perfecta ante los invitados, pero por dentro era un manojo de nervios y tensión.

La mirada de Valentino me pesaba en la nuca desde el primer minuto. Él caminaba entre la gente con una elegancia insultante y una seguridad desbordante.

Llevaba una camisa negra de lino con las mangas enrolladas, una prenda que se le ceñía al cuerpo con total perfección. Era imposible no notarlo.

Tan insolentemente guapo, con ese físico imponente y masculino que me robaba el aire con solo verlo cruzar el césped.

Cada vez que Lorenzo se alejaba para atender la parrilla o hablar de negocios, Valentino acortaba la distancia con pasos silenciosos.

—Te queda bien el blanco... aunque te ves mucho mejor sin nada —susurró de pronto junto a mi oído, con su voz ronca y cargada de intenciones oscuras.

Apreté el cristal de la copa de champán hasta que los nudillos se me pusieron blancos.

—Vete de aquí... —le exigí en un susurro apenas audible, sin atreverme a girar el rostro.

Él se alejó con una sonrisa lenta, dejándome con el corazón desbocado. El resto de la tarde fue una auténtica tortura de sonrisas falsas y brindis vacíos.

Escuchaba a Lorenzo hablar orgulloso de su hijo, mientras yo solo podía pensar en lo jodidamente bueno que estaba Valentino y en el peligro mortal de desearlo tanto.

 

Un grupo de invitados se acercó con copas en alto para felicitarnos por el compromiso.

Extendí la mano izquierda cuando una de las mujeres admiró el diamante en mi dedo con exclamaciones de falsa admiración.

Sonreí, agradeciendo los elogios con la gracia ensayada de una actriz profesional.

Pero sabía exactamente lo que pensaban detrás de esas sonrisas cínicas y miradas calculadoras.

Para ellos, yo solo era una caza afortunada que había pescado a uno de los hombres más ricos de la ciudad por su dinero.

No me importaba en lo más mínimo lo que murmuraran a mis espaldas.

Conocía el precio de este juego y estaba dispuesta a pagarlo.

Nadie iba a detenerme en este camino que había trazado, ni siquiera el recuerdo punzante de la lengua de Valentino quemándome la piel y recordándome que ya estaba cruzando la línea de no retorno.

 

La noche cayó sobre la mansión, tiñendo los jardines de sombras profundas y luces tenues. Aproveché el bullicio de la fiesta para escabullirme hacia el baño de la parte trasera, buscando un segundo de tregua para ordenar mis pensamientos.

Cruzaba el pasillo poco iluminado que conectaba con el ala de servicio cuando una mano fuerte me agarró del brazo con violencia.

Antes de que pudiera gritar, tiraron de mí hacia la negrura de un cuarto de almacén abierto.

—¿Qué m****a haces? ¿Sabes la cantidad de gente que hay aquí? —siseé furiosa, chocando contra el pecho duro de Valentino.

Él cerró la puerta de un golpe sordo, bloqueando cualquier rendija de luz.

—Sí, lo sé... y ni me importa —respondió con una voz oscura y ronca.

Sin darme tiempo a defenderme, estalló su boca contra la mía.

Fue un beso delicioso, salvaje y hambriento, de esos que te arrancan el aire y te nublan la razón. Al mismo tiempo, deslizó una mano con firmeza para apretar mi culo contra su pelvis, obligándome a sentir su deseo latiendo a través de la ropa.

Me metió la lengua en la boca con desesperación, devorándome sin piedad mientras mis manos se aferraban a su camisa en un intento patético de empujarlo que terminó convirtiéndose en un agarre desesperado.

De repente, se separó de golpe, dejándome jadeando y sin aliento en la oscuridad, con los labios hinchados y temblando de pies a cabeza.

—El juego apenas comienza, mami... y te aseguro que yo no pierdo —susurró contra mis labios antes de desaparecer de nuevo en las sombras.

 

Llegué al baño de servicio a tropezones, cerrando la puerta con pestillo antes de abrir la llave del lavabo.

Me arrojé puñados de agua fría en la cara una y otra vez, intentando borrar el rastro de su boca y calmar el ardor en mis labios.

—Mierda... maldita sea —murmuré en voz baja, maliciando el lío colosal en el que me había metido.

¿Cómo diablos saldría de esto sin quemarme en el intento?

No podía arruinar los años de planificación y mis planes de vida por un capricho con patas, por un tipo al que apenas conocía y que solo sabía cómo desordenarme los sentidos.

Yo iba a ser la señora de esa casa, la dueña de todo ese imperio, cueste lo que cueste.

Me sequé la cara con una toalla de papel, repasé el labial frente al espejo y volví a enderezar la postura, recuperando esa altivez de la que tanto dependía mi futuro.

Salí al patio con la cabeza bien alta, caminando con paso firme entre los invitados hasta dar con Lorenzo.

Él charlaba animadamente con un par de socios, pero en cuanto me vio acercarme, su rostro se iluminó con una sonrisa cálida.

Me acerqué sin vacilar, rodeé su cuello con los brazos y lo besé frente a todos los presentes con una aparente devoción absoluta.

De inmediato, los aplausos y las exclamaciones de aprobación comenzaron a sonar alrededor de la mesa.

Me separé despacio, mirándolo a los ojos con una dulzura ensayada a la perfección.

—Te amo —le dije, saboreando el peso de cada mentira.

Lorenzo me devolvió una sonrisa radiante, visiblemente conmovido, mientras levantaba su copa con la otra mano.

—También te amo, mi amor —respondió con orgullo, antes de invitar a los demás a brindar por nuestro futuro.

Los invitados levantaron sus copas al unísono, celebrando la escena perfecta.

Pero en el instante en que alcé la mirada para unirme al brindis, mis ojos se desviaron hacia el fondo oscuro del jardín.

Allí estaba Valentino, apoyado contra el tronco de un árbol, observándome en absoluto silencio con una copa en la mano.

Y cuando cruzamos miradas, me regaló una sonrisa lenta y siniestra que me dejó helada, preocupándome mucho más de lo que jamás habría querido admitir.

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