LOGINPOV Bianca
Mis manos se interpusieron entre su pecho y el mío, deteniéndolo justo a tiempo antes de que la situación se saliera por completo de control. —Te dije que no... —le recordé con la voz temblorosa, empujándolo con la poca fuerza que me quedaba. Valentino se detuvo en seco, pero su mirada se oscureció de inmediato, perdiendo cualquier rastro de paciencia. Una chispa de pura posesión le iluminó los ojos. —Tú puedes decir lo que quieras, mami... pero tu cuerpo dice otra cosa —siseó con una urgencia repentina. Antes de que pudiera reaccionar o dar un paso atrás, se agachó con una rapidez felina, deslizó las manos por debajo de mi bata y me levantó una pierna, colocándola con firmeza sobre su hombro. Un grito ahogado se me quedó atrapado en la garganta. —Lo lamento, mami... pero necesito probar más del dulce que probé esta mañana —murmuró contra mi piel antes de bajar el rostro sin importarle nada. Apoyé las manos en su cabeza, intentando apartarlo mientras el terror puro me recorría las venas. La idea de que Lorenzo pudiera despertarse en cualquier segundo y salir al pasillo convertía cada segundo en una condena a muerte. Pero Valentino no escuchó razones. Continuó con una intensidad frenética, arrancándome gemidos ahogados que intentaba sofocar mordiéndome los nudillos, mientras las sensaciones me golpeaban en oleadas y tiraba la cabeza hacia atrás contra la pared del pasillo. De repente, un crujido sordo resonó desde el interior de la habitación principal. —Espera... quítate, por favor —suplicué en un hilo de voz, con el corazón detenido al escuchar unos pasos que empezaban a sonar al otro lado de la puerta. Valentino no se inmutó. —No... hasta que termines —murmuró contra mi piel, negándose a detenerse. Lejos de soltarme, se aferró a mí con más fuerza, pegado a mi cuerpo como una sanguijuela, decidido a continuar a pesar de que el peligro ya estaba a solo unos metros. Los pasos al otro lado de la puerta se volvieron más claros, acercándose de golpe. Un pánico me recorrió las venas, paralizándome por completo, pero Valentino no se movió ni un solo milímetro de mi centro. —Esto durará hasta que te vengas en mi boca... tú decides qué hacer —murmuró contra mi piel con una calma retorcida, sin detener el ritmo de su lengua. Aterrorizada y furiosa a partes iguales, reuní cada ápice de fuerza que me quedaba, puse las manos sobre sus hombros y lo empujé con toda la violencia posible. Perdió el equilibrio y cayó de espaldas al suelo del pasillo, con una sonrisa burlona pintada en los labios. —Eres un maldito hijo de puta... —le dije en un susurro rabioso, abrochándome la bata con manos temblando. Él se quedó sentado en el suelo, mirándome con una fascinación oscura mientras se pasaba los dedos por los labios húmedos. —¿Cómo es que sabes tan rico, mami? —preguntó con total descaro. —Escúchame bien, mocoso de m****a: me voy a casar con tu papá y tus pendejadas ya me tienen harta —espeté, temblando de ira y adrenalina. Valentino se puso de pie con una lentitud exasperante, sacudiéndose un poco la ropa antes de dar un paso hacia mí. —¿Tan harta que dejaste que te chupara el coño? —replicó con una sorna helada. —¡Solo me tomaste desprevenida! —me defendí, con la voz al borde del colapso. Antes de que pudiera responder, un ruido seco hizo que la sangre se me helara por completo. Giramos la cabeza hacia la gran ventana del pasillo que conectaba con la terraza y el jardín principal. La silueta de Lorenzo se recortaba contra la luz tenue del interior, con el ceño fruncido y una mirada de profunda confusión mientras abría el ventanal. —¿Qué está pasando aquí? —preguntó la voz de Lorenzo, rompiendo el silencio de la noche como un trueno. Valentino se mantuvo completamente calmado, enderezándose con una naturalidad insultante mientras Lorenzo se acercaba. —Solo estábamos charlando, papá —respondió con una soltura escalofriante, metiendo las manos en los bolsillos del pantalón—. Ella me contaba lo feliz que está de cómo la presumiste hoy... ¿verdad? Contuve la respiración un segundo, tragando saliva antes de forzar una sonrisa en dirección a mi prometido. —Claro, cariño... los nervios aún no me dejan dormir —apoyé con voz suave, intentando disimular el caos que me sacudía por dentro. Valentino los miró a ambos con una media sonrisa calculadora y dio un paso atrás. —Bueno, ya los dejo solos... buenas noches a los dos —se despidió con fingida amabilidad antes de perderse por el pasillo hacia su habitación. Lorenzo se acercó a mí con el ceño fruncido, deteniéndose a pocos centímetros para examinarme de arriba abajo. Su mirada se detuvo un instante en mis labios antes de subir a mis ojos. —Estuviste fumando —afirmó con tono reprobatorio, captando el rastro del olor en el ambiente. —Solo uno... por los nervios de la boda —me excusé de inmediato, encogiéndome ligeramente de hombros. Él negó con la cabeza, cruzándose de brazos. —Sabes que no me gusta eso, Bianca. Es un hábito feo. —Justo por eso vine aquí, para no molestarte con el olor en la habitación —respondí con rapidez, jugando mi última carta de manipulación. Lorenzo suavizó el gesto, exhalando un suspiro mientras extendía la mano hacia mí. —Bien... ¿nos vamos a la cama? —Claro... —murmuré, tomando su mano con los dedos aún temblorosos, mientras caminaba de regreso al dormitorio con la absoluta certeza de que acababa de asomarme al borde del abismo.BiancaLa ceremonia civil transcurrió con impecable perfección. Firmé el acta, sonreí y acepté el beso de Lorenzo ante los aplausos de todos.Pero bajo el tul blanco, mi cuerpo ardía.Sentía el rastro tibio de Valentino escurriéndose entre mis muslos, recordándome a quién pertenecía realmente. Durante el brindis, busqué sus ojos entre la gente; él me miraba desde una esquina con una sonrisa lenta y posesiva.La fiesta apenas comenzaba, pero lo único que deseaba era que Lorenzo se durmiera para correr a buscarlo.La recepción avanzaba entre copas y felicitaciones. Estaba de pie junto a Lorenzo, fingiendo atender a los invitados, cuando escuché pasos firmes a nuestras espaldas.Alcé la vista para encontrarme con Valentino. Lo miré un segundo, traicionada por el deseo que aún me quemaba por dentro, hasta que bajé la mirada y vi su mano entrelazada con otra.Detrás de su hombro apareció una chica rubia, de facciones delicadas y una sonrisa angelical, con aire de no romper un plato.Me que
Pov BiancaLa mañana de la boda se extendía con una calma extraña sobre la mansión.Estaba frente al espejo contemplando mi vestido clásico de novia. Faltaban cuarenta y cinco minutos para la firma y Lorenzo se terminaba de arreglar en otra habitación.Un clic seco rompió el silencio. La puerta se abrió despacio.Alcé la vista en el reflejo.Valentino estaba en el umbral, con el traje oscuro ligeramente desalineado y una sonrisa peligrosa. Me recorrió de arriba a abajo con la mirada.Cerró la puerta tras él y dio un paso al frente.—Ya regresé, mami —susurró con voz ronca.Lo miré a través del espejo, cruzando los brazos sobre la tela blanca del vestido.Una sonrisa cínica se dibujó en mis labios.—No me digas que vienes a pedirme que no me case y que escape contigo...Valentino soltó una risa baja, cargada de burla. Dio un paso más hasta quedar a espaldas mías, reflejándose a mi lado.—Jamás le haría eso a mi padre.Lo miré de reojo, sintiendo cómo el sarcasmo me quemaba en la lengua
Pov BiancaLos días siguientes fueron raros. Lorenzo estaba más presente en la casa por los preparativos de la boda, y Valentino se movía con una normalidad que me ponía nerviosa. No me buscaba de forma obvia. No me escribía.No me miraba de más cuando estábamos los tres. Pero cada vez que pasaba cerca de mí, aunque fuera en la cocina o en el pasillo, sentía esa tensión silenciosa.Una tarde Lorenzo tuvo que salir a una reunión con el abogado. Me quedé en el estudio revisando unos contratos de los proveedores cuando Valentino entró sin tocar. Cerró la puerta detrás de él y se apoyó en ella.—¿Estás ocupada? —preguntó, con esa voz baja.—Sí —contesté, sin levantar mucho la vista de los papeles—. Y tu padre puede volver en cualquier momento.Él no se movió. Se quedó ahí, mirándome.—No vine a cogerte —dijo, casi divertido—. Solo quería ver si seguías fingiendo que no piensas en mí.Levanté la mirada. Él sonrió de lado, se acercó solo un poco y dejó una mano sobre el escritorio, cerca de
Pov BiancaValentino se quedó completamente quieto dentro de mí. Su mano seguía tapándome la boca, pero ahora la presión era distinta, más de advertencia que de placer. El agua seguía cayendo, cubriendo un poco el sonido de nuestra respiración.Desde la habitación, Lorenzo volvió a hablar, más cerca.—¿Bianca? ¿Estás bien?Valentino acercó la boca a mi oído y me susurró, muy bajo:—Dile que no. Que ya casi sales.Tragué saliva. Él sacó la mano de mi boca despacio. Yo respiré hondo, tratando de que la voz me saliera normal.—Estoy bien —dije, un poco más alto—. Ya casi termino. No hace falta que entres, cariño. Salgo en un minuto.Hubo un segundo de silencio. Valentino no se movió. Seguía dentro de mí, duro, el pecho pegado a mi espalda.—Está bien —contestó Lorenzo desde el otro lado de la puerta—. Te espero abajo. Quiero mostrarte algo de la boda.Escuchamos sus pasos alejarse. Valentino soltó el aire despacio contra mi cuello. No se apartó.—Buena chica —me murmuró.Yo seguía con la
Pov BiancaLorenzo llegó a media tarde.Me encontró en la cocina, revisando unos correos de la wedding planner, y se acercó por detrás para abrazarme. Pasamos un buen rato en la mesa del comedor. Él hablaba de los horarios de la ceremonia, de si el primo de su madre al final iba a poder venir desde Italia, de un detalle con el fotógrafo.Yo escuchaba, tomaba notas en el teléfono y de vez en cuando le corregía algo. En algún momento me agarró la mano por encima de la mesa y me la apretó suave. Le sonreí. Se sentía normal. Casi demasiado.Cuando subimos a la habitación ya era de noche. Me besó con calma, de esos besos largos que él da cuando quiere que las cosas vayan lentas. Me desvistió sin prisa, dejando la ropa en el suelo, y me tumbó en la cama. Cuando se colocó entre mis piernas y entró en mí, lo hizo despacio, suspirando contra mi cuello.Me quedé quieta un momento, tratando de seguirle el ritmo.Él se movía con esa paciencia de siempre.Yo cerré los ojos y le pasé las manos
PoV BiancaValentino me empujó de cara contra el colchón y me subió el culo de un tirón. Sentí el aire frío en la piel mojada un segundo antes de que su polla me abriera de golpe. Entró de una sola embestida, gruesa y dura, hasta el fondo. El grito se me ahogó en la garganta. Mis dedos se aferraron a las sábanas.—Mírate —gruñó, la voz baja y ronca justo detrás de mi oído. Me agarró del pelo con fuerza y me tiró la cabeza hacia atrás, obligándome a arquear la espalda—. Una puta que se deja coger por su hijastro. ¿Eso es lo que eres?No me dio tiempo a contestar. Empezó a follarme fuerte. Las caderas golpeaban contra mi culo con un sonido húmedo y obsceno, cada embestida más profunda que la anterior. Sentía cómo me estiraba, cómo me llenaba por completo, el calor de su cuerpo pegado al mío y el roce áspero de su pelvis contra mi piel.—Dilo —ordenó, apretándome más el pelo. Su otra mano se clavó en mi cadera, los dedos hundidos en la carne—. Di que eres una puta por tu hijastro.Cada g







