INICIAR SESIÓNPov Bianca
Valentino dejó escapar una risa corta, relajando los hombros con una falsa inocencia que me revolvió las entrañas.
—Papá, solo está nerviosa por la boda, déjala respirar —respondió Valentino con total naturalidad, cruzando las piernas—. No todos los días una mujer se casa con el amor de su vida... ¿no es así, Bianca?
Lo miré con puro odio disimulado tras los lentes oscuros, sintiendo la burla cínica goteando de cada una de sus palabras.
—Por supuesto... —le contesté entre dientes, forzando una sonrisa tensa.
Lorenzo soltó una carcajada ruidosa, contagiado por el comentario, y se inclinó para acariciarme la mejilla con una ternura ciega.
—Mi amor, tómalo con calma —dijo con una sonrisa comprensiva—. Esta es mi segunda boda y ya no es nada del otro mundo.
—Pero es la primera mía —le recordé en un hilo de voz, con el pecho apretado.
Lorenzo le dio un beso rápido en la frente, enderezándose de inmediato.
—Voy con el capitán un momento a revisar la ruta. Cuídamela bien, hijo —le pidió Lorenzo a Valentino, dándole una palmada en el hombro antes de alejarse hacia la zona de mando.
Valentino sonrió de lado, viendo cómo su padre se alejaba, y se levantó para sentarse justo en la tumbona que Lorenzo acababa de dejar vacía, acortando cualquier distancia que nos quedara.
Me incliné un poco hacia él, conteniendo la rabia para que mi voz no pasara de un susurro afilado.
—Eres un imbécil...
Valentino ensanchó la sonrisa, disfrutando cada segundo de mi desesperación, y estiró el brazo con total parsimonia.
—Me dijeron que te cuidara... déjame cuidarte, mami —murmuró con una burla helada.
Tomó una toalla de algodón blanco que descansaba en la mesita auxiliar y la dejó caer pesadamente sobre mis piernas desnudas.
—Para que no te quemes con el sol... o con el fuego equivocado —añadió en voz baja, rozando con el dedo el borde de la tela antes de recostarse con absoluta comodidad.
Ignoré su provocación, abrí mi bolso de playa y saqué un libro de tapa blanda, decidido a fingir que él no existía a pocos centímetros de mí.
Valentino cerró los ojos, estirando las piernas con tanta tranquilidad que parecía haberse quedado dormido bajo el sol.
Mantenía los ojos fijos en las páginas del libro, intentando concentrarme en la lectura, cuando sentí un peso cálido sobre mi pierna.
Una mano firme se deslizó por debajo de la toalla que Valentino me había colocado momentos antes.
Me tensé de inmediato, deteniendo la respiración mientras el corazón me golpeaba las costillas con violencia. Intenté moverme, pero él apretó ligeramente los dedos sobre mi piel, obligándome a quedarme congelada en el asiento.
Por fuera, Valentino seguía con los ojos cerrados y el rostro relajado, como si estuviera profundamente dormido.
Pero bajo la protección de la toalla, su mano comenzó a subir con una lentitud deliberada, recorriendo la curva de mi muslo hasta rozar el borde de la tela de mi bikini y apartarlo a un lado con total destreza.
BiancaLa ceremonia civil transcurrió con impecable perfección. Firmé el acta, sonreí y acepté el beso de Lorenzo ante los aplausos de todos.Pero bajo el tul blanco, mi cuerpo ardía.Sentía el rastro tibio de Valentino escurriéndose entre mis muslos, recordándome a quién pertenecía realmente. Durante el brindis, busqué sus ojos entre la gente; él me miraba desde una esquina con una sonrisa lenta y posesiva.La fiesta apenas comenzaba, pero lo único que deseaba era que Lorenzo se durmiera para correr a buscarlo.La recepción avanzaba entre copas y felicitaciones. Estaba de pie junto a Lorenzo, fingiendo atender a los invitados, cuando escuché pasos firmes a nuestras espaldas.Alcé la vista para encontrarme con Valentino. Lo miré un segundo, traicionada por el deseo que aún me quemaba por dentro, hasta que bajé la mirada y vi su mano entrelazada con otra.Detrás de su hombro apareció una chica rubia, de facciones delicadas y una sonrisa angelical, con aire de no romper un plato.Me que
Pov BiancaLa mañana de la boda se extendía con una calma extraña sobre la mansión.Estaba frente al espejo contemplando mi vestido clásico de novia. Faltaban cuarenta y cinco minutos para la firma y Lorenzo se terminaba de arreglar en otra habitación.Un clic seco rompió el silencio. La puerta se abrió despacio.Alcé la vista en el reflejo.Valentino estaba en el umbral, con el traje oscuro ligeramente desalineado y una sonrisa peligrosa. Me recorrió de arriba a abajo con la mirada.Cerró la puerta tras él y dio un paso al frente.—Ya regresé, mami —susurró con voz ronca.Lo miré a través del espejo, cruzando los brazos sobre la tela blanca del vestido.Una sonrisa cínica se dibujó en mis labios.—No me digas que vienes a pedirme que no me case y que escape contigo...Valentino soltó una risa baja, cargada de burla. Dio un paso más hasta quedar a espaldas mías, reflejándose a mi lado.—Jamás le haría eso a mi padre.Lo miré de reojo, sintiendo cómo el sarcasmo me quemaba en la lengua
Pov BiancaLos días siguientes fueron raros. Lorenzo estaba más presente en la casa por los preparativos de la boda, y Valentino se movía con una normalidad que me ponía nerviosa. No me buscaba de forma obvia. No me escribía.No me miraba de más cuando estábamos los tres. Pero cada vez que pasaba cerca de mí, aunque fuera en la cocina o en el pasillo, sentía esa tensión silenciosa.Una tarde Lorenzo tuvo que salir a una reunión con el abogado. Me quedé en el estudio revisando unos contratos de los proveedores cuando Valentino entró sin tocar. Cerró la puerta detrás de él y se apoyó en ella.—¿Estás ocupada? —preguntó, con esa voz baja.—Sí —contesté, sin levantar mucho la vista de los papeles—. Y tu padre puede volver en cualquier momento.Él no se movió. Se quedó ahí, mirándome.—No vine a cogerte —dijo, casi divertido—. Solo quería ver si seguías fingiendo que no piensas en mí.Levanté la mirada. Él sonrió de lado, se acercó solo un poco y dejó una mano sobre el escritorio, cerca de
Pov BiancaValentino se quedó completamente quieto dentro de mí. Su mano seguía tapándome la boca, pero ahora la presión era distinta, más de advertencia que de placer. El agua seguía cayendo, cubriendo un poco el sonido de nuestra respiración.Desde la habitación, Lorenzo volvió a hablar, más cerca.—¿Bianca? ¿Estás bien?Valentino acercó la boca a mi oído y me susurró, muy bajo:—Dile que no. Que ya casi sales.Tragué saliva. Él sacó la mano de mi boca despacio. Yo respiré hondo, tratando de que la voz me saliera normal.—Estoy bien —dije, un poco más alto—. Ya casi termino. No hace falta que entres, cariño. Salgo en un minuto.Hubo un segundo de silencio. Valentino no se movió. Seguía dentro de mí, duro, el pecho pegado a mi espalda.—Está bien —contestó Lorenzo desde el otro lado de la puerta—. Te espero abajo. Quiero mostrarte algo de la boda.Escuchamos sus pasos alejarse. Valentino soltó el aire despacio contra mi cuello. No se apartó.—Buena chica —me murmuró.Yo seguía con la
Pov BiancaLorenzo llegó a media tarde.Me encontró en la cocina, revisando unos correos de la wedding planner, y se acercó por detrás para abrazarme. Pasamos un buen rato en la mesa del comedor. Él hablaba de los horarios de la ceremonia, de si el primo de su madre al final iba a poder venir desde Italia, de un detalle con el fotógrafo.Yo escuchaba, tomaba notas en el teléfono y de vez en cuando le corregía algo. En algún momento me agarró la mano por encima de la mesa y me la apretó suave. Le sonreí. Se sentía normal. Casi demasiado.Cuando subimos a la habitación ya era de noche. Me besó con calma, de esos besos largos que él da cuando quiere que las cosas vayan lentas. Me desvistió sin prisa, dejando la ropa en el suelo, y me tumbó en la cama. Cuando se colocó entre mis piernas y entró en mí, lo hizo despacio, suspirando contra mi cuello.Me quedé quieta un momento, tratando de seguirle el ritmo.Él se movía con esa paciencia de siempre.Yo cerré los ojos y le pasé las manos
PoV BiancaValentino me empujó de cara contra el colchón y me subió el culo de un tirón. Sentí el aire frío en la piel mojada un segundo antes de que su polla me abriera de golpe. Entró de una sola embestida, gruesa y dura, hasta el fondo. El grito se me ahogó en la garganta. Mis dedos se aferraron a las sábanas.—Mírate —gruñó, la voz baja y ronca justo detrás de mi oído. Me agarró del pelo con fuerza y me tiró la cabeza hacia atrás, obligándome a arquear la espalda—. Una puta que se deja coger por su hijastro. ¿Eso es lo que eres?No me dio tiempo a contestar. Empezó a follarme fuerte. Las caderas golpeaban contra mi culo con un sonido húmedo y obsceno, cada embestida más profunda que la anterior. Sentía cómo me estiraba, cómo me llenaba por completo, el calor de su cuerpo pegado al mío y el roce áspero de su pelvis contra mi piel.—Dilo —ordenó, apretándome más el pelo. Su otra mano se clavó en mi cadera, los dedos hundidos en la carne—. Di que eres una puta por tu hijastro.Cada g







