LOGINNarrador:
Como esperaba su tesoro no abrió la puerta, así que tuvo que decir lo único que sabía que, a su pequeña niña, le haría reaccionar.
-” Daisy abre, escuché como tu padre pretende casarte con ese viejo de Lord Byron, para que seas la madre de sus hijos. ¡Por dios! ¿Cómo puede ser, si ese hombre es dos años mayor que yo? Eso es...”- antes de que terminara su frase, la puerta de la habitación de Daisy se abrió, y una desarreglada, despeinada, y claramente furiosa rubia, con unos enormes ojos verde esmeralda, apareció para decirle:
-” ¿Qué demonios estas diciendo, Ama? ¿Qué me voy a casar con ese asqueroso de Lord Byron? Eso es imposible, nunca lo haré.”- dijo la rubia furiosa, intentado parecer segura.
Aunque, en el fondo, tanto Milly como Daisy sabían que nunca se iban a enfrentar, ni su padre, ni a sus hermanos abiertamente, desde luego, les tenían mucho miedo, no era la primera vez que esos tres usaban su crueldad en contra la menor de los Lascalles.
Ninguno de los integrantes de esa familia, y personal de servicio de la mansión, en ese momento, estaban preparados para lo que pasó dos horas después, mientras los tres varones de la familia aún discutían en el despacho de Lord Lascalles, la mejor estrategia para recuperar y usar a la única mujer de la familia, para reponerse de todo lo que habían perdido misteriosamente, en sólo dos semanas, por su lado, Daisy, junto a su Ama, preparaban un plan de huida, y evitar así que su padre la casara con lo que para ella era un viejo vicioso, y aburrido.
Sobre las doce del mediodía, alguien tocó en la enorme puerta de la mansión Lascalles, y como siempre, el viejo mayordomo de la familia se dispuso a atender a la visita, no anunciada.
Sus cejas apenas se alzaron al ver frente a él, a varios hombres vestido de policía, y justo detrás de ellos, cuatro hombres altos, atractivos y fuertes, vestidos con trajes ejecutivos a medida, que debía valer más de cinco cifras, que miraban con un porte seguro, poderoso, e intimidatorio, acompañaban al cuerpo policial.
-” ¿Qué desean, señores?”- preguntó el mayordomo demostrando su perfecta clase inglesa.
-” Queremos hablar con el señor Vermont Lascalles.”- dijo uno de los policías que parecía ser el jefe de ellos.
El mayordomo inclinó la cabeza, y haciéndose a un lado, los dejó entrar, para luego llevarlo hasta la salita que estaba delante del despacho de Lord Lascalles.
-” Disculpe, Milord, señorito Vermont hay unos policías que lo buscan.”- se oyó decir al mayordomo, tras haber tocado, con educación la puerta, y abrirla, ligeramente, después, asomando su cabeza por la abertura de esta, e informar a sus jefes.
Cuando los tres Lascalles, salieron del despacho, extrañados, se encontraron con el grupo, algo grande, de hombres uniformados esperándolos, junto a otros cuatro hombres, que permanecían callados, esperando detrás, fue uno de esos hombres quien llamó la atención a Vermont, enfureciéndolo.
-” ¿Qué demonios haces aquí, en mi casa, Finlay Alacintye? ¡Maldito escoces! Ya puedes...”- comenzó a decir Vermont, con ira, pero el jefe de la policía le corto con su intervención.
-” ¿Es usted el señor Vermont Lascalles?”- le dijo el policía, interrumpiéndolo.
-” Si oficial, él es mi hijo Vermont. ¿Hay algún problema?”- dijo algo solicito Lord Lascalles, sujetando a su hijo por el hombro para que se calmara, ya que se le veía claramente alterado.
-” Si lo hay Lord Lascalles, Vermont Lascalles, quedas arrestado, por falsificación y robo de información industrial clasificada. Vamos a proceder a relatarle sus derechos, mientras lo esposamos, para que nos acompañe.”- a medida que el policía le hablaba Vermont, sin apenas poder creerlo, miró a su mayor enemigo, que sostenía una sonrisa, inquietante, y burlona.
-” ¿Esto es obra tuya? ¿Verdad, maldito Alacintye?”- le dijo cortando la lectura de sus derechos, que le hacía el policía que lo esposaba en ese momento, por orden de su jefe.
-” No estúpido Lascalles, esto es obra tuya, yo sólo tuve que poner la red, y esperar, sabía que tu solito te arruinaría la vida, te lo advertí que no usaras a mi mujer para tus problemas personales de autoestima, tu odio hacia mí te ha destruido, no te perdono que hayas mandado a esos matones a seguirla, después de la paliza que te di la última vez, y tras mi advertencia, fue otro de tus mayores errores, por cierto, soy mi cuñado Roy y yo, quienes nos estamos haciendo con la empresa Lascalles, tranquilo la cuidaremos bien.”- le dijo Finlay con autosuficiencia, y pura ira en su mirada.
Fue así como Vermont fue detenido, mientras amenazaba totalmente fuera de sí, con vengarse del propio Finlay, y de toda su familia. Esa tarde, y en los tres días venideros, más de una desgracia pasó en el seno de la familia noble de los Lascalles, William tras conocer que pronto su familia lo perdería todo, se escabulló, con miedo de que su hermano lo usara como chivo expiatorio, por el fraude que él cometió, así que reunió la mayor cantidad de dinero posible, y los objetos de valor que encontró, en la casa de los Lascalles, y tras meterlo en el coche más caro del garaje, huyó para siempre, de esa familia destruida, para no volver jamás.
Daisy, tuvo que, desistir de su plan de huida, ya que, una hora después de haberse llevado la policía su primogénito, Lord Vermont William Lascalles, sufrió una apoplejía que lo dejó paralizado totalmente, casi en estado vegetal, y tanto Daisy como, su Ama, tuvieron que gestionarlo todo, mientras los acreedores, se disputaban lo que quedaba de valor, para poder sacar algo, de lo que quedaba de esa destruida familia, y de su enfermo padre.
Fue así como la nueva vida de Daisy cambió, y comenzó de la manera más difícil, aunque si ella lo analizaba bien, este cambio había comenzado mucho antes, en el momento en el que un descarado ladrón, un año menor que ella, el maldito cerdo de Marcus Philip Miller, hijo menor de la famosa multimillonaria familia americana, la humilló, para proteger a su hermana Ailan, delante de todos, robándole su primer beso, algo que ella, nunca olvidaría, ni perdonaría.
Nota de la autora: Si no conoces las historias de los padres, y de los dos hermanos mayores de los Miller, te aconsejo que te las leas primero, antes que esta. Son mis mejores novelas, y la que más han gustado. Te aconsejo que empieces en este orden, la primera es "La noche que te convertiste en la madre de mis hijos", la historia de Norman y Yvaine Miller (Los padres), a continuación, está “Promesas entre Hielo y Fuego”, la historia entre Kimberly y Jason Blake ( Los padrinos), seguimos con “La amante contratada de CEO”, la historia del primero de los gemelos Miller, Roy, “¡Eres mía, heredera!”, la historia de la otra gemela, Ailan,, “El despertar de la Guerrera Miller” la historia de Amelia y de los dos hijos de los Blake, Angus y Connelly, y finalmente esta novela, “La Ley que nos arrastra” la última de y definitiva, la historia de Marcus, el Benjamín.
Narrador: Como todos los años, desde hace ya once años, la fiesta de víspera de navidad de los Miller es la más famosa de esta época, todo el mundo quiere asistir, aunque este año hay dos grandes ausencias, las de Gavin Conway, el famoso actor y productor, que se encuentra desde hace dos meses disfrutando del verano de Nueva Zelanda, mientras se concentra en su última gran producción, y la ya universitaria Mia Müller. El caso de Mia es algo más doloroso para la familia Miller, en especial para Hanna, ya que a pesar de que la pequeña adora a todos los miembros de la familia, sobre todo a sus dos sobrinos Aron y Elizabeth, de diez años, y sobre todo a su cuñado Roy, la ya no tan pequeña futura traumatóloga, a sus veintidós años, ha decidido, estudiar su carrera en Alemania, en el instituto de traumatología, que le ayudó en aquellos años, para que volviera a caminar. Para Mia, los Miller fueron su salvación, lo mejor que le pasó a su hermana, que fue su gran apoyo, casi como una madre
Daisy: -” Vale ya está hecho, esto suele pasar cuando se disfruta de un hombre como tu hombre, y no recuerdas que el sexo tiene otra función, aparte de hacértelo pasar genial.” - me dije para calmarme, ante la enorme sorpresa que me lleven el mismo día que tras insistir mil veces, por mis nauseas entrañas, Rosi me trajo a la cita, que me obligó a tomar con su ginecóloga. Claro que ella ya sospechaba que, lo que yo pensaba que era una gastroenteritis, tenía otra causa más impactante, una causa que vería la luz dentro de menos de siete meses, porque increíblemente estaba de dos. Claro que en mis cálculos no estaba que Marcus aparcería de repente, y menos que, después de arrancarme de las manos los que evidentemente era una ecografía, hiciera, como siempre, preguntas tontas, que siempre sacan lo peor de mí, y al escucharle decir esto: -” ¿Y.…esto? ¿Qué...es? ¿Es broma? o ¿no?”- no puede evitar responder. -” La broma es la que tiene montada tu familia para repoblar, y dominar la Ti
Marcus: -” ¿Enserio que debo asistir? ¿No se supone que esto lo debe hacer el padre?”- me quejé inútilmente por enésima vez a mi madre, y a mi madrina, por le manos libres del coche, mientras llevaba a Betty Boo a su revisión del octavo mes de embarazo, pero esta vez ni me respondió simplemente la diosa Miller, tras dar su orden de nuevo, colgó el teléfono. Se suponía que estas cosas debía hacerlas el desertor de Rowdy Cooper, total él era el responsable principal de que la futura princesa consentida, que la pelirroja iba a traer a este mundo, la futura mimada y consentida Briana Cooper, única nieta de la familia Blake, después del nacimiento de los dos varones que había tenido mi hermana Amelia. Era él que debía de estar aquí. Este era trabajo era para el padre, para el que la dejó embarazada, en teoría, pero por desgracia para mí, el ejecutivo genio, había tenido que viajar de urgencias a Estados Unidos, para terminar un trabajo, antes de que su adorada, y caprichosa esposa, se p
Daisy: -” ¿Por qué estamos aquí, Marcus?”- le pregunté con algo de nerviosismo, cuando llegamos al hotel, y a la suite donde tuvimos nuestra primera vez, cuando él no sabía quién era yo, y yo vine a descubrir a quien le había entregado mi virginidad, a la mañana siguiente, para huir de allí, antes de que él se despertara. -” ¿Tengo que decirlo? ¿O tu ya lo has averiguado, Abogada Allard?”- me dijo con esa sonrisa pícara que tantas veces me había metido en problemas con ese hombre. Decidí ignorarlo no debía dejarme influenciar por el deseo que ese hombre me hace sentir, de sobra sé lo que me provoca, una pérdida total de la realidad, y ahora lo más importante era dejar todo claro de una vez. Pero la pregunta que él me dirigió, a continuación, lejos de calmarme, activó una especie de espíritu combativo unido a una gran emoción, descontrolada por el amor que me hace sentir, una reacción que, cuando se trataba de Marcus, no es muy difícil que pase, revelando más de lo que una mujer, q
Daisy: -” Podrías morirme de vergüenza ahora mismo, como me hace esto delante de tanta gente, aún pero delante de sus padres, maldito sea Rata Miller.”- ese era mi pensamiento mientras de esa forma tan troglodita, era llevada sobre el hombro del hombre que amo, sin ninguna piedad por su parte. Es verdad que me siento culpable, por haber huido del hotel, donde estaba bajo su protección, sin notificárselo, más aún después de lo que pasó anoche, pero en ese momento, como comprobé más tarde, no sabía que había sido engañada por mi propia clienta, no podía sospechar que Maryorie prefiriera el dinero, para luego intentar fugarse, a cambio de vender a sus abogadas. No quise a hablar, ni protestar en ese momento, mientras oía avergonzada, los vítores de los asistentes, al ver como ese hombre me llevaba con paso decidido a saber dónde, Simplemente cubrí mi cara con las manos, por eso de ojos que no ven, corazón que no siente, mientras trataba de enterrarme en su espalda, para aislarme de t
Marcus: Se puede decir que llegar hasta esa maldita mujer, aunque en tiempo fue rápido, gracias a que mi cuñado Finlay envió dos de sus helicópteros, desde Edimburgo, para mí no fue lo suficientemente, sólo de saber que mi madre, y la mujer que amo, habían estado en peligro, durante unas peligrosas horas, sin que yo pudiera evitarlo, ni protegerlas me daban ganas de golpearme. De nada me servía saber que ahora se encontraban bien, que segun me había dicho nuestra gente, que mi madre nunca había estado en peligro, más bien había intervenido en ayudar a la desesperante Marilyn. Ni tampoco me servía que, esta última, se habían liberado de sus secuestradores por si sola, simplemente no podía admitirlo porque yo no estaba a su lado, y eso me hacía estar furioso, con ella, con los secuestradores, con el mundo, pero, sobre todo, conmigo mismo. -” ¿Qué ocurre, hijo? ¿Te encuentras bien?”- la voz de mi padre, me hizo salir de mi estado de auto reproche para mirarlo, mientras el helicóptero







