LOGINEstimadas lectoras y lectores ¿Qué creen que vaya a suceder a partir de ahora? ¿Será que Esteban piense en regresar con Marina?
—Marina, cariño… —dijo el hombre tomando su mano y colocando su frente en ella. —Tú eres la única que ha sufrido mi vida; yo permití que tu madre te llevara por un camino donde la única decisión que te dejamos fue huir, ¿verdad?El hombre tuvo que hacer una pausa al recordar muy bien lo que había sucedido después de que Marina se casó, pues para todo el mundo, Marina se había sacado la lotería, y sí, pero no era la manera en la que debía haberse ido.Rigoberto recordó cómo fue la primera, la segunda, la tercera semana; Eugenia ya había hecho planes con la alcoba de aquella niña; era como si festejara en secreto no tener que verla. En cambio, él asimilaba la vida sin esa hija de un modo totalmente diferente.Sin Marina en casa, honestamente, la ausencia era mucha; ya no estaba aquella jovencita subiendo escaleras a la carrera, o incluso bajándolas y brincando desde los últimos dos o tres escalones.Aunque Marina no lo recordara, el hombre estaba ahí, sí, ahí, no como un padre platicado
Luego de estar ahí por varios minutos más, Lina, Paulina y Efraín vieron cómo Marina se fue quedando dormida. Lina insistía en que debían llevarla a Catemaco para que le hicieran una limpia; Paulina decía que estaba loca, que ya no jugara con esas cosas y Efraín, por su lado, solo miraba cómo aquellas hermanas interactuaban como nunca lo habían hecho.Al salir de la habitación, Lina se topó con aquellos fríos e imponentes ojos azules de su ahora pareja, quien le llevaba un poco de su pan favorito.—¿Cómo sabías que tenía hambre?—Lo supuse, anda, come, recuerda que debes alimentarte muy bien; además, ya pedí que nos den una habitación, tuvimos un largo viaje y tú no has parado desde que llegaste a México, recuerda, ya no solo eres tú. —dijo Patrik al momento en que la levantaba del suelo y se la llevaba a una habitación cercana a la de Marina.—¡Patrik! Nos están viendo todos… —dijo Lina con las mejillas sonrojadas.Patrik al notar aquello, se detuvo, pero no la bajó; giró y les dijo
Cuando Marina abrió los ojos, la primera persona que vio fue a Efraín. El hombre, al verla, mostró un gran entusiasmo; ella se percató de que ya era de noche y eso la alteró; en ese momento no recordaba nada de lo que había sucedido.—¿Do… ¿Dónde estoy? ¿Qué… ¿Qué hago aquí? —dijo Marina intentando incorporarse de la camilla.—¡Tranquila! ¡Tranquila! ¡Todo está bien! ¡Todo está bien!—¿Qué. ¿Qué me pasó?—Tuviste un accidente, un auto te golpeó, pero… ¡Dios, Marina! ¡Nos has dado un susto de muerte!Marina no comprendía nada; lo último que recordaba era la pelea con su madre por teléfono. Por instinto, ella se llevó la mano a la frente al sentir algo pesado en ella.—Tranquila, ya le hablé al médico para que venga, ¿de acuerdo? La persona que te golpeó con su auto dice que ibas muy distraída; él intentó frenar, pero le fue imposible esquivarte.Marina, al escuchar aquellas palabras, al sentir como la mano de este hombre se aferraba con fuerza a la suya, sintió un nudo en el pecho, uno
Marina se quedó callada, escuchó atenta todo lo que su madre comenzó a decirle; ella no tenía ánimos, ni ganas de ponerse a pelear con ella. Al final, luego de varias sesiones, había llegado a la conclusión de que, fuera cual fuera la razón por la que su madre la veía de manera diferente, no era su problema. —Marina, por tu maldito desliz ahora yo soy quien paga las consecuencias… ¡Ya estás feliz! ¿Verdad? —Madre, no tengo idea de qué estás hablando, llevas semanas sin verme y ahora lo único que haces es llamar para reclamar, ¿de verdad? ¿Es en serio? —¡Mira cómo me hablas! ¡Soy tu madre y debes respetarme! ¡Tu maldito padre no lo entiende, pero tú eres un maldito mal! Marina no comprendía nada, no entendía por qué su madre estaba tan molesta; siempre había sido indiferente a ella. ¿Por qué ahora venía a reclamarle de ese modo? —Madre, déjate de rodeos y dime, de verdad, dime, ¿qué te tiene así? —¡Tú y tus estupideces! ¡Tú me tienes así! ¡Tú y tu maldita irresponsabilidad! Si hub
Efraín ya no quiso discutir más; estaba claro que Marina ya había tomado una decisión y él, él ya no tenía más argumentos con los que debatir su decisión. Con aquello en mente, soltó las manos de Marina y dijo: —Solo no me niegues estar con mis hijos… —Jamás he dicho aquello, puedes ver a tus hijos cuando quieras; además, la casa en donde vivimos es tuya. —No, esa casa la había comprado para ti y eso no va a cambiar. —Lo agradezco, pero es mejor que esa casa sea de los niños. —Marina… ¿De verdad esa es tu decisión? —Sí, llevo toda la vida haciendo todo lo posible porque alguien me vea, porque alguien me quiera; no puedo seguir mendigando el amor que no tengo ni por mí. —dijo Marina esbozando una ligera sonrisa. —Puedo esperarte… —No, no lo hagas, no es justo, no es justo que por mis problemas tú te quedes esperándome, no más, Efraín, tú mereces a alguien que se quede contigo, que te mire como yo no sé mirarte, mereces a alguien que no tenga tantos problemas detrás, no es justo,
Efraín vio los ojos de Marina; estos estaban cargados de desilusión. En los últimos días ella se había mostrado un poco más apacible, pero la escena de ayer había tirado por tierra todo aquello.Él tomó su mano; ella no hizo por alejarse, simplemente la cerró en un puño y miró hacia la calle.—Marina, ya te escuché, ya escuché todo lo que tenías que decir; ahora, ahora me toca a mí hablar.—Efraín, de verdad no es…—No, necesito que me escuches tú a mí…Marina se puso tensa; no sabía bien qué era lo que este hombre iba a decirle.—Llevo años, años esperando que todo esto cambie, años viendo cómo tú hacías tu familia y que yo, por esperar, por hablar de más, por hablar con la persona equivocada, provoqué todo eso.Marina, cuando te volví a ver, no, es más, no, cuando supe que mi primo te pidió el divorcio, yo simplemente no lo pensé, quise acercarme, creí que podíamos iniciar algo, creí que…—¿Qué? ¿Qué creías?—Que tú y yo podíamos iniciar algo… Creía que si tú me dabas la oportunidad,







