Home / Romance / La mujer que nunca fui / Capítulo 4: Luna de miel

Share

Capítulo 4: Luna de miel

Author: Alut
last update publish date: 2026-03-10 17:33:24

—¡Maldita sea, Lina! ¡Conduce más rápido! ¡O quítate, lo hago yo! —dijo Marina en su desesperación.

—¡Marina, cálmate! ¡Por favor! ¡Voy lo más rápido que puedo! —expresó Lina tratando de tranquilizar a aquella mujer que por momentos desconocía.

Marina no sabía realmente a qué iba, no tenía ni una idea de qué es lo que haría tan pronto llegara ahí; solo sentía que debía ir, su corazón le decía que todas sus preguntas tendrían respuesta ahí.

Tan pronto como vio que llegaban a la terminal 1, Marina abrió la puerta con el auto aún en movimiento; afortunadamente, llevaba el cinturón puesto, de lo contrario, hubiese sufrido un terrible accidente.

—¡MARINA, DIOS! ¡ESPERA!

—¡PARA EL MALDITO AUTO! ¡ME VOY CORRIENDO! —replicó Marina con gran preocupación.

Lina, al ver que su hermana podía cometer una locura, no lo pensó dos veces y se detuvo solo para ver cómo ella bajaba y corría hacia la entrada principal. Luego de ello, arriesgándose a una terrible multa, condujo metros adelante, detuvo el auto y fue en búsqueda de su hermana.

—¡Déjeme pasar! ¡Es una cosa de vida o muerte! —dijo Marina, intentando razonar con el policía que estaba en la entrada de la aduana.

—Señora, si no tiene un boleto, no puedo dejarla pasar; evíteme la molestia de sancionarla.

Marina en ese momento no escuchaba razones; en su cabeza solo cruzaba la idea de que, si Esteban abordaba el avión, jamás lo volvería a ver.

Cuanto más lo pensaba, la necesidad de verlo, de abrazarlo, de hacerle ver que podían solucionar lo que estuviera mal se hacía más fuerte.

—¡Hable con el capitán Guerra! ¡Mi esposo es Esteban Montemayor! Él guarda aquí su avión privado, no pueden negarme el acceso…

—Señora, para los vuelos privados, usted necesita estar en la lista del FBO y la entrada no es por aquí; vaya más adelante.

Marina recordó que, en efecto, siempre esperaban en una zona distinta.

Lina, por su lado, estaba por alcanzar a su hermana cuando vio correr a esta en sentido contrario; la llamó, pero solo alcanzó a ver cómo, en su desesperación, cayó al suelo y ni las manos metió.

—¡MARINA! ¡DIOS SANTO! —gritó Lina corriendo para auxiliarla.

Marina solo sintió como un montón de manos la ayudaron a levantarse; el impacto había sido tan seco que la dejó aturdida, mientras que un sabor metálico se apoderó de su boca.

—¡Hermana! ¡Por favor, para! No sé qué intentas hacer, pero mírate, estás vuelta una loca. ¡Ya basta! Vamos al médico a que te revisen, estás sangrando.

En toda su vida, Marina había sido la hermana apacible, optimista y soñadora; el que Lina la viera en esa situación era algo totalmente nuevo.

—¡No! ¡No! ¡No! —decía Marina llevándose las manos a la cabeza. —Esto no puede suceder, esto no… Esteban no se puede ir, no nos puede abandonar. ¿Qué les voy a decir a nuestras hijas? ¿Cómo se los voy a explicar?

Lina solo vio cómo su hermana se había dejado caer en el suelo y comenzaba a llorar en silencio.

La hermana, al ver la escena, se sentó a su lado y la rodeó con los brazos; no sabía qué más hacer, qué decir o cómo consolarla. Esta era la primera vez que le tocaba verla tan perdida, en su mente buscaba las palabras correctas para consolarla, pero ¿qué le dices a quien ayer festejaba su aniversario y hoy le habían pedido el divorcio?

—Él me dejó, ¿verdad? Él se fue, ¿verdad? —dijo Marina como si decirlo en voz alta lo hiciera real.

Lina no respondió, no hacía falta; Marina lo había entendido todo. Sabía que podía correr y llegar a la terminal, pero ¿qué caso tenía? Él ya no la estaba esperando, él ya no la amaba, es más, nunca la había amado.

En contraste, tras varias horas después, a miles de kilómetros de lo que sucedía en México, Esteban, junto a su hermosa acompañante, ajeno a todo lo que ocurría, era notificado de que en breve comenzaba el aterrizaje en Kahului Airport en Maui.

Tan pronto como el avión tocó el suelo, la pareja descendió y fue recibida por el clima cálido y agradable de aquella isla; luego de ello, una servicial agente les ofreció un collar de flores.

—¡Bienvenidos a Maui! ¡Bienvenidos, señor y señora Montemayor! ¡Esperamos que su estancia aquí sea lo que desean para su luna de miel! —dijo la agente con suma educación. - Su esposa nos dio todos los pormenores de su viaje. ¡Les deseamos una maravillosa luna de miel!

Esteban miró a la mujer que iba a su lado ante aquella declaración; ella le sonrió con picardía.

—¿Luna de miel? —preguntó él ante aquella declaración.

Ella solo se encogió de hombros y sonrió; era claro que ambos sabían que eso era una mentira, pero, siendo honesto, a Esteban realmente le gustaba más pensar que aquello era verdad.

Tras aquel pequeño momento incómodo para él y gratificante para ella, Esteban se alejó un poco, sacó su móvil, pues este no había parado de vibrar tan pronto como tuvo señal.

Al revisarlo, se percató de que estaba inundado de notificaciones, llamadas y un buzón de voz.

—¡Felicidades, señor Montemayor! ¡Le deseo que vengan muchos años más! Pásele mis saludos a su encantadora esposa. —Escribió Carlos Casseres, el socio mayoritario que lo conocía desde jovencito.

—¡My friend! La cena estuvo exquisita, felicítame a Mary, no cabe duda, ¡ella es la mejor! —expresaba Armando, su mejor amigo.

—Esteban, márcame, me urge hablar contigo… —Escribió Florencia, su madre.

Le bastó ver aquellos 3 mensajes para decidir que no iba a revisar los restantes, pues solo servían para hacerlo sentir incómodo y preocuparlo, más cuando los contactos que más aparecían en pantalla eran: Rigoberto, Adelina y Paulina, padre y hermanas de Marina.

Tras decidir no revisar nada de aquello, se fue inmediatamente al buzón de voz, para escuchar lo que decía la única persona que era capaz de dejarle un mensaje ahí.

—Esteban Montemayor… Espero que estés completamente seguro de la decisión que acabas de tomar. Porque, si no lo estás, el daño que has provocado será imposible de reparar.

Al escuchar el mensaje de su padre, se quedó pasmado mirando hacia ningún lado; su mente lo llevó a pensar en Marina y sus hijas, pero, en cuestión de segundos, tomó la decisión de apagar el móvil y guardarlo.

Acto seguido, posó sus ojos en la bella mujer que caminaba hacia él.

Lorena Huesca llevaba cerca de un año de haber regresado a México y, desde entonces, la vida de Esteban había cambiado por completo.

Hoy día, él podía decir que ya no se sentía en pausa, que no actuaba de manera automática; ahora se sentía lleno de vida y capaz de enfrentar todo lo que viniera a futuro.

Por otro lado, Lorena, al percatarse de que Esteban la observaba, sonrió y apresuró el paso; al llegar frente a él, lo tomó de la cintura y dijo:

—¡Esteban, no sabes cuánto te amo!

Acto seguido, estampó sus labios con los de él, en un apasionado beso que lo dejó con ganas de estar solos en otro lugar.

Lorena no era tonta y se había percatado del cambio en la actitud y semblante de Esteban, por lo que preguntó con suavidad:

—¿Sucede algo?

Esteban la miró; por un segundo, dudó en responder, luego sonrió, aunque esa sonrisa no llegó del todo a sus ojos, y dijo:

—No… Nada, ¡vamos! Es hora de ir al hotel y comenzar nuestra “luna de miel”, ¿no lo crees?

Lorena rio mientras se sonrojaba al imaginar qué significaban aquellas palabras; tomó su mano y entrelazó sus dedos con los de él, para después caminar hacia el auto que ya los esperaba.

Mientras todo aquello sucedía, Marina, en la oscuridad de su habitación, algo adolorida y sin poder dormir, no paraba de dar vueltas en la cama, al tiempo que no dejaba de pensar en la pregunta que Esteban no había querido responder.

—¿Hay alguien más?

Continue to read this book for free
Scan code to download App
Comments (1)
goodnovel comment avatar
ashira
me está encantando este nuevo libro,la niña es una malcriada que no tiene respeto hacia su madre como puede hablar le así, ojalá con el tiempo Mariana la ponga en cintura.
VIEW ALL COMMENTS

Latest chapter

  • La mujer que nunca fui   Capítulo 443: Esto iba en serio

    Sebastián la abrazó y comenzó a acariciar su espalda desnuda para luego decir algo que sacaría completamente de su centro a Paulina.—Hmm… No lo he pensado mucho, solo te puedo decir que en esta ocasión no he usado ni mi boca, ni mi lengua, pero si hay una siguiente ocasión, será lo primero que use.—¡Sebastián!—¿Qué? ¿Que no acaso es lo que está pidiendo a gritos?—¡No! ¡Estoy pidiendo un descanso!—Hmm… Sí, creo que te debo dar la razón; además, en cualquier momento amanece y con la luz del sol ya se ve el color de los gatos; creo que va siendo momento de que nos vayamos a casa.—¿Piensas llevarme a casa de mi hermana a estas horas y en estas condiciones? —dijo Paulina acomodándose el cabello.—No, ¿quién te dijo que te voy a llevar a casa de Marina? ¡Vamos a ir a mi casa, tu casa, nuestra casa!—¿Qué cosas estás diciendo? —preguntó alejándose un poco de aquel hombre.—Tú estás aquí de vuelta, ¿no?—Sí, pero en ningún momento he dicho que yo vaya a mudarme con usted.—No, no lo has

  • La mujer que nunca fui   Capítulo 442: ¿Cansado, señor Escalona?

    En toda su vida, Paulina nunca había hecho locuras como las que estaba haciendo en este momento, cosa bastante contradictoria porque era una adulta y Sebastián también era un adulto; no obstante, la decencia en ese momento poco importó, más cuando la tensión y el deseo estaban haciendo que en este preciso momento él se estuviera apoderando de su cuerpo, de su centro, de su ser.—¡Dios! —atinó a decir ella al sentir cómo el gran ego de aquel hombre se deslizaba dentro de ella.Sebastián no tenía esto planeado, pero agradecía infinitamente no haber usado su deportivo, porque de ser así, esto no estaría sucediendo. El hombre disfrutaba de aferrar sus manos a las caderas de Paulina; lo hacía con fuerza, lo hacía como si alguien viniera y quisiera arrebatárselas.Él podría describir como una delicia lo que tenía sobre sus piernas; mejor dicho, verla así era una completa delicia: su suave piel, su delicado perfume a nardos, ese suave y largo cuello, ese bello, largo y sedoso cabello.Sebast

  • La mujer que nunca fui   Capítulo 441: Lengua experta

    Paulina sintió una punzada en el estómago al escuchar aquellas palabras; siendo sincera, este hombre no era como algún otro que hubiese conocido. Para comenzar, hacía y decía lo que le venía en gana y eso, eso a la vez le causaba miedo y, a la vez, le daba curiosidad.—¿Qué respuesta tienes a lo que te pregunté, corazón?—¿Cómo? —preguntó saliendo de sus pensamientos y temores.—Sí, te pregunté si quieres conocer otro tipo de vida.—¿Qué tipo de vid podrías enseñarme?—Una más… —dijo Sebastián mirándole con más detenimiento. —Una más interesante.—Soy una mujer complicada y de carácter muy fuerte, ¿cree usted poder con eso?—Si para morir nacemos, ¿no?Paulina le lanzó una mirada fulminante.—Ibas tan bien…Sebastián sonrió satisfecho; esta mujer sí que era dura de roer, pero, para suerte de ella, él solía ser un hombre muy insistente cuando se lo proponía y, sobre todo, cuando alguien le interesaba, como estaba siendo el caso.—¿Vas a querer un postre? —dijo el hombre cambiando radic

  • La mujer que nunca fui   Capítulo 440: ¿Vienes a conocer otro tipo de vida?

    Tras unos minutos en auto, Paulina y Sebastián terminaron llegando al elegante Azul Histórico; ella se quedó asombrada del lugar, pues este era cálido y romántico; el árbol al centro, las luces y las velas le daban un toque meramente especial.—¡Adelante! Espero que cumpla con tus expectativas.Paulina observó al hombre, quien se dirigía con la seguridad de un hombre que estaba hecho para encajar en cualquier sitio.—¡Señor Escalona! ¡Qué gusto que nos visite! ¿Tiene reservación?—La verdad es que no, el plan surgió en el camino.—Descuide… ¿Mesa para dos?—Sí, por favor…—¡Claro! ¡Adelante! Pasen… —dijo la anfitriona de modo muy amable.Paulina admiró el lugar y se dejó sorprender por este. En todo el tiempo que había salido con alguien, los lugares eran el tipo bar por un trago, una cena aburrida, una plática sosa, un “¿dividimos la cuenta?”. Y más etcétera que podía recordar.—¿Señorita? —dijo Sebastian jalando la silla para que esta tomara asiento.—¡Gracias! —respondió ella un ta

  • La mujer que nunca fui   Capítulo 439: Esto no es una cita…

    Paulina se lo quedó viendo con sorpresa, pero a la vez con indignación. Esta mujer no daba crédito a cómo era que este hombre le podía decir aquellas cosas.—¿Todas las mujeres caen con esa frase? —dijo Paulina con un dejo de ironía.Sebastián sonrió coquetamente y dijo:—Algunas, no todas, algunas me llevan tiempo… solo es cuestión de cuidar los detalles.—¿Cuestión de tiempo? ¿Cuidar los detalles?El hombre se acercó mucho más a Paulina, hizo a un lado un mechón de cabello que cubría el rostro de aquella mujer y le susurró muy cerca del oído.—Créeme, puedo ser muy convincente si me lo propongo.—¿Qué está queriendo insinuar?—No insinuó nada, yo tengo hambre, tú estás de muy mal humor, supongo que… Bien podríamos darnos una escapada; te puedo llevar a comer, porque en este momento no pienso en otra cosa que no sea en comida, en un buen trago y luego…Aquella voz gruesa y ronca provocaba una cierta vibración en el oído de Paulina; aquello generó que los vellos de su cuerpo se erizara

  • La mujer que nunca fui   Capítulo 438: Ego muy grande

    --- Horas antes ---—Marina, acomódate, debes reposar; ahora mismo voy a ver a Ofelia para ver qué hacemos de comer.—¿Paulina? ¿Tú haciendo de comer?—¡Claro! ¿De qué crees que me alimento? —dijo la mujer indignada.Marian se quedó sorprendida, no daba crédito. ¿Dónde rayos se había metido su hermana mayor? Esta definitivamente se la habían cambiado; sí, era verdad, no se habían visto en poco más de un año, pero, hasta la última vez, Paulina era Paulina, la misma de siempre. ¿Quién rayos era esta mujer?—Ya dime la verdad, ¿dónde dejaste a mi hermana?—Sigue de graciosa y te voy a dejar sin comer.—Ofelia es quien me alimenta.—Pues le voy a impedir que te sirva comida; anda, recuéstate, debes descansar. —dijo Paulina arropando a su hermana. —Papá, tú también te ves agotado; ven, te llevo a una habitación para que descanses.—¡No, hija! ¿Cómo creen? Yo solo vine a ver que estuvieran bien, no quiero darles molestias.—¡Papá! Más molestia me da si no te vas a descansar; esta casa es amp

More Chapters
Explore and read good novels for free
Free access to a vast number of good novels on GoodNovel app. Download the books you like and read anywhere & anytime.
Read books for free on the app
SCAN CODE TO READ ON APP
DMCA.com Protection Status