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Ámbar estaba desesperada.Desde que el médico les había dicho que Justin necesitaba un trasplante de hígado, sentía que el suelo podía desaparecer bajo sus pies en cualquier momento.No podía pensar con claridad.Cada vez que cerraba los ojos veía a Justin tendido en aquella cama, conectado a máquinas, completamente inconsciente.Y lo peor era no saber cuánto tiempo le quedaba.Su madre llevaba varios minutos observándola en silencio.Finalmente, tomó sus manos.—Ámbar, tienes que dejar que te revise un médico.—Mamá, ahora no puedo pensar en mí.—Precisamente por eso tienes que hacerlo.Ámbar negó con la cabeza.—Justin está ahí dentro luchando por su vida.—Y tú llevas a su hijo dentro de ti.Su madre acarició suavemente su vientre.—No puedes permitir que el miedo te haga olvidar que también tienes que cuidar de ese bebé.Ámbar bajó la mirada. Sabía que tenía razón.Por eso, finalmente, aceptó.Una enfermera la acompañó hasta una de las salas de revisión.Ámbar se acostó en la cami
Greg fue el primero en ofrecerse para hacerse las pruebas.No lo dudó ni un segundo.Después de escuchar al médico explicar, que Justin necesitaba un trasplante con urgencia, todos habían quedado en silencio. La noticia había caído sobre ellos como una sentencia.Necesitaban encontrar un donante.Y rápido.Greg era prácticamente la única opción inmediata.La madre de Justin tenía una edad que hacía imposible que pudiera someterse a un procedimiento de ese tipo, mientras que Lola y Ámbar estaban embarazadas y no podían poner en riesgo sus cuerpos ni a sus bebés. María tampoco era una opción.Las posibilidades comenzaban a reducirse.Demasiado rápido.—Yo lo haré —dijo Greg con firmeza.Lola lo miró preocupada.—Greg...Él tomó su mano.—Es mi familia. Si puedo ayudarlo, lo haré.Greg le dio una pequeña sonrisa.—Y si soy compatible, no voy a arrepentirme.Lola sintió un nudo en la garganta.Sabía que su esposo hablaba en serio.Por eso, cuando una enfermera llamó a Greg para realizarle
Ámbar lanzó un grito desesperado cuando vio a Justin caer frente a ella.Durante unos segundos, fue incapaz de reaccionar.Todo ocurrió demasiado rápido.El estruendo del disparo todavía resonaba en sus oídos, mezclándose con los gritos y el sonido de los objetos que habían caído al suelo.Justin se desplomó de rodillas.Después, su cuerpo perdió toda fuerza y cayó directamente a sus pies.—¡Justin!Ámbar se arrodilló junto a él.Cuando vio la sangre que comenzaba a extenderse por su ropa, sintió que el corazón se le detenía.—¡Ayuda! ¡Por favor, alguien ayúdelo!Sus manos temblaban mientras intentaba presionar la herida.—¡Justin, mírame! ¡Por favor, mírame!Pero él no respondía.Sus ojos estaban cerrados y su respiración era cada vez más débil.Ámbar sintió que el miedo se apoderaba de ella.No podía perderlo.Entonces, detrás de ella, Sharon levantó la voz.—¡Tú eres la culpable, Ámbar!Ámbar giró la cabeza.Sharon sostenía todavía el arma.Su rostro estaba desencajado, pero en sus
POV Cinthia.Me puse entre ambos antes de que la situación pudiera empeorar.—¡Ya basta, Lisandro!Mi voz salió más fuerte de lo que esperaba.Lisandro se detuvo apenas un segundo, pero seguía mirando a Héctor con una furia que parecía estar a punto de desbordarse.Héctor, en cambio, permanecía tranquilo.Entonces habló.—No tengo nada con tu hermana. Solo quise ayudarla, eso es todo.Lisandro apretó los puños.—¡No te creo!Héctor ni siquiera retrocedió.—Eso es problema tuyo. Pero hay algo que debes entender, Lisandro.Su expresión cambió.Por primera vez, pude notar una seguridad distinta en sus ojos.—Evania no es tu mujer. Recuérdalo.El rostro de Lisandro se endureció.Yo contuve el aliento.—Ella es una mujer libre de ti —continuó Héctor—. Y sí, me gusta. No voy a negarlo. Quiero protegerla y estar a su lado. Si algún día ella me acepta, seré un hombre feliz.Sentí un escalofrío recorrerme de pies a cabeza.No sabía por qué aquellas palabras me dolían tanto. Tal vez porque, en
POV CinthiaSentir su cuerpo cerca del mío me hizo recordar aquella noche.Fue apenas un instante.Un segundo en el que todo lo que había intentado mantener enterrado regresó a mi mente con una claridad que me dejó sin aliento.Su aroma. El calor de su cuerpo.La forma en que me había mirado aquella noche.Todo volvió de golpe.Y, por un instante, mientras sus brazos me sostenían y lo veía enfrentarse a quienes habían intentado hacerme daño, quise quedarme así.Quise cerrar los ojos y descansar contra su pecho.Quise olvidarme de todo lo que había ocurrido y permitir que alguien me protegiera, aunque fuera solamente por unos minutos.Pero inmediatamente recobré la compostura.Me aparté de él con rapidez, como si permanecer entre sus brazos fuera peligroso.Nuestros ojos se encontraron.Había algo en su mirada que me hizo sentir todavía más confundida.—Gracias, director Héctor.Mi voz salió más baja de lo que esperaba.Él permaneció en silencio durante unos segundos. Después, bajó la
Justin se quedó completamente inmóvil.Durante un instante, pensó que había escuchado mal.Pero entonces volvió a escuchar aquella voz.—¡¿Ámbar?!Sharon se tensó entre sus brazos.—¡No! —respondió rápidamente—. No, escuchaste mal.Justin bajó lentamente la mirada hacia ella.—¿Qué dijiste?—No fue Ámbar. Debes haber escuchado mal.Pero aquellas palabras no consiguieron tranquilizarlo.Al contrario. Un escalofrío recorrió todo su cuerpo.«Es Ámbar».No tenía ninguna duda.«Ella está aquí. Lo sé».Justin levantó la cabeza y miró hacia el pasillo.La voz había provenido de alguna de las habitaciones del fondo.Quería ir hasta allí. Quería comprobarlo.Pero los tres hombres que estaban frente a él levantaron sus armas.—No te muevas.Justin observó las pistolas.Después miró nuevamente hacia la puerta.Nada. La voz de Ámbar había desaparecido.Un miedo profundo comenzó a apoderarse de él.¿Y si había llegado demasiado tarde?¿Y si aquellos hombres le habían hecho daño?¿Y si Ámbar estaba







