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Cuando regresaron a casa, Lola se sentía agotada. Tenía los ojos hinchados, la cabeza pesada y el corazón tan cansado que ni siquiera encontró fuerzas para cambiarse de ropa.Se sentó en la cama, mirando distraídamente hacia la ventana.Greg se acercó, se quitó los zapatos y se acostó a su lado. Después, la atrajo con suavidad hacia sus brazos, acomodándola contra su pecho.Lola no se resistió.Necesitaba aquel abrazo más de lo que estaba dispuesta a admitir.—Te prometo que pronto estaré bien —susurró—. Voy a seguir adelante, voy a cuidar de nuestro hijo y volveré a sonreír. Pero hoy no puedo, Greg. Hoy todavía me duele demasiado.Él le besó el cabello.—No tienes que estar bien hoy, mi amor.Lola levantó la mirada para contemplarlo.Greg le acarició la mejilla con infinita ternura.—Tú eres fuerte, Lola. Eres una de las mujeres más valientes que he conocido. Has soportado cosas que habrían derrumbado a cualquiera y, aun así, sigues intentando encontrar algo bueno en la vida.Ella dej
Al día siguienteLola apenas había podido dormir.La muerte de Chantal seguía doliéndole como una herida abierta, una de esas que ni siquiera el paso del tiempo parecía capaz de cerrar.Cada vez que recordaba su último encuentro, volvía a escuchar su voz débil, aquella petición de perdón y la promesa que le había hecho antes de que exhalara su último aliento.A la mañana siguiente, Lola se encargó de organizar el funeral. Buscó los servicios funerarios, realizó los trámites necesarios y tomó todas las decisiones que debían haberse repartido entre los familiares de Chantal.Darius, sin embargo, no apareció.Ni siquiera se acercó para preguntar cómo sería la ceremonia, cuánto costaría o dónde descansarían los restos de la mujer con la que había compartido tantos momentos.Lola sintió una oleada de rabia al comprender que, una vez más, tendría que hacerse cargo de las consecuencias de los actos de los demás.Pero, en el fondo, no estaba sorprendida.Darius siempre había demostrado ser un
Lola miró a Darius con una rabia que jamás había sentido con tanta intensidad.Y no estaba dispuesta a permitir que Darius siguiera allí, como si tuviera derecho a presenciar sus últimos momentos después de todo lo que había ocurrido.—¡Lárgate de aquí! —le gritó, señalándolo con el dedo—. ¡No quiero que vuelvas a acercarte a ella!Darius la miró con los ojos enrojecidos. Parecía querer decir algo, quizá justificarse o pedirle que lo escuchara, pero Lola no tenía fuerzas para soportar una sola palabra suya.—Lola, por favor…—¡He dicho que te largues!Su voz resonó en aquella habitación, quebrándose al final.Un instante después, unas personas intervinieron y sacaron a Darius de allí, mientras él volvía la cabeza para mirar a Chantal.Su hermana se estaba muriendo.Y no podía perder ni un segundo más.Se volvió hacia ella y corrió hasta la cama.Chantal respiraba con enorme dificultad. Su pecho subía y bajaba de manera irregular, y cada bocanada de aire parecía exigirle un esfuerzo in
Al día siguiente…Ámbar llegó al hospital acompañada de María. Aquella mañana tenía una revisión importante de su embarazo—¿Estás nerviosa? —preguntó María mientras se sentaban en la sala de espera.Ámbar asintió y sonrió débilmente.—Un poco. Quiero saber que mi bebé está bien.—Lo estará. No tienes por qué preocuparte.María le apretó la mano con cariño, pero su expresión cambió cuando vio a Justin acercarse apresuradamente.Él parecía haber llegado justo a tiempo. Llevaba el rostro serio, aunque, al encontrarse con Ámbar, sus ojos se iluminaron.—Perdóname por la demora —dijo, acercándose a ella—. No quería perderme la revisión.Ámbar lo miró sin responder inmediatamente.En el fondo, una parte de ella se alegraba de que estuviera allí. Aquel bebé también era suyo y, aunque las cosas entre ellos no fueran sencillas, no podía negar que deseaba que su hija tuviera a su padre presente.María, por el contrario, no disimuló su desagrado.—Qué conveniente que hayas llegado justo ahora —c
Sin embargo, en aquel momento parecía haber perdido incluso las fuerzas para sostener la mirada.Lola se acercó despacio y tomó su mano.Estaba fría.Como si reconociera aquel contacto, Chantal abrió los ojos con esfuerzo. Al principio pareció confundida, pero después distinguió el rostro de su hermana.—Lola… —susurró.Lola asintió, apretándole suavemente los dedos.—Estoy aquí.Chantal comenzó a llorar en silencio.—Mira cómo he terminado…Lola tragó saliva. Quería decirle que todo aquello era consecuencia de sus decisiones, que había tenido oportunidades para cambiar y que había preferido destruir a las personas que la amaban.Pero, al contemplar su rostro, las palabras se le quedaron atrapadas en la garganta.—Ganaste, hermana —murmuró Chantal, con una sonrisa triste—. ¿Estás feliz ahora? Conseguí perderlo todo. Ya no tengo nada.Una lágrima resbaló por la mejilla de Lola.—Nunca quise que terminaras así.Chantal la miró, sorprendida.—Pero me odias.—No tengo tiempo para odiar, Ch
Cuando Darius se enteró de que Chantal había empeorado, ordenó que la trasladaran a otro hospital.Pero no fue a verla. Ya no sentía deseos de verla.Después de todo lo ocurrido, de las mentiras, las traiciones y el daño que ella había causado, algo dentro de él se había apagado. No sentía la necesidad de tomarle la mano ni de escuchar su voz.Mucho menos quería fingir que todavía existía entre ellos algo que mereciera salvarse.Chantal tendría que afrontar las consecuencias de sus decisiones.O, al menos, eso era lo que Darius se repetía para convencerse de que no le importaba.Sin embargo, cuando Lola se enteró de lo sucedido, no pudo reaccionar con la misma indiferencia.Al principio, se quedó inmóvil, escuchando las noticias sin pronunciar una sola palabra. Había pasado demasiado tiempo intentando reconstruir su vida después de todo lo que su hermana le había hecho. Chantal no solo la había traicionado, sino que también había destruido la confianza que alguna vez existió entre ella







