LOGINESTEBAN—¡Llamen al doctor! —ladré, cargándola hasta nuestro cuarto.No podía arriesgarme a llevarla al hospital por si era parte del plan de Caspian. Si la habían enfermado a propósito, era por una razón... un plan estúpido... y yo no iba a caer de lleno en él.No cuando podía poner en peligro la vida de Caitlin, considerando que apenas podía confiar en mis propios hombres.¿Cómo llegamos a esto? Me sentía como un maldito débil.La recosté con cuidado en la cama, quitándole las almohadas de debajo.—El doctor viene en camino —dijo Rosio desde la puerta. Dio unos pasos hacia adelante, con la mirada clavada en el suelo—. Yo... noté que no estaba comiendo mucho. Pensé que no le gustaba la...¡Genial! Y apenas me lo decía en el momento "oportuno".—Gracias, Rosio. Puedes irte.Pasé los dedos por el cabello de Caitlin. Tenía sudor en la frente, y en las palmas también. Le quité la sudadera y le puse algo más cómodo.Se movió.—Esteban...Tomé su mano en la mía y me la llevé a la boca.—Sí
CAITLINMi estómago gruñó, pero no por hambre. La bandeja de comida seguía en el cuarto. Solo me había comido la mitad.Qué raro. Siempre me termino mi comida. Carajo, amaba la comida.Me volteé de lado y luego me recosté boca arriba. Aspiré hondo.Una ola de náuseas me golpeó. Tragué saliva, tratando de contenerla, pero el sabor amargo se me coló en la boca.De repente, la boca se me llenó de saliva.Ay, Dios.Iba a vomitar. Otra vez.Salté de la cama y corrí directo al baño. Apenas llegué al lavabo antes de vomitar. Me agarré del lavabo mientras vaciaba el estómago.Lo único que había hecho en las últimas horas era dormir. Era como si no tuviera control sobre mi cuerpo. Para colmo, no podía retener la comida.Abrí la llave y puse las manos bajo el agua corriente, luego me salpiqué la cara con agua fría. Lo hice varias veces hasta que me sentí un poco mejor.Lentamente, levanté la cabeza para mirar mi reflejo en el espejo. Me veía diferente. Mis mejillas se veían mucho más delgadas q
ESTEBANEl equipo médico sacó al pequeño Carlos en su incubadora de transporte.La incubadora era enorme comparada con su cuerpecito. Las aspas del helicóptero eran tan ruidosas que me pregunté si el ruido le estaría afectando sus pequeños oídos.Mientras su equipo lo subía a bordo, otro equipo sacó a Eliana en camilla. Al pasar la camilla, levantó el pulgar hacia mí.—Nos vemos pronto, primita —murmuré, seguro de que no podía oírme.Scott estaba a unos centímetros de mí. Callado. Había estado igual de callado cuando le conté mi plan.Considerando que no estaba en condiciones de lanzar puñetazos, al menos esperaba que lanzara algunas palabras.—Te toca —dije, inclinando la cabeza hacia su lado.Había escogido un helicóptero médico grande por esa razón. Los quería a todos fuera de ahí, fuera de su alcance.—Sé que algo pasa... —murmuró, mirando de nuevo hacia el edificio del hospital—. No sé qué es, pero solo quiero que mi familia esté a salvo.Volvió la mirada hacia mí, sus ojos estud
ESTEBAN«No están a salvo».Las palabras se repetían en mi cabeza.Durante horas me senté junto a la cama, bombardeando al doctor con preguntas y poniéndole de vez en cuando un dedo bajo la nariz para asegurarme de que seguía respirando.Verla acostada en la cama por tanto tiempo me llenaba de pavor.Yo había sostenido la mano de Laura y me había sentado junto a su cama, en negación. Había obligado a los doctores a hacer algo.Solo que devolver a los muertos a la vida era una hazaña imposible.Caitlin se movió. Aparté los recuerdos.Siseó al llevarse una mano a la frente. Le aparté un mechón de cabello del rostro, acunándole la mejilla con la otra mano.Lentamente, abrió los ojos. Solté un suspiro de alivio.—Despertaste —susurré—. Pensé que planeabas dormir para siempre.Se rió. La observé, estudiando su rostro en busca de cualquier señal de dolor. Aunque mis palabras pudieron sonar sarcásticas, no lo eran. Había estado preocupado hasta los huesos.—No pareces muy contento con eso...
CAITLINAceptar su plan no significaba que de verdad fuera a llevarlo a cabo. Por mucho que quisiera vengarme, algo no se sentía bien. Era como si me estuviera perdiendo muchísimo.Además, llevar a Esteban a su muerte ya no parecía tan satisfactorio como alguna vez lo había sido en mi imaginación.—¿Cómo sé que no te vas a rajar? —pregunté en voz baja.Su expresión permaneció calmada. Caspian se levantó de su asiento y comenzó a alejarse de la cámara. En la pantalla solo quedó un espacio vacío. Cerré los ojos, preguntándome por qué el efecto de la droga seguía pesándome tanto. Mantener los ojos abiertos había sido una batalla difícil.Momentos después, oí pasos. Se acercaban. No les di importancia, ya que había algunas otras personas en el cuarto. De repente, noté una sombra sobre mí. Unos dedos me rozaron la mejilla.Sobresaltada, abrí los ojos y encontré a Caspian justo frente a mí. —Ahora sabes que estoy listo. —Me sonrió con suficiencia.—Esteban te va a encontrar —dije.—No si lo
ESTEBANApoyé la cabeza contra la pared y cerré los ojos. Sentí que me iba quedando dormido.Sentí aire frío en la cara, luego algo me hizo cosquillas en la piel. Abrí los ojos y encontré una imagen borrosa de Caitlin... no, de Laura.Estaba tan risueña como solía estarlo. Se sentía extraño. No recordaba la última vez que tuve esas visiones de Laura.Frunció el ceño y luego extendió la mano hacia mí. Su mano atravesó mi rostro. Traté de obligarme a despertar. Se sentía mal. Aunque todavía cargaba con la culpa, tenía que soltarla, entonces ¿por qué?Mi tono de llamada me devolvió a la realidad. Tenía los ojos pesados. No había dormido bien en días. Y la mayor parte era culpa mía.—¿Caitlin? —murmuré mientras miraba el identificador de llamada en la pantalla.Sonreí. Nunca me había llamado antes. Supongo que nunca había habido razón para hacerlo. Preguntándome si el tobillo le dolía más, deslicé el ícono de contestar.—¿Ya me extrañas, Gatita? —dije arrastrando las palabras.—D–Don, no







